martes, 31 de mayo de 2011

"La historiadora", una yincana tenebrosa

Al poco de terminar la primera versión de mi segunda novela, "Cuando cae la noche II-Génesis", una amiga mía me preguntó si había leído "La historiadora", de Elizabeth Kostova (Connecticut, 1964). Le contesté que no, y unos días después me lo prestó (¿esto sería piratería?) con esa expresión cómplice de quien sabe algo que tú ignoras.

Admito que el libro pasó algún tiempo plácidamente almacenado en mi biblioteca hasta que un día reparé en él y, tras considerar que el préstamo de un libro es un acto de confianza que no merece menospreciarse sino todo lo contrario, empecé a leerlo.


"La historiadora" fue publicada en España en 2005 por Ediciones Urano bajo el sello de Umbriel Editores, su línea de ficción (en la que destaca Dan Brown, el de "El código Da Vinci"). En sus 698 páginas narra las peripecias interconectadas de cuatro personas de tres generaciones distintas en busca de Drácula. Estas personas comparten el amor por la Historia y... la sangre, pero no diré más sobre esto para no desvelar sorpresas.

En la narración se intercalan documentos en forma de cartas y diarios, tal y como ocurriera en la celebérrima obra de Stoker, fuente de inspiración de la autora, que parece querer continuar la historia años después de la derrota del vampiro a manos de Johnathan Harker y compañía.

Aparte de eso, lo que llamó mi atención de "La historiadora" nada más empezarla fue el exceso de descripciones y de adjetivos, una práctica habitual de los autores noveles, dato que confirmé casi inmediatamente al descubrir que se trataba de su primera novela. Elizabeth Kostova se recrea demasiado en los paisajes, en las ropas, en los estados de ánimo, en los alimentos, en los pájaros, en los edificios... en todo. La trama es interesantísima, al igual que los personajes (secundarios incluidos) y sus aventuras, pero la lectura se convirtió para mí en la interminable peladura de un fruto al que nunca llegaba. Páginas y páginas y páginas de palabras innecesarias con pocas imágenes dignas de recordar, y me viene a la cabeza una clase en la facultad donde el profesor nos dijo que las imágenes más bellas de la literatura se hacen con verbos y sustantivos, y citó "El cisne de Vilamorta", de Emilia Pardo Bazán, cuando Segundo se enhebró por una calle extraviada. En esa frase el verbo lo es todo, no hace falta decorarlo con adjetivos que ralentizan y entorpecen la lectura.

Con esto no quiero restarle mérito a la autora, sólo apuntar que me sobran unas 300 páginas de novela. No es la primera vez que me quejo de las obras que se venden al peso...

Mi otro apunte negativo se debe también a la forma y no al contenido: la traducción. No es mala, pero tiene un error que no perdono en una obra publicada por una editorial (y por tanto supuestamente revisada y corregida), y es confundir la fórmula deber+infinitivo con deber+de+infinitivo. Este error se repite hoy día hasta la saciedad por culpa de los políticos y los medios de comunicación que les sirven de púlpito masivo. En el primer caso se quiere expresar obligación de algo, mientras que en el segundo se expresa posibilidad o suposición.

Y después de ese paréntesis que a algunos les parecerá una estupidez o una manía absurda, comentar que recomiendo la novela a todos los aficionados a Drácula y a los vampiros en general (que sean pacientes, claro), ya que Kostova logra que se sienta su presencia incluso cuando no están, y vuelve a convertirlos en seres peligrosos, terroríficos pero seductores. Kostova consigue que la mordedura de estas criaturas vuelva a resultarnos algo indeseable, pútrido y temible. Gracias.

Pero también recomiendo su lectura a quienes gustan de las historias que transcurren en lugares exóticos, a los aficionados a la Historia, a los amantes de los misterios que te llevan de ciudad en ciudad... Algo que Dan Brown ya hizo dos años antes con gran éxito en la misma editorial.

Trama: ***
Emotividad: ***
Lenguaje: **

2 comentarios:

  1. A buenas horas llegas tú:). Esta vez me permito darte un consejo yo a ti, si llegas a poner el nombre del traductor habrías bordado una reseña super profesional.
    Un beso.

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  2. Me sonrojo... Y no puse el nombre del traductor porque ya le señalo bastante.

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