viernes, 10 de junio de 2011

Las herramientas del escritor

Creo que quien piense que ser escritor es una cuestión exclusivamente de talento se equivoca mucho, como creo que se equivoca quien piense eso de cualquier arte o disciplina. En una entrada anterior comentaba que la práctica es algo fundamental para despuntar, para afilar ese don que puede poseerse o no. Pero ni siquiera la práctica continuada puede garantizar el pleno dominio del idioma; muchas veces no se encontrará esa palabra que se busca con ahínco para definir esa sensación de abatimiento que abruma a nuestro protagonista, o quizá dudemos de si ese "porque" que estamos a punto de escribir va junto o separado.

Tal vez semejantes inquietudes no correspondan al escritor, sino al corrector o al editor. Pero tal vez sea así únicamente con aquellos escritores que ya han sobresalido, que ya han publicado, que pueden permitirse el lujo de no prestar tanta atención a los detalles más nimios. No creo que suceda igual con el escritor novel, con el escritor que envía su obra con una mezcla de ilusión, duda e incluso temor a editoriales o agentes. Después de escuchar a muchos editores sé que la corrección en el idioma va a ser un factor determinante para decidir si frenar o avanzar un manuscrito por la larga cadena de filtros que conduce de la nada a las librerías.


Por esta razón, el escritor novel debe tener a mano un conjunto de herramientas que le ayuden a construir una obra sólida, con la menor cantidad posible de grietas, de excusas que sirvan al departamento de lectura para tirarla abajo. Si entraras en una casa con intención de comprarla y habitación tras habitación vieras agujeros en el suelo, carcoma en las vigas y humedades en las paredes... ¿invertirías tu dinero en ella? ¿O preferirías dedicarle tu tiempo a otra con mejor aspecto? Si de verdad deseas que tu casa se venda, que tu creación tenga una oportunidad, ¿no darías lo mejor de ti? ¿No harías todo lo posible por mejorarla? Pues pico y pala, o, en este caso, diccionario y manual.

-El primero es evidente. Recomiendo, como mínimo, tener la página del Diccionario de la Real Academia Española en la barra de favoritos. No es el único, pero es fundamental. El de uso del Español de María Moliner es igualmente útil. Yo recurro, además, al del Español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos y a uno de sinónimos y antónimos. Es posible que alguien los considere muletas, elementos ajenos al escritor y, por tanto, falseadores de su arte (aunque lo dudo), pero el diccionario nunca va a decir al escritor lo que tiene que buscar, sino que le va a proporcionar lo que busca. En realidad ya lo tiene en algún rincón de su mente, pero necesita una herramienta para sacarlo.

-El otro libro imprescindible es un manual de gramática y ortografía. Cuando hablamos no vemos las palabras que salen de nuestra boca; sabemos cómo se escriben porque ya las hemos visto plasmadas en papel, ¿pero qué ocurre con las que jamás hemos leído? ¿Cómo saber si una lleva tilde o no, si es con "b" o con "v"? Conocer las reglas de ortografía ayuda mucho, pero la lengua no es una ciencia, y mucho menos exacta, así que no está de más disponer de un manual para asegurarnos de que escribimos bien las palabras... en el orden correcto y correctamente concordadas. Consultar estos libros permite, además de mejorar nuestra obra, aprender, esto es, que mejoremos nosotros mismos.

-La última herramienta que voy a comentar es obvia y, quizá por eso, invisible para algunos autores: el corrector del programa de edición de texto que estemos utilizando. Casi todos lo tienen y es muy útil, sobre todo para eliminar erratas del escrito. No es infalible, pero casi siempre resaltará fallos que hemos pasado por alto porque nuestros ojos nos engañan muchas veces al leer lo que hemos escrito, imponiéndose en nuestra percepción lo que queríamos plasmar con lo que finalmente hemos plasmado.

Para el escritor que sólo quiere escribir y "dejarse llevar por su arte" esta parte técnica es aburrida, constrictora y, a veces, incluso indigna. Para rebatir estas consideraciones me voy a poner un poco prosaico: recuerdo que lo que más me divertía del programa "Operación triunfo" (y equivalentes, como "American idol" y otros concursos de talento) eran las pruebas iniciales y las entrevistas, porque no podía entender que muchos dijeran que lo más importante para ellos era la música y, sin embargo, jamás hubieran estudiado un poco de solfeo, ni tuvieran algún material teórico en sus casas.

Escribir, como cantar, como pintar, como casi cualquier actividad creadora, requiere emplear unos elementos y darles una forma que, en origen, no tienen. Si no los conoces bien y no sabes cómo se ensamblan quizá levantes una cabaña agradable, pero jamás construirás un castillo. De hecho, el talento de un arquitecto es prescindible a la hora de hacer una casa, pero el pico y la pala...

No hay comentarios:

Publicar un comentario