viernes, 29 de julio de 2011

24symbols: un pequeño paso para la tecnología, un gran salto para el ebook

Ya aviso de que esta entrada no va a ser una explicación de cómo funciona 24symbols, sino un análisis de los pros y los contras de este nuevo sistema de distribución de literatura. Su propio equipo ya cuenta muy bien en qué consiste en su página.

Para ser absolutamente honesto tengo que señalar que mi novela está en 24symbols, de modo tendrías todo el derecho del mundo a pensar que la crítica va a ser no sólo subjetiva sino también sesgada. Pero que sea sesgada no se debe tanto a ese acuerdo con ellos como a mi confianza en el ebook como nuevo soporte de la literatura. He escrito en otras entradas sobre mi predilección del formato digital como medio más ventajoso (para los lectores) de distribución de literatura, así que no voy a repetirlo. Sólo voy a comentar que quienes aman tantísimo los libros que no conciben otra forma de leer no son necesariamente amantes de la literatura, que es sólo una de las partes de las que se compone el libro.

Los 24 fonemas del Español

Y ahora sí, tras divagar un poco paso a tratar 24symbols. Ellos mismos definen su sistema como "el spotify de los libros", una frase perfecta porque condensa una idea compleja en muy poquitas palabras. Poder vender algo en poco tiempo es fundamental para conseguir inversores. Si no conoces spotify definiría 24symbols como un sitio web que permite leer literatura on-line "gratuitamente" (entrecomillo porque ya estamos pagando la conexión, el dispositivo, la luz que consume...). No es un sitio de descargas puesto que lo que hacemos es acceder a "la nube" donde se encuentran los libros de su catálogo. En ningún caso vamos a poseer los libros; es como si vas a beber agua a una fuente: encuentras un grifo, lo pulsas, sale el agua y te la bebes. Cuando el grifo se cierra no hay agua. Me parece una analogía adecuada porque también sirve para ilustrar esa imagen del mundo líquido tan en boga ahora, en el que todo se hace inmaterial y fluye de un sitio a otro. Pasó recientemente con la música y ahora es el turno de la literatura.

La desventaja más evidente de este sistema es que es necesario estar conectado a Internet, un problema cada vez menor gracias al desarrollo de los dispositivos móviles como smartphones y tablets. Pero 24symbols aporta una solución, que es la cuenta premium (de pago) que permite descargar el libro en la memoria caché para poder leer incluso sin conexión (aunque garantizan que no hay forma de piratear esa "descarga"). Esta modalidad tiene otra ventaja, que es leer sin publicidad. La publicidad es necesaria para ofrecer el servicio gratuitamente; esto es, los molestos anuncios son el precio que hay que pagar por leer libros en 24symbols. Lo bueno es que como acaba de abrirse al público apenas hay, pero no me cabe duda de que esto cambiará con el tiempo.

Los detractores de este sistema de lectura en la nube (24symbols quizá sea el primero pero no va a ser el único) argumentan que leer no es escuchar música, ya que lo primero requiere un tiempo y una concentración muy superiores a lo segundo. Así pues, si quiero leer a gusto necesitaré estar conectado a Internet un buen rato y no sufrir distracciones, como que aparezca un banner cada cinco páginas. Yo estoy de acuerdo con esas puntualizaciones, por lo que creo que será la modalidad de pago la que acabe funcionando bien. La pega en este caso es, precisamente, que habría que pagar.

En mi opinión las cuotas son bastante asequibles (10 euros un mes, 20 por tres meses y 60 por un año), claro que habría que tener en cuenta cuánto lee cada uno para saber si sale rentable. Ahora mismo lo sería para cualquier lector asiduo, pero quizá la cosa cambie cuando el precio de los libros electrónicos (y de los tradicionales, ya puestos) baje, lo que debería ocurrir en los próximos meses. También habría que tener en cuenta el precio de los ereaders (también tablets) y, concretamente el de aquellos con conexión a Internet, puesto que sólo con éstos se podrá acceder a 24symbols.

Desgraciadamente para creadores, editoriales y en general para los actores del negocio de la literatura, pagar es algo que no todos ven con buenos ojos, por poco que sea. Pero analizar esta cuestión ya implicaría tomar un punto de vista diferente al de lector, y no voy a hacerlo. No en esta entrada.

