miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ese maravilloso hijo bastardo: el cómic

Si en la entrada anterior me refería a la asociación entre literatura y música en esta voy a referirme al hijo bastardo surgido del amor confeso entre literatura y cine: el cómic.

Surgido de las páginas de los tabloides estadounidenses y considerado durante décadas entretenimiento menor y popular, poquito a poco fue ganando el respeto de la sociedad "culta" gracias a la mejora de los elementos visuales y los literarios, pasando de entretenimiento para niños a "cine para pobres" y, finalmente, a noveno arte.

En ningún tebeo he visto tan claramente el romance entre letras e imágenes como en la saga de John Blacksad del dibujante Juanjo Guarnido y el guionista Juan Díaz Canales.


John Blacksad es la versión coloreada del arquetipo de detective privado de las novelas de Raymond Chandler, Dashiell Hammett, creadores de los inmortales Philip Marlowe y Sam Spade respectivamente. Sus novelas negras se consideraron también un subgénero menor de la literatura, pero, como en el caso del cómic, su consumo masivo y su creciente calidad acabaron elevándolas de categoría.

A ese consumo masivo coadyuvaron las adaptaciones cinematográficas y el carisma de su protagonista más recordado: Humphrey Bogart, que hizo suyo al personaje del detective privado: un tipo ingenioso, inteligente, observador y lleno de vicios que, sin embargo, es infinitamente más ético que la mayoría de los secundarios que le rodean, ya sean policías, empresarios, políticos o mujeres fatales.

El John Blacksad de Guarnido y Canales bebe directamente de esas fuentes y se nota: ambientes sórdidos, soluciones rápidas, sencillas y violentas a misterios más o menos complejos, secundarios maravillosos y diálogos agudos, cortantes y mordaces. Pero especialmente hay un dinamismo, una plasticidad y un ritmo cinematográfico que convierte toda la saga (y muy especialmente los tomos dos y tres de los cuatro publicados hasta ahora) en una bella y oscura obra maestra del "cómic negro" de la que sus progenitores se sentirían orgullosos, si no celosos. Y no hablo de dibujante y guionista, sino de cine y novela. ¡Qué tremendo polvo echasteis!

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