martes, 16 de noviembre de 2010

¿El auténtico vampiro? (comentarios al primer capítulo)

Esta novela surgió, en buena parte, para reivindicar la figura del auténtico vampiro, desde mi punto de vista, claro.

Aunque cuando empecé a escribirla el fenómeno "Crepúsculo" ni se imaginaba (por cierto, el crepúsculo es "cuando cae la noche", y si veis más parecidos avisadme, por favor), sí se había estrenado hacía tres años la "Entrevista con el vampiro" con Cruise, Pitt y Banderas, adaptación de la novela homónima de Anne Rice, y triunfaba bastante la serie "Buffy, la cazavampiros".

En una los vampiros eran seres románticos y sensibleros, y en la otra eran rematadamente patéticos, física e intelectualmente.

Mi concepción de este ser de la noche se acercaba mucho más a la que reflejaba Stoker en su novela (y que Coppola respetó bastante en su adaptación cinematográfica) y también, aunque en menor medida, a la de Stephen King en su "El misterio de Salem's Lot" (en la que los vampiros causaban verdadero terror, también en la serie de Tobe Hooper). En ambas, tres rasgos básicos definían la psique del vampiro: sus poderes sobrenaturales, su inmortalidad y su necesidad de alimentarse de sangre humana.

Sumándolo todo, para mí el vampiro era/es poderoso, paciente, arrogante ¿y cruel? ¿Es cruel un lobo o un tiburón? Siendo los vampiros tan diferentes de los seres humanos, ¿se les puede aplicar la moral y las leyes humanas? ¿Son malvados por alimentarse de ti y de mí, o es por haber sido malvados en vida por lo que ahora tienen que matar?

El Drácula de Stoker se transformaba en vampiro como consecuencia de una maldición que ponía precio a su inmortalidad: alimentarse de sus semejantes, un acto contra-natura, un delito a los ojos de los hombres y un pecado a los ojos de Dios. Esa misma inmortalidad garantizaba, además, una existencia perseguida por unos y repudiada por Otro.

En cualquier caso, el vampiro es una criatura fascinante para todos.

En cuanto al título de la obra, tras muchas vueltas me decanté por uno que delimitaba el marco temporal de la acción, puesto que toda ella (y buena parte de la de la saga completa) se desarrolla de noche por razones obvias.

Escogí un verbo ("cae") por deformación profesional: los titulares en periodismo deben contener un verbo para dar sensación de dinamismo y actualidad. Visto lo visto, quizá debí optar por un sustantivo...

La cita bíblica que le sigue está muy relacionada con esa temporalidad, y proporciona otra explicación a la aversión de los vampiros por la luz. Una diferente, pero muy acertada: la oscuridad impide ver lo que se hace y, por tanto, arropa a quienes cometen actos censurables, prohibidos, delictivos o pecaminosos. Desde que se inventó la luz eléctrica ha perdido bastante validez, pero en las ciudades sigue habiendo callejones tenebrosos...

El subtítulo también tiene su miga, pero no es momento de desvelarla.

Sobre el capítulo en sí, es una introducción, el clásico planteamiento de toda narración: existe un problema y la misión del protagonista es resolverlo. Pero el protagonista no es lo que parece, claro. Si bien a lo largo del capítulo se insinúa qué es, el lector no lo descubrirá realmente hasta la última frase. A partir de ahí empieza el juego.

Os espero con la luz encendida... por si acaso.

2 comentarios:

  1. Tras soportar años de cosas como Blade, Underworld, Buffi Cazavampiros, Crepúsculo y otras versiones para mí aberrantes y prescindibles de mis monstruos clásicos preferidos, el primer capítulo de esta novela me ha dado la esperanza de poder disfrutar otra vez de algo bueno. Espero que Bram Stoker deje de revolcarse por un momento en su tumba y pueda disfrutar de esta prometedora historia. Ya era hora. Puedo oler la sangre, el rancio abolengo y la jerarquía tenebrosa entre amos y señores de la noche. ¡¡Espero el segundo capítulo!!

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  2. Sangre, rancio abolengo y jerarquía tenebrosa hay a paladas, así que por ahí no decepcionará.
    ¡Y ya tienes el segundo capítulo!

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