Pero 24symbols no sólo ofrece leer. También incluye algo parecido a una red social que permite al usuario intercambiar opiniones con otros lectores, así como disponer de una especie de biblioteca virtual con nuestras lecturas favoritas, con anotaciones, recomendaciones, etc. Estas posibilidades resultan muy interesantes para ayudar a decidir qué queremos leer, ya que podemos encontrar a gente con gustos similares o incluso a personas con un criterio que nos resulte fiable. Es cierto que todo esto ya puede hacerse con alguna de las redes sociales tradicionales que todo el mundo maneja, pero veo útil disponer de ello en el mismo site en el que estoy leyendo. Sería como estar en una biblioteca virtual.

Por cierto, otra crítica al sistema es que las bibliotecas tradicionales siguen existiendo y son gratuitas. Llegar a ellas favorece la actividad física y socializar con personas cara a cara, pero creo que es bueno que exista la posibilidad de hacer algo parecido sin salir de casa. Me gusta tener opciones por si un día me rompo una pierna.

Mi conclusión es que es un sistema muy interesante que acabará siendo el dominante una vez se abaraten los precios de los lectores y el catálogo aumente. Para el lector empedernido me parece sencillamente perfecto, puesto que proporciona un acceso fácil y asequible a miles de obras, así como intercambiar opiniones con otros lectores. No creo que triunfe entre los puristas de los libros que necesitan el objeto, ya que con 24symbols la literatura vuelve a los tiempos en que se transmitía pero no se poseía, salvo para los muy ricos que encargaban a los monjes que transcribieran fielmente los poemas y canciones de los bardos. Creo que este es el inconveniente principal, porque implica un cambio cultural difícil de asumir para quienes tenemos más de 30 años; disfrutar de algo sin poseerlo resulta raro.

El otro obstáculo importante que veo a la entrada masiva de usuarios (más en esta época de crisis) es el precio de los lectores. Superar ambos en el corto plazo es fundamental para que las editoriales que están apostando por este sistema recuperen sus inversiones y sigan nutriéndolo. Tengo claro que sin contenido de calidad 24symbols no sobrevivirá; tampoco lo hará si no funciona como un reloj y proporciona al usuario una experiencia agradable y sin errores. Pero si supera esos escollos viviremos un cambio en el sector que sólo estamos empezando a vislumbrar. Y no todo será bueno.

martes, 26 de julio de 2011

Literatura y literatura comercial: una división equívoca

Comienzo la entrada con la anécdota causante: hace semana y media asisto a un coloquio-ponencia sobre literatura cuyos dos protagonistas son un editor y uno de sus autores más recientes. El primero fue presentado como "referente para los editores españoles", a lo que el aludido respondió especificando que tal vez se le pudiera considerar como "el mejor editor de los editores que no venden".

Semejante comentario me hizo levantar las orejas como los zorros: desconfío automáticamente de las personas que convierten la humildad en arrogancia pavoneándose de sus errores. No creo que uno deba nunca enorgullecerse de sus defectos o vicios, pero parece algo habitual en esta época en la que nadie pide perdón por nada, como si disculparse por hacer las cosas mal fuera aún más terrible que la cosa en sí.

Al cabo de una hora de charla, con alguna historieta memorable que quizá comente otro día, uno de los asistentes preguntó si el problema real de la literatura en España no era lo que se editaba sino lo que se leía. El editor de marras se relamió ante la cuestión y se lanzó a por ella con una voracidad impropia de un hombre de letras, atacando el gusto mayoritario, los best-sellers y, por supuesto, a los lectores españoles que no eligen los libros que él edita. Muy ufano llegó a decir que "lo malo en España no es que no se lea, sino lo que se lee; casi sería mejor que nadie lo hiciera."

Mi cabeza reunió ambas intervenciones, las procesó y llegó a la conclusión (tal vez equivocada, por supuesto) de que este editor se escudaba en que como él edita verdadera literatura, no vende. Y por fin llegamos al título de esta entrada: la división entre literatura "a secas" y literatura comercial. Para mí se trata de una división a posteriori, puesto que la diferencia entre ambas es que una vende poco y la otra mucho. Para el editor que nos ocupa era una división a priori y basada en la calidad de la literatura en sí; es decir, la primera tiene y la segunda no. Para este editor la que tiene calidad pero no vende es la suya, y la que es mala y vende es otra; y se enorgullece de editar la primera. Él preferiría pasarse su vida publicando libros magníficos que nadie lee a editar un best-seller, "como las novelas de crímenes tan leídas hoy día" según sus propias palabras.

