lunes, 27 de diciembre de 2010

El narrador, ese grandísimo desconocido (sobre el capítulo VI de "Cuando cae la noche I")

Es paradójico que el "personaje" al que más texto corresponde en cualquier novela sea en el que menos nos fijamos habitualmente como lectores. Después de todo, salvo en la narración en primera persona, no es quien protagoniza la historia, sino "sólo" quien nos la cuenta.

Confieso que, cuando planeaba la novela, lo que más me costó decidir fue el tipo de narrador, porque la narración autobiográfica es mi favorita (como en "El corazón de las tinieblas" o "El Lazarillo de Tormes"), pero la temática y el desarrollo de la novela no lo aconsejaba. En un mundo poblado de vampiros capaces de hazañas extraordinarias, como leer las mentes y provocar ilusiones, es necesario un narrador que las explique para no desconcertar al lector. Lógicamente, el protagonista podría explicar sus "milagros", pero no los del resto. Además, ese método no me permitiría exponer la psicología de los demás personajes, ni escribir capítulos basados en ellos donde el protagonista estuviera ausente, puesto que, como narrador, sólo puede contar de lo que sabe. Por ello resulta muy auténtico, muy real, pero también muy limitado.

La narración a cargo de un testigo narrador tampoco era adecuada por motivos similares. Este personaje cuenta la historia en tercera persona como testigo de la misma, al modo de Watson en las novelas y relatos de Sherlock Holmes. Creo que es perfecto para el género del misterio, puesto que (como el autobiográfico) sólo puede contar aquello que presencia, por lo que las acciones de los demás personajes (tanto las del protagonista como las del criminal) son desconocidas por el lector si el testigo no está delante cuando acontecen. Sólo al final, cuando la trama se descubre ante él, nos la descubre a nosotros. Esto permite aumentar la tensión y la sorpresa, como sucede cuando Holmes desaparece, dejando al buen doctor (y al lector) preguntándose qué diablos irá a hacer.


Llegué pues a la conclusión de que la única opción que tenía para escribir mi novela era recurrir al narrador omnisciente, el menos natural y el más completo de todos. Él sabe lo que ha pasado, lo que pasa y lo que va a pasar, así como las motivaciones y relaciones de todos los personajes. Puede explicar al lector cómo el protagonista usa sus poderes sobrenaturales, por qué lo hace y qué sienten al verlo quienes le rodean. Es perfecto para sumergir al lector en un mundo diferente del que conoce, que funciona con reglas desconocidas y está poblado por seres extraños que no puede ver, como la Tierra Media de "El Señor de los Anillos". Si la historia la hubiera contado Frodo habría ganado en realismo, pero nos habríamos perdido los sucesos simultáneos a su odisea, como la alianza con Bárbol, la subsiguiente derrota de Saruman o las batallas de Helm y Gondor.

El narrador omnisciente de "Cuando cae la noche I" te permitirá saberlo todo o, más bien, todo lo que creo que debes saber...

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