martes, 8 de noviembre de 2011

"Apocalipsis Z", cuando la muerte es entretenida

Vaya por delante que la versión que he leído es una digitalización con fecha de este año, y creo que se ha hecho a partir de una edición en papel primeriza, porque he encontrado erratas y faltas de ortografía varias, lo que no deja de ser una lástima, porque resta calidad y credibilidad al, para mí, formato del futuro: el ebook. También al autor (no lo negaré), Manel Loureiro, pero más a la editorial responsable, que no sé cuál es porque en mi versión no lo pone. El que quiera que investigue.


Esta novela tiene 311 páginas, pero la maquetación espaciosa engaña, de modo que no resulta tan larga. Además, hay otros factores que aceleran la lectura, como la elección de un narrador autodiegético o protagonista (primero como entradas de blog y luego de diario), y que la acción es continua; hay algún momento para la reflexión y la contemplación, pero son pocos y el lenguaje no es complicado. El autor es (o era) abogado, y ha dado a su protagonista la misma profesión, de modo que queda justificado el lenguaje utilizado, sin florituras, muy cercano, cosa que contribuye también a hacer creíble el conjunto. Esta proyección en el personaje, este dotarle de rasgos propios (creo que no sólo la profesión de abogado) contribuye decisivamente a que resulte muy auténtico, muy de carne y hueso.

Loureiro hace lo mismo con el entorno, al utilizar su Galicia para ambientar este "Apocalipsis Z". Aplaudo su elección (quizá porque yo he hice lo mismo con mi primera novela) y su valentía por despojarse de complejos tristemente arraigados en nuestro país que nos impiden creer que aquí puedan suceder historias como las del cine yanqui, con sus monstruos y sus héroes. Los primeros pueden ser igual de terribles allí que aquí, y los segundos igual de valerosos y determinantes. Que en A Coruña se beba ribeiro no es obstáculo a una invasión alienígena, y que un tipo se llame Julio en vez de James no le inhabilita para salvar a la chica. Ya está bien de ponernos trabas imaginarias.

Dicho esto, Loureiro ha fusionado con éxito (mucho) realidad y ficción, apoyándose en su conocimiento de primera mano del lugar y los personajes humanos para suspender la incredulidad del lector y así provocar terror, porque no puede haber terror si no te crees la historia. Desgraciadamente, en mi caso no me aterró por culpa de la parte ficticia: los zombis. Puede que el problema sea que he leído el libro tarde, cuando los dichosos muertos vivientes ya están hasta en la sopa y disfrazados de Segura, Alaska y Rosi de Palma (¿o es al revés?). Me cansan, la verdad, porque es siempre lo mismo, y es muy difícil plantear situaciones verdaderamente sorprendentes con estos bichos. A esto no ayuda que el autor caiga en lugares comunes, y la tercera vez que uno lee "paisaje dantesco", "escena salida del infierno" y "este mundo se ha acabado, joder", casi mejor dejar de leer. ¿Y por qué no lo hice? Pues por los personajes vivos y porque tenía la esperanza de que Loureiro se tirara a la piscina con un final diferente; no es el caso, como atestiguan las novelas que salieron a continuación, "Apocalipsis Z, los días oscuros" y "Apocalipsis Z: la ira de los justos".

En resumen, esta novela es entretenida, y se lee fácilmente si aguantas estoicamente la descripción de vísceras desparramadas, amputaciones y fluidos sanguinolentos. El personaje principal y sus ocurrencias enganchan, sinceramente, y ver que Galicia puede ser un paisaje diferente al que todos conocemos bien vale leer unas cuantas páginas de este "Apocalipsis Z". Ni que decir tiene que si te gustan los muertos vivientes te lo acabarás gustosamente, si no, mejor ni lo intentes, no vaya a sentarte mal.

Trama: ***
Emotividad: ***
Lenguaje: **

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