Y yo me pregunto: ¿cuál es la diferencia a priori entre su literatura y la literatura comercial? ¿Por qué menosprecia la segunda? ¿Por qué es menos literatura? ¿Por qué una vende y otra no? Si se trata de una cuestión de accesibilidad, no creo que una novela más densa, más difícil, sea más literatura. "El nombre de la rosa" no es precisamente una obra sencilla, y vendió una barbaridad. Tampoco creo que el subgénero determine de antemano si una novela es literatura o no: hay novelas policiacas que son obras maestras (muchas de Raymond Chandler, John le Carré, Edgar Allan Poe...), novelas de ciencia-ficción (de Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Robert A. Heinlein...), novelas de fantasía (John R. R. Tolkien, Ursula K. Leguin, Terry Pratchett...).

Los propios editores reconocen que no saben si una novela va a ser best-seller o no. Las sagas de Harry Potter y de "Crepúsculo" estuvieron rodando de mesa en mesa hasta que alguien decidió apostar por ellas... y ganó. Alguien con miras más amplias que las del resto; alguien que pensó que una historia de niños-magos y  otra de vampiros cariñosos tenían tanto derecho a llamarse literatura como una trama de mujeres menospreciadas, guerrilleros republicanos o inmigrantes desesperados. Alguien con menos arrogancia que aquellos que se creen poseedores del exquisito criterio que pone su literatura por encima de la de los demás. Alguien que pensó que eran lecturas que podían disfrutarse como se disfruta una montaña rusa, una cerveza en la playa o un chiste con los amigos; y que no se disfrutan menos que un concierto de clásica en Viena, ni que un plato de Ferrán Adriá, ni que un poema de Baudelaire. Son placeres diferentes, nada más.

Me da por pensar que, al final, para algunos editores la única diferencia entre la literatura y la literatura comercial es la que hay entre el césped de mi parcela y el de la tuya: la envidia.

jueves, 21 de julio de 2011

Un poquito de autobombo...

En esta vida es fundamental disfrutar los pequeños placeres, así que cuando supe de la positiva crítica de "Cuando cae la noche I-Ascensión" hecha por el blog "Más que vampiros" paladeé cada una de sus animosas palabras. Si tú eres, como yo, un escritor con ganas de despuntar y de sacar sus escritos a pasear, sabrás lo complicado que es encontrar a personas desconocidas y con criterio literario dispuestas a leer tu manuscrito y a opinar, sinceramente, sobre él.


Esa lectura crítica y ajena es fundamental para saber cómo lo estás haciendo; para tener una idea clara y, sobre todo, sincera de qué rumbo lleva la obra. ¿Es interesante? ¿Está bien escrita? ¿Los personajes son creíbles? El autor no puede responder objetivamente a esas cuestiones, y tampoco pueden hacerlo familiares ni amigos. Sí pueden dar pistas, pero es injusto pedirles que te digan la verdad pura y dura. Ningún familiar o amigo que se precie te dirá que tu obra es una sandez que nadie leería ni regalada.

Ese trabajo corresponde tradicionalmente al editor y al corrector, pero si tu obra no ha sido premiada con el boleto ganador del sorteo "te publico" no lo harán para ti. Es más: la mayoría de las editoriales a las que envíes tu manuscrito no te dirán las verdaderas razones por las que no lo publican, limitándose a contestar que no les encaja en el catálogo o que en este momento no pueden incorporar títulos nuevos, "pero gracias por participar".

Por eso encontrar a profesionales dispuestos a criticar tu obra es como hallar un oasis en el desierto, y por eso siempre hay que leer sus observaciones, valorarlas y agradecerlas, independientemente de que sean buenas o malas. Porque, como mínimo, si tienes la mente abierta y la cabeza fuera del culo, aprenderás de ellas y la próxima vez lo harás mejor.

martes, 19 de julio de 2011

El espacio físico en la novela (comentarios a "Cuando cae la noche I")

El espacio físico en la novela (en cualquier narración) está constituido por el lugar o los lugares que enmarcan la acción y los personajes de aquélla. Es un elemento bastante importante por varias razones. La primera de ellas es que, en numerosas ocasiones, va a determinar el tipo de personajes de la obra puesto que lo habitual es que éstos compartan ciertas características comunes debidas al entorno descrito. La más elemental será el gentilicio: si el espacio es Madrid los personajes serán, probablemente, madrileños. A medida que el espacio se acota más aparecen atributos más específicos, como por ejemplo el nivel social o el poder adquisitivo. Este determinismo puede ser más o menos pronunciado en función de la visión del autor, que dará a sus personajes mayor o menor independencia respecto al entorno en el que han nacido y crecido.

