sábado, 24 de diciembre de 2011

¡Felices fiestas!

Sirva esta minientrada como felicitación navideña. Creencias y religiones al margen, creo que estas fechas son especiales, aunque sólo sea porque lo son para muchos. Sin son una excusa para hacer un paréntesis en un año bastante jodido, y así reír, disfrutar y olvidar las preocupaciones, bienvenidas sean.


Y en compañía mejor, que a este de arriba lo veo muy solo...

viernes, 16 de diciembre de 2011

Si quieres un ISBN prepara la cartera

Desde el pasado 12 de diciembre la Agencia española del ISBN cobra por sus servicios de asignación y catalogación de este DNI de los libros que los identifican inequívocamente en cualquier parte del mundo, algo que resulta necesario para saber, como mínimo, cuántos se venden.


Ante esta noticia, ignorada por la mayoría de los medios de comunicación generalistas, podemos unirnos al coro histérico de voces que chillan que esto es un ataque a la cultura y al autor independiente (autoeditado), o podemos adoptar un enfoque más sereno y, sobre todo, más racional. Porque vamos a ver, el ISBN no hace falta para todo: si no tienes intención de vender el libro no lo necesitas; tampoco lo necesitas si sólo vas a venderlo a través de un único canal (por ejemplo, de Amazon); y si sacamos a relucir nuestra consabida picaresca, entonces casi puede decirse que no te hace falta ISBN para nada (ya te apañarás tú con los diferentes libreros).

Ahora pongámonos un ratito en la piel del ente Agencia ISBN. Tiene razón al señalar que las agencias homónimas de muchos países europeos cobran por sus gestiones al respecto; y también tiene razón en que el recorte en los presupuestos por la omnipresente crisis la ha dejado tocada y casi hundida. Pero yo añadiría otra razón: el despegue de las plataformas de autoedición (Bubok, Lulú, Amazon) podría multiplicar, si no lo ha hecho ya, el número de libros disponibles en el mercado. Yo imagino que esto implica un aumento de la carga de trabajo del personal asignado a la agencia con respecto a los años en que no resultaba tan sencillo, y como todo cuesta dinero y hay que seguir metiendo isebenes, pues hay que cobrar.

Las tarifas no son muy elevadas, y no creo que a una editorial cualquiera le suponga la quiebra. Y en cuanto a los autores/editores... Vale, 45 euros pican un poco, ¿pero eso es malo? Quiero decir: en mi entrada anterior comentaba los aspectos negativos de editarse las propias obras si se tiene la ambición de convertirse en escritor profesional. Quizá esos 45 euros inviten a considerar más cuidadosamente si se quiere dar ese paso: el de publicar al margen de la vía tradicional.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Los peligros de ser Juan Palomo

A lo largo y ancho de este blog he predicado las bondades de el ebook e Internet a la hora de autopublicarse. De un tiempo a esta parte han surgido diferentes empresas que permiten esa posibilidad, ofreciendo incluso servicios dirigidos a mejorar la calidad de la obra y su promoción. El último agente en sumarse a este tipo de negocio ha sido Amazon España, a la que dediqué la entrada anterior. Ahora bien, ¿son todo ventajas para el autor novel o desconocido?


No, ni mucho menos. El autor que decide guisarse y comerse tooodo el proceso que implica vender un libro o un ebook se enfrenta, en primer lugar, al sambenito de no haber sido elegido por una editorial, y al descrédito, tácito o manifiesto, del público lector y, quizá, de otros profesionales del sector editorial. Tiene su lógica, puesto que son los editores los profesionales tradicionalmente encargados de filtrar las obras y decidir, teóricamente mediante un criterio profesional, cuáles merecen ser publicadas y disfrutadas por el público. Por tanto, cualquiera puede pensar que si un autor ha sacado él mismo su obra al mercado es porque no ha sido considerada digna por los editores, y por ende, que no es buena. ¿Por qué comprar una novela que no tiene más que el aval del autor (faltaría más), en vez de otra que ha merecido la confianza de los profesionales de la edición? ¿De verdad vivimos en una época en la que uno puede permitirse gastar unos euros en una obra sin garantía alguna de calidad?

Ese enorme inconveniente no es el único de la autopublicación. Hay otro casi igual de importante e insalvable, que es el de la promoción. Una editorial, en función de su tamaño, destina una serie de recursos a la promoción de sus obras y de sus autores. Y la promoción ya no cumple tanto una función de convencer al público de qué libro es mejor, como la de llamar su atención entre una infinidad de títulos que se apretujan en los estantes y expositores de librerías y centros comerciales. Anualmente se editan en España cerca de 70.000 referencias nuevas; es inhumanamente imposible leerlas todas (aunque no todas correspondan a obras literarias), y no es difícil imaginar el ritmo de rotación de novedades en los escaparates. Si somos incapaces de identificar cada novedad editorial, ¿cómo vamos a detectar las novedades autoeditadas? ¿Qué recursos tiene el autor novel o desconocido para hacer destacar su novela sobre los lanzamientos de Planeta, Alfaguara, Mondadori, Lengua de trapo, Anagrama, Seix Barral, RBA, etcétera., etcétera., etcétera? Pongamos que la obra de un autor es objetivamente magnífica, pero debido a mil razones ningún editor ha apostado por ella (no llegó a las manos adecuadas, crisis del sector, un primer informe de lectura negativo, una enemistad...), ¿cómo va a saber el lector potencial de su existencia? ¿Cómo va siquiera a intuir su portada cuando ni librerías ni distribuidoras la tienen en su catálogo?

Por último, por abordar sólo los problemas más graves de la autopublicación, tengo que señalar el que puede resultar más perjudicial para el autor y su carrera: que ninguna editorial le publique porque la obra ya está en circulación y considere que no le compensa "pelear" por unos derechos en manos de su legítimo dueño. ¿Para qué pagar por la exclusividad de su publicación si ya está disponible? ¿De verdad un autor que recibe el 70 o el 80% de las ventas va a firmar un contrato de cesión por 5, 8 o 10 años a cambio de un magro 10%? Creo que son temores o preocupaciones muy legítimas en una editorial, que podría preferir no averiguar las respuestas cuando hay miles de peces libres en el mar por descubrir y amarrar (aunque no hay duda de que muchos autores aceptarían gustosos la oferta).

Así pues, creo que hay que considerar detenidamente la decisión de autopublicarse, sin dejar que las prisas por ver la propia obra entre las manos nublen el buen juicio, y atendiendo a las circunstancias y aspiraciones personales. Y ni se te ocurra pensar que Internet y sus redes sociales van a aupar tu obra por encima de las de las editoriales. Puede que David venciera a Goliat, pero sólo lo hizo una vez.

martes, 6 de diciembre de 2011

Cómo vender tu ebook en Amazon España

Pues el pasado 1 de diciembre, a la chita callando y sin repercusión alguna en los medios, Amazon España empezó a vender ebooks y ereaders desde su web. Yo me enteré por casualidad, y me llamó la atención que mientras que su desembarco en nuestras costas semanas atrás fue anunciado a bombo y platillo en prensa, radio y televisión, lo que para mí es la faceta más relevante y revolucionaria de su negocio pasó inadvertida, como el asesino que se cuela en el dormitorio. Esto me hizo cuestionarme, una vez más, la calidad (o su ausencia) del periodismo actual, bien por falta de visión, bien por intereses ocultos (¿editores y libreros quieren que se silencie que Amazon vende ebooks?). Paranoias mías, supongo.


Yo creo que esto es noticia, sobre todo para quienes estamos interesados en colocar nuestro producto, nuestros ebooks, al alcance del mayor número de personas. Puede que no lo compren, pero me  parece bueno que tengan la posibilidad de hacerlo fácilmente. De hecho, puede que les resulte más sencillo adquirirlo que a ti "colgarlo" en Amazon. Pero para restar horas o minutos de suplicio te digo cómo hacerlo.

Lo primero que necesitas, aparte de tener tu ebook terminado, es el ISBN correspondiente. Solo necesitas ISBN si tu libro va a estar a la venta en más sitios; si solo va a estar en Amazon, el propio número que asigna Amazon sirve como dígito de control, como DNI del libro, digamos. Lo primero, por tanto, es darte de alta en Kindle Direct Publishing (creo que esa misma cuenta te sirve también para comprar en Amazon).

También puedes darle a tu ebook el formato que requiere Amazon (.mobi), cosa que puede conseguirse con el programa gratuito Calibre, que puedes descargarte aquí. Yo lo recomiendo porque es fácil de usar y convierte a muchos formatos, entre ellos el ePub, que a mí me parece el más adecuado para los ebooks. Si ya tienes el tuyo en ePub, este programa te lo convierte a .mobi directa y eficazmente. No obstante, para comprobar que ha ha sido así, puedes descargarte un simulador de kindle llamado Kindle Previewer desde esta página (está casi al final). Una vez instalado, abre en él tu ebook convertido a .mobi para verificar que se lee correctamente y que los capítulos están bien puestos. El apartado para subir el archivo está en la página de Kindle Publishing donde editas los detalles de tu libro (título, autor, etc.), a la que accedes después de haberte dado de alta. También ahí verás que puedes subir la portada.

