lunes, 3 de octubre de 2011

El rito antes de escribir, entre la necesidad y la locura

¿Por qué esta entrada se cataloga como "teoría narrativa"? Está claro que no es una lección, ni un consejo, ni una recomendación sobre el arte (o el oficio) de escribir, pero... Siempre he defendido que para escribir bien no basta con el talento. Igual que una buena espada, el talento debe afilarse antes con horas y horas en la fragua de la tinta y golpearse una y otra vez con el exigente yunque del papel en blanco. Y para lograr esas horas hace falta disciplina, y para lograr la disciplina hace falta tener la disposición adecuada una y otra vez, y ahí entra el rito, la "ceremonia", el conjunto de reglas que ayudan a nuestro cerebro a concentrarse en la tarea de escribir.


No es algo propio de los escritores, claro está. Deportistas, toreros, cantantes y un largo etcétera tienen sus ritos, que muchos llamarán manías. Pero la verdad es que, pensándolo bien, todos tenemos alguno: ¿qué es si no ese cafetito que se bebe ya en la oficina antes de empezar a trabajar, o ponerse las zapatillas, la sudadera favorita y la camiseta azul antes de ir a correr, o llevar el pañuelo de la suerte antes de la timba de póquer? Todo es para mentalizarnos de la tarea que vamos a realizar, costumbres que canalizan y concentran nuestra voluntad para cumplir esas misiones mundanas, pero fundamentales, que componen nuestras vidas.

Hace años (más de once) a mí me bastaba con sentarme delante de la máquina de escribir; era lo bueno de aquel trasto: sólo servía para escribir, así que era en lo único en que pensaba cuando introducía el folio en el carro. Había otro componente en tan sencilla ceremonia: el bote de tippex para corregir errores. No había nada que me jodiera más que escribir una "Y" en vez de una "U" y tener que levantarme a buscar el botecito blanco.

Evocando aquella época me da por pensar que mi rito era una mierda, y mirando los de algunos escritores geniales me pregunto si para serlo hace falta un rito más elaborado (o más absurdo). Isabel Allende enciende una vela antes de empezar a escribir (si es un libro nuevo lo empieza en 8 de enero) y cuando la vela se apaga deja de hacerlo; Gabriel García Márquez escribe descalzo, con una flor amarilla en la mesa y con la habitación a una temperatura concreta; Jorge Luis Borges se metía en la bañera nada más levantarse para meditar si lo que había soñado merecía escribirse; Mario Vargas Llosa necesita un orden muy concreto y rodearse de figuritas de hipopótamos...

El caso es que con los años (y la tecnología) mi rito antes de escribir se ha ido sofisticando: ahora el ordenador sustituye a la máquina de escribir, pero como este otro trasto permite hacer muchas más cosas no me basta con él para centrarme. Ahora (bueno, desde hace años), necesito también un sitio tranquilo, sin ruidos ni conversaciones, algo de beber (a ser posible un gin-tonic) y música estrictamente instrumental para no distraerme con letras (clásica o bandas sonoras). También he recurrido a la pipa, que es, probablemente, el elemento canalizador más potente que he encontrado, porque cuando uno fuma en pipa se siente automáticamente obligado a pensar cosas inteligentes y brillantes (quizá habría que obligar a todos los políticos a fumar en pipa). El problema es que mantenerla encendida no es fácil e implica frecuentes interrupciones para volver a tenerla humeando (la pipa).

¿Y tú? ¿Cuál es el tuyo?

4 comentarios:

  1. Mi rito consiste en siempre usar auriculares, poner música a tono con la escena y una taza de té o café con leche. A veces necesito usar ropa cómoda o después el roce me molesta.

    Saludos!

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  2. Lo de la música ambiental daría para otra entrada. A mí también me ayuda mucho a encontrar el tono que quiero plasmar en un momento concreto.
    ¡Un saludo!

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  3. Mi rito consiste en no tener ritos, tengo el terrible problema de querer escribir en los momentos más inoportunos: de repente nace la necesidad y no puedo parar, sin embargo hay días en que quiero dedicarlos únicamente a escribir... y no puedo.

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  4. Buf, Foxman, es un problema bastante común cuando se empieza: la falta de constancia y disciplina; y es mala cosa si quieres dedicarte a escribir. Una de las grandes utilidades del rito es que te predispone a hacer aquello que tienes asociado, te "empuja" a hacerlo, te ayuda a conseguir esa disciplina. Prueba a llevar siempre una libreta en la que apuntar ideas o frases que se te ocurran, pero luego fija una hora o dos al día para desarrollarlas. Te aseguro que mejorará tu escritura y educarás a tu cerebro para escribir cuando quieres hacerlo, y no cuando quieren las musas.

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