martes, 29 de marzo de 2011

Planteamiento, nudo y desenlace, ¿en ese orden?

No, aunque es el más sencillo. La verdad es que esta división en tres partes es algo muy básico que todos conocemos; tanto que para detectarla no hace falta ni que nos la hayan enseñado. Cualquiera puede distinguir esas partes en una narración, pero la gracia está en preguntarse el por qué del orden que presentan.

Tradicionalmente, y por ser lo más natural en todas las cosas, se emplea el esquema principio-clímax-final. Después de todo, cualquier suceso nace, crece y muere; todo tiene una causa y una consecuencia, en ese orden. Nuestras mentes lo aceptan bien a fuerza de verlo todos los días, por eso lo más sencillo a la hora de contar algo es reproducirlo en orden, y así hacen la mayoría de escritores, cineastas, etc. Quizá sea lo más adecuado cuando lo que predomina es la historia en sí, la sucesión de acontecimientos. También cuando la trama es compleja y hay que facilitar su seguimiento y comprensión a través de una estructura sencilla.

Pero el autor puede alterar ese orden, y plantear la narración desde la mitad, desde el meollo, desde la res o cosa, vaya. Sería la famosa estructura in media res, que coloca al lector o espectador en medio del acontecimiento principal, ya sea un asesinato, un viaje, una reunión o lo que se nos ocurra. En la "Ilíada" Homero nos mete en la batalla entre aqueos y troyanos, como también sucede (y sé que alguno querrá matarme por esta comparación) con "La Guerra de las galaxias: una nueva esperanza", que empieza con un Destructor imperial asaltando la nave de la princesa Leia, sin que sepamos quiénes son unos y otros, por mucho que el texto corrido inicial nos diga que hay una rebelión.

Este tipo de estructura contribuye muchísimo a enganchar al lector, primero porque la narración suele ser dinámica (o más dinámica que la empleada en el planteamiento) y segundo porque le hace preguntarse por qué ha ocurrido ese acontecimiento en el que se ve inmerso desde el principio. En los casos anteriores, ¿por qué hay dos bandos? ¿A qué se debe el enfrentamiento? ¿Quiénes ganarán?

Algunas de esas preguntas no se hacen cuando la narración empieza por el final (in extrema res), con todo el pescado vendido, que se diría. La trama se ha resuelto, la guerra ha concluido, el asesino ha sido descubierto. Me viene a la cabeza "Crónica de una muerte anunciada", de Gabriel García Márquez, que empieza con la muerte del personaje que ha desatado el conflicto en la obra. Un gran ejemplo cinematográfico de esta estructura es "Sospechosos habituales", de Bryan Singer.

También es una estructura eficaz para atrapar al lector/espectador, puesto que, si bien conoce el desenlace (o una parte) desconoce qué lo ha causado. Lo normal es que tanto en esta estructura como en la anterior la parte siguiente sea el planteamiento y que la obra termine cerrando como un círculo, esto es, volviendo al punto en el que comenzó la narración para que todo encaje. Bien hecho es muy efectista, y da una sensación de perfección muy satisfactoria al final.

Teóricamente serían posibles más estructuras combinando planteamiento con final y acabando con el clímax, empezando por el final, seguido del clímax y terminando por el planteamiento, o iniciar la obra in media res, continuar por el desenlace y finalizar con el planteamiento, pero eso ya son saltos sin red de los que ahora mismo no tengo ejemplos, aunque seguro que los hay, sobre todo en cine y en televisión. El problema principal que veo es que acabar por el planteamiento parece desaconsejable porque implica que la obra iría perdiendo interés: ¿una vez te han explicado y resuelto el conflicto para qué seguir leyendo? Parece más adecuado cuando se pretende dar protagonismo a la estructura en vez de la propia trama o a los personajes, lo que no va conmigo (de momento).

A mí a la hora de escribir me sale la estructura clásica, pero creo que voy a hacer un esfuerzo por cambiar eso...

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