Lee también las condiciones del contrato con Amazon, a la que no cedes los derechos de tu obra, pero que obtiene bastante manga ancha para publicitarla como considere. Merece especial atención el apartado de precios, ya que Amazon busca el más bajo posible. Deberás tener en cuenta al IVA (VAT) que ellos consideran válido para toda Europa es el 3%, y no el 21% de nuestro país, así como una pequeña tasa que aplican por cada descarga y que establecen según lo que "pese" el ebook (es una cantidad muy baja, de apenas unos céntimos). Piensa también el precio que querrás ponerle para la venta en otros países (los EE.UU., Reino Unido, Japón, Canadá e India no usan euros, pero cuando fijes el precio en dólares americanos hay una opción que te recalcula los demás atendiendo a ese precio). Por último, considera qué opción de royaltis o derechos te interesa más: la del 70% o la del 35% (por debajo de un precio mínimo Amazon te aobliga a escoger la del 35%).

El proceso es bastante sencillo si has hecho ya todo lo que he señalado, y al cabo de entre 12 y 48 horas tu obra estará no sólo en Amazon España, sino en sus otros dominios (en EE.UU., Francia, Reino Unido...).

Como he comentado, creo que esto es muy bueno para los creadores, pero tiene sus pegas y consecuencias evidentes en el sector editorial. Pero escribiré de ellas en la próxima entrada.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La trampa de los booktrailers (yo también he caído)

A poco que estés en contacto con la actualidad editorial sabrás qué es eso del booktrailer. Si no, tranqui, que te lo cuento: es lo mismo que un tráiler cinematográfico, pero para un libro en vez de para una película. Ese "lo mismo" es la primera trampa, claro, ya que el lenguaje del cine y el literario no son los mismos: uno se basa en las imágenes y el sonido y el otro en la palabra escrita. Y ahí se jodió el tema.

Pincha aquí para ver el booktrailer

La gente de marketing (a veces pienso que son los únicos que trabajan de sol a sol en este puto mundo) acaba de pergeñar esa idea genial para vender libros. Además, fue la gente que mejor vende: los yanquis. Porque, independientemente de que haya otras cosas que hacen bien, lo que mejor han hecho siempre es vender. No importa el producto: te lo van a vender como Dios. Hasta su cine es marketing muchas veces; marketing de sí mismos y de su american way of life.

Pero no quiero perderme. El caso es que allí se les ocurrió que para vender un libro, en vez de recurrir al lenguaje tradicional de la literatura, con sus reseñas, sus comentarios y sus noticias construidas con palabras, sería mejor condensar todo eso tan sesudo y tan esforzado en algo que resultara fácil de digerir. ¿Recuerdas aquello de "una imagen vale más que 1.000 palabras"? Pues el día que esa frasecita triunfó empezó a desmoronarse la civilización. Así que nada, se hace una peliculita, un avance, un tráiler para los libros y listo. Ya no hará falta leer el argumento, o la crítica o la entrevista al autor. Basta con ver un minuto de imágenes supuestamente basadas en la obra en cuestión y listo.

Y esto que empezaron los yanquis lo hemos copiado todos los demás, sin pensarlo un minuto. Si lo han hecho ellos estará bien hecho, sobre todo si es para vender más. "¿Qué más da que usemos un recurso del cine para un libro? ¡Así ya hay trabajo adelantado para cuando se haga la adaptación!" Pero, claro, leer exige un esfuerzo y un tiempo que no exigen las imágenes, y yo me pregunto si esta pre-adaptación cinematográfica de un libro no acabará llevando a la lenta y progresiva desaparición de aquellas obras no adaptables. Poniéndome un poco extremo me pregunto si esto del booktrailer no será un paso más hacia la desaparición de la literatura. ¿Pesimismo? Sin duda. ¿Posible? También.

Y hay otro problema, este más nuestro, más de no ser de allí. Como he señalado, los yanquis son los mejores en esto del marketing (sí, aquí también se hacen cosas muy buenas a veces), así que sus booktrailers son los mejores. ¿Cómo va a afectar eso a las ventas de los libros que no sean de allí, con booktrailers hechos aquí? ¿Has visto ejemplos? ¿Has comparado? Los recursos de todo tipo que las megaeditoriales yanquis dedican a sus futuros bestsellers son y serán descomunales, y los resultados igualmente apabullantes. ¿Pueden nuestras editoriales igualar ese esfuerzo? No. ¿Son nuestros escritores tan buenos como los de allí? Sí; qué cojones, claro que lo son, y lo seguirán siendo. ¿Importará eso si la gente compra una novela por su booktrailer? No. El booktrailer es el más reciente (pero, ¡ay!, no el último) factor no literario creado para vender un libro, como la portada, el formato, las tapas, los anuncios... Como comentaba en otra entrada, muchos ya compran un libro por el marketing que se hace de él, y no por el contenido en sí. Como quien adquiere un perfume por el frasco, y no por la esencia. Cuando eso ocurre el talento literario pasa a un segundo plano y la competencia se inclina por otros derroteros, donde España (sus autores) está en franca desventaja.

Ahora bien, ¿qué pasará si no hay booktrailer de tu libro? Lo mismo que ocurre si tu obra no está en las grandes superficies: que vende poco o nada. Así que no queda otra que entrar a pelear en una plaza que no es la nuestra, donde quién sabe si en un futuro no habrá que enfrentarse a un booktrailer dirigido por David Fincher, protagonizado por TomCruise y Julia Roberts, con guión de los hermanos Cohen y música de Hans Zimmer. No sé si entonces el nombre del escritor aparecerá en los créditos; ¿a quién coño le importará?

martes, 29 de noviembre de 2011

Radiografía del ebook en España

La semana pasada estuve en el FICOD (Feria Internacional de Contenidos Digitales) y asistí a una ponencia del instituto de investigación de mercado GFK en la que exponían los resultados de su estudio sobre el ebook en nuestro país. Si me lees habitualmente sabrás que soy un defensor de este formato, lo que no significa que desprecie el libro tradicional; sólo digo que es una gran alternativa.

El caso es que atendiendo a las conclusiones del estudio, parece que predico en el desierto. Y lo confirmo con algunas cifras: el peso del ebook en el mercado editorial español es de sólo el 0'2%; apenas hay 8.000 referencias (títulos) de ebooks (sin tener en cuenta las autopublicadas); la tasa de penetración de ereaders y tablets entre los internautas es del 4'4% (se han vendido 440.000 de los primeros y 620.000 de los segundos); en España se han vendido este año 190.000 ebooks.

Sí, esta es la radiografía de un ereader, ¿qué pasa?

El presente del libro digital en España es desolador, lo que contrasta con la reciente noticia de que el consumo de contenidos digitales este año ha superado por primera vez el de analógicos. Pero claro, las pelis, las series, los programas y los videojuegos no son literatura. Quizá el problema no sean los ebooks, sino lo poco que se lee en general. Tema para otro día.

El caso es que GFK también dio otros datos que podrían explicar el panorama. El precio medio del ebook en España es de diezeuros (de nuevo sin tener en cuenta los autopublicados), y el precio medio de un bestseller en ebook es de catorce. Así las cosas, ¿quien en su sano juicio va a comprar la novela de su autor favorito en algo que no puede ni tocar, ni oler, ni lamer cuando puede comprarla en un objeto que poner bajo la almohada por solo unos pocos euros más? Yo no, ya lo digo. ¿Y entonces, qué hace la gente que ha comprado ereader? Piratear. Es así de jodido, y así me lo confirma otro dato del estudio: se venden más ereaders que ebooks. Es como si se vendieran más consolas que videojuegos, o más teles que películas. Creo que esto sólo puede pasar cuando el contenido se obtiene sin necesidad de comprarlo. Otro dato que apoya esta teoría: el libro más vendido en formato ebook este 2011 ha sido (o está siendo) "El libro sin nombre", con 1.700 unidades. El año anterior "El tiempo entre costuras" vendió más de un millón de ejemplares en papel. Las comparaciones son odiosas.

¿Y entonces qué? ¿Hay que comprarse un ereader? ¿No? ¿Cuál? ¿Me va a servir el año que viene, o pasará como con el Betamax? La propia gente de GFK reconocía que no puede hacerse una extrapolación del mercado para el año que viene porque los cambios en este sector son rapidísimos. Varias editoriales ya han lanzado sellos exclusivamente para ebooks, Amazon venderá libros digitales dentro de nada, la lectura online empieza a ser una posibilidad real... Los datos de hoy no sirven para mañana, aunque sí estiman que se doblará el número de dispositivos para el 2012.

Mi opinión es que el ebook ha venido para quedarse, y que cuando sus precios sean más atractivos (ya hay movimientos en este sentido) compensará comprar un ereader. Ahora mismo no, ni siquiera con el contenido pirata (suelen ser archivos PDF de difícil lectura en pantalla por la dificultad que ofrecen a la manipulación). Pero yo creo que estas Navidades pueden marcar el punto de inflexión. Ya veremos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Dónde leemos determina qué leemos?

Es posible que al leer el título hayas llegado a la conclusión de que finalmente he perdido la cabeza. Déjame convencerte de que no es así.

