viernes, 14 de enero de 2011

La importancia de la documentación (capítulo VII)

Creo que no es frecuente que, como lectores, nos demos cuenta de esta importancia en los textos no académicos. Es fácil percibir lo imprescindible de la documentación cuando leemos una tesis o un ensayo (o una biografía), pero en el caso de una novela, la documentación es como el vestuario de una película: lo ves, pero no lo valoras. Sin embargo, qué gran mejora experimentan una y otra cuando están correctamente vestidas.

Cuando hace unos años se puso de moda la llamada novela histórica, apuesto a que pocos fueron conscientes del gigantesco trabajo de "excavación" que había debajo de cada una. Creo que hay que dar las gracias a Ken Follet por sacar a relucir ese aspecto de forma evidente para todos con su "Los pilares de la Tierra", ya que, independientemente de la calidad de la narración en sí y del trabajo que acarrea en sí misma, la labor de documentación del novelista no es menos ingente, casi al contrario. Digo esto porque no es raro que, después de leer libros, revistas y periódicos sobre una época o suceso concreto para ambientar la historia que escribe, el autor encuentre una gran ayuda a la hora de desarrollar la trama y crear a los personajes. Como ejemplo reciente, y aprovechando que escribí una entrada hace poco sobre ella, se me ocurre "El asedio" de Reverte. No me cabe duda de que muchos de sus personajes están inspirados en algunos de los ejemplos reales que encontraría en su trabajo de documentación sobre nuestra Guerra de la Independencia. Dicha tarea fue tan fructífera que le sirvió para escribir no una, sino varias novelas con el mismo trasfondo que no necesitaba inventar, puesto que ha existido y ya lo han descrito otros antes.

Esta ayuda se convierte en pilar básico de la novela cuando se trata de ficción histórica (o periodística), es decir, cuando se novelan hechos reales, históricos o recientes. El primer caso que me viene a la cabeza, sin ser el único pero sí uno de los mejores, es "A sangre fría", de Truman Capote. El escritor y periodista yanqui investigó el asesinato real de una familia de Kansas sucedido en 1959 para narrarlo, así como las consecuencias posteriores, en forma de novela. Para ello, tuvo que meterse en la cabeza de los personajes reales (asesinos, víctimas y familiares), para lo que incluso se entrevistó con los reos o los policías. Por tanto, en esta novela diría que no es la documentación la que viste la narración, sino al revés: Capote narra, con su talento literario, la documentación adquirida.

Las novelas de ficción o de fantasía, como pueda ser "Cuando cae la noche", no escapan a esa labor de investigación. Al enmarcarse en ciudades reales, tuve que leer bastante sobre Berlín y Madrid para poder aportar descripciones verídicas y detalles que resulten memorables porque, a menudo, son esos detalles los que quedan en la memoria con más intensidad. Podría hacer referencia a la famosa magdalena de "En busca del tiempo perdido" de Proust, que servía para despertar toda la heptalogía precisamente por la capacidad que tienen las cosas pequeñas, los detalles, para ser recordados y hacernos recordar cosas. Un ejemplo mucho más prosaico es el de las fotos (y sus correspondientes pies) de los libros de texto que estudiaba de niño y de adolescente (y de adulto, qué coño), que se me grababan con mayor facilidad y nitidez que los propios textos. La anécdota, el detalle aparentemente insulso tiene muchísimo poder, y por eso los cuido cuando escribo. Por eso investigo las calles o los edificios de las ciudades por las que pululan mis personajes o sus ropas. Esos detalles dan cuerpo a la historia y a sus protagonistas; no hay que subestimarlos. Y te propongo un miniejercicio: la próxima vez que leas una novela de ficción busca en ella qué es lo que hace que parezca real.

Ya lo sabía el diablo...

2 comentarios:

  1. La verdad si es bastante importante, y es algo que muchos aspirantes a escritores ignoran e incluso niegan totalmente. Por eso encontramos por la web muchos escritos con descripciones pésimas (o muy vagas) y un dialogo de riza. Los escritores jóvenes simplemente no ven el problema y terminan haciendo todo basado en la época actual, lo que no está mal, pero cada escena sigue siendo muy pobre, y (como pasa actualmente en muchas series de misterio y parecidas) terminan hablando DE FACEBOOK!! (Como diciendo “el asesino publicó lo que aria en su muro”!!!!!!!). lo que es verdaderamente vergonzoso

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  2. Temo que la causa principal de eso que comentas es la pereza. Documentarse cuesta trabajo, y muchos siguen pensando que ser escritor significa, simplemente, llenar páginas (o pantallas) con letras recurriendo únicamente a la imaginación o la creatividad. Eso lo hace cualquiera.
    Un saludo.

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