viernes, 17 de junio de 2011

La trama de una novela

La trama no es más que la estructura básica del tapiz que tejen los personajes de la obra con sus reflexiones, sus palabras y, sobre todo, con sus actos. Pero, aunque acabe reduciéndose a dos o tres hilos maestros, cuando he empezado a escribir nunca la he tenido clara desde el principio.


Sé que muchos se preguntan cuál es el núcleo del que eclosiona una novela, y es probable que cada autor tenga una respuesta: una escena, un personaje, un lugar, una época… En mi caso siempre es el protagonista y un final, lo que es un gran principio porque facilita enormemente trazar el esquema de la novela, su trama. Tengo a un personaje que puede empezar en el punto A y al que debo llevar al punto B. Este último es el verdaderamente crucial, no el primero. Y creo que este esquema, este sendero puede servir para cualquier novela. En una de misterio el punto B es la resolución del crimen; en una romántica es la conquista de la chica (o el chico); en una de viajes es la última parada… No hay que limitar esos puntos a una dimensión espacial, sino que también pueden corresponder a una temporal, como ocurriría en una biografía donde A es el nacimiento y B la muerte.

Pero claro, la novela no es geometría, y por eso nunca hará caso a que el camino más corto para unir dos puntos es la línea recta. Tal vez ocurra así en el cuento, pero en la novela, como en los viajes, lo importante no es tanto llegar al final como todo lo que ocurre en el trayecto. Por cierto, una de las pistas para saber si la novela es buena es no sentir al autor llevando al protagonista de A a B; el lector tiene que creerse que ha recorrido el sendero por voluntad propia, siguiendo las miguitas, interactuando con los demás personajes, guiándose con su instinto…

Cuando empiezo una novela dibujo ambos puntos unidos por una recta, y escribo en uno del nombre del protagonista y en el otro una descripción muy breve del desenlace. A partir de ahí empiezo a imaginar los personajes relevantes en ese camino y por qué lo son. ¿Van a ayudar al protagonista o a oponérsele? ¿Cómo va a afectarles que aquél quiera llegar a ese final que tengo en mente? Según vayan apareciendo los superpondré en el dibujo ajustándolos al momento del camino en el que van a aparecer, con lo que acabaré teniendo una recta dividida en segmentos. Esas apariciones darán lugar a hitos en la narración, obteniéndose como resultado la trama sobre la que escribía al empezar la entrada. Este esquema es muy cómodo porque, además, me permite visualizar el orden cronológico y decidir si debo ajustarme al tradicional planteamiento, nudo y desenlace (tema que ya he tratado) o es mejor alterarlo para dar alguna sorpresa.

Evidentemente, cada maestrillo tiene su librillo, aunque estoy convencido de que el mío lo copié en algún sitio y de que no soy ningún maestrillo, sino sólo un transmisor. No es mal comienzo para una historia.

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