Empezaré contándote que esta entrada viene al hilo de un dato que me comentó un gurú de los ebooks (sí, ya los hay, yo estoy a ver si me convierto en uno) sobre el menor índice de retención de contenido cuando se lee en pantalla a cuando se hace en papel. La trampa oculta en esta afirmación (basada en un estudio relativamente serio) es que se basa en la lectura en todo tipo de pantallas (de smartphones, de ereaders, de tablets y de ordenadores). Yo no tengo tablet, pero puedo asegurar (y tú también) que, efectivamente, no tengo la misma actitud, ni la misma concentración, ni el mismo tiempo cuando leo en papel que cuando leo en el monitor, porque leer en esto último se ha convertido en el equivalente a escuchar la radio mientras haces otra cosa; es algo secundario. Además, lo que se lee en ordenador suele ser algo sacado de Internet, por lo que es normal que haya un enlace a otro documento, o un banner, o ya tienes otras tres pestañas abiertas con otros documentos distintos, o estás en el trabajo y sólo te has "despistado" un segundo para leer una cosita... Bien, el caso es que leer así resulta más parecido a picotear que a leer de verdad. No hablemos ya de leer en un móvil, que requiere un esfuerzo imposible de mantener durante más de unos minutos si quieres conservar la vista.


Pero esto que pasa con los soportes ocurre también con el lugar. Ya he hecho referencia a "leer" en el trabajo, ¿pero qué pasa cuando estás en el tigre? En este caso yo he acuñado el término "lectura de váter", cuya variedad incluye revistas, tebeos, periódicos o folletos del MediaMarkt. Nada que exija una gran concentración para no desperdiciar energías en la labor principal, y nada que lamentemos perder en caso de emergencia higiénica.

Los contenidos que suelen leerse en el Metro (o en otro transporte público) son algo más profundos, pero no demasiado, también por la dificultad para concentrarse o sumergirse en la lectura. Los vagones son territorio tradicional de best-sellers, de novelas de acción, de misterio, de romance... Ni de hondas reflexiones ni de lenguaje enrevesado o muy literario, no sea que te pases la parada.

Y por fin llegamos a mi lugar favorito: el hogar. La lectura en casa, en el sillón favorito, con una bebida y música no muy alta, es un placer que puede degustarse tranquilamente, paladeando cada página, releyendo esa frase maravillosa o esa metáfora que no has entendido a la primera. Incluso subrayando (¡brrrr!), anotando (¡doble brrr!) o doblando esquinitas (esto lo tolero). Cosas que, por cierto, pueden hacerse con un ereader sin estropear el documento. Aquí se vive una experiencia de lectura plena (en una biblioteca también, más o menos).

Total, que no es tontería que el lugar en el que vamos a leer nos haga decantarnos por una lectura o por otra, y puedo garantizar que no va a sabernos igual un libro leído en un sitio que en otro. Dicho en plata: los documentos sobre esta crisis de mierda resérvalos para el excusado, La vuelta al mundo en 80 días déjala para el bus y En busca del tiempo perdido guárdalo para el sofá. Cada cosa en su sitio.

lunes, 21 de noviembre de 2011

"Ejército enemigo", una novela dura, densa y deleitosa

No leas esta novela; no la leas ahora. No es que sea mala, es que es mala leerla ahora, con una situación económica que está echando abajo la situación anímica de ciento y la madre y que lo último que quieren (y me incluyo) es participar de las reflexiones y observaciones certeras y dolorosas del protagonista de este "Ejército enemigo". Un protagonista que el autor, Alberto Olmos, pretende diferenciar de sí mismo, pero no lo consigue porque la voz narrativa empleada, la primera persona, está infinitamente más cercana al autor-escritor que al protagonista-publicista. No digo con esto que los publicistas sean tontos, ni que sean incapaces de manejar el idioma adecuadamente, sino que resultaría dificilísimo, increíble, hallar a uno con los recursos lingüísticos y filosóficos del personaje en cuestión. Así, la indiscutible belleza de numerosas metáforas e imágenes, rasgos positivos y fundamentales de cualquier obra literaria, van en detrimento de la credibilidad del protagonista y, por tanto, de la historia. Es inevitable ver la mano del autor metida por el culo de dicho personaje, como es inevitable ver a a José Luis Moreno fistfuckeando a Rockefeller.


A este fallo, a mi entender (que también a mi entender podría haberse evitado recurriendo a un narrador externo y omnisciente, aunque seguro que entonces surgían otros problemas), tengo que añadir otros dos: la chapucera resolución del crimen inicial, tan cogida por los pelos que se queda completamente calva (aunque hay un giro argumental más que interesante), y el precio: 20 eurazos para un libro de 279 páginas editado pobremente por Random House Mondadori (papel malo, tapa blanda, pegado deficiente, corte irregular). Y esta novela no merece este trato.

No lo merece porque las pegas que he señalado no bastan, ni mucho menos, para ensombrecer esta espada segoviana de acero implacable y hermoso, martilleado con rabia y a la vez con tino, brillante y terrible. Fraguada en las llamas del pensamiento y la palabra, esta novela, este "Ejército enemigo", debería leerse en los institutos, en muchas facultades, en todas las ONGs, en los platós de las televisiones y en las casas okupadas. No sólo por el soberbio uso del idioma (algo excesivo a veces), sino por las reflexiones que transmiten, apuntaladas por citas soberbias y demoledoras de gente más vieja, más sabia y más brillante que el autor. Y con esto quiero decir que lo que señala Alberto Olmos en esta obra no es nuevo; sólo que con su prosa lo ha hecho bello. ¿Es el cinismo la única filosofía posible para vivir en este mundo? ¿Nuestras pequeñas donaciones y gestos alivian realmente el dolor ajeno, o sólo el propio? ¿De verdad puede el individuo hacer algo realmente trascendente por el conjunto? Más aún: ¿de verdad estaría dispuesto a hacerlo si tuviera la posibilidad? ¿Ha creado la sociedad un mecanismo de solidaridad "para todos los públicos" para asegurarse su propia supervivencia y evitar su mutilación y desangramiento?

Lo mejor de este libro no son las respuestas, que no las da, sino que nos lleva a plantearnos esas preguntas, entre otras. Nos lleva a pensar profundamente en el funcionamiento del individuo, de la sociedad a la que pertenece o en la que está encastrado y de otros actores de este escenario de tragicomedia que llamamos mundo.

Alberto, cabrón, con lo cómodo que es ver la tele y ya.

Trama: ***
Emotividad: ****
Lenguaje: ****

viernes, 18 de noviembre de 2011

¡Si te llamas escritor(a) no escribas como todos!

¿Qué significa ese título? ¿Que cambies el orden lógico de las frases? ¿Que uses palabros ininteligibles? ¿Que presentes tu manuscrito en latín a las editoriales? ¡No! Quiere decir que evites las frases hechas, los lugares comunes del idioma, que son las sentinas donde cagan los políticos y los malos periodistas. Olvídate de los "marcos incomparables", los "paisajes dantescos", los "sufrían en silencio", las "frentes perladas de sudor", los "mares azules", los "silencios ensordecedores", los "ojos como soles", los "amores prohibidos", los "pecados inconfesables", "la mierda hasta el cuello", los "amores eternos", etcétera, etcétera, etcétera.

¿Si no escribes en esto por qué llenar el papel de mierda?

¿Que cómo se sabe si es un lugar común? Porque estarás hart@ de oírlo o leerlo, y porque debido a eso estás a punto de escribirlo: te sonaba, lo tenías ahí, picoteando. Prácticamente salía solo cuando estabas pensando en la descripción de esa escena o ese personaje. Pues no sirve, descártalo. Rómpete el coco y busca una forma de escribir lo mismo, pero diferente. Cuesta mucho, sí. Es posible que te pases una hora dándole vueltas a una sola frase a cuenta de encontrar esa forma nueva, tuya, de contar algo. Y no tengas miedo del resultado, ni se te ocurra pensar que habría sido mejor recurrir al manoseado "su cabello largo le caía como una cascada sobre los hombros". No, nunca; "caca de la vaca". Si lo hicieras no serías escritor(a), sino escribiente o redactor. Eso no es malo (joder, yo soy periodista), pero asegúrate de que es lo que quieres ser.

Pero a esto tengo que hacerle una puntualización: puedes recurrir a lugares comunes en los diálogos (y monólogos y pensamientos) de tus personajes si es para reflejar sus personalidades. Esto es, si tu protagonista es un comentarista deportivo resultará creíble al lector que diga cosas como "el cancerbero rival detuvo un gol como una casa", o similar. Aunque tampoco es bueno abusar de los tópicos, y esto que acabo de comentar lo es. Imagínate una novela repleta de marujas, chonis, políticos, jinchos y pijos. Si el autor de la novela escribiera todos los diálogos como suponemos que hablan dichos personajes... Sería como ver una telecomedia mala: saturaría el cerebro en la tercera página.

"Y hasta aquí la entrada de hoy. Mañana más y mejor."

lunes, 14 de noviembre de 2011

Mis pájaros cumplen un año

El título lo dice todo: gracias al buen alpiste, algunos mimos y la jaula abierta, mis pájaros cabeciles han cumplido un añito; el tiempo pasa volando, como ellos. Doce meses con 92 entradas y 15.000 visitas, que no sé si es mucho o poco, sólo sé que lo lee alguien más aparte de un servidor.


