martes, 11 de octubre de 2011

Mis tres claves en una novela

Lo bueno de asistir a eventos como el que comentaba en la entrada anterior y de alternar con gente del mundillo literario no es que se aprenda (que también, aunque no siempre sobre lo que uno espera), sino que te hace pensar. Para algunos esto no tendrá nada de bueno; "¡qué piensen ellos!", que casi dijo Unamuno. Pero confieso que, después de oír hablar a profesionales de la crítica literaria, empecé a darle vueltas tanto a de qué sirve realmente la crítica (y los críticos), como si hay algún modo de hacerla objetiva. No me cabe duda de que esa es la clave: con las matemáticas no hay discusión posible, pero cuando nos movemos en el pantanoso terreno de las artes la cosa cambia. Quizá yo me hunda sin remedio en las pesadas páginas de "La Regenta", mientras tú las surcas viento en popa a toda vela. La sensibilidad de cada uno es distinta, igual que los gustos, que se van educando o maleducando con las experiencias y las lecturas.

Sin embargo, aunque la subjetividad impere y cause que obras maestras permanezcan ocultas y enterradas en un cajón mientras que desechos abominables se abren paso edición tras edición en los lineales de los hipermercados, tras mucho cavilar llegué a la conclusión de que en toda novela existen tres elementos clave que excitan tres áreas diferentes de nuestro ser: la trama, el lenguaje y la emotividad. Todos ellos están profundamente entrelazados, pero pueden aislarse bastante bien, y así apelan a nuestro intelecto, a nuestras emociones y a nuestro sentido de la estética. Para mí una gran novela debe sobresalir en esos tres, y será un desastre completo si no destaca en ninguno.

Los tres elementos del "método Calderó" (c)
Gracias a esta iluminación he decidido crear mi propio método de crítica literaria, denominado humildemente "método Calderó" (c), que servirá, como mínimo, para arropar a mi queridísimo ego en las frías noches que se avecinan (por fin). Este método consiste en representar mediante una escala del 1 al 5 (con estrellitas, lapiceros, caritas o cualquier otro símbolo disponible) el nivel de cada uno de los elementos señalados.

La trama de una novela representa el grado de complejidad de una historia, su planteamiento, avance y resolución. ¿Es un reto para la inteligencia del lector, o es tan simple como el mecanismo de la tapa del váter? ¿O ni siquiera hay una trama, sino sólo una sucesión de hechos? ¿O su final es un desastre? Pero ojo: en función del género o subgénero de la novela este elemento adquirirá un protagonismo capital (como en las policiacas), o ninguno en absoluto (como en la novela costumbrista).

La emotividad de la novela se refiere a su capacidad para generar emociones intensas en el lector, desde el terror, a la tristeza, pasando por la alegría o el odio. Dicho elemento tendrá mucho peso en la novela sentimental, pero más bien poco en la ciencia-ficción dura o en los thrillers.

Por último, el lenguaje alude al (buen) manejo del idioma y al conocimiento del mismo por parte del autor. Sonoridad, ritmo, riqueza, color, etc., producen un resultado estético que el lector capta y que lleva a describir una novela como bella o como vulgar. Siguiendo con los ejemplos, este elemento puede ser accidental o meramente funcional (en la novela policiaca) o fundamental (como en la novela romántica).

Doy por sentado que la percepción de estos elementos es subjetiva, pero creo que cualquiera podría determinar si destaca alguno de esos elementos en una novela, y la mayoría de lectores coincidiría en dicha valoración (optimista que es uno). Así pues, este método puede servir, como mínimo, para que un lector sepa si va a encontrar lo que busca en una novela: una buena historia, un uso maravilloso del lenguaje o emociones fuertes. Yo ya he comentado que, en la novela, prefiero el fondo sobre la forma, probablemente a causa de mi vocación periodística, que exige que me cuenten (y contar) hechos noticiosos. Sé que muchos prefieren lo contrario, y, de hecho, no pocos críticos y escritores consideran que la calidad de una novela, ese elemento que separa la literatura de la LITERATURA, es el lenguaje empleado y su grado de complejidad. Ya no voy a discutir si eso es correcto o no, puesto que creo que el lenguaje debe supeditarse al tipo de historia que se cuenta, por lo que el sencillo y directo puede ser tan digno como el abstruso y recargado. Sólo diré que con este método el crítico puede aportar su visión de una manera bastante objetiva, que servirá realmente al lector para decidir si la novela puede gustarle o no.

Y no es decir poco.

2 comentarios:

  1. Enhorabuena por tu clasificación preliminar (blog personal IV) en los premios Bitácoras (y por el blog, por supuesto), espero que subas muchos puestos. Te deseo mucha suerte. Nos leemos. Un saludo.

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  2. Gracias. Ya sabes que lo importante es participar...

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