domingo, 6 de marzo de 2011

Piratería en Internet, la venganza del usuario

¿Quién no tiene en casa discos de vinilo, cintas de casete, de vídeo (VHS, Beta o 2000 los menos), minidiscs, cartuchos de videoconsola y/o cedés que ya no puede disfrutar? ¿Quién no conserva el tocadiscos de aquella cadena de música, o ese walkman querido o ese discman o reproductor de vídeo, o esa Playstation o Megadrive que ya no funciona y que tanto dinero cuesta reparar (si es que se puede)?


No hace tantos años de esos soportes y esos aparatos. Cinco, diez, quince años... ¿Y los DVD? Ya van cediendo terreno a los discos de Blu-ray cuando hace nada eran el no va más de la calidad digital. ¿Y las televisiones? Catódico, plasma, LCD, LED... ¿Cuántos euros, pesetas, dólares, pesos, etcétera hemos gastado en soportes que nos permitían disfrutar de la cultura y el ocio y que ya no lo hacen porque "la tecnología avanza"? ¿Porque vivimos en un mundo que sólo puede seguir girando si se sigue consumiendo, si se sigue comprando, si se siguen sustituyendo aparatos por otros más modernos que estarán igualmente obsoletos dos años después?

Desde hace aproximadamente dos décadas todo se renueva a velocidad de vértigo; los aparatos ya no se reparan, se sustituyen por otros. En un excelente reportaje titulado "Comprar, tirar, comprar" se analizaba más profundamente este fenómeno, donde hay muchas partes interesadas.

Pero hay una, al menos, que no lo está, y es fundamental: el usuario, el consumidor final, que se ve prácticamente obligado a tirar lo que acaba de comprar. Pero, aunque los usuarios no tenemos tanto dinero ni poder, ni influencia como las otras partes involucradas en esta cadena interminable, tenemos la ventaja del número: somos muchos. Paradójicamente, es por esa ventaja por lo que interesamos a las otras partes, sobre todo a las empresas que venden sus productos: unos muchos comprando los inventos de unos pocos proporcionan muchos beneficios.

¿Pero qué ocurre cuando uno de esos inventos se desmadra? ¿Qué ocurre cuando uno de esos inventos funciona para servir realmente a los intereses de los usuarios, de los muchos y no de los pocos? ¿Qué ocurre cuando ese invento contribuye a mermar el poder de los soportes para retener el ocio y la cultura? ¿Qué ocurre cuando de uno solo de esos soportes pueden disfrutar miles, millones de personas, de usuarios cansados de gastarse sus euros, pesetas, dólares o pesos en soportes y reproductores que no dejan de cambiar?

Pasa que ya no hay que gastarse más, o que hay que gastar menos. Pasa que decimos basta, le pese a quien le pese, incluso si tiene poco que ver con esa explotación permanente de nuestros bolsillos, como puede ser (hay que joderse) el autor de los contenidos. Un autor que parecía tener el mismo peso que el usuario en ese proceso monstruoso de producción, distribución y venta de SU producto: ninguno.

Pero las cosas han cambiado para usuarios y para creadores. Internet ha acortado las distancias entre unos y otros, y eso no hay leyes, ni soportes ni consumismo que lo cambie. La piratería está mal, pero quizá fuera la única salida que le quedaba a un pueblo soberano cansado de que lo explotaran. Cada parte está jugando sus cartas y, al final, la tecnología (Internet) nos ha hecho ver a los usuarios que, aunque las nuestras son peores, son muchísimas más que las del resto de jugadores.

¿Apuestas?

2 comentarios:

  1. Excelente entrada.
    Te dejo además la noticia aparecida en El mundo hace unos días sobre las tendencias que cambiarán el mundo

    http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/04/cultura/1299255995.html

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  2. Gracias, Nuria. He leído el artículo y creo que apunta cómo será el futuro del libro si las editoriales no se ponen las pilas en este nuevo mundo de nuevas reglas. Tienen que ofrecer valor y tienen que hacerlo ya.

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