Hace un año empecé este proyecto con dos objetivos: dar a conocer mi obra y compartir las ideas y las experiencias que he aprendido escribiéndola. Con el paso de los días fue cobrando más peso el segundo, porque he podido ver que hay muchísima gente con muchas cosas que contar y que quería saber cómo podía hacerlo. A algunos les habrán sido útiles las entradas que he escrito aquí, a otros no; pero creo que, al menos, a todos les habrá dado que pensar. Y esa es la clave: no se trata de hacer caso a los consejos (que poco me gustan, pero qué inevitables son) o a las ideas que yo o cualquiera podamos lanzar desde un púlpito, sino de considerarlas y, al hacerlo, sopesarlas y encontrar otras. Lo bueno y lo malo de mis pájaros es que llaman a otros, y al final tienes una bandada de cabrones picándote en el cerebro día y noche. Pero prefiero sus trinos y gorjeos (y también graznidos, la verdad) al terrorífico y paralizante ruido de estática.

Aquí van a seguir, gracias en buena parte, a esas visitas entre las que se cuenta la tuya. Gracias.

viernes, 11 de noviembre de 2011

"Eva", otro Frankenstein fallido

Igual te he destripado la peli con el título de la entrada, si es que no lo han hecho ya el cartel o el tráiler, pero que no te remuerda la conciencia si no vas a verla y faltas a tu compromiso con el cine patrio (en el caso de que seas español-a). Con la cantidad de organismos oficiales que aparecen en los títulos de crédito me da que todos los que han hecho la película han cobrado ya, así que no te sientas culpable si no hace taquilla; seguramente no lo necesite.


Ya habrás supuesto que no me ha gustado, pero lo malo cuando además tienes ciertas expectativas con algo es que, además, te cabreas. Me pasa por fiarme de los comentarios y las críticas de los medios oficiales, que al final están pagados, directa o indirectamente, por las productoras. Si es que es de cajón: ¿cómo van las revistas especializadas que viven de la pasta de sus anunciantes, las productoras de cine, a reseñar objetivamente las cintas que esas mismas productoras costean?

Bien, "Eva" es el primer largo de Kike Maíllo (que antes sólo había dirigido dos cortos y unos capítulos de una serie de TV) y lo borda, precisamente porque se hace larguísima. La película es muy lenta, con planos que no aportan nada a una historia que podría funcionar como un relato, como un corto, pero que no aguanta 94 minutos, entre otras cosas porque la supuesta gran sorpresa se ve a mitad de la cinta, y te tiras la otra mitad esperando a que el protagonista (en teoría un cerebrín de aquí te espero) lo descubra. Hay un montón de situaciones forzadas (la escena del baile es tremebunda), con diálogos tan artificiales como los robots que salpican cada plano. Los guionistas, Sergi Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca y Aintza Serra, se han lucido, pero claro, es que para ellos también es su primera película.

¿Y todo el equipo estará formado por novatos? Pues no; hay un plantel de actores jóvenes con algún bagaje... Que tampoco lo hacen bien, pero es que es muy difícil que un grupo de veinteañeros (treinta y pocos a lo más) interpreten de manera convincente a doctores en robótica, por muy precoces que sean. Sirva como muestra que una década antes del año en que transcurre la acción (2040) los susodichos ya llevaban a cabo proyectos en IA de primer orden. Ni Daniel Brühl, ni Marta Etura, ni Alberto Ammann (que debió de quedarse en la celda 211) hacen creíbles sus personajes. Curiosamente, las mejores son la más joven y la más veterana: Claudia Vega y Anne Cánovas como Eva y Julia respectivamente.

Mención aparte merece Lluis Homar como el pesadísimo sucedáneo de C3PO, Max, cargante hasta la antipatía, y que me ha hecho pensar que alguien en el equipo de cásting tiene muy mala baba, al escoger para hacer de mayordomo a quien interpretó a Juan Carlos I en la serie sobre el 23-F. Quizá soy muy retorcido.

Tampoco el equipo de diseño ha acertado con su decisión de mezclar épocas (pasadas) en una película que transcurre en el futuro. Lo siento, pero aunque la cinta sea de ciencia ficción tiene que parecer creíble, y los decorados novecentistas y setenteros (ojito a los coches, eléctricos, eso sí) no me transportan a la época que pretenden reflejar. Supongo que las subvenciones no daban para más.

Me parece que no me dejo nada. Si tienes uno de esos días en los que te apetece ver una futurista, alquila (ja, qué optimista soy), "Yo, robot", la de Will Smith, bastante bien inspirada en los relatos de Isaac Asimov, que son de lo mejorcito sobre la inteligencia artificial y sus consecuencias. Y qué coño, "El doctor Frankenstein" de Karloff, o al menos la escena del monstruo y la niña. Verás que las comparaciones son odiosas.

martes, 8 de noviembre de 2011

"Apocalipsis Z", cuando la muerte es entretenida

Vaya por delante que la versión que he leído es una digitalización con fecha de este año, y creo que se ha hecho a partir de una edición en papel primeriza, porque he encontrado erratas y faltas de ortografía varias, lo que no deja de ser una lástima, porque resta calidad y credibilidad al, para mí, formato del futuro: el ebook. También al autor (no lo negaré), Manel Loureiro, pero más a la editorial responsable, que no sé cuál es porque en mi versión no lo pone. El que quiera que investigue.


Esta novela tiene 311 páginas, pero la maquetación espaciosa engaña, de modo que no resulta tan larga. Además, hay otros factores que aceleran la lectura, como la elección de un narrador autodiegético o protagonista (primero como entradas de blog y luego de diario), y que la acción es continua; hay algún momento para la reflexión y la contemplación, pero son pocos y el lenguaje no es complicado. El autor es (o era) abogado, y ha dado a su protagonista la misma profesión, de modo que queda justificado el lenguaje utilizado, sin florituras, muy cercano, cosa que contribuye también a hacer creíble el conjunto. Esta proyección en el personaje, este dotarle de rasgos propios (creo que no sólo la profesión de abogado) contribuye decisivamente a que resulte muy auténtico, muy de carne y hueso.

Loureiro hace lo mismo con el entorno, al utilizar su Galicia para ambientar este "Apocalipsis Z". Aplaudo su elección (quizá porque yo he hice lo mismo con mi primera novela) y su valentía por despojarse de complejos tristemente arraigados en nuestro país que nos impiden creer que aquí puedan suceder historias como las del cine yanqui, con sus monstruos y sus héroes. Los primeros pueden ser igual de terribles allí que aquí, y los segundos igual de valerosos y determinantes. Que en A Coruña se beba ribeiro no es obstáculo a una invasión alienígena, y que un tipo se llame Julio en vez de James no le inhabilita para salvar a la chica. Ya está bien de ponernos trabas imaginarias.

Dicho esto, Loureiro ha fusionado con éxito (mucho) realidad y ficción, apoyándose en su conocimiento de primera mano del lugar y los personajes humanos para suspender la incredulidad del lector y así provocar terror, porque no puede haber terror si no te crees la historia. Desgraciadamente, en mi caso no me aterró por culpa de la parte ficticia: los zombis. Puede que el problema sea que he leído el libro tarde, cuando los dichosos muertos vivientes ya están hasta en la sopa y disfrazados de Segura, Alaska y Rosi de Palma (¿o es al revés?). Me cansan, la verdad, porque es siempre lo mismo, y es muy difícil plantear situaciones verdaderamente sorprendentes con estos bichos. A esto no ayuda que el autor caiga en lugares comunes, y la tercera vez que uno lee "paisaje dantesco", "escena salida del infierno" y "este mundo se ha acabado, joder", casi mejor dejar de leer. ¿Y por qué no lo hice? Pues por los personajes vivos y porque tenía la esperanza de que Loureiro se tirara a la piscina con un final diferente; no es el caso, como atestiguan las novelas que salieron a continuación, "Apocalipsis Z, los días oscuros" y "Apocalipsis Z: la ira de los justos".

En resumen, esta novela es entretenida, y se lee fácilmente si aguantas estoicamente la descripción de vísceras desparramadas, amputaciones y fluidos sanguinolentos. El personaje principal y sus ocurrencias enganchan, sinceramente, y ver que Galicia puede ser un paisaje diferente al que todos conocemos bien vale leer unas cuantas páginas de este "Apocalipsis Z". Ni que decir tiene que si te gustan los muertos vivientes te lo acabarás gustosamente, si no, mejor ni lo intentes, no vaya a sentarte mal.

Trama: ***
Emotividad: ***
Lenguaje: **

viernes, 4 de noviembre de 2011

Ideas para promocionar una obra autoeditada

Pues si en muchas de mis entradas he intentado enseñar lo que sé de escribir, en esta voy a intentar lo que he aprendido sobre la tarea de promocionar lo escrito. Y lo primero que debo señalar es que es más complicado lo primero que lo segundo (al menos para mí, claro); es una putada no saber hacerlo todo, ¿pero qué gracia tendría vivir si no?

Bien, lo primero que recomiendo es estudiar tranquilamente las opciones o servicios de promoción que ofrece la "editorial" mediante la que has publicado tu obra. Por lo que he visto, la información pública que anuncian al respecto es bastante exigua. No te cortes y pregúntales, por teléfono o por email, todas las dudas que tengas, especialmente las referidas a contactos en medios, blogs y presentaciones públicas. Una vez estés convencid@ de la calidad y las posibilidades de dicho servicio, valora si te merece la pena contratarlo o no. Ya te adelanto que promocionarte tú mism@ exige mucho trabajo y acarrea bastante frustración, así que no descartes que lo hagan otros, pero asegurándote de lo que van a hacer.


