jueves, 16 de diciembre de 2010

Tú me completas, aunque no quieras: parejas en la literatura

Cuando queremos ver nuestro aspecto buscamos un espejo. Yo no soy mi reflejo (ni tú el tuyo), pero se me parece bastante. Para verme mi psique, mis valores, mi moral y mi forma de ver la vida recurro a otro tipo de reflejos, que son los que me devuelven mis amigos, mis familiares e incluso mis enemigos.

En literatura, y en cualquier método de narración en general (cine, teatro...) es un recurso fundamental definir a los personajes oponiéndolos a otros, de modo que es el contraste lo que permite al lector conocerlos. Para ejemplificar esto me toca volver al Quijote, que lo tiene todo, incluido el epítome de este recurso (al menos para mí): Alonso Quijano versus Sancho Panza.

Sus diferencias morales e intelectuales se anuncian ya en sus diferencias físicas: uno es alto, delgado, distinguido, y el otro es bajo, gordo y vulgar. La imagen etérea y despegada del primero contrasta completamente con la del otro, rotunda y terrenal, y así se refuerza en sus conversaciones. Gracias a esos diálogos sabemos cómo son cada uno, les comprendemos.

Pasando a otra pareja famosa, pero en un soporte más catódico, los agentes Mulder y Scully de Expediente-X se enfrentaban en continuas dialécticas que los retrataban. En cine ha tenido que llegar Guy Ritchie para enseñar al mundo que el doctor Watson de su "Sherlock Holmes", igual que el original de Conan Doyle, no era la mera comparsa simplona y torpe del genial detective que habían hecho creer al mundo durante años aquellas películas de los 40, interpretadas por Basil Rathbone y Nigel Bruce.

En "Cuando cae la noche I" la pareja está conformada por Adrian y Sara, que obedecen a ese gran axioma físico de que "los opuestos se atraen". Sara va a mostrar al lector muchos de los rasgos psicológicos de Adrian (y al revés) con mayor eficacia de lo que podría hacerlo el narrador de la historia. Ambos van a ser el espejo del otro, devolviéndose un reflejo magnificado de sus grandezas y sus miserias.

Pero aún hay otro espejo más eficaz que el compañero de aventuras: el villano. El villano es la medida del héroe, y éste sólo puede ser excepcional si el otro también lo es. Son las dos caras de la moneda, que no pueden existir por separado. El enfrentamiento entre los dos a lo largo de una narración es una dialéctica sin conversación, cuya síntesis definitiva no es tanto la resolución de la trama como la fusión de héroe y villano; la comprensión de los motivos del otro, su aceptación y, a veces, incluso el respeto mutuo.

Esa confrontación aún no ha llegado en esta novela, pero ya queda menos...

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