¿Quién dice que Madrid...

Otra razón por la que es importante es porque va a permitir al autor demostrar su conocimiento de ese espacio, lo que, junto a su dominio del lenguaje, dará credibilidad a los lugares por los que transcurre la historia. Tanto si el espacio tiene una presencia destacable en la narración como si no (por ejemplo en una novela psicológica), pocos elementos agradecen más el uso de descripciones imaginativas y acertadas. El uso inteligente del idioma puede lograr que el lector se sumerja en el entorno novelado y lo comparta con los personajes que lo habitan. Tres recomendaciones al respecto: no ser demasiado específico en la descripción para que el lector no se pierda leyendo los numerosos detalles que pueden darse; no abusar de los adjetivos (como siempre, mejor usar verbos y nombres); y cuidar las metáforas y las analogías para evitar lo ridículo y lo pretencioso.

El espacio en la novela es tan importante que puede dar el título a la obra, como sucede en "La colmena" de Camilo José Cela, "Historia de dos ciudades" de Charles Dickens, "El camino" de Miguel Delibes o "La montaña mágica" de Thomas Mann. En ellas el espacio es un personaje más y tiene una enorme influencia en la trama y en los personajes, hasta el punto de que no pueden separarse: forman un todo indivisible en el que no se sabe cuál de esos tres elementos ha conformado el otro.
no puede albergar...
En "Cuando cae la noche I-Ascensión" el espacio se limita a ser el marco de la historia, pero también tiene gran importancia para mí por la razón de que pretendía lograr que una ciudad conocida por los lectores españoles resultara creíble como lugar habitado por lo sobrenatural. Lo explico: había observado entre amigos y conocidos una fuerte resistencia a aceptar España como entorno capaz de albergar, de forma creíble, sucesos y personajes fantásticos. Les resultaba natural leer historias de vampiros, monstruos y elfos en ciudades como Londres, Nueva York, Pekín o Nueva Orleans, pero no las concebían en A Coruña, Sevilla o Madrid. Mi explicación a esto es que las ciudades "exóticas" mencionadas les eran (son) tan desconocidas como las criaturas fantásticas referidas, por lo que sus cerebros asocian elementos de similar naturaleza. Sin embargo, ese proceso se rompe con entornos que conocen bien, de modo que ante la mención de un vampiro recorriendo Madrid en seguida lo imaginan por los barrios de Chueca o Malasaña, o cogiendo el Metro o comiendo empanadillas de Móstoles (un municipio de Madrid). Las ciudades que conocemos bien han perdido su magia, su capacidad de sorprender, así que no pueden asociarse con personajes sobrenaturales.
sucesos sobrenaturales?

Pero yo creía que, si lo hacía bien, un entorno familiar podía hacer el conjunto más creíble; no dejar que la irrealidad de los personajes y la trama arrastraran consigo el espacio, sino que la autenticidad de éste arrastrara lo demás. La clave estaba en encontrar lugares tan fascinantes y "extraños" como los habitantes de la novela. Para ello utilicé un truco: escogí edificios sugerentes y famosos por su exterior, pero desconocidos en su interior. Al igual que los vampiros, su fachada es bien visible por todos, ¿pero qué alojan exactamente? ¿Quién sabe lo que hay dentro? Todos los madrileños han visto el centro de negocio de las cuatro torres, el Círculo de Bellas Artes o el Hospital de Maudes, ¿pero cuántos los conocen por dentro? Ese desconocimiento me permitía amueblarlos y habitarlos como quisiera, fusionar realidad y ficción.