En segundo lugar, préstale mucha atención a las posibilidades que ofrece Internet. No cometas el error de despreciarla; algun@s se escudan en eso para disculpar su desconocimiento y su falta de ganas para empezar a aprender. Al lío: Internet está en todas partes, así que si la aprovechas tienes acceso potencial a cualquier sitio. En primer lugar, considera la posibilidad de hacer un blog; si eres capaz de crear contenido puedes hacerlo. Crear uno es bastante fácil, porque los sitios que los apadrinan (blogspot y wordpress son los más conocidos) ponen plantillas a tu disposición para que le des el aspecto que quieras (dentro de unos límites, claro). Una vez lo hayas creado expón partes de tu obra, explica cómo la pariste, cuánto te llevó, cosas que te inspiraron... Si el contenido es bueno obtendrás visitas, que sabrán de ti y de tu obra: compradores potenciales. El problema es que es probable que acabes teniendo que promocionar tu obra y tu blog.

En segundo lugar, hazte un hueco en las redes sociales. Crea un perfil "profesional" como autor(a) o házselo directamente a tu obra, en facebook y twitter; hay que estar ahí, se siente. Cuando lo tengas, busca a amigos y familiares, conéctalos y empieza a publicar contenido, a ser posible relacionado con tu obra. Busca también grupos afines a lo que has escrito y únete a ellos para que vean tus publicaciones. Si lo que escribes gusta acabará llegando a más gente, así que no escribas tonterías (a no ser que tu obra sea cómica).

Escribe a blogs (y revistas digitales) especializados informándoles de la publicación de tu obra y añade un breve resumen de la misma, así como un par de capítulos. No hagas más porque muchos no te contestarán nunca y habrás perdido el tiempo. Eso sí, a los que te respondan envíales lo que has escrito; no temas que no les guste o te pongan a caldo, porque siempre es bueno que terceras personas te lean. En el peor de los casos aprenderás por qué no les ha gustado, y eso es muy útil. Si lo que esperas es que todo el mundo alabe tu genio dedícate a otra cosa.

Investiga las webs de editoriales; algunas permiten añadir contenido y/o comentarios. Puedes ser un pequeño escaparate para ti y/o para lo que escribes.

Y en un plano más tradicional, escribe a revistas y suplementos literarios una buena carta de presentación sobre ti y sobre lo que has escrito, pero busca llamar su atención, porque reciben decenas de correos al día de verdaderos profesionales de la promoción que saben hacer las cosas (después de todo es su trabajo) y venden a escritores y escritoras de mucho peso. Para ser sincero: o haces algo EXTRAORDINARIO o no te van a hacer ni puto caso. Pero la esperanza es lo último que se pierde.

Por último, intenta realizar algún pequeño evento en librerías, clubes o cafés, anúncialo con tiempo y coméntaselo a todos los que puedas; consigue gente, no importa si son papá, mamá, los abuelos y tus primos del pueblo. Tanto si vas a vender mucho como si vendes poco, terminar una novela es una tarea difícil que merece una pequeña fiesta, y a las fiestas van las personas queridas.

Un último consejo: cree en ti y en lo que has escrito, porque si no lo haces nadie lo hará, pero no te conviertas en un(a) jilipollas arrogante incapaz de aceptar una crítica bienintencionada. Pero claro, si resulta que al final todo el mundo acaba adorándote, ¿cómo evitarlo?

martes, 1 de noviembre de 2011

Cae la noche, una vez más

Hoy 1 de noviembre de 2011 se ha puesto a la venta Génesis, el segundo volumen de mi trilogía "Cuando cae la noche". Hoy puedes empezar a descubrir quién fue Adrian Wolff, el protagonista de la saga, antes de convertirse en vampiro.


En la primera novela, Ascensión, la desaparición de uno de los inmortales más poderosos de Madrid y de España, llevó a la búsqueda de alguien ajeno a los intereses del lugar que investigara el caso aportando una perspectiva diferente, objetiva, desinteresada. Ese alguien fue Adrian Wolff, un vampiro alemán relativamente joven, ambicioso y plenamente convencido de que los humanos sólo valen como siervos o como alimento.

A lo largo y ancho de este blog he tratado sobre los personajes y la trama de dicha obra, utilizándola para ejemplificar algunas de las cosas que he aprendido como escritor a lo largo de más de 25 años, porque creo (con razón o sin ella) que inicié ese camino cuando a la edad de 11 añitos terminé mi primera novela. Desde entonces, con mayor o menor intensidad, con más o menos suerte, me he dedicado a escribir. Me gusta contar historias, reales o ficticias, y me atrevería a decir que se me da bien.

La historia de "Cuando cae la noche" surgió porque hace ya 12 años me fascinó el mito del vampiro, porque siempre me ha fascinado el tema del Pacto: dar una cosa a cambio de otra. Soy de los que creen que todos tenemos un precio, pero el dinero no es la única moneda de cambio que existe. El amor, el poder, la vida eterna... ¿Qué darías tú por conseguir algo de eso? ¿Y si existiera la posibilidad de que no pagaras tú el precio, de que lo pagaran otros? ¿Con sus vidas? Tú solo serías el "colmillo" ejecutor... ¿Aceptarías?

Adrian Wolff aceptó. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quién le ofreció el trato? Si quieres conocer las respuestas a estas preguntas; si quieres saber lo que puede llevar a un hombre a renunciar a su vida mortal; si crees, como yo, que todos tenemos un precio, dale una oportunidad a esta novela.

Yo te daré las respuestas que te falten en la presentación que habrá este sábado 12 de noviembre. ¿Truco?¿O trato?

jueves, 27 de octubre de 2011

¿Compramos libros o marketing?

Todos hemos oído alguna vez el chascarrillo (cierto o no) de ese regalo envuelto en una caja maravillosa con lazo de seda que resultaba ser un destornillador de los chinos (o cualquier otra zarandaja). Esta coña hace años que pasó de anécdota a verdadera metáfora de la relación entre producto y marketing; y el libro es un producto.

¿Qué habrá dentro? ¿Importa?

Gustos al margen, hace tiempo que el envoltorio (la campaña de mercadotecnia) consigue más ventas que la propia calidad de lo envuelto. Toda la vida criticando a los que compraban libros por la portada y resulta que es lo que estamos haciendo, sólo que ahora la portada puede incluir una película, dos reseñas en suplementos, series de televisión, un booktrailer y tropecientos banners en la web de tu email. Si a esto añadimos que los editores siguen sin saber qué va a ser superventas, obtenemos que en el mundillo literario, da igual la supuesta calidad del producto, porque es la campaña de marketing lo que va a "garantizarla" y a lograr que se venda. Esto es: una caja de puta madre colocada en el mejor emplazamiento de los centros comerciales y un par de críticas (o premios) favorables "subvencionadas" van a conseguir que te lleves a casa lo de dentro: un libro.

Porque vamos a ver: sin en España se publican más de 10.000 títulos nuevos al año, ¿cómo coño se sabe cuáles son? ¿Alguien bucea entre las más de 1.000 editoriales de nuestro país para saber qué novedades sacan? Pues no. Sabes de aquellas que te llegan, ¿y por qué te llegan? Porque unos señores y unas señoras se encargan de que esas novedades destaquen entre el inmenso bosque literario (me temo que ya hay más madera en los centros comerciales que en nuestros campos) a través de anuncios, o de reseñas, o de eventos... Y al final acabamos eligiendo unos pocos títulos de una preselección realizada no con criterios literarios, sino económicos: las editoriales con más presupuesto consiguen que sus novedades destaquen más.

Eso no significa que en las cajas siempre haya destornilladores de los chinos; a veces encontramos joyas de verdad. Lo que sí significa es que hay otras muchas joyas que nunca llegamos a disfrutar porque crecían a la sombra de los envoltorios que llenaban nuestro horizonte.

martes, 25 de octubre de 2011

Cómo provocar terror escribiendo (bien)

Estando Halloween a la vuelta de la esquina me ha parecido que el terror literario se merecía una entrada, así que allá voy. Creo que, en general, no es nada fácil despertar emociones reales en el lector. La literatura tiene una serie de recursos que se basan exclusivamente en el lenguaje escrito, que es menos "potente" que la imagen o el sonido. Por ello el cine, la televisión e incluso la radio tienen más facilidad para despertar sentimientos instantáneos; es más sencillo y más rápido procesar estímulos visuales y sonoros que estímulos conceptuales o simbólicos. Un gato que salta inesperadamente sobre la protagonista de una película o un ruido fuerte y repentino nos hará saltar de la silla al momento, pero leer esa misma escena no provocará la misma reacción.

Adelante, ábrelo si te atreves... Y afronta sol@ las consecuencias.

Por tanto, la literatura de terror es claramente incapaz de producir sustos de los de toda la vida, lo que es una seria desventaja a la hora de generar terror. Ahora bien, que el lenguaje necesite un proceso intelectual complejo es una ventaja a la hora de generar emociones intensas y perdurables, porque el esfuerzo que hacemos es mayor. Y, además, durante la lectura nuestro cerebro recurre a nuestra experiencia para formar las imágenes que nos describe el texto, apelando a las emociones asociadas a esas vivencias. Y aquí viene la primera clave para escribir terror: describe escenas familiares, y con ello me refiero a escenas comunes a todos: una cena con amigos, una noche de tormenta, un apagón, una calle vacía... Todos hemos vivido algo así, por lo que podemos situarnos sin esfuerzo.

