miércoles, 23 de marzo de 2011

Sobre el oficio de escribir

Me vas a perdonar el taco, pero resulta acojonante cuán fácilmente se "olvidan" las destrezas que dejan de practicarse durante un tiempo. Esto viene a cuento de que desde hace días no escribía en el blog por razones que espero revelar próximamente, y me está costando Dios y ayuda recuperar ese pulso que siempre he creído tener para contar cosas (perdóname también la presunción).

Pero también es cierto aquello de que "el que tuvo, retuvo", de modo que cualquier actividad que hayamos practicado con frecuencia está relativamente grabada en nuestro cerebro y nuestros músculos, de forma inconsciente. Así que, aunque el regreso a dicha actividad resulte costoso al principio, en seguida vuelve uno por sus fueros.

¿Y a santo de qué viene esta reflexión? Pues de que creo firmemente que los genios creadores (músicos, dramaturgos, novelistas...) no nacen de la noche a la mañana, sino que son fruto de la constancia en su arte. No discuto la existencia de factores genéticos o ambientales que favorezcan el genio, pero mucho menos niego que, como dicen los ingleses: "practice makes perfect". Vamos, que la perfección nace de la práctica.


Creo que cualquier cosa se hará mejor después de haberla repetido muchas veces, sin perjuicio de que la primera de ellas salga bien (y digo bien, no genial), ya sea por casualidad o por tener talento para ello. Alguno dirá que la frescura o espontaneidad de esa primera obra puede dar un resultado superior al obtenido posteriormente como resultado del dominio de la correspondiente técnica, pero no lo creo. "Ulises" no fue la primera obra de Joyce, ni el "Thriller" la de Michael Jackson, ni "Tiburón" la primera de Spielberg. Todos ellos, e incontables más, ya habían escrito muchas páginas, cantado muchas estrofas o dirigido muchas escenas, independientemente del talento que poseyeran.

En ellos se ha dado esa feliz coincidencia de trabajar en lo que les gusta(ba) y, precisamente como les gustaba, se pasa(ba)n horas haciéndolo, practicando, mejorando y aprendiendo.

En el caso concreto de escribir, para hacerlo bien hay que escribir mucho y, desde luego, conocer la técnica, para lo que suele ser necesario estudiar además de practicar. Porque al contrario de lo que algunos piensan, escribir no lo hace cualquiera, como tampoco cualquiera puede operar del corazón. Para realizar ambas actividades son necesarios unos conocimientos. Cosas como la sensibilidad o la pericia son pluses, pero lo primero es lo primero: uno no puede esperar ganarse la vida escribiendo si desconoce la gramática o la ortografía, y no deberíamos permitir que nadie lo hiciera

Así que escribir, escribir y escribir, pero conociendo las normas. Primero, para escribir correctamente y, segundo, para saber transgredirlas con éxito.

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