domingo, 28 de noviembre de 2010

¡Te pillé! (sobre enganchar al lector)

Atrapar al lector es, quizá, el objetivo final de una novela; ser leída de cabo a rabo es el fin para el que fue creada como producto. Pero lograr eso es cosa del autor; cuando tienes la obra entre manos no hay marketing, consejos ni opiniones que valgan; eso queda atrás desde el momento en que la adquieres.

En esa labor juegan un papel fundamental no tanto el lenguaje usado (que sí lo hace en poesía, donde el fondo queda sometido a la forma), como la historia y los personajes. A medida que la narración avanza vamos sabiendo más de una y otros, pero es fundamental revelarlos poco a poco y dejar siempre algún misterio sin resolver que empuje al lector a seguir leyendo.

Cuando comencé la novela quise seguir esa teoría, así que me propuse plantear pequeños enigmas en cada capítulo, supeditados al enigma principal. Así, mientras en el primer capítulo se plantea cómo comenzó la relación entre Adrian y Helena, en el segundo aparece una presencia desconocida interesada en la pareja, mientras que en el tercero se anticipa la aparición de dos importantes personajes de la sociedad vampírica española en la que se adentra el protagonista.


Esta forma de novelar, con capítulos que avanzan soluciones a la vez que plantean nuevas incógnitas alcanzó su perfección y su independencia como género en el folletín decimonónico francés, así denominado porque se publicaba por entregas u hojas ("feuillet" es "hoja" en francés) en los periódicos para mejorar las ventas. Si bien la calidad literaria no era lo más destacado, el suspense con el que finalizaba cada una de esas páginas enganchaba al público de tal forma que al día siguente adquirían su nueva ración.

Para mí, esos folletines son los más claros antecedentes de los best-sellers de hoy día, y "Los Tres Mosqueteros", de Alejandro Dumas, su mejor exponente. Acción a raudales, relaciones tormentosas, héroes muy heroicos y villanos muy malvados ayudaban a pasar un rato muy entretenido arrinconando una realidad basante deprimente. ¿No recuerda eso a algo?

¿Es casualidad que las sagas más leidas y vistas tengan un marcado trasfondo sobrenatural, muy alejado del día a día que nos toca vivir? Vampiros, monstruos, alienígenas... Parece que cuanto más terrible es nuestra realidad con más ansia buscamos otras que nos ayuden a olvidarla.

Y yo creo que si lo consigue, esa novela, folletín o best-seller cumple el fin para el que fue creado, cumple con su destino. Si lo logra con más o menos brillantez lo dejo a los críticos; ¡yo sólo quiero mi dosis!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ese maravilloso hijo bastardo: el cómic

Si en la entrada anterior me refería a la asociación entre literatura y música en esta voy a referirme al hijo bastardo surgido del amor confeso entre literatura y cine: el cómic.

Surgido de las páginas de los tabloides estadounidenses y considerado durante décadas entretenimiento menor y popular, poquito a poco fue ganando el respeto de la sociedad "culta" gracias a la mejora de los elementos visuales y los literarios, pasando de entretenimiento para niños a "cine para pobres" y, finalmente, a noveno arte.

En ningún tebeo he visto tan claramente el romance entre letras e imágenes como en la saga de John Blacksad del dibujante Juanjo Guarnido y el guionista Juan Díaz Canales.


John Blacksad es la versión coloreada del arquetipo de detective privado de las novelas de Raymond Chandler, Dashiell Hammett, creadores de los inmortales Philip Marlowe y Sam Spade respectivamente. Sus novelas negras se consideraron también un subgénero menor de la literatura, pero, como en el caso del cómic, su consumo masivo y su creciente calidad acabaron elevándolas de categoría.

A ese consumo masivo coadyuvaron las adaptaciones cinematográficas y el carisma de su protagonista más recordado: Humphrey Bogart, que hizo suyo al personaje del detective privado: un tipo ingenioso, inteligente, observador y lleno de vicios que, sin embargo, es infinitamente más ético que la mayoría de los secundarios que le rodean, ya sean policías, empresarios, políticos o mujeres fatales.

El John Blacksad de Guarnido y Canales bebe directamente de esas fuentes y se nota: ambientes sórdidos, soluciones rápidas, sencillas y violentas a misterios más o menos complejos, secundarios maravillosos y diálogos agudos, cortantes y mordaces. Pero especialmente hay un dinamismo, una plasticidad y un ritmo cinematográfico que convierte toda la saga (y muy especialmente los tomos dos y tres de los cuatro publicados hasta ahora) en una bella y oscura obra maestra del "cómic negro" de la que sus progenitores se sentirían orgullosos, si no celosos. Y no hablo de dibujante y guionista, sino de cine y novela. ¡Qué tremendo polvo echasteis!

domingo, 21 de noviembre de 2010

Música y literatura (comentarios al 2º capítulo)

La combinación de música y literatura es, probablemente, uno de los mejores cócteles con los que emborracharse hasta perder el sentido de la realidad.

