martes, 31 de mayo de 2011

"La historiadora", una yincana tenebrosa

Al poco de terminar la primera versión de mi segunda novela, "Cuando cae la noche II-Génesis", una amiga mía me preguntó si había leído "La historiadora", de Elizabeth Kostova (Connecticut, 1964). Le contesté que no, y unos días después me lo prestó (¿esto sería piratería?) con esa expresión cómplice de quien sabe algo que tú ignoras.

Admito que el libro pasó algún tiempo plácidamente almacenado en mi biblioteca hasta que un día reparé en él y, tras considerar que el préstamo de un libro es un acto de confianza que no merece menospreciarse sino todo lo contrario, empecé a leerlo.


"La historiadora" fue publicada en España en 2005 por Ediciones Urano bajo el sello de Umbriel Editores, su línea de ficción (en la que destaca Dan Brown, el de "El código Da Vinci"). En sus 698 páginas narra las peripecias interconectadas de cuatro personas de tres generaciones distintas en busca de Drácula. Estas personas comparten el amor por la Historia y... la sangre, pero no diré más sobre esto para no desvelar sorpresas.

En la narración se intercalan documentos en forma de cartas y diarios, tal y como ocurriera en la celebérrima obra de Stoker, fuente de inspiración de la autora, que parece querer continuar la historia años después de la derrota del vampiro a manos de Johnathan Harker y compañía.

Aparte de eso, lo que llamó mi atención de "La historiadora" nada más empezarla fue el exceso de descripciones y de adjetivos, una práctica habitual de los autores noveles, dato que confirmé casi inmediatamente al descubrir que se trataba de su primera novela. Elizabeth Kostova se recrea demasiado en los paisajes, en las ropas, en los estados de ánimo, en los alimentos, en los pájaros, en los edificios... en todo. La trama es interesantísima, al igual que los personajes (secundarios incluidos) y sus aventuras, pero la lectura se convirtió para mí en la interminable peladura de un fruto al que nunca llegaba. Páginas y páginas y páginas de palabras innecesarias con pocas imágenes dignas de recordar, y me viene a la cabeza una clase en la facultad donde el profesor nos dijo que las imágenes más bellas de la literatura se hacen con verbos y sustantivos, y citó "El cisne de Vilamorta", de Emilia Pardo Bazán, cuando Segundo se enhebró por una calle extraviada. En esa frase el verbo lo es todo, no hace falta decorarlo con adjetivos que ralentizan y entorpecen la lectura.

Con esto no quiero restarle mérito a la autora, sólo apuntar que me sobran unas 300 páginas de novela. No es la primera vez que me quejo de las obras que se venden al peso...

Mi otro apunte negativo se debe también a la forma y no al contenido: la traducción. No es mala, pero tiene un error que no perdono en una obra publicada por una editorial (y por tanto supuestamente revisada y corregida), y es confundir la fórmula deber+infinitivo con deber+de+infinitivo. Este error se repite hoy día hasta la saciedad por culpa de los políticos y los medios de comunicación que les sirven de púlpito masivo. En el primer caso se quiere expresar obligación de algo, mientras que en el segundo se expresa posibilidad o suposición.

Y después de ese paréntesis que a algunos les parecerá una estupidez o una manía absurda, comentar que recomiendo la novela a todos los aficionados a Drácula y a los vampiros en general (que sean pacientes, claro), ya que Kostova logra que se sienta su presencia incluso cuando no están, y vuelve a convertirlos en seres peligrosos, terroríficos pero seductores. Kostova consigue que la mordedura de estas criaturas vuelva a resultarnos algo indeseable, pútrido y temible. Gracias.

Pero también recomiendo su lectura a quienes gustan de las historias que transcurren en lugares exóticos, a los aficionados a la Historia, a los amantes de los misterios que te llevan de ciudad en ciudad... Algo que Dan Brown ya hizo dos años antes con gran éxito en la misma editorial.

Trama: ***
Emotividad: ***
Lenguaje: **

viernes, 27 de mayo de 2011

¿Y ahora qué hago con mi manuscrito? II

En la primera parte que escribí sobre las opciones que tiene el escritor novel para publicar traté aquellas que no acarrean coste (o un coste mínimo) para él. Ahora bien: ¿y si ninguna editorial, concurso o agente literario apuesta por nuestra obra? ¿Y si ninguno de esos actores valora nuestro manuscrito como nosotros y nuestras madres? ¿Hay que resignarse? ¿Hay que aceptar que sólo nosotros y nuestros más íntimos mirarán nuestro ombligo y se regodearán en él?

Sosa cáustica al margen, nuestro malherido ego tiene algunas opciones que pueden salvarle del ahogo de la indiferencia generalizada... pagando, claro. A veces pienso que en esta vida todo es cuestión de tiempo o de dinero; todo es una lucha entre uno y otro, y todos tenemos más de uno que de otro. Afortunadamente, la a veces denostada tecnología ha abaratado dos alternativas que hace aproximadamente una década sólo estaban al alcance de los que tenían mucho de lo segundo (o un ego muy por encima de la media). Me refiero a la autoedición y a la coedición. No soy un experto en ninguna de estas actividades, pero sí he tenido algunas experiencias que quiero compartir porque creo que pueden resultar interesantes y, sobre todo, pueden salvaguardar de cantos de sirena los oídos de quienes surcan por primera vez las aparentemente tranquilas aguas del océano editorial.

La coedición consiste básicamente en un reparto de los costes de la edición de una obra, así como de los beneficios. Yo supe de este sistema hace más de diez años, cuando estaba "moviendo" mi primera novela entre las editoriales. Una de las pocas respuestas que recibí resultaba bastante elogiosa, y me solicitaba una reunión para comentar el manuscrito con el editor porque le veían posibilidades.


