jueves, 3 de marzo de 2011

Cine y literatura, un matrimonio de conveniencia

Tras este fin de semana cinéfilo me parece oportuno escribir un poquito sobre las relaciones maritales entre cine y literatura, después de haberlo hecho sobre literatura y cómic y cine y cómic.

Este maridaje estaba prácticamente destinado a producirse por tratar ambas artes de hacer fundamentalmente lo mismo: contar historias. Debido a motivos técnicos, la literatura fue la primera en empezar, y si ésta se apoyó en la tradición oral para urdir y fijar sus relatos, el cine hizo lo propio con aquélla cuando le llegó el turno. Tanto es así que una de las primeras películas con argumento de la historia del cine está basada en una novela de Julio Verne: "Viaje a la luna", rodada por George Méliès en 1902.


El enorme éxito conseguido dejó claro que el cine había llegado para quedarse, y que era posible, cuando no recomendable, adaptar al nuevo medio historias ya existentes. Después de todo, ahorraba trabajo en el guión y una buena historia siempre lo es, ¿no? Pues no.

El cine es movimiento, casi por definición, de modo que, ¿cómo adaptar grandes novelas cuyos personajes permanecen en el mismo lugar página tras página? ¿Y si se sumergen a menudo en un profundo monólogo interior? ¿Y si apenas hay acción? El tiempo fue probando que adaptar con éxito historias así para el cine era casi imposible, así que buscaron aquellas que transcurrían en parajes increíbles con los que asombrar al espectador y que sirvieran de escenario a la acción. Peeeeeeero... aunque era fantástico enseñar al espectador cosas que en los libros sólo podía imaginar, el cine tenía que competir precisamente con esa imaginación, con la subjetividad del sujeto. Y claro, cada uno, como individuo, imaginará los parajes y personajes descritos en una novela como quiera (o pueda), y no siempre coincidirán con los de director y  compañía. Un actor mal escogido para el papel protagonista podía echar por tierra una superproducción porque el público no quería ver traicionada su propia representación del personaje. Peeeeeeero... a medida que surgieron las estrellas de Hollywood se ha llegado a un proceso inverso según el cual, al leer una novela, asignamos a sus personajes los rasgos de actores conocidos.

Total, que un buen libro no garantiza una buena película, pero sí ayuda. ¿Mis favoritas? "La lista de Schindler", "El puente sobre el río Kwai", "Tiburón", "El exorcista", "Todos los hombres del presidente", "Drácula", "Casino Royale", "Cuenta conmigo", "Blade runner" y "El nombre de la rosa".

Estas dos últimas son para mí las mejores representantes de dos tipos diferentes de adaptación de una novela. La primera es la libre o creativa, puesto que consiste en coger los elementos principales de una obra, como son la trama, la época y la mayoría de los personajes, reinventando lo demás. Esto es: adaptando realmente el lenguaje literario al cinematográfico, volviendo la obra más visual, menos densa, más rápida.

La segunda la llamaré "fidedigna", puesto que, a pesar de lo que digan muchos, la película "El nombre de la rosa" y su novela homónima son prácticamente dos gotas de agua: la historia, su desarrollo, los diálogos, los ambientes, incluso el trasfondo histórico, bastante complejo... Todo se ha respetado en la película.

Dos formas diferentes de hacer lo mismo. Que salga bien o mal dependerá, al final, de ti.

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