martes, 26 de abril de 2011

"Brooklyn follies": desvaríos que no lo son

Confieso que a estas alturas de mi vida (36 castañas) no había leído nada de Paul Auster. Mal hecho, pero como tenía remedio me puse a ello a instancias de una ex-compañera de Facultad, ex-compañera de trabajo y, lo más importante, actual amiga. Ella me prestogaló "Brooklyn follies" anunciándome, muy acertadamente, que me iba a gustar. Y así ha sido.

Es una novela corta (310 páginas), al menos teniendo en cuenta los estándares actuales por los que una novela "como Dios manda" no debe tener menos de 500 páginas. Supongo que de un tiempo a esta parte el precio de los libros se pone al peso, y sale más rentable vender tochos a 25 euros que relatos a 10. En fin, que entre la "escasez" de papel de esta obra de Auster y que está dividida en 30 capítulos se lee de un tirón. Pero es que, además, esta estupenda biografía tardía del protagonista, el sesentón vendedor de seguros Nathan Glass, está llena de acontecimientos, llena de cosas que pasan, y eso es lo que más me gusta. Nada de descripciones eternas, monólogos interiores doctorales, ni discursos de erudición enciclopédica; sólo hechos, sucesos relevantes para el protagonista y su historia.


Claro que hay reflexiones y algún que otro soliloquio, pero son minoría, frenos necesarios para explicar y enriquecer cada humano acontecimiento que va hilándose hasta componer la trama de la novela, que no es sino el otoño vital del protagonista. Y está tan bien contado... Con esto no quiero decir que la historia en sí carezca de interés; no se trata de una suma de sucesos banales, pero tampoco son extraordinarios. Son interesantes, quizá alguno resulte incluso un tanto extravagante, pero estoy seguro de que no más que algunos de los que hemos vivido todos y cada uno de nosotros. Esa es la grandeza de "Brooklyn follies" y del propio Paul Auster: narrar maravillosamente vidas corrientes salpicadas de momentos extraños, y dar protagonismo a personajes anónimos. Y, por si fuera poco, la obra empieza con una de esas primeras frases memorables que tanto me gustan y tanto me gustaría conseguir: "Estaba buscando un sitio tranquilo para morir".

Alguna pega le he encontrado al libro, pero no son suficientes, ni de lejos, para empañar el resultado: una niña que no parece una niña y una mujer que actúa como una marioneta del autor, en vez de como un personaje real y creíble. Es decir: no actúa de manera natural, sino que se nota que Auster la fuerza para ajustarla a su trama.

Todo lo demás es impecable: ritmo, lenguaje, personajes, mensaje... Una novela optimista, vital y real que transmite que toda vida es importante y digna de contarse. Las nuestras también.

Trama: **
Emotividad: ****
Lenguaje: ***

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