Bien, ni que decir tiene que a una persona que termina su primera obra esas palabras le saben a ambrosía. Una cosa es que familiares y amigos te digan que se te da bien escribir y que tu novela es fantástica y va a arrasar en las librerías, y otra es que unos profesionales de la literatura te escriban que prometes y puede ser publicable. Lo que no te dicen es que vas a tener que financiarla; eso lo dejan para la reunión posterior, lo que me parece, como poco, una falta de sensibilidad asquerosa. Es como si la chica de la que has estado enamorado en el instituto te propone una cita porque dice que le gustas y una vez en la cita te señala que "sólo como amigo". Evidentemente no es un delito, pero a ver, uno no está preparado todavía para emboscadas de ese tipo.

Esto ha vuelto a pasarme años después, con otra novela y otra editorial, así que parece ser una práctica que los años no han corregido y que me lleva a sospechar (cuando no a desestimar directamente) del trato que me vayan a ofrecer antes de asistir a la "cita". Pero como ya tenía callo y me lo olía no me hizo mella. Así pues, aviso para navegantes: si recibes una carta, un mail o una llamada halagüeña de una editorial que recibió tu manuscrito levanta las orejas e investígala en Internet (o pregúntales si lo que van a proponer es coedición) antes de descorchar el champán (o cava).

Tras esta larguísima introducción, señalar que la coedición es una alternativa muy respetable que puede tener buenos resultados, pero que exige informarse todo lo posible sobre quién es y cómo trabaja tu compañer@ de cama: ¿hace edición (revisión y corrección) del manuscrito? ¿Se ocupa de la portada y del formato? ¿Qué tirada pretende hacer? ¿Cómo se reparten los gastos? ¿Y los beneficios? ¿Cómo se hace la distribución? ¿Qué ocurre con los derechos? ¿Qué plazos maneja para cada paso del proceso? ¿Cuánto tiempo duraría la relación?

Esas son las preguntas mínimas que debes hacerles y cuyas respuestas deberían constar por escrito. La palabra dada está muy bien entre caballeros, pero cuando existían, si no se cumplía, había duelo con pistolas. Esa opción no es viable hoy día, así que mejor no quedarse con las ganas ni con cara de pánfilo un año después de iniciarse el trato, cuando nadie recordará exactamente en qué consistía exactamente. Ser autor novel no implica llevar una etiqueta de "hazme lo que quieras". La gran mayoría de las editoriales son empresas legales y honradas, pero alguna puede intentar aprovecharse del ansia de publicar del escritor primerizo. Prudencia y cabeza fría.

En cuanto a la autoedición, lógicamente hace una década era una opción más cara que la coedición, aunque tiene la ventaja (y el inconveniente) de que se controla todo el proceso. Y el proceso es muuuuuuy largo. No sé si todos los autores noveles son conscientes del trabajo que acarrea publicar una obra. Es una labor ardua, difícil y a veces ingrata que merece un enorme respeto y que tiene que generar un beneficio. Enumero y comento brevemente los pasos básicos:


-Revisión y corrección. No es nada fácil lograr que una obra no tenga ni una falta de ortografía, ni una errata, ni un fallo de concordancia, ni un error de coherencia... Siempre recomiendo a los autores pasar el corrector ortográfico automático del editor de texto que se emplee. No es perfecto, pero ayuda. A continuación olvídate del manuscrito unos días y luego vuelve a revisarlo. Después consigue que otra persona haga lo mismo, y a continuación revísalo de nuevo. Aún así es probable que se escape algo.
-Formateo. Para decidir qué aspecto quieres que tenga el libro puedes fijarte en lo que hay en el mercado y elegir uno. Lo ideal sería que, además, resultara barato para la imprenta que hayas elegido. Presta atención también a los márgenes, a la numeración de las páginas, a la distribución de capítulos, a líneas viudas y huérfanas, al interlineado...
-Portada. Creo que puedo arriesgarme a decir que un libro entra por los ojos. ¿Conoces el chiste del que elegía libros por el color del lomo para que le hiciera juego con las cortinas? Pues, sin llegar a ese extremo, una portada atractiva es fundamental para que tu libro destaque entre miles de especímenes. Aquí se impone la ley natural: la hembra de colores más bellos atraerá a todos los machos.
-Impresión, encuadernación y tirada. Compara presupuestos y calidades. Cuantos más ejemplares imprimas más barata será cada unidad, pero la tirada debería ir en función de los puntos de venta y de su naturaleza. ¿Vas a venderlos tú personalmente? ¿Estaría en algunas librerías de tu ciudad? ¿En librerías franquiciadas repartidas por el país? ¿En centros comerciales? Haz estimaciones siempre por lo bajo y escucha a los responsables de los puntos de venta donde va a estar tu obra. Es mejor quedarse corto que comerse 500 ejemplares.
-ISBN y Depósito legal. Si quieres vender la obra necesitas este código que identifica tu obra y, si tiene un soporte material (papel, disquete, vídeo) también tienes que depositar una serie de ejemplares en la institución correspondiente a tu Comunidad Autónoma (no sé cómo funciona fuera de España). Solicitar el ISBN en España es muy sencillo (puede hacerse por Internet) y tiene un coste mínimo; el depósito implica llevar los ejemplares y rellenar solicitudes.
-Distribución. Probablemente sea la parte más costosa del proceso. Si va a ocuparse una distribuidora resultará caro, muy caro. Es un eslabón fundamental de la cadena y deberías analizar y comparar cuidadosamente las candidatas. Habla con los libreros a los que sirven, ellos saben cómo funcionan.
-Promoción. Si el paso anterior era el más caro este es el más complicado. Dada la inmensa oferta de títulos, la competencia brutal entre editoriales y la creciente (y preocupante) disminución de espacios para la cultura en los medios de comunicación, será milagroso que consigas dar a conocer tu obra al gran público. Puedes empezar con actos pequeños en bibliotecas, clubes de lectura, librerías, cafés literarios, colegios y universidades. Convoca a amigos y familiares y, sobre todo, usa Internet y las redes sociales. Envía notas de prensa e invitaciones al acto (y ejemplares) a revistas y blogs literarios.

