viernes, 30 de septiembre de 2011

"No habrá paz para los malvados", la cara oscura de Torrente

Habrá quien me tilde de insensato por insinuar parecidos entre la última película del director Enrique Urbizu, "No habrá paz para los malvados", y la zafia saga de Santiago Segura; lo comprendería. Pero es que el esperpento de policía de Torrente bien podría ser una parodia extrema del inspector Santos Trinidad (magnífico nombre), protagonista de la cinta reseñada. Santos es bebedor, mujeriego, callejero, de vuelta de todo... y Torrente es eso mismo visto con las lentes de la comedia burda y vulgar. Con esto no quiero decir que Urbizu (también guionista junto a Michel Gaztambide) y/o José Coronado (que interpreta al inspector) se hayan inspirado en Torrente para crear su personaje, pero sí que ambos cineastas se han fijado, seguramente, en el mismo arquetipo: el policía veterano, marcado, cansado y cínico a fuerza de patearse las calles y ver la realidad tal como es.


Los quince primeros minutos de "No habrá paz para los malvados" son de una crudeza de matadero, tensos de arañar la butaca y atravesados por la mirada cortante de Coronado, que da vida a un policía que preferirías que no te ayudara salvo en caso de extrema necesidad. Si estuviera asignado en tráfico él solo acababa con el aparcamiento en doble fila. La secuencia que precipita toda la película es sorprendente de principio a fin (sobre todo a fin) y pone los pelos de punta.

A partir de ahí acompañaremos a Santos en su caza del hombre, dos pasos por delante de la jueza Chacón (Helena Miguel) y de sus propios compañeros, dirigidos por Leyva (Juanjo Artero). La investigación de Santos está cuidada con detalle para que todas las piezas encajen sin chirriar, aunque a veces se hace difícil seguir sin perderse todo el proceso que le lleva de un personaje a otro. Puede que el protagonista sea un borracho autodestructivo, pero no es nada tonto. Sin una pausa, encadenando un indicio tras otro, Santos avanza en su búsqueda, una búsqueda que no tiene nada que ver con la justicia, con el honor, ni con servir y proteger. Y ese es otro de los atractivos de la película: como un error descomunal puede acabar desembocando en un acierto.

Pero (siempre hay un pero), el cuidado que se ha puesto en esa paradoja y en esa trama que encaja como un buen puzle parece haber provocado que se descuide a quienes la ejecutan y a quienes la investigan. Se está hablando mucho de la interpretación de José Coronado, muy comedida, controlada, como un tigre domado que no saca todo lo que tiene dentro pero que, aun así, deja ver que podría matarte. El problema es que el espectador nunca sabe exactamente qué le ha llevado a ser como es, una persona peligrosa y de vuelta de todo, pero muy dañada. Aquí y allá se dan pinceladas de qué ocurrió, pero personalmente me hubiera gustado que Santos mostrara esa humanidad herida, ese dolor y su causa, en vez de limitarse a mitigarlo con cubatas una y otra vez.

Algo parecido ocurre con los secundarios, esbozados, pero no perfilados. La jueza parece más máquina que persona (y una llamada de su hija no basta para desmentirlo); Leyva aparenta ser un buen tipo, un poli honesto y ya; el compañero de Santos (Rodolfo Sancho) es el típico escudero novato que respeta al veterano y poco más; y así podría seguir con todos. Es obvio que ni se puede ni se debe definir completamente a los secundarios, porque una película no da para tanto, pero se echa en falta otros personaje que sirva de contrapunto al protagonista para arroparle un poco.

La labor de dirección de Urbizu me parece sobresaliente, con una gran elección de planos y un ritmo adecuado para cada momento, aunque a veces me falta un poco de dinamismo. Siempre critico la excesiva cámara al hombro de las pelis yanquis, pero la verdad es que me hubiera gustado verla un poco en "No habrá paz para los malvados". Y comento dos detalles puntuales, uno positivo y otro negativo: el movimiento de cámara siguiendo a un Santos acuchillado casi al final de la película; y las dos últimas secuencias, que me parecen innecesarias y le restan fuerza al final (yo hubiera cerrado con el plano de Santos sentándose en la silla revólver en mano). Para gustos los colores.

Conclusión: una buena película policiaca que, sin llegar a ser redonda, está bien contada, perfectamente hilvanada y notablemente interpretada. Santos Trinidad es un perfecto hijo de puta, pero mola.

2 comentarios:

  1. No alcanzo a entender cómo "No habrá paz para los malvados" ha podido recibir el goya a la mejor película y menos aún, a la mejor dirección (La piel que habito está infinitamente mejor dirigida aunque es peor película), así como las grandes críticas y contínuas recomendaciones.
    Es una buena historia sí, pero muy mal contada, sin explicar las motivaciones del único protagonista, Santos Trinidad y con unos secundarios no sólo insulsos, sino prácticamente inexistentes. Un guión más trabajado y una mayor profundidad en los personajes hubiese hecho de este film algo realmente extraordinario.

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  2. No puedo hablar de la peli de Almodóvar porque no la he visto, pero suscribo tus comentarios sobre "No habrá paz..."

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