miércoles, 22 de diciembre de 2010

"Sherlock", la serie

Desde niño ha sido (y sigue siendo) uno de mis personajes favoritos. Ni Poirot, ni Dupin, ni por supuesto Miss Marple ni la señora Fletcher. Holmes tenía frente a ellos el paradójico carisma de quien no tiene ninguno; es decir, Holmes es frío, antipático, distante, calculador, implacable, en definitiva, es inhumano.
El bueno de Watson venía a equilibrar todos esos defectos, y por ello en mi entrada anterior empleaba a esta pareja como ejemplo de definir mediante la oposición. Pero, yendo más allá, son ejemplo de cómo dos individuos pueden constituir, en realidad, uno solo.

Una de las grandes virtudes de la miniserie "Sherlock", emitida en España por TNT, es su fidelidad, en ese aspecto, a la pareja concebida por Sir Arthur Conan Doyle. Pareja que ha sido magníficamente actualizada a la época contemporánea, tan llena de monstruos y claroscuros como el Londres victoriano. Así, Holmes es un detective consultor que lleva parches de nicotina en vez de fumar en pipa, mientras que Watson es un médico militar que sirvió en la última campaña en Afghanistán y relata en un blog los casos de su compañero de piso (sí, también en el 221 B de Baker Street-recomiendo visitar el museo dedicado al detective en casi esta dirección de la city).


Tanto Benedict Cumberbatch como Martin Freeman hacen un buen trabajo interpretando a sus respectivos personajes, si bien es precisamente la elección de los actores (demasiado jóvenes en mi opinión), uno de los fallos de la serie. Supongo que esto ha sido decisión de los productores, con vistas a capturar la horquilla de edad más amplia posible, pero creo que merma la verosimilitud del relato que un treintañero (si es que llega) como este Sherlock sea tan respetado en la sociedad londinense que lo acoge (en vez de mandarlo a tomar por culo la primera vez que contradice a la autoridad correspondiente).

El otro fallo, a mi parecer, es que la razón más poderosa para que Watson se una a Holmes es que uno es Watson y el otro Holmes. Es decir: al basarse la serie en las novelas y relatos, sus versiones televisivas están condenadas a entenderse, cuando cualquier persona se buscaría un piso de soltero antes de soportar las clases magistrales (y los desprecios) del cerebrito de turno.

Obviando estas pegas, la serie es muy entretenida, está muy bien hecha, maravillosamente ambientada y perfectamente interpretada. Por cierto, verla en inglés tiene la ventaja de escuchar la gran voz del protagonista (aparte de la evidente de captar la interpretación "real") y el gran inconveniente de perderse los razonamientos del detective (a no ser que se domine el inglés de verdad, de verdad, porque son muuuuuy rápidos).

Para terminar, aviso que los episodios (sólo tres, hasta la ya anunciada próxima temporada) son largos, así que cuidado si decides poner uno a horas tardías tocando madrugar al día siguiente. A los de mi quinta comentarles también que es muy probable que el protagonista les recuerde al de "El secreto de la pirámide" (y también hallarán parecidos entre la música de la serie y la película), una peli muy simpática que narraba la adolescencia/juventud del detective y un primer encuentro con Watson.

Y, cuando termines la miniserie, siempre quedará su versión facultativa: el doctor House, elemental.

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