lunes, 14 de febrero de 2011

¿Cuánto falta?-Sobre la extensión de una novela

¿Cuánto debe durar un buen beso? Pues esto es lo mismo, depende de infinidad de factores. Lo único seguro es que si te ha gustado siempre te parecerá corto.

Normalmente lo que menos contribuye a alargar una novela es, paradójicamente, la trama. No importa lo complicada que pueda parecer: siempre podrá resumirse en una o dos líneas. En realidad son los elementos "externos" que la rodean y la visten los que prolongan la narración. Los personajes deben definirse, sus conversaciones importantes, como sus pensamientos, deben contarse, los obstáculos con que se encuentran tienen que ser explicados... y así se lía la madeja hasta conformar un ovillo de páginas.


Ahora que se aproxima el final puede verse que la trama de "Cuando cae la noche I" es bastante sencilla: hay que encontrar a alguien. En "Crimen y castigo" (ojo, no estoy comparando) todo puede reducirse a la comisión e investigación de un robo con homicidio, pero corta, lo que se dice corta no es.

En un relato o un cuento lo que se hace precisamente es ceñirse a la trama, "descuidando" lo demás para reducirlo a su mínima expresión. Esta labor de síntesis no es nada sencilla, pero si se hace bien es como pulir un diamante.

Confieso que prefiero los relatos y las novelas cortas a los novelones, porque soy de esos lectores ansiosos por saber cómo se resuelven las cosas. Es decir, no soy demasiado paciente. Y como escritor, las obras cortas tienen otra ventaja para mí sobre las largas, y es que, lógicamente, resulta más sencillo mantener el interés del lector porque la menor extensión ayuda a que existan menos pasajes flojos, menos valles en la narración que, si se suceden, pueden provocar la deserción inmediata, a no ser que existan factores externos a la obra, como el nombre del escritor, las críticas, el márketing...

También resulta más fácil sorprender al lector con un cuento o una novela breve. El señor Tyrell, el "Creador" de la película "Blade runner" le decía a su criatura que "la luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo". Es una metáfora bellísima que aplico a muchísimas cosas y que me maravilla por su precisión científica. Una de esas cosas es la literatura, de modo que, por regla general, las obras que más me han deslumbrado eran bastante más breves que otras que sólo me han entretenido. Mantener la brillantez durante muchas páginas requiere una cantidad de talento (y también de oficio)equivalente a la energía con que arde una estrella.

De momento no alargo demasiado mis obras, no tanto por modestia como porque me aterroriza la idea de aburrir al lector. Quizá por influencia del cine me encanta la acción, y sufro muchísimo con los monólogos interiores, los soliloquios y las descripciones interminables. Me gusta que pasen cosas, y escribo en consecuencia.

No obstante, es habitual que al escribir una novela no sea tanto el autor como los personajes los que deciden su extensión, y me explico: si estos están bien definidos e integrados en la historia llegará un momento en el que parecerán interactuar por sí mismos, "dictando" al escritor qué van a decir y cómo van a actuar. Es una experiencia asombrosa que he tenido la suerte de vivir, pero procuro cerrarles la boca (y sus inquietudes metafísicas) cuando creo que superan el límite de la naturalidad.

Concluyo: una novela de 800 páginas no tiene por qué ser mejor que una de 150, pero determinar la extensión ex-ante me parece muy difícil y muy arriesgado. Creo que es algo que debe surgir de forma natural con el desarrollo de la obra, y recomiendo al escritor novel que, una vez acabada, se la deje leer a otro y le pregunte si le ha parecido larga o corta. Una opinión externa no debe considerarse una sentencia, pero sí puede servir de guía.

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