martes, 19 de julio de 2011

El espacio físico en la novela (comentarios a "Cuando cae la noche I")

El espacio físico en la novela (en cualquier narración) está constituido por el lugar o los lugares que enmarcan la acción y los personajes de aquélla. Es un elemento bastante importante por varias razones. La primera de ellas es que, en numerosas ocasiones, va a determinar el tipo de personajes de la obra puesto que lo habitual es que éstos compartan ciertas características comunes debidas al entorno descrito. La más elemental será el gentilicio: si el espacio es Madrid los personajes serán, probablemente, madrileños. A medida que el espacio se acota más aparecen atributos más específicos, como por ejemplo el nivel social o el poder adquisitivo. Este determinismo puede ser más o menos pronunciado en función de la visión del autor, que dará a sus personajes mayor o menor independencia respecto al entorno en el que han nacido y crecido.

¿Quién dice que Madrid...

Otra razón por la que es importante es porque va a permitir al autor demostrar su conocimiento de ese espacio, lo que, junto a su dominio del lenguaje, dará credibilidad a los lugares por los que transcurre la historia. Tanto si el espacio tiene una presencia destacable en la narración como si no (por ejemplo en una novela psicológica), pocos elementos agradecen más el uso de descripciones imaginativas y acertadas. El uso inteligente del idioma puede lograr que el lector se sumerja en el entorno novelado y lo comparta con los personajes que lo habitan. Tres recomendaciones al respecto: no ser demasiado específico en la descripción para que el lector no se pierda leyendo los numerosos detalles que pueden darse; no abusar de los adjetivos (como siempre, mejor usar verbos y nombres); y cuidar las metáforas y las analogías para evitar lo ridículo y lo pretencioso.

El espacio en la novela es tan importante que puede dar el título a la obra, como sucede en "La colmena" de Camilo José Cela, "Historia de dos ciudades" de Charles Dickens, "El camino" de Miguel Delibes o "La montaña mágica" de Thomas Mann. En ellas el espacio es un personaje más y tiene una enorme influencia en la trama y en los personajes, hasta el punto de que no pueden separarse: forman un todo indivisible en el que no se sabe cuál de esos tres elementos ha conformado el otro.
no puede albergar...
En "Cuando cae la noche I-Ascensión" el espacio se limita a ser el marco de la historia, pero también tiene gran importancia para mí por la razón de que pretendía lograr que una ciudad conocida por los lectores españoles resultara creíble como lugar habitado por lo sobrenatural. Lo explico: había observado entre amigos y conocidos una fuerte resistencia a aceptar España como entorno capaz de albergar, de forma creíble, sucesos y personajes fantásticos. Les resultaba natural leer historias de vampiros, monstruos y elfos en ciudades como Londres, Nueva York, Pekín o Nueva Orleans, pero no las concebían en A Coruña, Sevilla o Madrid. Mi explicación a esto es que las ciudades "exóticas" mencionadas les eran (son) tan desconocidas como las criaturas fantásticas referidas, por lo que sus cerebros asocian elementos de similar naturaleza. Sin embargo, ese proceso se rompe con entornos que conocen bien, de modo que ante la mención de un vampiro recorriendo Madrid en seguida lo imaginan por los barrios de Chueca o Malasaña, o cogiendo el Metro o comiendo empanadillas de Móstoles (un municipio de Madrid). Las ciudades que conocemos bien han perdido su magia, su capacidad de sorprender, así que no pueden asociarse con personajes sobrenaturales.
sucesos sobrenaturales?

Pero yo creía que, si lo hacía bien, un entorno familiar podía hacer el conjunto más creíble; no dejar que la irrealidad de los personajes y la trama arrastraran consigo el espacio, sino que la autenticidad de éste arrastrara lo demás. La clave estaba en encontrar lugares tan fascinantes y "extraños" como los habitantes de la novela. Para ello utilicé un truco: escogí edificios sugerentes y famosos por su exterior, pero desconocidos en su interior. Al igual que los vampiros, su fachada es bien visible por todos, ¿pero qué alojan exactamente? ¿Quién sabe lo que hay dentro? Todos los madrileños han visto el centro de negocio de las cuatro torres, el Círculo de Bellas Artes o el Hospital de Maudes, ¿pero cuántos los conocen por dentro? Ese desconocimiento me permitía amueblarlos y habitarlos como quisiera, fusionar realidad y ficción.

Documentarme sobre ellos también me ayudó a redescubrir mi ciudad y a compararla sin complejos con otras grandes capitales. Sólo hay que recorrerla, detenerse ante un lugar llamativo, cerrar los ojos y pensar que estamos en otra ciudad, engañar al cerebro. Si abres los ojos (y no te han robado la cartera) verás tu ciudad de manera diferente, aunque la conozcas de toda la vida.

2 comentarios:

  1. Un comentario muy apropiado para escritores principiantes que me gustaría publicar en mi blog
    http://elblogdeatreyo.blogspot.com
    con tu autorización, por supuesto. Gracias.

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  2. Gracias, no hay problema si mencionas de dónde y de quién procede.
    Un saludo.

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