También existe la posibilidad de unirlas de forma más íntima, como poniéndole música a un poema para convertirlo en una canción o escribiendo sobre música de manera "literaria".

Thomas Mann convertía buena parte de su "Doktor Faustus" en un ensayo sobre la música, obsesión del protagonista de su obra, Adrian Leverkühn.

Yo no pretendía tanto al describir la interpretación de Helena (el nombre elegido tampoco es casual); tan sólo que el lector sintiera mínimamente lo que siente este otro Adrian al escucharla. Ese virtuosismo de la primera violinista de la Filarmónica de Berlín (galardón equivalente, quizá, a la cima de la interpretación instrumental), es el fundamental elemento de Helena que cautiva al protagonista, más incluso que su belleza.


Anne-Sophie Mutter, la "encarnación" de Helena

La elección de la pieza también es premeditada: por un lado, el tercer movimiento del Verano de Vivaldi va a provocar toda una tormenta en las vidas de humana e inmortal; por otro, es una de mis piezas clásicas favoritas, y recomiendo encarecidamente escucharla, por su belleza elemental, su fuerza y su intensidad primarias.

Pero la música tiene una presencia más sutil y más profunda en este capítulo. Y es que el conflicto entre Helena y Adrian, su relación, está perfectamente descrita en una de las estrofas de "Moon over Bourbon street", una canción de Sting inspirada precisamente en "Entrevista con un vampiro", de Anne Rice:
"How could I be this way
when I pray to God above
I must love what I destroy
and destroy the thing I love"

La de Adrian y Helena es la típica relación imposible que tantas historias (y música) ha originado, incluyendo la de Drácula y Mina. Los vampiros se alimentan de humanos, que son poco más que animales indefensos, impotentes, incapaces de resistirse a los poderes de aquéllos. ¿Qué arma pueden usar para no convertirse en víctimas, en corderos en el matadero? Paradojicamente, una que no es un arma, pero que ha causado más conflictos que ninguna otra cosa en este mundo.

Pero, ¿pueden amar los vampiros? ¿Cuáles serían las consecuencias? Puede un lobo que lucha por ascender en la manada encapricharse de un delicioso corderillo? 

Quizá es que la música amansa a las fieras.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Esa dichosa primera frase

Yo no padezco el conocido "miedo a la hoja en blanco", ni creo que lo padezcan el resto de profesionales del escribir en general. Padezco la congoja de la primera frase.

Me explico: cuando finalmente me pongo ante la susodicha hoja es porque sé sobre lo que quiero escribir y tengo una idea bastante concreta de cómo quiero hacerlo. Tanto si es una noticia, un reportaje, una nota de prensa o una novela, sé lo que quiero contar, ¿pero cómo lo empiezo?

Esa es la clave; una vez tengo el primer párrafo lo demás viene rodado, como cuando arrojas una piedra por una pendiente. El primer empujón dota de inercia al relato, sólo hay que añadir detalles para que crezca, hasta que incluso los mismos personajes te hablan, te cuentan lo que van a hacer a continuación, en definitiva: cobran vida propia. La historia, claro está, les sigue a ellos y fluye hasta su final.

¡Pero qué difícil es dar ese empujón! Ese gancho que atrapará al lector, como hace un buen titular. Jamás he comprado libros por la cubierta, pero sí por su comienzo. Si es (me parece) bueno, estoy seguro de que el resto también lo es.

Para mí el ejemplo más claro de esto es el Don Quijote. Estaréis hartos de leerlo, pero no puedo dejar de escribirlo:

"En un lugar de la Mancha,
de cuyo nombre no quiero acordarme,
no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero,
adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor".

Su ritmo es tan perfecto que es casi un verso, y describe maravillosamente a su protagonista, pero resulta sencilla.

Una apuesta menos segura: el comienzo del Capitán Alatriste, de Pérez-Reverte:

"No era el hombre más honesto ni el más piadoso,
pero era un hombre valiente."

Otra vez aparece un ritmo perfecto y una manera original de hablar del protagonista sin pretensiones ni alardes. ¿Cuánto tiempo lleva lograr algo así? ¿Cuantos borradores y pruebas? ¿Cuánto de técnica, cuánto de talento, cuánto de experiencia?

A quienes piensan que ser escritor es llenar páginas de frases yo les digo que es escribir una frase que valga todas las páginas. Y además la primera, por eso me acojona.

martes, 16 de noviembre de 2010

¿El auténtico vampiro? (comentarios al primer capítulo)

Esta novela surgió, en buena parte, para reivindicar la figura del auténtico vampiro, desde mi punto de vista, claro.

Aunque cuando empecé a escribirla el fenómeno "Crepúsculo" ni se imaginaba (por cierto, el crepúsculo es "cuando cae la noche", y si veis más parecidos avisadme, por favor), sí se había estrenado hacía tres años la "Entrevista con el vampiro" con Cruise, Pitt y Banderas, adaptación de la novela homónima de Anne Rice, y triunfaba bastante la serie "Buffy, la cazavampiros".