Para llevar a cabo todos estos pasos es fundamental informarse e investigar. Internet es una gran herramienta; la otra es el teléfono. Pero la principal es el cerebro, porque te dirá (o no, ya he dicho que es una labor muy difícil que requiere formación específica y experiencia para realizarla bien) cómo puedes destacar entre todos los ejemplares que luchan, como el tuyo, por conquistar los sentidos, el corazón y el cerebro del lector.

En la tercera y última parte escribiré sobre la autoedición digital, que de un año a esta parte ha revolucionado (para algunos) la actividad editorial.

martes, 24 de mayo de 2011

"Piratas del Caribe" me marean sin misterios

No, no me ha gustado, tal y como presagia mi título. Empezaré diciendo que se me hizo laaaaaarga (son más de dos horas), y siempre defiendo que una película de acción que se hace larga es mala. A "Piratas del Caribe en mareas misteriosas" le sobran unos veinte minutos de metraje, que son los dedicados (más o menos) a una de las subtramas más forzadas y mal resueltas del cine que yo recuerdo. Pero vayamos al detalle...

La cinta empieza con una de esas fugas a las que tan acostumbrado nos tiene el capitán Jack Sparrow, genial personaje creado y encarnado por Johnny Depp que, no obstante y debido a que ya son cuatro películas, cansa. Cansa porque es tan intenso y aspaventero que verle y escucharle una y otra vez agota más que dos horas de aerobic. Quizá la saga debería informar de que el visionado de dos de sus pelis seguidas puede provocar ataques de epilepsia, igual que algunos videojuegos, debido al continuo y rápido sin parar del protagonista.


Poco después aparecerá el mayor atractivo del film, que es Penélope Cruz, primero porque está muy guapa y segundo y sobre todo porque su personaje recordará a los seguidores de Conan (el bárbaro cimmerio de Robert E. Howard, cuya nueva peli ya se anuncia) a la pirata Bêlit, Reina de la Costa Negra: morena, seductora, descarada y aguerrida.

Así pues, resulta que es ese personaje y no el temible Edward Teach, Barbanegra (correctamente interpretado por Ian McShane) el gran acierto de esta nueva entrega, porque este villano que lo tenía todo para sobrecoger y fascinar al espectador es devorado vivo por otro villano, más veterano y más malo: el capitán Barbossa de Geofrey Rush, álter-ego a la altura del de Johnny Depp que, gracias a su papel secundario, cansa menos que el protagonista. Barbossa se come vivo a Barbanegra, un antagonista de opereta, cruel de una manera absurda, débil, cobarde... En fin, es posible que al ser una película producida por Disney hayan rebajado la villanía de Teach para que pueda ser apta para todos los públicos. Una lástima.

Sobre la dirección diré que tampoco me ha gustado: Rob Marshall (director de "Chicago" o "Memorias de una geisha") no está a la altura de Gore Verbinsky, director de las tres anteriores. Cierto que el guión es un desastre (ahora lo abordaré), pero es que la mayoría de la película transcurre de noche o en parajes oscuros, con lo que muchas veces el espectador tiene que esforzarse por ver algo. Además, todos los duelos de espada están rodados con planos cortos, por lo que ni se aprecian ni se disfrutan. Para rematar el resultado final, los efectos especiales de los que hacían gala las tres películas anteriores no lucen en esta última (siempre que veo una peli de este tipo con muchas escenas oscuras desconfío de los FX). Luego comprobé que, efectivamente, mientras en las dirigidas por Verbinsky los efectos corrían a cargo de la ILM (la mejor compañía de efectos que hay, creada a raíz de Star Wars), "En mareas misteriosas" se ocupan otras.

Y por fin, el guión. En cualquier película el guión es fundamental, no importa el género, porque toda película cuenta una historia. Si es mala o tiene lagunas o incongruencias graves el espectador que no se haya dejado el cerebro en casa (el cine de evasión no es excusa para dejárselo) lo notará. La historia principal de "Piratasdel Caribe IV" no es mala, pero se ve enturbiada por un par de estupideces que sobran y una subtrama metida con calzador: la de la sirena. Voy a intentar no destripar nada, sino poner sobre aviso a quienes aún no la han visto y hacer recordar a quienes sí la han sufrido.

-Un pirata malvado y temido no castiga a un solo hombre.
-En el problema de la pierna de Barbossa había una solución mucho menos traumática.
-Un cerdo disparado no corre.
-Un barco que se balancea está más visto que el tebeo.
-Una sirena maltratada no tiene por qué estar agradecida.

Detallitos en los que vale la pena fijarse:

-Óscar Jaenada, que sale poco pero tiene la mejor frase de toda la película.
-Al final de los títulos de crédito, como en las entregas anteriores, hay una escenita que promete más de lo mismo.

En fin, que yo la recomiendo sólo a los fans de Jack Sparrow y a los más chavales, que la disfrutarán mucho. Al resto... casi mejor que se gasten el dinero en un par de cervezas en su taberna favorita cantando aquello de "Ron, ron, ron, la botella de ron".

viernes, 20 de mayo de 2011

¿Y ahora qué hago con mi manuscrito?

No tenía en mente escribir sobre las opciones que tiene un escritor novel una vez concluye su manuscrito (entiéndase que ya ha sido revisado, corregido y leído por terceras personas) porque creía que todos los que llevamos un tiempo en ese mundillo de aspiraciones literarias sabemos ya, a fuerza de golpearnos con obstáculos varios, qué opciones existen y cómo debemos valorarlas. Pero claro, cuando uno se mira tanto el ombligo como los escritores (entre los que me incluyo), suele olvidarse de los demás. Por ejemplo, de todos aquellos que surgen año tras año con las mismas aspiraciones (y afortunadamente en este país son muchos) y que, lógicamente, todavía no han tenido tiempo de investigar los caminos que pueden tomar con su queridísimo manuscrito bajo el brazo. Si eres de estos últimos ya te adelanto que escribir "fin" en la última página no es, ni mucho menos, el final de tu labor (si lo que quieres es verlo publicado, claro está). Ármate de paciencia y perseverancia porque comienza una travesía larga y, muchas veces, ingrata.

