martes, 6 de septiembre de 2011

"El Alquimista", una lectura recomendable (y tramposa) para tiempos oscuros

Una vez más es probable que ya hayas leído este libro, porque no es precisamente una novedad ni la obra desconocida de un autor ignorado. "El Alquimista" de Paulo Coelho se publicó por primera vez en 1988 y desde entonces ha vendido más de 65 millones de ejemplares y se ha traducido a 63 idiomas. No está mal.


Era un libro que quería leer desde hace tiempo, pero también he comentado alguna vez que lo malo de hacer una lista de lecturas obligadas es que cada vez que la revisas tachas tres y añades cinco... Lo cual no deja de ser una alegría, porque no sé qué cojones haría si un día descubriera que ya los he tachado todos. ¿Ver la tele?

En fin, el caso es que quiso la Providencia (o quizá el Alma del Mundo) que leyera el libro este año, un año especialmente difícil, o especialmente negativo, o especialmente incierto. Un año en el que resulta complicado ver este país (y casi todos los demás) con optimismo. Los remedios para mirar la realidad desde una perspectiva más alegre son diversos, y hace unas semanas un editor comentaba que si los libros de autoayuda le permiten a uno a dormir mejor, bienvenidos sean. "El Alquimista" no es precisamente un libro de autoayuda, aunque a mi entender, podría considerarse el siguiente paso: la autoayuda novelada.

Nada más empezar la edición de Espasa Calpe (que incluye un apéndice didáctico que me hizo pensar que estaba entrando en una secta) me dio la sensación de estar leyendo una parábola o una fábula más extensa de lo habitual.Ya en el prefacio Coelho señala que se trata de un libro simbólico, cosa que se percibe rápidamente viendo la simplicidad con que se describe a Santiago, el protagonista de este viaje interior, de esta pequeña odisea cuyo destino es, como en todas las verdaderas odiseas, la comprensión de uno mismo, de sus deseos, sus capacidades y sus limitaciones. Esa simplicidad, así como la vaguedad deliberada con que se describen al resto de personajes y parajes, favorecen enormemente la identificación del lector con el protagonista y con sus experiencias a lo largo del libro.

El argumento es muy sencillo: un pastor decide partir a la búsqueda de un tesoro con el que ha soñado. El estilo también lo es, así como el lenguaje. De hecho, creo que no hay nada complicado en esta obra, salvo una cosa que son dos: aplicar sus enseñanzas (que implica a su vez creer que lo son). A lo largo de "El Alquimista" varios personajes aconsejan al protagonista acerca de su sueño, de si podría hacerlo realidad y de cómo lograrlo. Esos consejos, esas lecciones fundamentales serían tres: que todas las personas reconocen en su juventud cuál es su "leyenda personal" (su gran objetivo en la vida, diría); que cuando deseas algo realmente el Universo entero conspira para que lo consigas; y que el amor es la fuerza que transforma y mejora el "Alma del mundo" (algo equivalente a la conciencia colectiva).

Como he comentado, el simbolismo de la obra, su falta de detalles, contribuye a que el lector se vea reflejado en Santiago, el actor principal y, por tanto, la sensación de que hemos vivido momentos como los que vive él. Seguramente tendremos la sensación de que una vez, hace años, soñamos con ser o hacer algo, y que en algún momento de la vida tomamos el camino equivocado, olvidando nuestra meta, nuestra "leyenda personal". Pero Coelho, a través de su libro, anima a Santiago (al lector) a emprender ese camino, por difícil que parezca, porque al final el Universo a través de encuentros, de casualidades, nos ayuda a lograrlo.

El libro resulta por tanto muy agradecido de leer, y uno se siente animado tras hacerlo; embargado por esa sensación de "¿y por qué no retomar ese proyecto que me hacía tanta ilusión?" Sólo por esto ya recomiendo leerlo, sobre todo ahora, y por eso también señalo que "El Alquimista" podría ser el siguiente eslabón en la cadena del libro de autoayuda.

Ahora bien, mi opinión es que este libro es una trampa, y lo explico: podemos pensar que las "leyes" que expone Coelho lo son porque queremos creer que lo son, porque nos agrada cómo justifican experiencias que hemos vivido, porque parecen ajustarse a una realidad maravillosa en la que todos podemos ser felices. Pero mi teoría es la inversa: Coelho (un hombre muy inteligente, no me cabe duda) sabe que todos hemos tenido sensaciones y experiencias similares a las de Santiago, y ha creado ad hoc leyes de cuento para explicarlas (que le han servido para construir su libro). Si te hace feliz creer en ellas, adelante, toma la pastilla azul... y felices sueños.

Trama: **
Emotividad: ***
Lenguaje: **

2 comentarios:

  1. muy interesante!!!
    soy una persona q busca libros para leer
    y encontre tu blog
    buena reseña!!!
    leere el libro

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  2. Muchas gracias, ya me contarás qué te ha parecido a ti.
    Un saludo.

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