La siguiente clave es plantear algo extraño en esa escena, algo fuera de lugar. El miedo a lo desconocido es una de las emociones más básicas del ser humano, y hasta el elemento extraño más inocente nos genera incomodidad: un formulario que no sabemos rellenar, un niño al que ignoramos cómo hacer callar, un enchufe que no tenemos ni idea de reparar... Si pasa esto con tonterías, imagina lo que ocurre cuando lo agravas un poco, tal vez añadiendo una costra de mal aspecto a ese amigo que ha venido a cenar, cambiando el color de un relámpago, describiendo una sola ventana iluminada en un barrio completamente a oscuras, o un chirrido en esa calle aparentemente vacía.

La tercera clave es dar color a los detalles, recrearse en ellos; hazlos creíbles e intensos. Usa adjetivos y adverbios, gana tiempo con ellos ralentizando la escena. Haz que el lector "vea" a cámara lenta lo que sucede, y que la descripción de esos elementos extraños conduzca a otros aún más inquietantes, pero poco a poco.

Por último, cierra súbitamente la trampa en la que has metido al lector: pasa a la acción rápidamente, sin concesiones, sin pausas para respirar: describe ese acto tan concisa y brutalmente como puedas: el amigo, ya con los cubiertos en la mano, trincha el brazo del anfitrión en lugar del asado; un rayo abduce a la pareja que se resguardaba en un portal; de la ventana iluminada sale un ser de pura luz que se alimenta de la energía de la ciudad, incluyendo a la de sus habitantes; o una gigantesca rata devora al viandante, demostrando al lector por qué esa calle siempre está vacía.

Estos trucos son perfectos para usar en cuentos, pero también se usan en novelas, aplicándose a las escenas clave o bien alargando cada fase todo lo posible y alternándolas con pasajes "normales", que sirvan para dar reposo a los protagonistas y al lector.

Como casi siempre, lo mejor para ver realmente cómo se consigue provocar terror es leer buena literatura de terror. Personalmente recomiendo a Poe y a Lovecraft (y colegas), y también a Stephen King (de este escoge uno y ya está, será como si los hubieras leído todos).

Y poco más. Hasta mi próxima entrada... si es que sobrevivimos a esta noche.

viernes, 21 de octubre de 2011

¿Qué es el cliffhanger y cómo se hace?

La traducción que más me gusta de cliffhanger es "al borde del precipicio", y precisamente por eso se ha bautizado con este término al recurso narrativo mediante el que se procura mantener el interés del oyente, lector o espectador hasta la siguiente entrega de la obra. Para ello se sirve de una situación de suspense o de una revelación importante para los personajes o la trama, de modo que habrá que seguir la historia para descubrir cómo se resolverá o qué consecuencias tendrá lo revelado. Dicho en plata: es lo que hace que a las tres de la mañana sigas leyendo esa novela o viendo esa serie de televisión que te tiene enganchad@ hasta las trancas.

¿Se caerá o no?

De novedoso tiene poco, así que no creas que esto lo inventaron los de "24" o "Perdidos". Como antecedente plenamente documentado se me ocurre "Las mil y una noches", que podría ser del siglo X (o anterior), donde la reina Sherezade va aplazando su ejecución por orden de su reciente esposo gracias a las historias inconclusas que le relata noche tras noche. Así, Sherezade comienza una nueva cada vez, pero dejando el final para la siguiente, de forma que el rey, intrigado, decide dejarla vivir para poder satisfacer su curiosidad.

En la literatura hay muchos más ejemplos de este recurso, como en "El Quijote", pero cuando realmente empiezan a proliferar es en el siglo XIX, gracias a la publicación de novelas seriadas, llamadas folletines. Estos folletines eran un recurso más para aumentar las ventas de periódicos, que pretendían enganchar al lector poniéndole los dientes largos para que siguiera comprando. Ya he comentado algo de esto en otra entrada, poniendo a Alejandro Dumas como ejemplo. Muchas de las aventuras de sus mosqueteros empezaban y concluían en entregas diferentes, igual que hacía Sherezade. Acontece una peligrosa emboscada-se resuelve en el siguiente número; un mosquetero declara su amor-le corresponden (o no) en la entrega posterior; D'Artagnan comienza un duelo-lo acaba en el periódico del día después.

Años después la radio se apropió de este recurso para los radiodramas, que al final del episodio planteaban una situación mortal para el héroe de turno, pero el oyente no sabía si terminaba bien o mal hasta el siguiente capítulo. "¿Sobrevivirá Dick Tracy al foso de los cocodrilos? ¡No se pierda el próximo episodio en este mismo canal de su emisora!"

También se empleó en el cine, sobre todo en el mudo, de donde podría provenir el término, aunque también podría tener su origen en la escena de una novela seriada de Thomas Hardy en la que uno de los protagonistas se quedaba colgando de un precipicio. Pero el medio que más ha abusado de este recurso en menos tiempo ha sido la tele. Desde "Enredo" hasta "Dallas", pasando por "Galáctica" y "The Walking dead", infinidad de series han recurrido al cliffhanger para mantener fieles a los espectadores. Nada como plantear una boda, una posible muerte o un secreto inesperado para lograr que la audiencia no quiera perderse la siguiente temporada.

Ahora bien, para que el recurso funcione debe emplearse con moderación y cuando la trama lo exija, porque si no se corre el peligro de agotar la paciencia del personal o de olvidarse de resolver situaciones que acaban quedándose colgadas ellas mismas en el limbo de lo desconocido. Es más: si página tras página o episodio tras episodio se plantean misterios, es muy probable que unos se mezclen con otros y provoquen incoherencias que perjudiquen la suspensión de incredulidad del conjunto. Es habitual que ocurra en la televisión, ya que entre una temporada y otra suele pasar bastante tiempo, e incluso que cambien los guionistas, y registrar todos los cliffhangers es algo que no siempre se hace.

Yo confieso que es un recurso que me gusta mucho, y me gusta usarlo. En mis novelas hay unos cuantos porque pueden ser muy efectistas y son fáciles de plantear. Las novelas de misterio no son sino un cliffhanger que se va resolviendo a lo largo de toda la obra: ¿quién asesinó a Samuel Ratchett? ¿Qué ha sido de Harriet, la sobrina de Henrik Vanger? ¿Por qué mataron a Jacques Saunière?

Saber si está bien hecho es muy sencillo: si sigues leyendo es que funciona. En cuanto a cómo lograrlo... lo revelaré en la próxima entrada.

lunes, 17 de octubre de 2011

"El orden alfabético": impresionante

El adjetivo con el que califico esta novela de Juan José Millás, publicada por Alfaguara en 1998, es tramposo porque tiene varias interpretaciones, pero creo que cualquiera puede aplicarse a "El orden alfabético". La más evidente es que causa impresión, al menos a mí, y por varias razones.

La primera es por el momento en que he decidido leerla, cuando parece que, por fin, después de amagos varios, el ebook va a desembarcar con éxito en nuestras costas. Si mis augurios se cumplen y termina por imponerse al libro tradicional, novelas como "El orden alfabético" se leerán con dificultad, porque en ella los libros, como objeto, cobran vida propia y deciden huir volando de un mundo que no los necesita. Seguro que alguna vez has oído (o has pensado) la imagen de un libro desplegando sus tapas y batiéndolas hasta elevarse por los aires. Pues Millás desarrolla completamente esa imagen, esa anécdota, para crear esta novela, imaginando las consecuencias y las razones para que suceda algo así, y dotándola de un aire tan trágico como poético.


La obra está dividida en dos partes, que abarcan la etapa adolescente y la adulta del protagonista, Julio, y la primera me han recordado a "La historia interminable". Hay un desdoblamiento de mundo real y mundo imaginario tan bien hecho, tan sutil, que llega un momento en que el lector no sabe en cuál de los dos está, tal y como le ocurre también al protagonista.

La primera parte es casi mágica, de esa magia que se hace con palabras: metáforas, símbolos y símiles bellísimos que obligan a paladear el texto despacio para degustarlo en toda su dimensión.

La segunda parte es, lógicamente, más adulta, ganando en tragedia lo que pierde de magia. Al principio es desconcertante, luego inquietante y, finalmente, desasosegante. Sobre todo si compartes profesión con el autor y con el protagonista: la de periodista. Millás reflexiona y hace reflexionar sobre nuestra realidad o, más exactamente, sobre la realidad que percibimos a través de los medios, sobre la realidad que nos cuentan. No es un tema nuevo, pero sí la forma de hacerlo. El lenguaje sigue siendo bello y brillante, pero el mensaje que transporta es difícil de asimilar; El autor te hace tragar su pastilla empujándola con un licor agridulce, pero delicioso. Sólo cuando ya lo has hecho, cuando has acabado la novela, percibes el regusto amargo de todas las medicinas y, claro está, de la realidad que vemos y que, tal vez, también vivimos.