0.- Registrar la obra. Este proceso es sencillo y barato (en España son unos 20 euros) y te protegerá ante prácticas indeseables. Recomiendo esta opción porque, cuando uno empieza en lo que sea suele estar en inferioridad de condiciones. En la pecera literaria eres el pez más pequeño, así que no está de más protegerse todo lo posible. No tiene por qué pasar nada malo, y estarás rodeado de peces respetables, pero por si hubiera alguna piraña...

1.- Acudir a las editoriales. Esta suele ser la primera opción y, seguramente, la más ingenua de todas. Nuestro manuscrito es maravilloso, le da mil vueltas a la última novela de Perick Of'the Pallots editada por Trujarillo, ¿cómo no van a querer publicar la mía? Bien, esto es perfectamente posible, pero resulta que la obra de Perick se adapta al milímetro a la línea editorial de Trujarillo, así que lo primero que hay que hacer es buscar las editoriales a las que mejor encaje nuestro manuscrito. Si es de ciencia-ficción no podemos enviarla a una editorial de poesía o de ensayo, porque lo descartarán nada más leer la primera línea. Yo recomiendo ir a una librería (si es de confianza mejor) o investigar por Internet las editoriales y sus catálogos.

Una vez sepamos cuáles son más afines al tipo de obra que hemos escrito hay que conseguir las direcciones de los responsables de recibir manuscritos. Puede ser el mail, el teléfono o la dirección física; si tenemos un nombre mejor que mejor. A continuación habría que escribir una carta-tipo (con el encabezado personalizado, eso sí, cuidado con cortar y pegar lo mismo para el de la editorial Trujarillo y para el de Amarula) donde nos presentaremos, comentando brevemente nuestra experiencia profesional relevante en el terreno literario y explicando el motivo de nuestra carta. A continuación podemos resumir nuestra obra (nada de enviarla completa) y podemos añadir por qué creemos que la editorial debería interesarse en publicarla. Hay que tener en cuenta que, antes de que el manuscrito se venda en las librerías y centros comerciales tenemos que vendérsela a la editorial. A ti tu obra te resulta fascinante; tienes que hacérsela igual de fascinante al editor. Ten en cuenta que las editoriales reciben cientos (hasta miles) de manuscritos cada año y, aunque muchas disponen de equipos de lectores/críticos que los valoran y separan el grano de la paja, es imposible que puedan valorar adecuadamente todo lo que les llega. Por tanto, muchas veces ni siquiera darán ese paso. Es el primer filtro que vamos a encontrar; si quieres pasarlo procura que la persona encargada de recibir obras inéditas se sienta lo suficientemente atraída por la tuya como para querer leerla.

Si todo ha salido bien la editorial o editoriales se pondrán en contacto contigo para pedirte el manuscrito completo. Generalmente tendrás que enviarlo físicamente, y esta es otra de las razones por las que no debes enviarlo de buenas a primeras saltándote los pasos de la prospección y la carta: uno o dos envíos no son caros, pero diez, veinte, treinta, etc. pueden salir por un pico (calcula cinco euros por cada uno en España) y si ni siquiera van a leerlo has perdido tiempo y dinero.

Ahora toca tener paciencia. Un proceso de valoración puede llevar entre tres y seis meses. Al final volverán a contactar para darte una mala noticia o una buenísima. Si es la primera no suelen proporcionar un informe de lectura (a veces sí, y es muy recomendable leerlo con atención porque se aprende mucho), y posiblemente descubrirás si de verdad te gusta escribir o sólo es un capricho. Si te gusta seguirás haciéndolo a pesar de la negativa editorial. Si te dan la buena noticia, enhorabuena, comienza otro proceso, pero eso ya es otra historia.

2.- Presentarse a concursos. Como en el caso anterior deberás hacer una prospección, ya que existen muchísimos concursos de todo tipo y hay que presentarse a los que interesan, que vuelven a ser los que encajan con nuestro tipo de obra. En este mismo blog tienes un enlace a concursos cortesía de escritores.org. Mi primer consejo es que leas bien las bases para asegurarte de que las cumples y de que te interesa. Vigila que no incluye cláusulas leoninas, como la de quedarse con los derechos, independientemente de que ganes el concurso o no (juro que he visto algunos que hacían esto, increíble). Y, desde luego, no esperes que te devuelvan el manuscrito o que te digan qué les ha parecido.

Mi segundo consejo es que, si tienes un presupuesto limitado, te presentes a los concursos "modestos". No esperes ganar el Planeta y dar un pelotazo; a pesar de lo que pueda parecer, la literatura no es el mejor terreno para este tipo de "frutos". Ganar un premio, por pequeño que sea, luce bien en el currículo y facilitará que las editoriales (incluso medios de comunicación y, claro está, lectores) te hagan algo de caso. Casi todos los concursos implican la publicación de la obra ganadora. No desprecies que el premio económico sean 600 euros. Es más, si lo que pretendes es hacerte rico te recomiendo que busques otra ocupación; los escritores somos "gente de mal vivir" por algo.

3.- Buscar un agente literario. Sinceramente, y por experiencia personal, esta es la opción que menos me gusta. No me avergüenza reconocer que en su día escribí a un puñado de agentes y que la gran mayoría ni siquiera me contestó. Los que sí lo hicieron se limitaron a decirme que estaban muy ocupados y no tenían tiempo para atenderme. Quizá tú tengas más suerte. En cuanto a los pasos a seguir, son muy similares a los de buscar editorial, así que también acarrea trabajo. Siento no poder aportar más.

