viernes, 7 de octubre de 2011

No está hecha la miel para la boca del asno

Honrando esta sinceridad mía tan característica me toca anunciar que esta entrada va a estar influida por el descubrimiento (tardío, lo sé) de "Lector mal-herido", un blog de crítica literaria con mucha mala leche, pero muy divertido (siempre que no se tome demasiado en serio) cuya lectura recomiendo y obra de un antiguo compañero de Periodismo que me ha demostrado que no todo lo que sale de ahí es malo.

A finales de julio escribí una entrada con mucha miga llamada "Literatura y literatura comercial: una división equívoca" a raíz de una charla a la que asistí donde Constantino Bértolo, director de la editorial Caballo de Troya, dijo que lo que se lee mayoritariamente (y por tato lo que se vende y se compra) en este país es basura. Hoy jueves se ha repetido este axioma en el mismo lugar, el curso de edición de Ámbito Cultural (que también recomiendo), pero con otros protagonistas. Todos ellos han empezado sus intervenciones cargando contra la literatura que no es literatura, que ni ellos tienen clara cuál es, pero que creen, como Constantino, que es la que tiene "éxito de público", expresión despectiva donde las haya cuando va seguida (o a continuación) de su lógica contrapartida, "éxito de crítica". Estos señores y señoras tienen un paladar ocular exquisito que les lleva a aberrar de todo lo que trate de crímenes, misterios, intrigas... Forraje para las masas, vaya; si de ellos dependiera Dumas y Verne estarían publicando en Bubok. La literatura de verdad es la que les mola a ellos, coño: las novelas de escritores pajilleros que narran (y se regodean en) sus vivencias personales, que son las que hemos tenido todos, pero contadas de forma que sólo aprecian ellos.

Esto es lo que a ti te gusta...

Minutos después los ponentes se han retractado a medias de sus duras declaraciones iniciales, lo que me ha demostrado que no son más que las líneas de un discurso que tienen aprendido para parecer inteligentes, cultos y estilosos, y así investirse de la autoridad literaria necesaria para decirnos a los demás qué es literatura y qué no. Y no les quedan más cojones que retractarse cuando la realidad demuestra, año tras año, equivocación tras equivocación, que los críticos no tienen ni puta idea de lo que vale y de lo que no. Nuria Azancot ("El Cultural") lo acababa reconociendo, como reconocía que a los críticos les toca acercarse a la tierra para conectar con los lectores, porque a los estos que hacen caso ahora es a quienes, sin interés ninguno en vender a fulanito o a menganito, o tal o cual editorial, comentan los libros que leen en Internet por amor al arte, de verdad. El marketing ya había devorado a los críticos hace tiempo, y ahora Internet los está digiriendo. Ya sabéis cuál es el siguiente paso.

...y esto es lo que le gusta a la crítica. ¡Incult@!

Pero lo mejor ha sido al final del acto (como siempre, como en todo), cuando una agente literaria ha comentado a propósito de una pregunta lo maravilloso que es el último libro de uno de los autores que representa. ¿Y de qué va esa joya? Pues es una novela de intriga con tintes sobrenaturales... Vamos, justo eso que todos decían al principio que no es literatura. No, pero esta sí, lo de Dan Brown y compañía es caca comercial, niños, pero esta es miel de la buena. ¿Por qué? Pues porque la represento yo.

Coherencia, joder, coherencia. Que ya está bien de que haya que ir de cultureta devoto de Joyce para ser crítico, editor o escritor "respetable", cuando resulta que todos os morís por hacer lo que Stephen King, J.K. Rowling o Corín Tellado. Y no pasa nada.

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