"El orden alfabético" me parece una lectura obligada para los amantes de este idioma nuestro y para quienes lo cultivan con cariño en sus escritos, por pequeños que sean. También para quienes se preguntan por la influencia de los medios de comunicación en la realidad, y para quienes nos preocupamos por la supervivencia de la lectura (que no de los libros) en un mundo gobernado, en muchos sentidos, por el espectáculo vacío de la televisión.

Trama: ***
Emotividad: ****
Lenguaje: ****

viernes, 14 de octubre de 2011

"Crazy, stupid, love" is a crazy, stupid movie

La pasada noche un tráiler astuto y atractivo me llevo a una sala oscura y me hizo lo que quiso, y encima pagué yo. La metáfora viene al pelo porque es, más o menos, el argumento de esta "Crazy, stupid, love", una de esas comedias románticas gamberras que tan bien venden los yanquis en los tráilers (los "thrillers", que dice un amigo), dirigida al alimón por Glenn Ficarra y John Requa, que sólo habían dirigido antes una película, ¡también juntos! Animado por el divertido avance, por la pareja protagonista (Steve Carell y Julianne Moore) y, cómo no, por mi encantadora esposa, fuimos a verla al cine. Y cómo pican luego los ocho euros de entrada cuando sales de una peli de estas...


Todo empieza con el único matrimonio en un restaurante que no se toca los pies por debajo de la mesa (cosa que no recuerdo haber hecho nunca, pero en fin, ¿qué sabemos aquí del amor?), clara señal de que está tocado y hundido por una cornamenta de esas que pinchan las balsas salvavidas de los trasatlánticos que se hunden. Total, que el marido aburrido, cansado y cornudo se va a llorar al bar donde el chulazo de turno (interpretado por los abdominales de Ryan Gosling) se ofrece para darle unos consejitos y recuperar su hombría. Durante esa parte y la del "entrenamiento" te ríes un par de veces, y ya. A partir de la mitad de la cinta, que es cuando pretende ponerse seria y ahondar en el conflicto matrimonial y en la personalidad del chulazo, va toda cuesta abajo a fuerza de repetir clichés y tópicos de enredo que, además, se resuelven sin arriesgarse lo más mínimo.

En fin, que aparte de Julianne Moore, que es la única que aporta calidad interpretativa a la sucesión de tontunas, no recuerdo nada que merezca la pena. De pena está Steve Carell (que me hizo reír mucho más en "Virgen a los 40"), y que desaprovecha este vehículo de lucimiento personal (es también el productor). El niño de turno es para matarlo dos o tres veces, igual que al chulazo (a este quizá ellas le perdonen), que es como un maniquí sin carisma ni gracia algunas (¿escogería Carell adrede a un actor ni fu-ni fa para que no le hiciera sombra?).

Si este fin de semana tienes ganas de comedia busca otra película, porque con esta te vas a divertir poco. Y si tu chica te insiste en ir a verla, propón una romántica 100%. Así quedarás mejor y te librarás de ver este "crazy, stupid, love", que para locuras y tonterías ya están los políticos y los bancos.

martes, 11 de octubre de 2011

Mis tres claves en una novela

Lo bueno de asistir a eventos como el que comentaba en la entrada anterior y de alternar con gente del mundillo literario no es que se aprenda (que también, aunque no siempre sobre lo que uno espera), sino que te hace pensar. Para algunos esto no tendrá nada de bueno; "¡qué piensen ellos!", que casi dijo Unamuno. Pero confieso que, después de oír hablar a profesionales de la crítica literaria, empecé a darle vueltas tanto a de qué sirve realmente la crítica (y los críticos), como si hay algún modo de hacerla objetiva. No me cabe duda de que esa es la clave: con las matemáticas no hay discusión posible, pero cuando nos movemos en el pantanoso terreno de las artes la cosa cambia. Quizá yo me hunda sin remedio en las pesadas páginas de "La Regenta", mientras tú las surcas viento en popa a toda vela. La sensibilidad de cada uno es distinta, igual que los gustos, que se van educando o maleducando con las experiencias y las lecturas.

Sin embargo, aunque la subjetividad impere y cause que obras maestras permanezcan ocultas y enterradas en un cajón mientras que desechos abominables se abren paso edición tras edición en los lineales de los hipermercados, tras mucho cavilar llegué a la conclusión de que en toda novela existen tres elementos clave que excitan tres áreas diferentes de nuestro ser: la trama, el lenguaje y la emotividad. Todos ellos están profundamente entrelazados, pero pueden aislarse bastante bien, y así apelan a nuestro intelecto, a nuestras emociones y a nuestro sentido de la estética. Para mí una gran novela debe sobresalir en esos tres, y será un desastre completo si no destaca en ninguno.

Los tres elementos del "método Calderó" (c)
Gracias a esta iluminación he decidido crear mi propio método de crítica literaria, denominado humildemente "método Calderó" (c), que servirá, como mínimo, para arropar a mi queridísimo ego en las frías noches que se avecinan (por fin). Este método consiste en representar mediante una escala del 1 al 5 (con estrellitas, lapiceros, caritas o cualquier otro símbolo disponible) el nivel de cada uno de los elementos señalados.

La trama de una novela representa el grado de complejidad de una historia, su planteamiento, avance y resolución. ¿Es un reto para la inteligencia del lector, o es tan simple como el mecanismo de la tapa del váter? ¿O ni siquiera hay una trama, sino sólo una sucesión de hechos? ¿O su final es un desastre? Pero ojo: en función del género o subgénero de la novela este elemento adquirirá un protagonismo capital (como en las policiacas), o ninguno en absoluto (como en la novela costumbrista).

La emotividad de la novela se refiere a su capacidad para generar emociones intensas en el lector, desde el terror, a la tristeza, pasando por la alegría o el odio. Dicho elemento tendrá mucho peso en la novela sentimental, pero más bien poco en la ciencia-ficción dura o en los thrillers.

Por último, el lenguaje alude al (buen) manejo del idioma y al conocimiento del mismo por parte del autor. Sonoridad, ritmo, riqueza, color, etc., producen un resultado estético que el lector capta y que lleva a describir una novela como bella o como vulgar. Siguiendo con los ejemplos, este elemento puede ser accidental o meramente funcional (en la novela policiaca) o fundamental (como en la novela romántica).

Doy por sentado que la percepción de estos elementos es subjetiva, pero creo que cualquiera podría determinar si destaca alguno de esos elementos en una novela, y la mayoría de lectores coincidiría en dicha valoración (optimista que es uno). Así pues, este método puede servir, como mínimo, para que un lector sepa si va a encontrar lo que busca en una novela: una buena historia, un uso maravilloso del lenguaje o emociones fuertes. Yo ya he comentado que, en la novela, prefiero el fondo sobre la forma, probablemente a causa de mi vocación periodística, que exige que me cuenten (y contar) hechos noticiosos. Sé que muchos prefieren lo contrario, y, de hecho, no pocos críticos y escritores consideran que la calidad de una novela, ese elemento que separa la literatura de la LITERATURA, es el lenguaje empleado y su grado de complejidad. Ya no voy a discutir si eso es correcto o no, puesto que creo que el lenguaje debe supeditarse al tipo de historia que se cuenta, por lo que el sencillo y directo puede ser tan digno como el abstruso y recargado. Sólo diré que con este método el crítico puede aportar su visión de una manera bastante objetiva, que servirá realmente al lector para decidir si la novela puede gustarle o no.

Y no es decir poco.

viernes, 7 de octubre de 2011

No está hecha la miel para la boca del asno

Honrando esta sinceridad mía tan característica me toca anunciar que esta entrada va a estar influida por el descubrimiento (tardío, lo sé) de "Lector mal-herido", un blog de crítica literaria con mucha mala leche, pero muy divertido (siempre que no se tome demasiado en serio) cuya lectura recomiendo y obra de un antiguo compañero de Periodismo que me ha demostrado que no todo lo que sale de ahí es malo.

A finales de julio escribí una entrada con mucha miga llamada "Literatura y literatura comercial: una división equívoca" a raíz de una charla a la que asistí donde Constantino Bértolo, director de la editorial Caballo de Troya, dijo que lo que se lee mayoritariamente (y por tato lo que se vende y se compra) en este país es basura. Hoy jueves se ha repetido este axioma en el mismo lugar, el curso de edición de Ámbito Cultural (que también recomiendo), pero con otros protagonistas. Todos ellos han empezado sus intervenciones cargando contra la literatura que no es literatura, que ni ellos tienen clara cuál es, pero que creen, como Constantino, que es la que tiene "éxito de público", expresión despectiva donde las haya cuando va seguida (o a continuación) de su lógica contrapartida, "éxito de crítica". Estos señores y señoras tienen un paladar ocular exquisito que les lleva a aberrar de todo lo que trate de crímenes, misterios, intrigas... Forraje para las masas, vaya; si de ellos dependiera Dumas y Verne estarían publicando en Bubok. La literatura de verdad es la que les mola a ellos, coño: las novelas de escritores pajilleros que narran (y se regodean en) sus vivencias personales, que son las que hemos tenido todos, pero contadas de forma que sólo aprecian ellos.

Esto es lo que a ti te gusta...