En cualquiera de los casos, como en el resto de profesiones y oficios, ayuda mucho tener un "padrino" (ya sabes el dicho, si no tienes uno no te casas): un contacto, un amigo o un familiar ya dentro del mundo editorial que pueda abrir alguna puerta o saltarse un paso. Esto no garantiza que te conviertas en best seller, pero servirá, como poco, para obtener información, feedback, de tu esfuerzo. Insisto en la importancia de tener muy en cuenta esas opiniones. Los profesionales del mundo literario son profesionales por algo; saben infinitamente más que tú (y que yo) de lo que puede venderse y lo que no, aunque alguna vez se hayan equivocado publicando un fiasco o dejado pasar un éxito. Escúchales, valora sus consejos y recomendaciones sobre tu obra y luego piensa si te compensa aplicarlas o no. Esto también es otra historia.

Por último: es dificilísimo que te publiquen. En España hay unas 40.000 personas escribiendo de manera amateur, digamos. Está bien pensar que ninguno de ellos escribe tan bien como tú, pero no cuentes con ello. La competencia es enorme y, además, quienes valoran las obras son personas con sus propias opiniones, formación, gustos... Tu manuscrito de misterio puede ser maravilloso, pero a lo mejor cae en las manos de alguien que detesta ese subgénero. Hay muchísimos factores que pueden frenar en seco la trayectoria de tu obra. Siendo sincero, te diría que es prácticamente imposible que te la vayan a publicar.

¿Pero qué mejor que un escritor para enfrentarse a lo imposible?

miércoles, 18 de mayo de 2011

Yo acuso (versión patria)

Actualmente en España hay más de cuatro millones de parados sin que pueda saberse a ciencia cierta cuántos exactamente. Una crisis económica global tardíamente admitida y, por tanto, tardíamente contenida, ha influido notablemente en dicha situación laboral, así como en la financiera, y en la capacidad productiva de mi país. Y digo "influido" porque la crisis global no es la única causante de que en España estén las cosas como están.

La crisis ha venido a exacerbar y a mostrar en toda su terrible crudeza una serie de problemas endémicos que, a fuerza de llevar ahí muchos años, se han camuflado con el paisaje: un sistema educativo deficiente que cambia una y otra vez para desgracia de alumnos, padres y profesores; un sistema productivo basado casi íntegramente en la construcción (problema derivado, quizá, del primero); un sistema político viciado, antiguo y poco representativo; un sistema administrativo gigantesco y redundante hasta la náusea.

Pero lo crisis no sólo ha desnudado estos problemas; también ha desnudado a quienes supuestamente nos representan, los políticos, mostrándonos sus miserias, sus mezquindades y sus ansias de poder.

Yo acuso a buena parte de los políticos españoles de haber olvidado el origen de la palabra y de su profesión, que han convertido en un sayo con el que prevaricar, cohechar y enriquecerse aprovechándose de una posición privilegiada.

Yo acuso a estos mismos políticos de olvidarse de aquellos a los que representan y de arrogarse un poder que les corresponde a ellos, los representados, nosotros, que somos los verdaderos depositarios del poder del estado.

Yo acuso a dichos políticos de no ejercer su profesión de manera diligente y responsable, ausentándose sin motivo de sus puestos de trabajo y de sus deberes cotidianos.

Yo acuso a los políticos de buscar el beneficio propio antes que el de aquellos a quienes representan; de pactar sus salarios, de procurarse dietas, sueldos vitalicios, gastos de representación y coches oficiales que empobrecen a los ciudadanos, a los representados, a nosotros. En definitiva: a sus jefes.

Yo acuso a los políticos de mantener una Constitución caduca e imperfecta que favorece un inmovilismo que les conviene al haberse convertido en privilegiados de una sociedad a la que deberían servir, y no al revés.

Yo acuso a buena parte de los políticos de alojar en sus partidos a otros políticos sospechosos de haber cometido delitos ya que, independientemente de su inocencia o culpabilidad probadas, siempre deberían ser ejemplo de rectitud y honradez, puesto que deben representar lo mejor de un pueblo y no lo peor.

Yo acuso al Gobierno de la nación de recortar gastos ajenos en vez de propios; de impedir la separación de poderes; de permitir los atropellos de las multinacionales y los bancos; de no luchar contra la existencia de los monopolios; de improvisar medidas-parche en lugar de invertir en medidas que mejoren la eficiencia de los sectores productivos; de no buscar la productividad del funcionariado; de apoyar una administración ineficaz, lenta, incomunicada y redundante; de despilfarrar nuestro dinero en unos medios de comunicación que les sirven a ellos pero no a nosotros.

Y por último: yo acuso a buena parte de los políticos de despreciar a sus representados, de creerse por encima de las leyes (incluso de las que se hacen para ellos), de preocuparse por nosotros sólo cuando hay elecciones, de tomarnos por tontos año tras año y salir impunes.

"En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia. Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero."

lunes, 16 de mayo de 2011

Las "Excusas para no pensar" de Eduard(o) Punset

La verdad es que a mí el último libro de Punset (que cada vez me parece más una parodia de sí mismo), "Excusas para no pensar" ha conseguido precisamente lo contrario a lo que anuncia el título: que le dé vueltas a muchas cosas. De hecho, a lo primero que di vueltas es a por qué el autor ha cambiado su nombre en la portada de "Eduard" a "Eduardo". Me hace preguntarme si de verdad está España tan fragmentada y enfrentada o sólo hacen que lo parezca.

Bien es cierto que, por lo que me ha parecido entender, lo que Punset quiere resumir en dicho titular es que si el ser humano hace lo que hace no es como consecuencia de complicados y conscientes razonamientos, sino del dictado de la memoria y la genética contenido en nuestros cerebros. Lo que el autor pretende demostrarnos (otra cosa es que lo consiga) es que tomamos la elección que tomamos porque es la que corresponde a nuestra naturaleza de animales sociales, que buscará sobrevivir, la aceptación del grupo, la reproducción, la seguridad. Da la sensación de que lo único que hace nuestra inteligencia es disfrazar nuestras elecciones instintivas de elecciones racionales con un montón de argumentos.

