lunes, 17 de octubre de 2011

"El orden alfabético": impresionante

El adjetivo con el que califico esta novela de Juan José Millás, publicada por Alfaguara en 1998, es tramposo porque tiene varias interpretaciones, pero creo que cualquiera puede aplicarse a "El orden alfabético". La más evidente es que causa impresión, al menos a mí, y por varias razones.

La primera es por el momento en que he decidido leerla, cuando parece que, por fin, después de amagos varios, el ebook va a desembarcar con éxito en nuestras costas. Si mis augurios se cumplen y termina por imponerse al libro tradicional, novelas como "El orden alfabético" se leerán con dificultad, porque en ella los libros, como objeto, cobran vida propia y deciden huir volando de un mundo que no los necesita. Seguro que alguna vez has oído (o has pensado) la imagen de un libro desplegando sus tapas y batiéndolas hasta elevarse por los aires. Pues Millás desarrolla completamente esa imagen, esa anécdota, para crear esta novela, imaginando las consecuencias y las razones para que suceda algo así, y dotándola de un aire tan trágico como poético.


La obra está dividida en dos partes, que abarcan la etapa adolescente y la adulta del protagonista, Julio, y la primera me han recordado a "La historia interminable". Hay un desdoblamiento de mundo real y mundo imaginario tan bien hecho, tan sutil, que llega un momento en que el lector no sabe en cuál de los dos está, tal y como le ocurre también al protagonista.

La primera parte es casi mágica, de esa magia que se hace con palabras: metáforas, símbolos y símiles bellísimos que obligan a paladear el texto despacio para degustarlo en toda su dimensión.

La segunda parte es, lógicamente, más adulta, ganando en tragedia lo que pierde de magia. Al principio es desconcertante, luego inquietante y, finalmente, desasosegante. Sobre todo si compartes profesión con el autor y con el protagonista: la de periodista. Millás reflexiona y hace reflexionar sobre nuestra realidad o, más exactamente, sobre la realidad que percibimos a través de los medios, sobre la realidad que nos cuentan. No es un tema nuevo, pero sí la forma de hacerlo. El lenguaje sigue siendo bello y brillante, pero el mensaje que transporta es difícil de asimilar; El autor te hace tragar su pastilla empujándola con un licor agridulce, pero delicioso. Sólo cuando ya lo has hecho, cuando has acabado la novela, percibes el regusto amargo de todas las medicinas y, claro está, de la realidad que vemos y que, tal vez, también vivimos.

"El orden alfabético" me parece una lectura obligada para los amantes de este idioma nuestro y para quienes lo cultivan con cariño en sus escritos, por pequeños que sean. También para quienes se preguntan por la influencia de los medios de comunicación en la realidad, y para quienes nos preocupamos por la supervivencia de la lectura (que no de los libros) en un mundo gobernado, en muchos sentidos, por el espectáculo vacío de la televisión.

Trama: ***
Emotividad: ****
Lenguaje: ****

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