Minutos después los ponentes se han retractado a medias de sus duras declaraciones iniciales, lo que me ha demostrado que no son más que las líneas de un discurso que tienen aprendido para parecer inteligentes, cultos y estilosos, y así investirse de la autoridad literaria necesaria para decirnos a los demás qué es literatura y qué no. Y no les quedan más cojones que retractarse cuando la realidad demuestra, año tras año, equivocación tras equivocación, que los críticos no tienen ni puta idea de lo que vale y de lo que no. Nuria Azancot ("El Cultural") lo acababa reconociendo, como reconocía que a los críticos les toca acercarse a la tierra para conectar con los lectores, porque a los estos que hacen caso ahora es a quienes, sin interés ninguno en vender a fulanito o a menganito, o tal o cual editorial, comentan los libros que leen en Internet por amor al arte, de verdad. El marketing ya había devorado a los críticos hace tiempo, y ahora Internet los está digiriendo. Ya sabéis cuál es el siguiente paso.

...y esto es lo que le gusta a la crítica. ¡Incult@!

Pero lo mejor ha sido al final del acto (como siempre, como en todo), cuando una agente literaria ha comentado a propósito de una pregunta lo maravilloso que es el último libro de uno de los autores que representa. ¿Y de qué va esa joya? Pues es una novela de intriga con tintes sobrenaturales... Vamos, justo eso que todos decían al principio que no es literatura. No, pero esta sí, lo de Dan Brown y compañía es caca comercial, niños, pero esta es miel de la buena. ¿Por qué? Pues porque la represento yo.

Coherencia, joder, coherencia. Que ya está bien de que haya que ir de cultureta devoto de Joyce para ser crítico, editor o escritor "respetable", cuando resulta que todos os morís por hacer lo que Stephen King, J.K. Rowling o Corín Tellado. Y no pasa nada.

lunes, 3 de octubre de 2011

El rito antes de escribir, entre la necesidad y la locura

¿Por qué esta entrada se cataloga como "teoría narrativa"? Está claro que no es una lección, ni un consejo, ni una recomendación sobre el arte (o el oficio) de escribir, pero... Siempre he defendido que para escribir bien no basta con el talento. Igual que una buena espada, el talento debe afilarse antes con horas y horas en la fragua de la tinta y golpearse una y otra vez con el exigente yunque del papel en blanco. Y para lograr esas horas hace falta disciplina, y para lograr la disciplina hace falta tener la disposición adecuada una y otra vez, y ahí entra el rito, la "ceremonia", el conjunto de reglas que ayudan a nuestro cerebro a concentrarse en la tarea de escribir.


No es algo propio de los escritores, claro está. Deportistas, toreros, cantantes y un largo etcétera tienen sus ritos, que muchos llamarán manías. Pero la verdad es que, pensándolo bien, todos tenemos alguno: ¿qué es si no ese cafetito que se bebe ya en la oficina antes de empezar a trabajar, o ponerse las zapatillas, la sudadera favorita y la camiseta azul antes de ir a correr, o llevar el pañuelo de la suerte antes de la timba de póquer? Todo es para mentalizarnos de la tarea que vamos a realizar, costumbres que canalizan y concentran nuestra voluntad para cumplir esas misiones mundanas, pero fundamentales, que componen nuestras vidas.

Hace años (más de once) a mí me bastaba con sentarme delante de la máquina de escribir; era lo bueno de aquel trasto: sólo servía para escribir, así que era en lo único en que pensaba cuando introducía el folio en el carro. Había otro componente en tan sencilla ceremonia: el bote de tippex para corregir errores. No había nada que me jodiera más que escribir una "Y" en vez de una "U" y tener que levantarme a buscar el botecito blanco.

Evocando aquella época me da por pensar que mi rito era una mierda, y mirando los de algunos escritores geniales me pregunto si para serlo hace falta un rito más elaborado (o más absurdo). Isabel Allende enciende una vela antes de empezar a escribir (si es un libro nuevo lo empieza en 8 de enero) y cuando la vela se apaga deja de hacerlo; Gabriel García Márquez escribe descalzo, con una flor amarilla en la mesa y con la habitación a una temperatura concreta; Jorge Luis Borges se metía en la bañera nada más levantarse para meditar si lo que había soñado merecía escribirse; Mario Vargas Llosa necesita un orden muy concreto y rodearse de figuritas de hipopótamos...

El caso es que con los años (y la tecnología) mi rito antes de escribir se ha ido sofisticando: ahora el ordenador sustituye a la máquina de escribir, pero como este otro trasto permite hacer muchas más cosas no me basta con él para centrarme. Ahora (bueno, desde hace años), necesito también un sitio tranquilo, sin ruidos ni conversaciones, algo de beber (a ser posible un gin-tonic) y música estrictamente instrumental para no distraerme con letras (clásica o bandas sonoras). También he recurrido a la pipa, que es, probablemente, el elemento canalizador más potente que he encontrado, porque cuando uno fuma en pipa se siente automáticamente obligado a pensar cosas inteligentes y brillantes (quizá habría que obligar a todos los políticos a fumar en pipa). El problema es que mantenerla encendida no es fácil e implica frecuentes interrupciones para volver a tenerla humeando (la pipa).

¿Y tú? ¿Cuál es el tuyo?

viernes, 30 de septiembre de 2011

"No habrá paz para los malvados", la cara oscura de Torrente

Habrá quien me tilde de insensato por insinuar parecidos entre la última película del director Enrique Urbizu, "No habrá paz para los malvados", y la zafia saga de Santiago Segura; lo comprendería. Pero es que el esperpento de policía de Torrente bien podría ser una parodia extrema del inspector Santos Trinidad (magnífico nombre), protagonista de la cinta reseñada. Santos es bebedor, mujeriego, callejero, de vuelta de todo... y Torrente es eso mismo visto con las lentes de la comedia burda y vulgar. Con esto no quiero decir que Urbizu (también guionista junto a Michel Gaztambide) y/o José Coronado (que interpreta al inspector) se hayan inspirado en Torrente para crear su personaje, pero sí que ambos cineastas se han fijado, seguramente, en el mismo arquetipo: el policía veterano, marcado, cansado y cínico a fuerza de patearse las calles y ver la realidad tal como es.


Los quince primeros minutos de "No habrá paz para los malvados" son de una crudeza de matadero, tensos de arañar la butaca y atravesados por la mirada cortante de Coronado, que da vida a un policía que preferirías que no te ayudara salvo en caso de extrema necesidad. Si estuviera asignado en tráfico él solo acababa con el aparcamiento en doble fila. La secuencia que precipita toda la película es sorprendente de principio a fin (sobre todo a fin) y pone los pelos de punta.

A partir de ahí acompañaremos a Santos en su caza del hombre, dos pasos por delante de la jueza Chacón (Helena Miguel) y de sus propios compañeros, dirigidos por Leyva (Juanjo Artero). La investigación de Santos está cuidada con detalle para que todas las piezas encajen sin chirriar, aunque a veces se hace difícil seguir sin perderse todo el proceso que le lleva de un personaje a otro. Puede que el protagonista sea un borracho autodestructivo, pero no es nada tonto. Sin una pausa, encadenando un indicio tras otro, Santos avanza en su búsqueda, una búsqueda que no tiene nada que ver con la justicia, con el honor, ni con servir y proteger. Y ese es otro de los atractivos de la película: como un error descomunal puede acabar desembocando en un acierto.

Pero (siempre hay un pero), el cuidado que se ha puesto en esa paradoja y en esa trama que encaja como un buen puzle parece haber provocado que se descuide a quienes la ejecutan y a quienes la investigan. Se está hablando mucho de la interpretación de José Coronado, muy comedida, controlada, como un tigre domado que no saca todo lo que tiene dentro pero que, aun así, deja ver que podría matarte. El problema es que el espectador nunca sabe exactamente qué le ha llevado a ser como es, una persona peligrosa y de vuelta de todo, pero muy dañada. Aquí y allá se dan pinceladas de qué ocurrió, pero personalmente me hubiera gustado que Santos mostrara esa humanidad herida, ese dolor y su causa, en vez de limitarse a mitigarlo con cubatas una y otra vez.

Algo parecido ocurre con los secundarios, esbozados, pero no perfilados. La jueza parece más máquina que persona (y una llamada de su hija no basta para desmentirlo); Leyva aparenta ser un buen tipo, un poli honesto y ya; el compañero de Santos (Rodolfo Sancho) es el típico escudero novato que respeta al veterano y poco más; y así podría seguir con todos. Es obvio que ni se puede ni se debe definir completamente a los secundarios, porque una película no da para tanto, pero se echa en falta otros personaje que sirva de contrapunto al protagonista para arroparle un poco.

La labor de dirección de Urbizu me parece sobresaliente, con una gran elección de planos y un ritmo adecuado para cada momento, aunque a veces me falta un poco de dinamismo. Siempre critico la excesiva cámara al hombro de las pelis yanquis, pero la verdad es que me hubiera gustado verla un poco en "No habrá paz para los malvados". Y comento dos detalles puntuales, uno positivo y otro negativo: el movimiento de cámara siguiendo a un Santos acuchillado casi al final de la película; y las dos últimas secuencias, que me parecen innecesarias y le restan fuerza al final (yo hubiera cerrado con el plano de Santos sentándose en la silla revólver en mano). Para gustos los colores.

Conclusión: una buena película policiaca que, sin llegar a ser redonda, está bien contada, perfectamente hilvanada y notablemente interpretada. Santos Trinidad es un perfecto hijo de puta, pero mola.