Centrándome ya en el libro, editado este año por Ediciones Destino (integrada en el Grupo Planeta), decir que sus 275 páginas se leen con facilidad al estar agrupadas en numerosos y breves capítulos a modo de epístolas más o menos directas que abordan infinidad de temas cuyo centro es el ser humano. ¿De dónde venimos?, ¿cómo se originó la vida?, ¿qué es el amor?, ¿cómo se genera la sociedad? o ¿qué es la felicidad? sólo son algunas de las cuestiones que aborda Punset de manera excesivamente breve para mí. Esta fórmula caracterizó (y caracteriza) y dio éxito a la "Reader's Digest", una revista estadounidense que contenía artículos condensados sobre temas científicos con afán divulgativo. Por ello, este "Excusas para no pensar" satisfará a aquellos lectores con nula formación científica, pero decepcionará a quienes han estudiado algo de biología porque se les quedará corto, aunque les servirá de punto de partida para algunos temas novedosos, porque alguna revelación hay. Si hay algo que no se puede negar a Punset es la increíble red de contactos que ha hecho en el mundo científico y académico a lo largo de su vida, que le sirven de apoyos, de fuentes solventes y creíbles en los temas que enuncia. Tanto es así que a veces el libro se convierte en una retahíla de personas de renombre con sus correspondientes declaraciones. Punset se ha convertido en una especie de cronista del saber de nuestro tiempo, y sólo por eso ya le estoy agradecido.

El estilo del libro es el que ya he referido: divulgativo, sencillo, casi como el que adoptaríamos si quisiéramos explicar a un niño (o a un tonto) qué son las estrellas o por qué el mar es azul. Y me da la sensación de que sólo le permitiríamos hablarnos (o escribirnos) así a Eduard Punset, por ese aspecto de profesor tierno y chiflado que tiene (y que creo que cultiva adrede, de ahí lo de ser una parodia de sí mismo).

Es recomendable leer el libro con lápiz y papel para así apuntar alguna idea realmente interesante, como que la dieta o el entorno pueden marcar los genes, que el cerebro posee una gran plasticidad (en cuanto a su capacidad para moldearse a lo largo de la vida) o que cocinar contribuyó enormemente a hacernos humanos. Pero lo que más me ha sorprendido han sido las llamadas a los gobiernos a cambiar la forma en que hacen las cosas, a cambiar los modelos educativos y productivos por otros más justos, más generosos, más dirigidos a promover el bienestar del individuo en vez de un supuesto bienestar económico. Punset siempre ha dado un gran valor al componente emocional del ser humano, y en este libro vuelve a ponerlo de manifiesto. Cuesta imaginarle enfadado, pero en los últimos capítulos, cuando se dirige a los poderes públicos, puedo verle golpeándoles en los dedos con una vieja regla. Está claro que este libro no se publica en este momento de crisis por casualidad.

miércoles, 11 de mayo de 2011

"Juego de tronos", la serie de televisión

Ya en su día le dediqué una entrada a la saga de novelas (¿heptalogía?) de George R.R. Martin, "Canción de hielo y fuego", del que "Juego de tronos" es el primer y magnífico primer volumen. Hace un mes, el canal de televisión por cable estadounidense HBO (que había comprado los correspondientes derechos) estrenó la adaptación para la pequeña pantalla, que ha tenido un coste estimado de más de 50 millones de dólares. Quienes hayan leído los libros entenderán en seguida que haya salido tan cara; la producción de una serie ambientada en una época medieval ficticia, con buenos actores (doy fe de que lo son) y decorados reales no es barata. HBO es uno de los canales que se lo puede permitir pero, además y para nuestra suerte, HBO no se financia con publicidad, razón por la que puede permitirse emitir contenidos bastante más fuertes a los habituales programas yanquis. Así, HBO es responsable, entre otras, de "Los Soprano", "Sexo en Nueva York" o "Sangre fresca", por lo que prepárate para ver tetas, culos, sangre, lenguaje soez y violencia. Elementos que están muy presentes en las novelas de Martin. Comento esto sobre todo por quienes tengan nenes que quieran verla.


Entrando en materia, decir que la careta ya me ha conquistado. La música (siempre lucho por transmitir la importancia que tiene para mí este elemento) de Ramin Djawadi es sencilla y pegadiza, pero épica, y se ajusta maravillosamente a la infografía inicial: un mapa de los Siete Reinos que asemeja una suerte de tablero de juego recorrido por un travelín de cámara que se detiene en las ciudades más importantes (aquellas que aparecerán en esta primera temporada).

La dirección es bastante buena, y poco más voy a añadir por dos razones: la primera es que los 10 episodios de esta primera temporada (he visto los cuatro primeros) se los han dividido entre cuatro profesionales con muchas tablas (y premios o nominaciones) en otras series de la HBO. La segunda es que, según parece, la máxima que se han marcado a fuego en las cámaras es "respeta la obra original", algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que Martin es productor ejecutivo (y co-guionista) de la serie. Por esta misma razón tampoco puedo decir mucho sobre los guiones, extremadamente fieles a la novela. O eso me han parecido, aunque mi memoria podría fallar, dado que la leí hace ya ocho años.

Por tanto, se nota un gran esfuerzo en dotar a la serie del realismo que caracteriza la saga: decorados, vestuario, exteriores, atrezo... Recomiendo ver el episodio 0, una especie de making of donde se ve el increíble (y caro) trabajo de producción.