Documentarme sobre ellos también me ayudó a redescubrir mi ciudad y a compararla sin complejos con otras grandes capitales. Sólo hay que recorrerla, detenerse ante un lugar llamativo, cerrar los ojos y pensar que estamos en otra ciudad, engañar al cerebro. Si abres los ojos (y no te han robado la cartera) verás tu ciudad de manera diferente, aunque la conozcas de toda la vida.

viernes, 15 de julio de 2011

"El gran diseño", o el Génesis según la Física

El escritor Arthur C. Clarke formuló en su libro "Perfiles del futuro" que "toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Tras leer "El gran diseño" de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow yo añadiría a la frase de Clarke que "y cualquier ciencia lo suficientemente abstracta es indistinguible de la religión", al menos para los profanos o aficionados.


"El gran diseño" ha sido publicado en España por la editorial Crítica; 228 páginas de papel de calidad en tapa dura que cuestan la friolera de 21'90 euros. Mi primera pega es el precio, altísimo, y la segunda está relacionado con él: el aspecto externo se ha cuidado mucho, no así el interior, puesto que el texto contiene varias erratas y me temo que incluso errores de traducción (en la página 183 se lee "fábrica del espacio tiempo" cuando creo que los autores se refieren a fabric, que significa tejido o estructura, no fábrica), por mucho que el traductor sea todo un catedrático de Física.

Respecto al estilo de los autores, Stephen Hawking (de Leonard no he leído nada, así que no puedo comparar) retoma el didacticismo de sus demás obras divulgativas como "Breve historia del tiempo" o "El universo en una cáscara de nuez", mezclando historia de la ciencia, anécdotas, chistes malos (especialmente malos en esta ocasión) y descubrimientos actuales. Esta mezcla, que evita las matemáticas a toda costa, logra parcialmente su objetivo de hacer entender al lector en qué consisten conceptos y teorías como el principio de incertidumbre de Heisenberg, los campos de fuerza, las teorías de la relatividad, el multiverso, la supersimetría o la teoría M. Desgraciadamente, fracasa en buena parte porque, como escriben los propios autores, es muy complicado comprender (y explicar) aquello que es difícilmente observable o no concuerda con nuestra intuición y nuestra experiencia. De ahí mi comentario de que la ciencia está convirtiéndose en algo parecido a la religión, en cuanto a que el ciudadano de a pie tiene que creer que ciertas afirmaciones científicas son reales a través de un acto de fe. Siguiendo esta analogía, los apóstoles o predicadores serían los científicos, y la Física y las Matemáticas el Evangelio, el Corán, la Tora o el libro sagrado que corresponda.

Yo tengo una formación científica aceptable y he trabajado como periodista especializado en revistas de astrofísica, pero sigo sin poder comprender realmente la dualidad onda-partícula o la paradoja de los gemelos, y las pruebas que corroboran sucesos como esos no están al alcance de todo el mundo, sino que se encuentran en grandes laboratorios (las iglesias o mezquitas o sinagogas) cuyos oficiantes actúan como verdaderos magos o chamanes o reverendos o...

Volviendo al libro, Hawking y Mlodinow no hacen un mal trabajo en los primeros seis capítulos, aunque no dejan de ser una repetición de temas ya tratados y conocidos por todo buen aficionado a la Física, pero es precisamente el origen de toda la polémica que surgió en torno al libro lo que malogra todo el esfuerzo, a saber: cuando apareció la obra los medios se hicieron eco de que los autores afirmaban que el universo no necesitaba un Creador. Esto ya lo habían defendido otras muchos veces y otros muchos científicos, pero se suponía que la novedad es que Hawking y Mlodinow explicaban por qué y cómo. Bien, esas preguntas se contestan en dos páginas, la 202 y la 203, recurriendo al equivalente al pase de varita del mago de circo: una suerte de axioma o ecuación sobre la energía por el cual algo (el universo) puede surgir de la nada. Ni que decir tiene que algo así no puede explicarse en menos de dos páginas, por mucho que me hagan creer que las 200 anteriores conducen a ese punto. El resultado es que el libro me parece una estafa. Quizá es que la ignorancia es atrevida, pero es que si el libro está escrito para ignorantes no consigue el objetivo de iluminarles, y si está escrito para expertos se queda muy corto.

