martes, 8 de febrero de 2011

"Origen", gran película, enorme final

El que avisa no es traidor: si NO has visto la película NO leas esta entrada, porque voy a escribir sobre su final y sé que resulta bastante molesto que lo destripen.

Hecha la advertencia y libre de culpa, declaro que la última película de Christopher Nolan me pareció soberbia. ¿Tramposa? También. ¿Complicada? Mucho, pero soberbia al fin y al cabo. Aspira a ocho Oscars, entre ellos Mejor película, Mejor Guión original (curiosamente no Mejor director) y Mejor Banda sonora, pero si nos guiamos por los Globos de Oro (no) conseguidos, es probable que no gane ninguno. No diré injustamente, porque confieso que no he visto las demás películas nominadas y, por eso mismo, no voy a basar mi juicio en comparaciones.

Técnicamente "Origen" me parece irreprochable; también creo que los personajes están bien interpretados, aunque el mérito recae prácticamente en los hombros del protagonista, Dom Cobb, encarnado por Leo DiCaprio, que aguanta todo el peso dramático del film, con alguna concesión a Marion Cotillard, que le da la réplica como su ¿difunta? esposa, Mal.

El problema de esta película es la materialización de la idea del sueño dentro del sueño, con sus correspondientes equivalencias temporales, creadas ad hoc para poder expresarlo en lenguaje cinematográfico. Así contado ya es difícil, pero llega a comprenderse de una forma más intuitiva que racional, y el resultado final es satisfactorio, original y resultón. De hecho, la concatenación de "patadas" oníricas y reales me pareció narrativa y cinematográficamente impresionante.

Esa idea de un sueño dentro de otro y de la confusión entre sueño y realidad no es algo nuevo, y aquí tengo que citar la obra de un escritor español, "Niebla", de Miguel de Unamuno, donde el protagonista se cree real, y no el sueño del autor, como acaba revelándole éste. Estoy seguro de que habrá otros precedentes, pero supongo que el orgullo patrio me ha llevado por estos derroteros.


Alrededor de esa idea, representada por la pequeña peonza, gira toda la película. La operación de "inception", de originar una idea en la mente de alguien en vez de robársela, sólo es la excusa, el andamio que rodea el núcleo de la obra. ¿Está despierto el protagonista? ¿O está viviendo en un sueño perfectamente detallado, en un limbo? En la película nos cuentan que los arquietectos de los sueños son tan hábiles que pueden imaginar entornos reales casi idénticos a la realidad, y por ello los soñadores crean objetos personalizados y únicos imposibles de imitar. Sólo ellos saben cómo sus "tótems" interactúan con la realidad, de modo que, si lo hacen de manera imprevista, sabrán que están en un sueño.

Y a esa revelación nos lleva la película. A una grandiosa escena final en la que Cobb, triunfante, por fin vuelve al hogar del que tuvo que huir. Esa llegada es la que enfoca la cámara, que se centra en su acto de comprobar si está despierto haciendo rodar su tótem, pero que abandona en favor de sus hijos antes del veredicto. Aquí el encuadre y el lento movimiento de la cámara, perfectamente acompañado por la música, va pasando del ansiado encuentro al tótem, que sigue girando, y sigue girando... Hasta que un rápido fundido a negro nos deja con la duda de si caerá, lo que implicaría que Cobb está realmente despierto, o seguirá rodando como sólo podría hacer si fuera un objeto irreal, al margen de las leyes físicas, en un mundo soñado.

Seguramente esta duda no gustara a muchos espectadores, que prefieren que el director les revele claramente la verdad, pero a mí me encantó porque hasta ese momento no me planteé la posibilidad de que todo fuera un sueño (ni creo que lo hiciera nadie). Esa duda fue una sorpresa que, al estar abierta, permite a cada uno tener el final que quiera. ¿El protagonista ha tenido éxito en su misión? ¿Se ha librado del recuerdo y se ha perdonado a sí mismo? Entonces la peonza caerá. Para los que preferimos los finales atípicos el tótem girará más tiempo del que debería, así que Cobb estaría atrapado en un sueño.

Como decía, todo es muy intuitivo, y probablemente no resista un análisis lógico. Pero por algo el cine (como la literatura) es un arte, y no una ciencia exacta.

4 comentarios:

  1. Gran Pelicula y fantastica la entrada. Es una pelicula para ver varias veces y darte cuenta de todos los detalles que se te han escapado la primera vez. Asi llegas a la conclusion de que toda la pelicula, el prota esta soniando (perdona, pero en los tropicos no tenemos la enie de Espania). Solo una pregunta, si el totem es personal e intransferible, porque usa el protagonista el totem de su mujer toda la peli? ....

    Un saludo,

    Pajaro de los tropicos

    ResponderEliminar
  2. Duele ser consciente de pronto de que en algunos lugares nos falta una letra...
    Sobre el tótem creo que habrá muchas teorías, pero me parece que Cobb lo conserva porque es lo único "real" (¿seguro?) que le queda de su mujer. Puede que por eso sea su posesión más preciada: es el puente que le une a ella.
    Recomiendo pinchar en el segundo enlace de mi entrada porque te lleva al blog de "las horas perdidas", concretamente a una crítica muy buena y muy completa a cargo de alguien que la ha visto muchas veces.
    ¡Y saludos desde latitudes donde sí podemos soÑar! (¿seguro que está soñando?)

    ResponderEliminar
  3. Nada más acabar de verla pense que algo no encajaba. Creo que DiCaprio anda en el sueño de la la arquitecta. En el último salto no entran en su sueño sino la de ella.

    Entrenada por su mismo maestro, Michael Caine, su suegro, entra a rescatarle haciéndole creer que por fin había conseguido lo que buscaba. Caine le implanta esa idea, todo el plan no era más que una tapadera para despistarle, para atraer su atención hacia otro punto.

    ResponderEliminar
  4. Uf, me parece que vas a tener que explicar un poco más esta teoría...¿Qué es lo que le hace creer y cómo lo hace?

    ResponderEliminar