lunes, 21 de noviembre de 2011

"Ejército enemigo", una novela dura, densa y deleitosa

No leas esta novela; no la leas ahora. No es que sea mala, es que es mala leerla ahora, con una situación económica que está echando abajo la situación anímica de ciento y la madre y que lo último que quieren (y me incluyo) es participar de las reflexiones y observaciones certeras y dolorosas del protagonista de este "Ejército enemigo". Un protagonista que el autor, Alberto Olmos, pretende diferenciar de sí mismo, pero no lo consigue porque la voz narrativa empleada, la primera persona, está infinitamente más cercana al autor-escritor que al protagonista-publicista. No digo con esto que los publicistas sean tontos, ni que sean incapaces de manejar el idioma adecuadamente, sino que resultaría dificilísimo, increíble, hallar a uno con los recursos lingüísticos y filosóficos del personaje en cuestión. Así, la indiscutible belleza de numerosas metáforas e imágenes, rasgos positivos y fundamentales de cualquier obra literaria, van en detrimento de la credibilidad del protagonista y, por tanto, de la historia. Es inevitable ver la mano del autor metida por el culo de dicho personaje, como es inevitable ver a a José Luis Moreno fistfuckeando a Rockefeller.


A este fallo, a mi entender (que también a mi entender podría haberse evitado recurriendo a un narrador externo y omnisciente, aunque seguro que entonces surgían otros problemas), tengo que añadir otros dos: la chapucera resolución del crimen inicial, tan cogida por los pelos que se queda completamente calva (aunque hay un giro argumental más que interesante), y el precio: 20 eurazos para un libro de 279 páginas editado pobremente por Random House Mondadori (papel malo, tapa blanda, pegado deficiente, corte irregular). Y esta novela no merece este trato.

No lo merece porque las pegas que he señalado no bastan, ni mucho menos, para ensombrecer esta espada segoviana de acero implacable y hermoso, martilleado con rabia y a la vez con tino, brillante y terrible. Fraguada en las llamas del pensamiento y la palabra, esta novela, este "Ejército enemigo", debería leerse en los institutos, en muchas facultades, en todas las ONGs, en los platós de las televisiones y en las casas okupadas. No sólo por el soberbio uso del idioma (algo excesivo a veces), sino por las reflexiones que transmiten, apuntaladas por citas soberbias y demoledoras de gente más vieja, más sabia y más brillante que el autor. Y con esto quiero decir que lo que señala Alberto Olmos en esta obra no es nuevo; sólo que con su prosa lo ha hecho bello. ¿Es el cinismo la única filosofía posible para vivir en este mundo? ¿Nuestras pequeñas donaciones y gestos alivian realmente el dolor ajeno, o sólo el propio? ¿De verdad puede el individuo hacer algo realmente trascendente por el conjunto? Más aún: ¿de verdad estaría dispuesto a hacerlo si tuviera la posibilidad? ¿Ha creado la sociedad un mecanismo de solidaridad "para todos los públicos" para asegurarse su propia supervivencia y evitar su mutilación y desangramiento?

Lo mejor de este libro no son las respuestas, que no las da, sino que nos lleva a plantearnos esas preguntas, entre otras. Nos lleva a pensar profundamente en el funcionamiento del individuo, de la sociedad a la que pertenece o en la que está encastrado y de otros actores de este escenario de tragicomedia que llamamos mundo.

Alberto, cabrón, con lo cómodo que es ver la tele y ya.

Trama: ***
Emotividad: ****
Lenguaje: ****

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