Mi recomendación es que si tienes curiosidad por estos temas recurras a Internet y a otros libros, como "La creación del universo", de George Gamow o las otras obras de Hawking. Este "gran diseño" te lo puedes ahorrar.

martes, 12 de julio de 2011

La portada del libro (comentarios a "Cuando cae la noche")

Desde este blog (y cada vez que ha salido el tema en una conversación) he apostado por el libro electrónico. Como escritor y lector creo que tiene más ventajas que inconvenientes, y que éstos son mínimos, meramente formales o culturales (románticos dirían otros). Seguramente influya esa doble naturaleza de lector y escritor, y por ello concedo una importancia extraordinaria a la palabra escrita, obviando los demás elementos que componen un libro, porque un libro, tal y como lo conocemos o conocíamos, es un producto, un objeto que tiene sus tapas, sus hojas, su lomo, su portada...

Desde este punto de vista mío es muy fácil apostar por el e-book porque es como apostar por la pura palabra, una palabra que se ha vuelto líquida a fuerza de perder consistencia y materia en el ciberespacio, como ocurría hace siglos cuando flotaba en el aire desde el chamán hasta el resto de la tribu, desde el juglar hasta su público, y hoy (o mañana a más tardar porque las nuevas tecnologías corren casi como la luz) desde el escritor hasta el e-reader, la tablet o el smart-phone de su lector.

Pero, como decía, el libro de ayer (o de unas horas de hoy) tiene más elementos, y quizá el más relevante sea la portada. Seguro que conoces el chiste o anécdota (ya no sé si fue antes el huevo o la gallina) del ricachón que encargó 500 libros con las tapas rojas para que le hicieran juego con las cortinas de la biblioteca. Esa broma nos ha servido muchas veces, más de las deseables, para reírnos de aquellos que compran los libros por la portada. Pero la editorial que decidió encuadernar de rojo los libros de su autor Juan Palomo está feliz, igual que el autor, porque vendió 500 ejemplares, cifra nada desdeñable en nuestro país. Sirva esta coña marinera para ilustrar que la portada es importante, como lo es la imagen en general en una época en que la buena apariencia es la mejor carta de presentación de cualquier cosa o persona. Y en el caso particular de los libros más, ya que podemos evaluar en segundos si la portada nos gusta, no así el interior. Para cuando tengamos una opinión fundada sobre eso ya lo habremos comprado (y no podemos devolverlo aduciendo que no nos ha gustado), ¿así que importa más, la palabra o la portada?

El caso es que cuando se publicó la primera versión de "Cuando cae la noche I-Ascensión", allá por el año 2000, también sabía que la portada sería importante y, siendo un thriller protagonizado por vampiros en Madrid, pensé que un cielo sanguinolento cayendo sobre el edificio de Metrópolis de Madrid quedaría perfecto. Un diseñador profesional se dedicó a llevar a la práctica esa idea, y el resultado me gustó. Con eso me bastaba; yo sé de escribir, no de diseñar portadas, y si los profesionales dicen que las portadas amarillas de Anagrama son horrorosas y que sólo Anagrama puede permitirse el lujo de seguir usándolas porque ya son su seña de identidad yo no soy nadie para rebatirlo. Podré opinar, pero nada más.

Para la versión revisada y aumentada de "Cuando cae la noche I-Ascensión" publicada este año pensé que había que cambiar la portada, aunque se tratara de un e-book. ¿Pero qué va a ocurrir con las portadas en los e-book? Aquí ya no se habla de tapa dura o blanda, de bajorrelieves, de colores, puesto que de momento la tinta electrónica sólo permite la escala de grises. De hecho, una vez empezado el libro no volveremos a ver la portada a no ser que retrocedamos hasta ella, ya que el e-reader nos lleva directamente a la página en la que nos habíamos quedado. ¿Va a seguir siendo tan importante como en el libro tradicional? Hago esta pregunta a los profesionales del diseño, a ver si tengo suerte y alguno me contesta.

Pero, siguiendo con "Cuando cae la noche", otra diseñadora, (Isabel Sánchez, gracias), también me echó una mano MUY grande. Tras una reunión mañanera revisando conceptos e imágenes se impuso su criterio de utilizar esqueletos de animales relacionados con las novelas (decisión adoptada tanto por la potencia y la truculencia de las imágenes como por esa limitación de los grises a la que aludía antes). Así, "Ascensión" como presentación de la saga tenía que mostrar en la portada al animal vampírico por antonomasia, el murciélago, fotografiado en este caso por Ryan Somma. Que su naturaleza de mamífero volador le permita "ascender" ya es la guinda del pastel portadístico, puesto que aglutina en una sola imagen el título y el subtítulo de la obra.