En una los vampiros eran seres románticos y sensibleros, y en la otra eran rematadamente patéticos, física e intelectualmente.

Mi concepción de este ser de la noche se acercaba mucho más a la que reflejaba Stoker en su novela (y que Coppola respetó bastante en su adaptación cinematográfica) y también, aunque en menor medida, a la de Stephen King en su "El misterio de Salem's Lot" (en la que los vampiros causaban verdadero terror, también en la serie de Tobe Hooper). En ambas, tres rasgos básicos definían la psique del vampiro: sus poderes sobrenaturales, su inmortalidad y su necesidad de alimentarse de sangre humana.

Sumándolo todo, para mí el vampiro era/es poderoso, paciente, arrogante ¿y cruel? ¿Es cruel un lobo o un tiburón? Siendo los vampiros tan diferentes de los seres humanos, ¿se les puede aplicar la moral y las leyes humanas? ¿Son malvados por alimentarse de ti y de mí, o es por haber sido malvados en vida por lo que ahora tienen que matar?

El Drácula de Stoker se transformaba en vampiro como consecuencia de una maldición que ponía precio a su inmortalidad: alimentarse de sus semejantes, un acto contra-natura, un delito a los ojos de los hombres y un pecado a los ojos de Dios. Esa misma inmortalidad garantizaba, además, una existencia perseguida por unos y repudiada por Otro.

En cualquier caso, el vampiro es una criatura fascinante para todos.

En cuanto al título de la obra, tras muchas vueltas me decanté por uno que delimitaba el marco temporal de la acción, puesto que toda ella (y buena parte de la de la saga completa) se desarrolla de noche por razones obvias.

Escogí un verbo ("cae") por deformación profesional: los titulares en periodismo deben contener un verbo para dar sensación de dinamismo y actualidad. Visto lo visto, quizá debí optar por un sustantivo...

La cita bíblica que le sigue está muy relacionada con esa temporalidad, y proporciona otra explicación a la aversión de los vampiros por la luz. Una diferente, pero muy acertada: la oscuridad impide ver lo que se hace y, por tanto, arropa a quienes cometen actos censurables, prohibidos, delictivos o pecaminosos. Desde que se inventó la luz eléctrica ha perdido bastante validez, pero en las ciudades sigue habiendo callejones tenebrosos...

El subtítulo también tiene su miga, pero no es momento de desvelarla.

Sobre el capítulo en sí, es una introducción, el clásico planteamiento de toda narración: existe un problema y la misión del protagonista es resolverlo. Pero el protagonista no es lo que parece, claro. Si bien a lo largo del capítulo se insinúa qué es, el lector no lo descubrirá realmente hasta la última frase. A partir de ahí empieza el juego.

Os espero con la luz encendida... por si acaso.

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Un mundo sin libros?

Allá por el 2001, en la clase de Nuevas Tecnologías del máster de ABC que cursaba un servidor por esas fechas, comentamos la noticia del perfeccionamiento de la tinta electrónica y la publicación en Internet de "Riding the bullet" de manos de Stephen King.
Rápidamente saltaron unos cuantos compañeros diciendo que aquello nunca funcionaría porque el libro era insustituible, inherente al ser humano y que, además de la propia lectura, el placer está en tocar y poseer el objeto.
Sin embargo, a mí me salió del alma vaticinar en voz alta que al libro "le quedaban 10 años de vida". Paradojas de la vida, Hitler calentó los ánimos de sus fieles quemando libros y a mí casi me meten en la hoguera por atreverme a decir que tan preciados objetos acabarían siendo poco más que cenizas en la siguiente década.
Esta anécdota no pretende enaltecer mis virtudes como pitoniso, sino servir como excusa para, 9 años después del suceso, compartir opiniones y re-encender el debate sobre el futuro del libro y, por extensión, del papel impreso. ¿Seguirán agitando sus páginas como pájaros de libertad o flotarán invisibles en un mar de electrones?

jueves, 11 de noviembre de 2010

Por qué

Pájaros.

En mi mente llevo miles de ellos. Algunos son negros como cuervos, graznan y revolotean hasta oscurecer mi vista y mis horizontes, mis sueños y mis esperanzas. Me asustan, me acobardan.

Otros son obsesivos y recurrentes, como buitres enmarcando una parte del cielo. Dan vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte.

Una mayoría son vistosos, cantarines y ligeros, y me entretienen con sus colores y sus sonidos durante un tiempo, hasta que pasa otro de plumaje más vivo o piar más musical.

Y los menos son majestuosos y trascendentes, como águilas nobles que me agarran con fuerza y me transportan muy lejos, atravesando el firmamento con alas poderosas e incansables. Ellos me llevan a lugares con los que sueño, más allá de mi alcance mortal.

Todos albergamos pájaros.