viernes, 29 de abril de 2011

Un poquito de clásica

Este jueves 28 de abril tocaba concierto de música clásica en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. El programa, interpretado por la Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por Pablo González, comprendía la "Sinfonía concertante en mi bemol mayor para violín, viola y orquesta" K. 364 de Mozart y el "Don Juan" y "Muerte y transfiguración" de Richard Strauss (ojo, los Strauss de los valses son los Johann).


Disfruto muchísimo la música clásica, y aunque admito que no conocía ninguna de las obras ambos compositores me tiran mucho, sobre todo Wolfgang (y este Strauss es el de Así habló Zarathustra, que es el tema principal de 2001), y como además la entrada era un regalo, allá que fui.

La "Sinfonía concertante" no me defraudó, es más, me gustó mucho por lo que siempre me gusta Mozart: es alegre, jovial, dulce... si bien el allegro ya contiene algunas notas melancólicas que se desarrollan completamente en el andante posterior, de una tristeza poco habitual en el genio de Salzburgo. Pero en el tercer movimiento, el presto, recupera el tono vital del primero, liderado por los concertistas, viola (Jing Shiao, una fiera que empezó a estudiar música con 4 añitos) y violín (Zograb Tatevossyan, demasiado formal y que cometió un par de fallos), bien respaldados por cuerdas y algunos metales (oboes y trompas). En resumen: escuchar algo de Mozart es una gozada; siempre me da la sensación de que jugaba con las notas como yo jugaba con camiones y muñecos cuando era niño. Las melodías son naturales, fluyen... Creo que Mozart no pensaba música, como podían hacer Beethoven o Bach, sino que la sentía, le salía como al que respira. Siento debilidad por él, lo confieso.

Pero las piezas de Strauss también las he disfrutado, sobre todo el "Don Juan", y ha sido por una razón muy curiosa: mientras sonaba, tras un comienzo espectacular, muy explosivo, yo veía a Errol Flynn saltar de platea en platea, me explico: la música era clavada a las bandas sonoras de las películas de aventuras de los años 30 y 40. Lógicamente, por motivo de fechas (el "Don Juan" es de 1889), es al revés, y estoy seguro de que, efectivamente, muchos compositores de temas musicales para cine se inspiraron en este poema sinfónico del músico alemán, lleno de giros que unas veces resuena enérgicamente, otras languidece con dulzura y otras retumba amenazador. Una composición muy divertida que recomiendo escuchar porque es como una montaña rusa. Evidentemente, acto seguido sugiero ver "Robin de los bosques" para apreciar los parecidos.

La segunda pieza, "Muerte y transfiguración", me ha dejado más frío; quizá hubiera sido mejor invertir el orden de las obras de Strauss, pero no se puede tener todo. Es menos espectacular que la anterior, pero bastante más siniestra, algo lógico teniendo en cuenta los temas que tratan: uno la figura del amante y el otro el sufrimiento, la liberación y el cambio que implican la muerte.

Concluyo: asistir a un concierto de música clásica siempre es enriquecedor y muchas veces sorprendente, y si alguna de las obras es de Mozart siempre es gratificante. Yo recomiendo echarle un vistazo al calendario de conciertos de la ciudad que a uno le toca y elegir alguno. Se oye un concierto, pero al salir se ve el mundo de otra forma.

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