Negro y blanco serían los colores dominantes, con una pequeña nota de rojo (por razones evidentes), para quienes leyeran el libro en una tablet o un smart-phone, que sí tienen pantallas de colores.

Las portadas de "Génesis" y "Apocalipsis", segunda y tercera parte de la saga, ya están decididas y mantienen una coherencia perfecta entre sí, conservando el diseño básico del fondo, la tipografía y, claro está, el esqueleto. ¿Que cuáles son? Habrá que esperar a noviembre...

viernes, 8 de julio de 2011

El espectáculo mágico (tampoco demasiado) de "La muerta enamorada"

El pasado domingo asistí a la última función de “La muerta enamorada”, un espectáculo de magia (con un poquito de teatro) creado y ejecutado por el mago Yunke, en el teatro Alcázar de Madrid. Este título tan gótico (tomado del relato homónimo de Théophile Gautier) es toda una declaración de intenciones, puesto que el espectáculo pretende contar mediante la magia un cuento de terror inspirado en la obra de clásicos autores románticos como el propio Gautier, E.T.A. Hoffmann y, sobre todo, Edgar Allan Poe.

Se me ocurren pocas fusiones más atractivas que la de magia y terror gótico, hasta el punto de que el único autor que se me ocurre capaz de hacer sombra a los mencionados para un espectáculo parecido sería Howard Phillips Lovecraft (aunque entonces quizá fuera necesario más presupuesto). Sin embargo, el riesgo de contar con un gancho tan atractivo es que, si las expectativas no se cumplen (como así me ha ocurrido), de ese mismo gancho acaba colgando la soga alrededor del cuello del mago.


El argumento que sostiene los 75 minutos de actuación es el extraño suicidio de una mujer enamorada de un mago que la resucitará, trayendo de vuelta algo más que el espíritu de su amada, algo malvado con lo que tendrá que luchar. En el transcurso de la historia hay diferentes trucos de magia, intercalados con música y voz en off (párrafos de obras de los autores reseñados leídos e interpretados por el actor Pepe Mediavilla, doblador de Morgan Freeman) que ayuda al espectador a seguir el desarrollo de los acontecimientos. Pero hay que decir que el peso del espectáculo recae en la magia, aunque la prosa elegida, intensa y bien leída se agradece, no así la música, extractos de bandas sonoras bien conocidas (como “Drácula” o “La lista de Schindler” entre otras), cuyas transiciones están horriblemente ensambladas.

Pero la magia tampoco alcanza el nivel que esperaba, primero porque a veces no tiene absolutamente nada que ver con la historia que pretende contar (o adornar), y segundo porque parecen trucos del Magia Borrás. Esto es así en la primera media hora del espectáculo, durante la que números de sombras chinescas, cuerdas con nudos que van y vienen y mariposas volando sobre abanicos me llevaron a arrepentirme de haber pagado 30 euros (las entradas más caras) por un asiento en la sexta fila del patio de butacas (recomiendo las de palco, más elevadas y más evocadoras).

En defensa de Yunke tengo que señalar que él mismo ha declarado que no está satisfecho con los primeros 20 minutos, demasiado lentos, y que trabajará en ellos para ofrecer una versión mejorada en febrero. El problema es que no se trata sólo de una cuestión de tempo, sino de magia demasiado infantil (alguno dirá que toda la magia es infantil) y sin relación ni con el relato.

Pero, pasada esa media hora la magia destaca, al fin, sobre la escenografía, la música y la voz, imbricándose adecuadamente en el espíritu gótico de Poe y compañía: alquimia, levitaciones, decapitaciones, empalamientos y posesiones colman unas expectativas que, tras lo visto, se habían rebajado al mínimo como alternativa al cabreo absoluto y consiguiente abandono de un teatro con muchísimo encanto, decimonónico, que recomiendo visitar para sentirse en otra época por unos momentos.

Así pues, a pesar de que alguno de esos números no está ejecutado con toda la limpieza que debería, el espectáculo consigue remontar el vuelo, arrancar aplausos y, sobre todo, animar a releer los cuentos de Poe con música de fondo para dejar que sea la propia imaginación la que resucite a los muertos, muestre fantasmas en el cementerio y abra las puertas del mismísimo Infierno.

lunes, 4 de julio de 2011

"Transformers 3", o por qué un director merece la muerte

Tras un merecido descanso estival retomo el blog con fuerzas renovadas... que desaparecieron después de ver en el cine "Transformers 3, el lado oscuro de la Luna".

