viernes, 7 de enero de 2011

"El asedio", o Moby Dick caza a Jack el Destripador

"¿Saben aquel que diu?", empezaba siempre el gran Eugenio, y empiezo así esta vez porque, a la hora de contar mis impresiones sobre "El asedio", de Pérez-Reverte, me encuentro ante la misma disyuntiva que el del chiste de "tengo dos noticias, una buena y una mala".


Creo que, en este caso, es menos dañino empezar por lo malo: la novela es larga (más de 700 páginas), está repleta de tecnicismos marineros que ralentizan la lectura (a no ser que uno sea un amante del mar y su lenguaje, en cuyo caso disfrutará como un enano) y la trama principal, si bien interesante (una suerte de transliteración hispana del Jack el Destripador inglés) no se resuelve satisfactoriamente (ojo, es mi opinión).

Siempre es bueno que un libro aporte vocabulario nuevo al lector. Conocer palabras nuevas amplía nuestros horizontes, nuestro intelecto y nuestra capacidad para expresarnos. Recuerdo todavía la lección de un profesor de filosofía que nos habló de cómo nos limita el lenguaje poniéndonos el ejemplo de los esquimales y la nieve: ellos tienen decenas de términos diferentes para describir los diferentes tipos de nieve que ven todos los días a lo largos de sus vidas: cuando cae de lado, cuando corta, cuando es suave, cuando flota, cuando tarda en derretirse, cuando es muy blanca, cuando no lo es... Nosotros, que vemos la nieve de Pascuas a Ramos nos basta el término "nieve" para hablar de ella; para los esquimales se queda pobre. Es como si nosotros le dijéramos a un amigo que hemos visto un coche chulísimo. "Coche" es demasiado general para que se haga una idea de cómo es, así que inmediatamente nos pedirá la marca, si era deportivo, potente, biplaza...

Pero cuando tenemos que recurrir al diccionario dos o tres veces por frase la cosa resulta molesta y, para no atascarnos, acabamos por prescindir de él. La consecuencia es que no podemos imaginar completamente la escena o escenas que nos describe el escritor y nos quedamos con una panorámica bastante vaga que, en este caso, se reduce generalmente a "un barco intenta dar caza (o huir) de otro sirviéndose de cañonazos". Con una edición electrónica esa búsqueda es mucho menos molesta, puesto que la mayoría (si no todos) los lectores electrónicos cuentan con un diccionario incorporado.

El error de la mala resolución de la trama es para mí el más grave, porque un final flojo o decepcionante suele destrozarme toda la obra, tanto si es una novela, como un relato o una película. El comienzo tiene que enganchar y el final tiene que rematar la faena, si no es así me quedaré con la sensación de haber perdido tiempo y dinero. Aquí el trasfondo está perfectamente logrado, igual que los personajes, la Historia no defrauda, la ficción sí.

Lo positivo de la novela es todo lo demás: ambientación, personajes, narrativa, ritmo, intensidad... La primera es tan buena (y tan realista) que uno cree estar leyendo la primera serie de los "Episodios nacionales" de Pérez Galdós. La acción transcurre en la Cádiz preconstitucional asediada por el ejército francés durante nuestra Guerra de la Independencia, y hay momentos en los que casi se puede oler la espuma del mar rompiendo contra los barcos y los arrecifes, el jerez empapar las mesas de taberna y la sangre rebosar por las heridas de cachicuernas y bayonetas.

Los personajes son la otra maravilla de "El asedio": creíbles, redondos, falibles, humanos y trágicos, como corresponde a los protagonistas de una guerra. Ayuda la cuidadosa elección de los nombres que Reverte hace en todas sus obras. En mi caso, él ha contribuido a que nombres tan españoles como Pepe, Diego o Felipe me suenen tan bien en una novela de aventuras como James, Robin o William. Gracias.

Gracias sobre todo por el personaje femenino, la "Reina" de la novela (si la has leído sabrás a qué me refiero). Siempre he sostenido que los novelistas no saben escribir personajes femeninos (o mujeres, mejor dicho), como tampoco las novelistas saben escribir personajes masculinos, más allá de niños, adolescentes o jóvenes. La Lolita de Reverte no cae en arquetipos habituales como son la tentadora, la madre o la novia, y llegó a recordarme enormemente a la Scarlett O'Hara de "Lo que el viento se llevó", de Margaret Mitchell.

El resto de personajes principales son igualmente notables, y se mueven sobre Cádiz como sus contrapartidas ajedrezísticas sobre un tablero: El Rey Tizón, los alfiles Barrull y Virués, las torres Desfosseux y Fumagal y los caballos Mojarra y, sobre todo, José Lobo, cada uno con sus peones correspondientes.

Esa identificación de Cádiz con el ajedrez es un acierto y, también, lo que conduce al error final por llevarla demasiado lejos. Todo va viento en popa hasta que se produce un giro de tuerca que fuerza la trama y su conclusión más allá de la realidad en la que navega toda la narración. Uno de los jaques me convence, el otro no. Y hasta aquí puedo leer para no destripar nada.

Concluyo: si te gusta la Historia (por cierto, yo recomendaría este libro en todos los institutos) y tienes un e-reader, "El asedio" te hará disfrutar enormemente. Caso contrario, tendrás que esforzarte por terminarla y puede que, cuando llegues al final, hasta te cabrees. Pero Lolita y Lobo lo valen.

Trama: **
Emotividad: ***
Lenguaje: ***

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