jueves, 2 de diciembre de 2010

Toda saga tiene (que tener) un final: Canción de hielo y fuego

En la entrada anterior escribía sobre el suspense como forma de enganchar al lector. Hacer esto bien, sin incluir elementos artificiales que interrumpan el flujo natural de la historia, no es nada fácil.

El mejor ejemplo de adicción literaria que me he encontrado "recientemente" es la saga de novelas "Canción de hielo y fuego", del estadounidense George R. R. Martin, una historia épica-medieval con tintes fantásticos cuyo núcleo no es más que una guerra por el trono, lo que da título a su primer volumen: "Juego de tronos".


El estilo vigoroso, el realismo y, sobre todo, la brillantez con la que describe a los personajes (por dentro y por fuera), así como su distanciamiento de los tópicos del género fantástico me atraparon desde el principio. Buena parte de la obra podría catalogarse de novela histórica si no fuera porque la historia narrada no sucedió realmente, pero es que Martin ha leído mucha Historia, sobre todo del período que podría considerarse coetáneo del que enmarca su saga (los siglos del XII al XV y, más concretamente el de las guerras de las rosas inglesas).

La existencia de abundantes personajes y la ausencia de un protagonista claro facilita el uso del suspense, puesto que el número de situaciones (y posibles desenlaces)es directamente proporcional al número de aquéllos. Si a esto añadimos el elemento fantástico (bastante discreto), el volumen de posibilidades se eleva hasta la cifra que se aplique para medir la imaginación del autor.

Igual que a mí, la saga ha cautivado a millones de lectores en todo el mundo, y aquí es donde ese suspense tan bien logrado ha acabado hiriendo gravemente a la gallina de los huevos de oro. Ese suspense causante de riqueza para su autor ha debido de despertar la codicia del editor, que parece haber pedido (no sé si ordenado) que la historia se alargue hasta derrotar las pupilas del lector más agradecido.

El cuarto volumen, "Festín de cuervos", publicado en España en el 2007, es (para mí) un paréntesis interminable y antitético con respecto al resto de la obra, puesto que paraliza la evolución de los personajes y la trama que la caracterizaba. Se crea un suspense falso en el lector, que avanza penosamente entre sus páginas con la vana esperanza de que se resuelva alguna de las situaciones planteadas líneas ha.

Ese cuarto volumen y que a estas alturas siga sin terminarse el quinto (que ha dado lugar a todo tipo de rumores, incluyendo la supuesta muerte del autor), han rebajado notablemente mi grado de adicción a la saga, y creo que no es el único caso de desintoxicación por aburrimiento entre el público. Quizá para devolverlo a sus niveles normales se ha anunciado la inminente aparición de la serie de televisión basada en "Canción de hielo y fuego", que podría ser el nuevo episodio de amor catódico-literario desde aquel "Pájaro espino" o un desastre absoluto si el señor Martin no concibe (y sobre todo escribe) un final capaz de provocar tanta sorpresa y afición como su primer volumen. Mucho me temo que si no, efectivamente, se acercará el invierno para la saga.

2 comentarios:

  1. si por dios q le ponga fin

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  2. Conmigo que no cuente para leer los dos libros que supuestamente le quedan hasta concluir la heptalogía. Ya me leeré los resúmenes para saber qué pasa con la trama, que es lo que me interesa.

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