Que conste que fui por voluntad propia, animado por un tráiler espectacular (visto también en cine) en el que unos impresionantes robotejos destrozaban un rascacielos. Es muy posible que me tildes de imbécil ingenuo ahora mismo, pero confieso que sentía curiosidad por ver si ya se ha logrado ese punto de perfección técnica que permite hacer pasar lo imaginario por auténtico sin que quepa la menor duda. Estoy seguro de que recuerdas las numerosas imágenes de los atentados del 11-S: el World Trade Center quebrarse por la mitad y derrumbarse, de verdad, en mitad de la ciudad más universal del mundo. El tráiler de marras me recordó esas imágenes; parecía real. Así que fui a verla, animado también por el recuerdo de la primera película, que me entretuvo bastante. Entiéndase: de pequeño iba al circo a ver a los payasos; ahora iba al cine a ver robots gigantes repartirse estopa. Mi evolución ha sido notable.


El caso es que fui a verla, lo que podría demostrar por qué no hace falta un buen guión para lograr uno de esos fenómenos tan característicamente veraniegos como son los blockbusters, los taquillazos cinematográficos. Basta con mostrar espectacularidad explosiva; ¿a quién cojones le importa que la trama esté bien hilvanada y tenga sentido? Las imágenes y el sonido aturden de tal manera que matan el cerebro nada más empezar. El fallo se produce cuando no consiguen matarlo. Y como el mío no murió voy a intentar que no cometas el mismo error que cometí yo al ir a ver este bodrio infumable de "película".

Si has visto las anteriores esto es más de lo mismo: coches, pibones y armas, lo que me ha llevado a creer que en realidad quien está detrás de la saga es el Ejército de los EE.UU. de Norteamérica, que pretende conseguir alistamientos en masa. El mensaje subliminal de la peli es: si vienes con el Tío Sam tendrás pibas como esta, conducirás autos como estos y dispararás armas como estas. No importa que seas un histriónico insoportable incapaz de encontrar un trabajo decente: el Tío Sam te aceptará igual.

Bien, el guión es como un colador y hace aguas por todas partes, especialmente en la última mitad de la cinta, cuando los humanos entran en Chicago para reconquistarla y frustrar el plan de los malvados decepticons. A partir de ahí, el tono más o menos gamberro (a pesar del supuesto motivo real que impulsó la carrera espacial) es sustituido por uno de apocalíptica trascendencia que, sencillamente, no puede tomarse en serio. Hasta ese momento me estaba riendo con las situaciones familiares de Sam Witwicki, el personaje de John Turturro (creo que es lo mejor de toda la saga) y el revisionismo histórico de la llegada a la Luna. También aprovechaba para recrearme la vista con la sustituta de la calentorra de Meggan Fox, recordatorio de otra calentorra de mi adolescencia, Samantha.

Pero, seguramente como irónico castigo por ir a verla, la segunda parte de la película con la escena que describía al principio cae encima de la primera y lo reduce todo a escombros. Efectos especiales sin razón de ser, sin sustento real, aplastan historia y personajes (reales) por igual. A Michael Bay (director de otros filmes imborrables como "La isla" o "Dos policías rebeldes") le da igual lo que cuente mientras haya explosiones, misiles, aviones, gente que cae de las alturas y actrices esculturales que aguantan el tirón con la boca entreabierta y la raya del ojo perfecta. La dirección es una mierda, el guión ni siquiera puede llamarse así y los actores virtuales son más creíbles que los de verdad (ojito con esto porque puede ser el principio del fin). Eso sí, la producción es acojonante. ¿Alguna vez te han regalado algo que era infinitamente más feo que la caja que lo envolvía? Pues esto es lo mismo.

Así que te aconsejo que no cometas el mismo error que yo y te gastes el dinero de la entrada en otra película, en unas cervezas con sus correspondientes tapas, en ir a un museo o en comprarte un libro (si es el mío todavía te sobrará pasta para acompañarlo con un bloody mary, por ejemplo). Si no te he convencido ve a verla sin tu cerebro; así tampoco serás capaz de recordar cuánto te ha costado la entrada.

Que si no tiene nada bueno... pues algo sí tiene: que es la última (Dios mediante).