Los actores también ponen de su parte, y mucho, para que sus personajes resulten creíbles y dignas encarnaciones de sus contrapartidas literarias. Los listo y comento brevemente.
-Eddard Stark, perfectamente interpretado por Sean Bean. La verdad, creo que este hombre nació realmente en la Edad Media y viajó en el tiempo hasta nuestros días; lleva armadura y espada como tú camisa y pantalones (o blusa y falda). No creo que le importe haberse encasillado un poco.
-Jon Nieve corre a cargo de Kit Harington, que lo hace bastante bien. Reflexivo, melancólico, compasivo.
-Robb Stark es interpretado por Richard Madden, también correcto, aunque con poco protagonismo de momento.
-Sansa Stark la interpreta Sophie Turner, monísima. Ver su evolución en la serie será un regalo.
-Arya Stark la encarna fantásticamente Maisie Williams. El duelo con su hermana no va a tener desperdicio.
-Catelyn Stark es Michelle Fairley, claro ejemplo del realismo al que aludía: no todas las mujeres pueden ser hermosísimas y exuberantes, menos aún si viven en un reino ajado por la nieve y el frío. Está perfecta.
-Robert Baratheon lo interpreta Mark Addy, y es el que menos me ha gustado, porque parece más un bufón que un rey. Sinceramente, me resulta difícil creer que un hombre, un ejército o un reino siguiera a este hombre a algún sitio.
-Cersei Lannister es Lena Headey, y podría saltar al estrellato gracias a este papel. Ojito que lo vale.
-Jaime Lannister lo encarna Nikolaj Coster-Waldau, de momento bien, aunque estoy deseando ver con una espada al "hombre más peligroso de los Siete Reinos".
-Tyrion Lannister ES Peter Dinklage, un actorazo enorme a pesar de su tamaño (la broma me ha salido automática) cuyo grandísimo talento le va a meter en Hollywood de cabeza.
-Joffrey Baratheon es Jack Gleeson, y no sé si el mérito de granjearse mi asco inmediato se lo debo a su talento, a sus frases o a su aspecto de niño mimado y cabrón. Mi felicitación al departamento de casting.
-Petyr Baelish lo interpreta Aidan Gillen, actor irlandés que proporciona la flema perfecta a ese cínico con pintas que es Meñique. Perfecto.
-Viserys Targaryen está interpretado por Harry Lloyd, un papel desagradecido donde los haya cuya interpretación tampoco deslumbra. Flojito.
-Daenerys Targaryen es Emilia Clarke, una monada con la difícil tarea de interpretar a quien más evoluciona a lo largo de la saga, evolución que aún no se ha visto. Necesitará talento, veremos si lo tiene.
-Khal Droggo lo interpreta Jason Momoa, pero de momento no es que tenga que esforzarse mucho. Al contrario que el anterior es un papel bastante sencillo; sólo tendrá un par de ocasiones para lucirse interpretativamente hablando, a ver si lo consigue.

En resumen, y sin haberla visto doblada: gran superproducción con un guión muy cuidado y fantásticos actores, digna de verse en cine. Si tienes una tele de muchas pulgadas no te la puedes perder, independientemente de que hayas leído la saga o no. Si además puedes conectarla a un equipo de sonido tipo home cinema vas a gozar tela marinera. Eso sí, hay sangre y tetas, como en la vida misma, pero la fiesta de verdad empezará a partir del quinto episodio...

viernes, 6 de mayo de 2011

El antagonista, ¿cómo hacerlo?

Hacia el final de una entrada anterior ya anticipaba el papel fundamental del antagonista en las obras de ficción (lo que no significa que siempre tenga que existir, al menos como entidad). Aunque estamos acostumbrados a entender que este personaje se caracteriza por ser lo contrario al protagonista, la verdad es que resulta más correcto definirlo como quien se opone a aquél en la trama; no hace falta que sea lo opuesto, sino que basta con que actúe en oposición. Yo pienso en él como el adversario.


Hace muchos años, sobre todo a partir de la II Guerra Mundial, el antagonista ayudó a reforzar una concepción maniquea del mundo, dividido en los buenos (nosotros) y los malos (los demás). Para facilitar esa visión se presentaba al otro, al malo, como un opuesto deformado, de modo que para el mundo occidental, el antagonista era un tío feo, bajito, gordo (muchas veces de una raza distinta a la "blanca"), desagradable, cruel, estúpido, inmoral... se pueden añadir todos los apelativos negativos que uno conozca. Ese modelo contribuía a no preguntar cómo era realmente el otro, a no cuestionarse que tuviera nuestras mismas fortalezas y nuestras mismas debilidades; era el antagonista, el enemigo, un monigote que representaba todo aquello que no nos gustaba y ponía en peligro nuestra forma de vida.

Este tipo de personaje triunfó muchísimo en las novelas pulp de la época, en los cómics y, en general, en todo lo que llamamos "cultura popular". Era el villano, puesto que entonces era inconcebible que el antagonista no fuera malvado y luchara contra el héroe. El pobre perdía siempre, para alivio de la sociedad biempensante.

Usureros, terratenientes, científicos locos, magos, genios criminales, madrastras, nazis, alienígenas, robots, comunistas... la lista de estereotipos (o meras etiquetas, puesto que la esencia era siempre la misma) que se deleitaba haciendo el mal por el mal es larga, pero en algún momento la cosa cambió, y los creadores empezaron a construir antagonistas que no eran malvados porque sí, y a veces ni siquiera lo eran; empezaron a proporcionarles motivaciones reales, rasgos diferenciadores, cualidades positivas, familia... El antagonista dejaba de ser un simple obstáculo del héroe en la narración, sin interés en sí mismo, y se convertía en algo más profundo, más tridimensional. Tanto es así que, en no pocas ocasiones, el antagonista tenía más interés que el héroe, y algunos empezamos a desear, leyendo una novela o viendo una película, que fuera el "malo" quien saliera vencedor porque nos identificábamos más con él que con el salvador del mundo/sociedad/colegio/Capitolio/loquefuera.

Por tanto, está claro que resulta más atractivo para el lector/espectador y más retador (y satisfactorio) para el creador dar con un antagonista complejo, un antagonista digno del héroe, porque es precisamente ese otro, ese enemigo, quien constituirá la unidad de medida de aquél. Dicho en román paladino: el protagonista será tan bueno como lo sea su antagonista, que es quien le plantea las dificultades, quien intenta que no logre su objetivo, que pierda en el conflicto planteado en la trama. Es el opuesto, el negativo de la foto. Holmes alcanza todo su potencial cuando se enfrenta con Moriarty, Conan se engrandece en su lucha perpetua contra Toth Amon, la Compañía del Anillo no sería nada sin Sauron, Hamlet habría vivido muchísimo mejor si no fuera por Claudio, y qué decir de Charles Xavier y Erik Lensherr, por no hablar de Peter Pan y el capitán Garfio... 

