miércoles, 26 de enero de 2011

El diálogo (comentarios a "Cuando cae la noche I")

-¿Usted no nada nada?
-Es que no traje traje.

No he podido evitar rememorar este viejo chiste para comenzar esta entrada sobre uno de los aspectos más complicados (de hacer bien) de una novela: el diálogo. Quien considere que se trata simplemente de un intercambio de frases precedidas de rayas debería probar a reproducir en papel alguna conversación breve que haya mantenido con alguien y dárselo a leer a otra persona. Es muy probable que no se entere de nada.

El primer borrador de "Cuando cae la noche I, Ascensión" comenzaba con un diálogo. Quizá por influencia del cine o del cómic siempre me ha parecido una buena forma de empezar una narración, porque coloca al espectador/lector delante de la acción y de los personajes de la obra. Posteriormente cambié de idea en favor de una descripción tradicional de la acción y del lugar, no sé muy bien por qué, la verdad. Me da la sensación de que entre los críticos y los lectores el diálogo es una especie de mal menor en la novela, un intruso que viene a romper el ritmo solemne y cadencioso del discurso del narrador.


Sin embargo, a mí me parece un recurso fundamental para dar vida y frescura a la novela y a sus personajes, y creo que el buen escritor tanto debe saber narrar bien como hacer diálogos naturales que retraten a aquellos fielmente. Esto último demuestra la complejidad de los mismos, y la capacidad del escritor para mostrarla al lector sin recurrir a la descripción. Es decir, pongamos que un protagonista es dinámico, atractivo e inteligente (vaya, he vuelto a ponerme de ejemplo), ¿cómo hablaría? ¿Cómo hacer ver al lector que el personaje es así, sin decirle que es así? Respuesta: interpretándolo y plasmando en el papel dicha interpretación.

Pero lo primero que hay que tener en cuenta para escribir un diálogo son sus reglas. Líneas independientes, rayas y guiones sirven fundamentalmente para que el lector diferencie a los interlocutores fácilmente y no se pierda, algo que puede pasar si el diálogo es largo o/y si intervienen más de dos personajes.

Dicho esto, lo realmente complicado es conseguir naturalidad y fidelidad en los diálogos. Un buen ejemplo para mí es "Cien años de soledad", donde las frases de cada personaje parecen verdaderamente suyas, resultando tan auténticas que José Arcadio y compañía parecen gente de verdad. Por el contrario, y a pesar de lo mucho que me gusta, me resulta difícil otorgar la cualidad de real a Fray Guillermo de Baskerville y sus compañeros monjes de "El nombre de la rosa", porque sus parlamentos son terriblemente extensos y rebuscados en demasiadas ocasiones: nadie habla (o hablaba) como ellos. Creo que un buen autor no puede ni debe volcar toda su erudición en sus personajes, porque no deben parecer una extensión de él mismo, sino seres independientes que hablan y actúan al margen del narrador, de manera espontánea.

Lograr esto es más fácil o más difícil cuando se trata de seres fantásticos (vampiros, elfos, fantasmas): más fácil porque no hay referentes reales en los que inspirarse, por lo que pueden representarse como cada uno quiera, y más difícil también por esto último: cada lector tendrá su versión de cómo hablan y se comportan esos seres, que coincidirá o no con la del autor. Es el problema que me encontré cuando decidí escribir la novela y que traté en una de mis primeras entradas. El veredicto, el único posible: a mí me gustan mis vampiros, a los lectores... ojalá.

Tanto en el caso de personas reales como fantásticas, la documentación puede ayudar a hacer los diálogos creíbles. Nada como ver o leer sobre policías para saber cómo hablan; lo mismo con un duque del siglo XIV o un chef del XX. Saber qué terminología emplean en sus quehaceres cotidianos contribuirá decisivamente a que ese falsificador de arte no hable como si fuera un vendedor.

Otro truco que ayuda a interpretar a los personajes para decidir su manera de interactuar con otros es cuáles son sus motivaciones y objetivos: qué quiere de la vida y de los demás y qué estaría dispuesto a hacer para lograrlo. Una de las cosas que hice al planificar la novela fue hacer una ficha de los principales personajes con estos datos, así como con sus características físicas, como se hace en teatro o cine.

Por último, si quieres escribir diálogos, recomiendo ver series, películas y teatro (leer sus guiones y tebeos también ayuda) escuchando a sus protagonistas y  atendiendo a sus expresiones para intentar describirlas, un ejercicio que sirve para escribir las frases aclaratorias que el narrador intercala en las líneas de diálogo para indicar al lector que el personaje que habla está enfadado, alegre o melancólico, por ejemplo.

-¿Te ha gustado? -preguntó el autor de la entrada esperando ansioso un comentario de su interlocutor digital.

2 comentarios:

  1. -Ja, ja, ja -rió uno de los lectores-. He tardado en entender el juego, pero creo que lo he logrado. A lo mejor es un poco pretencioso, pero está bien.

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  2. -Puede que tengas razón -admitió el autor-. En mi defensa diré que acababan de hacerme una consulta sobre este tema y seguramente la tuve en mente al escribir la entrada, de modo que me salió más profesoral que de costumbre.

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