martes, 29 de noviembre de 2011

Radiografía del ebook en España

La semana pasada estuve en el FICOD (Feria Internacional de Contenidos Digitales) y asistí a una ponencia del instituto de investigación de mercado GFK en la que exponían los resultados de su estudio sobre el ebook en nuestro país. Si me lees habitualmente sabrás que soy un defensor de este formato, lo que no significa que desprecie el libro tradicional; sólo digo que es una gran alternativa.

El caso es que atendiendo a las conclusiones del estudio, parece que predico en el desierto. Y lo confirmo con algunas cifras: el peso del ebook en el mercado editorial español es de sólo el 0'2%; apenas hay 8.000 referencias (títulos) de ebooks (sin tener en cuenta las autopublicadas); la tasa de penetración de ereaders y tablets entre los internautas es del 4'4% (se han vendido 440.000 de los primeros y 620.000 de los segundos); en España se han vendido este año 190.000 ebooks.

Sí, esta es la radiografía de un ereader, ¿qué pasa?

El presente del libro digital en España es desolador, lo que contrasta con la reciente noticia de que el consumo de contenidos digitales este año ha superado por primera vez el de analógicos. Pero claro, las pelis, las series, los programas y los videojuegos no son literatura. Quizá el problema no sean los ebooks, sino lo poco que se lee en general. Tema para otro día.

El caso es que GFK también dio otros datos que podrían explicar el panorama. El precio medio del ebook en España es de diezeuros (de nuevo sin tener en cuenta los autopublicados), y el precio medio de un bestseller en ebook es de catorce. Así las cosas, ¿quien en su sano juicio va a comprar la novela de su autor favorito en algo que no puede ni tocar, ni oler, ni lamer cuando puede comprarla en un objeto que poner bajo la almohada por solo unos pocos euros más? Yo no, ya lo digo. ¿Y entonces, qué hace la gente que ha comprado ereader? Piratear. Es así de jodido, y así me lo confirma otro dato del estudio: se venden más ereaders que ebooks. Es como si se vendieran más consolas que videojuegos, o más teles que películas. Creo que esto sólo puede pasar cuando el contenido se obtiene sin necesidad de comprarlo. Otro dato que apoya esta teoría: el libro más vendido en formato ebook este 2011 ha sido (o está siendo) "El libro sin nombre", con 1.700 unidades. El año anterior "El tiempo entre costuras" vendió más de un millón de ejemplares en papel. Las comparaciones son odiosas.

¿Y entonces qué? ¿Hay que comprarse un ereader? ¿No? ¿Cuál? ¿Me va a servir el año que viene, o pasará como con el Betamax? La propia gente de GFK reconocía que no puede hacerse una extrapolación del mercado para el año que viene porque los cambios en este sector son rapidísimos. Varias editoriales ya han lanzado sellos exclusivamente para ebooks, Amazon venderá libros digitales dentro de nada, la lectura online empieza a ser una posibilidad real... Los datos de hoy no sirven para mañana, aunque sí estiman que se doblará el número de dispositivos para el 2012.

Mi opinión es que el ebook ha venido para quedarse, y que cuando sus precios sean más atractivos (ya hay movimientos en este sentido) compensará comprar un ereader. Ahora mismo no, ni siquiera con el contenido pirata (suelen ser archivos PDF de difícil lectura en pantalla por la dificultad que ofrecen a la manipulación). Pero yo creo que estas Navidades pueden marcar el punto de inflexión. Ya veremos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Dónde leemos determina qué leemos?

Es posible que al leer el título hayas llegado a la conclusión de que finalmente he perdido la cabeza. Déjame convencerte de que no es así.

Empezaré contándote que esta entrada viene al hilo de un dato que me comentó un gurú de los ebooks (sí, ya los hay, yo estoy a ver si me convierto en uno) sobre el menor índice de retención de contenido cuando se lee en pantalla a cuando se hace en papel. La trampa oculta en esta afirmación (basada en un estudio relativamente serio) es que se basa en la lectura en todo tipo de pantallas (de smartphones, de ereaders, de tablets y de ordenadores). Yo no tengo tablet, pero puedo asegurar (y tú también) que, efectivamente, no tengo la misma actitud, ni la misma concentración, ni el mismo tiempo cuando leo en papel que cuando leo en el monitor, porque leer en esto último se ha convertido en el equivalente a escuchar la radio mientras haces otra cosa; es algo secundario. Además, lo que se lee en ordenador suele ser algo sacado de Internet, por lo que es normal que haya un enlace a otro documento, o un banner, o ya tienes otras tres pestañas abiertas con otros documentos distintos, o estás en el trabajo y sólo te has "despistado" un segundo para leer una cosita... Bien, el caso es que leer así resulta más parecido a picotear que a leer de verdad. No hablemos ya de leer en un móvil, que requiere un esfuerzo imposible de mantener durante más de unos minutos si quieres conservar la vista.


