martes, 1 de febrero de 2011

Adios, Barry, y gracias



Me enteré anoche, tarde, en ese momento en el que todas las cosas se sienten más, quizá porque el cansancio del día ha hecho mella en la cabeza y el corazón, y ni uno ni otro están en condiciones de defenderse. La coraza ha caído pesadamente sobre el suelo de casa, donde creemos estar a salvo de agresiones y malas noticias.

Pero la tele, maldito chisme omnipresente sin el que parece ya imposible vivir, insiste en hacerte llegar las miserias y las tristezas de un mundo que, a veces, produce personas maravillosas. Y ayer, esa tele me informó de que una de esas personas maravillosas que me alegraba la vida y me emocionaba el alma se marchó, definitivamente. Se llamaba John Barry, era británico, tenía 76 años y escribía música. Era músico.

Músico de los grandes, al menos para mí. De esos que imaginan sonidos bellos, que juntos hacen melodías bellas de las que, al ser interpretadas, te hacen vibrar nosequé dentro. Algo que, por ateo que me declare, me dice que somos algo más que química, por mucho que Punset se empeñe en decirme lo contrario.

Barry empezó a hacer bandas sonoras de películas en 1960 (habiendo conseguido ya algún éxito para televisión con su banda) y ya no paró. Pero claro, cuando una de tus primeras obras es la música de James Bond, aunque oficialmente sólo se consideraran arreglos a la partitura original, ¿cómo van a dejar que te dediques a otra cosa? Pero, a pesar de que el archifamoso tema se le adjudicase a otro, la productora siguió confiando en él para la saga, y así, se desquitó componiendo temas absolutamente suyos que, a lo largo de 11 películas, conformarían un sonido característico, una combinación jazz de instrumentos de viento y cuerda que, al escucharla pensamos en James Bond. Lo empezó con "Goldfinger", porque la anterior, "Desde Rusia con amor", es una balada fantástica que marcaría los temas románticos de toda la saga, como en "Sólo se vive dos veces" o "Diamantes para la eternidad".

Además de esas joyas, Barry componía otras, como las que le hicieron merecedor de dos Óscar (y Globos de Oro) en la década de los 60 ("Nacida libre" y el "León en invierno"), premio que volvió a ganar con una de esas obras que por sí solas ya valen la eternidad: "Memorias de África". A estas alturas ya se ha dicho y escrito todo de ella, y yo sólo voy a añadir que, cuado Dios creó el horizonte, se olvidó de añadirle esta música.

Cinco años después compondría una partitura parecida para una película igualmente rica en paisajes sobrecogedores, y que también le valdría un Óscar: Bailando con lobos. En ambas, la fotografía era un actor más cuyas líneas de guión eran las notas de Barry. Y debo decir que sus interpretaciones fueron tan conmovedoras como las de Meryl, Robert o Kevin.

John fue uno de esos músicos que me hicieron ver (u oír) lo importante que es la música en el cine, algo que ya debieron de imaginarse cuando empezaron las proyecciones y pusieron a un tipo al piano para que reforzara las emociones que generaban las escenas del cine mudo. Pero esto ya es otra historia...

2 comentarios:

  1. si es otra historia paso luego a leerla, tanto pájaro por la pantalla me está recordando a Hitchcock

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  2. Grande, Hitchcock, grande en más de un sentido... Por cierto, el miedo a los pájaros se llama "ornitofobia". Quizá debería poner un cartel para que los ornitófobos no se pasen por el blog :)

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