Yo recomiendo poner tanto mimo en la creación del antagonista como en la del protagonista. Dotar a ambos de motivaciones, de amistades, de fortalezas y debilidades, incluso complementarias. Un fantástico ejemplo de esto, aunque no es literario, es la película "El protegido" ("The unbreakeable" en inglés, con más sentido). Un truco es pensar que el primero podría haber ocupado el papel del segundo, pero en algún momento de su historia cogió el camino equivocado, o algo le obligó a cogerlo. Quizá una desgracia familiar, un maestro inadecuado, un accidente... Hay muchas opciones. Ahora, en época de crisis, un revés financiero podría llevar a un brillante y joven economista a tratar de enriquecerse a toda costa, tal vez a imitar a Madoff, que ha resultado un villano para millones de personas, pero que antes de destaparse el pastel fue el héroe de sus familiares, amigos y clientes.

No hay que olvidar que el campeón de unos es el tirano de otros. Que uno y otro puedan confundirse en una historia es garantía de que se ha creado un gran antagonista.

martes, 3 de mayo de 2011

"Thor", una peli muy maja

Vaya por delante que no me gusta este personaje de Marvel, aunque me gusten los cómics. Es demasiado poderoso, demasiado arrogante, demasiado ajeno. Ni en los tebeos ni en la literatura ni en el celuloide me han gustado los personajes pluscuamperfectos sin errores ni debilidades. Ya he comentado que en toda creación, el otro gran atractivo aparte de la historia es el protagonista, sus propios conflictos y flaquezas, necesarios para que nos identifiquemos con él.

El Thor de Marvel, un alienígena reverenciado como un dios por las antiguas tribus germánicas, es esa clase de protagonista. Tanto es así que el bueno de Stan Lee supo, allá por 1962, que Thor necesitaría una suerte de álter ego mucho más humano para resultar atractivo, así que inventó que cuando Thor estuviera apartado de su martillo mágico Mjölnir más de un minuto se transformaría en un ser humano, el doctor Donald Blake, bastante más frágil que el "dios nórdico".


En fin, que fui al cine pensando que iba a ver una buena sesión de efectos especiales y a mi bellísima Natalie Portman, lo que no es mal plan tal y como están las cosas. Pero claro, ya se sabe lo que pasa cuando las expectativas de algo son escasas: que a poquito las superan.

"Thor" mola. Es muy entretenida, los diseños del mundo alienígena, de las vestimentas, los interiores, los artilugios y demás son muy buenos (aunque las armaduras me siguen pareciendo un poco de plasticus metalizado, nada que ver con el increíble trabajo de la armadura de "Iron Man"), la historia está bien justo en lo que más me preocupaba por ser Kenneth Branagh el director (que parece que ve a Shakespeare hasta en un partido de fútbol), y las interpretaciones son correctas, aunque tampoco es que fuera necesario ningún alarde. Chris Hemsworth es un Thor resultón, aunque me da a mí que lo vamos a ver poquito en papeles dramáticos; Anthony Hopkins está muy regio como Odín, el padre; Tom Hiddleston, actor mayormente televisivo, lo clava como Loki; Stellan Skarsgard (le habrás visto como secundario en mil películas) cumple como el científico Erik Selvig; y Natalie Portman... pues tiene la suerte de poder hacer de ella misma: jovencita guapísima que no se cree guapísima y que además es listísima. Me gusta mucho, qué le voy a hacer...

Sobre este asunto del reparto resalto que los personajes nórdicos están calcados a los del cómic, lo que es mérito del cásting, del maquillaje y del vestuario. A Thor, Odín y Loki ya los he comentado, pero es que los Tres Guerreros están igualmente perfectos. Si a este esfuerzo por mantenerse fieles al tebeo añadimos el esfuerzo por hacer la historia de los dioses creíble gracias a continuas referencias a la ciencia (efectivamente, el bueno de Arthur C. Clarke, escritor de 2001 entre otras joyas, dijo que "toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"), el resultado es una película de tipo fantástico que puedes aceptar como creíble el tiempo que dura y que se puede disfrutar mucho.

En cuanto a la historia en sí, no es otra que la propia historia de Thor, enfrentando con su padre a causa de un carácter impulsivo, arrogante y belicoso, indigno de un rey. Aquí era donde pensé que Branagh la liaría parda con mil y una escenas sobrecargadas de diálogos y monólogos shakespearianos, con Hopkins y Hemsworth llevándose las manos a la cabeza una y otra vez, presas del desasosiego, el remordimiento y la duda. Afortunadamente, los guionistas Ashley Miller, Zack Stentz y Don Payne, apoyados por el escritor de cómics J. Michael Straczynski (si pronuncias su apellido tres veces delante del espejo te vuelves gilipollas) no han tomado esa senda y han preferido un tono bastante ligero, tirando a la guasa, sabiendo que una historia de dioses asgardianos pululando por la Tierra no puede tomarse muy en serio.

Y la clave para disfrutar esta película es precisamente esa: no tomársela en serio. Es puro espectáculo, puro cine de palomitas, que llamo yo, que proporciona dos horas de diversión muy bien hecha, sin más pretensión que la de hacer pasar un buen rato. Y a los comiqueros más acérrimos les va a encantar. A ellos recomiendo especialmente que estén atentos a la aparición de cierto arquero.

Y a todos recomiendo ver la película entera, con títulos de crédito incluidos (y desde aquí hago mi modesto llamamiento a los proyeccionistas para que no enciendan las luces de la sala hasta EL FINAL), porque como en Hulk y los Iron - Man hay sorpresita...