Pero esto que pasa con los soportes ocurre también con el lugar. Ya he hecho referencia a "leer" en el trabajo, ¿pero qué pasa cuando estás en el tigre? En este caso yo he acuñado el término "lectura de váter", cuya variedad incluye revistas, tebeos, periódicos o folletos del MediaMarkt. Nada que exija una gran concentración para no desperdiciar energías en la labor principal, y nada que lamentemos perder en caso de emergencia higiénica.

Los contenidos que suelen leerse en el Metro (o en otro transporte público) son algo más profundos, pero no demasiado, también por la dificultad para concentrarse o sumergirse en la lectura. Los vagones son territorio tradicional de best-sellers, de novelas de acción, de misterio, de romance... Ni de hondas reflexiones ni de lenguaje enrevesado o muy literario, no sea que te pases la parada.

Y por fin llegamos a mi lugar favorito: el hogar. La lectura en casa, en el sillón favorito, con una bebida y música no muy alta, es un placer que puede degustarse tranquilamente, paladeando cada página, releyendo esa frase maravillosa o esa metáfora que no has entendido a la primera. Incluso subrayando (¡brrrr!), anotando (¡doble brrr!) o doblando esquinitas (esto lo tolero). Cosas que, por cierto, pueden hacerse con un ereader sin estropear el documento. Aquí se vive una experiencia de lectura plena (en una biblioteca también, más o menos).

Total, que no es tontería que el lugar en el que vamos a leer nos haga decantarnos por una lectura o por otra, y puedo garantizar que no va a sabernos igual un libro leído en un sitio que en otro. Dicho en plata: los documentos sobre esta crisis de mierda resérvalos para el excusado, La vuelta al mundo en 80 días déjala para el bus y En busca del tiempo perdido guárdalo para el sofá. Cada cosa en su sitio.

lunes, 21 de noviembre de 2011

"Ejército enemigo", una novela dura, densa y deleitosa

No leas esta novela; no la leas ahora. No es que sea mala, es que es mala leerla ahora, con una situación económica que está echando abajo la situación anímica de ciento y la madre y que lo último que quieren (y me incluyo) es participar de las reflexiones y observaciones certeras y dolorosas del protagonista de este "Ejército enemigo". Un protagonista que el autor, Alberto Olmos, pretende diferenciar de sí mismo, pero no lo consigue porque la voz narrativa empleada, la primera persona, está infinitamente más cercana al autor-escritor que al protagonista-publicista. No digo con esto que los publicistas sean tontos, ni que sean incapaces de manejar el idioma adecuadamente, sino que resultaría dificilísimo, increíble, hallar a uno con los recursos lingüísticos y filosóficos del personaje en cuestión. Así, la indiscutible belleza de numerosas metáforas e imágenes, rasgos positivos y fundamentales de cualquier obra literaria, van en detrimento de la credibilidad del protagonista y, por tanto, de la historia. Es inevitable ver la mano del autor metida por el culo de dicho personaje, como es inevitable ver a a José Luis Moreno fistfuckeando a Rockefeller.


A este fallo, a mi entender (que también a mi entender podría haberse evitado recurriendo a un narrador externo y omnisciente, aunque seguro que entonces surgían otros problemas), tengo que añadir otros dos: la chapucera resolución del crimen inicial, tan cogida por los pelos que se queda completamente calva (aunque hay un giro argumental más que interesante), y el precio: 20 eurazos para un libro de 279 páginas editado pobremente por Random House Mondadori (papel malo, tapa blanda, pegado deficiente, corte irregular). Y esta novela no merece este trato.

No lo merece porque las pegas que he señalado no bastan, ni mucho menos, para ensombrecer esta espada segoviana de acero implacable y hermoso, martilleado con rabia y a la vez con tino, brillante y terrible. Fraguada en las llamas del pensamiento y la palabra, esta novela, este "Ejército enemigo", debería leerse en los institutos, en muchas facultades, en todas las ONGs, en los platós de las televisiones y en las casas okupadas. No sólo por el soberbio uso del idioma (algo excesivo a veces), sino por las reflexiones que transmiten, apuntaladas por citas soberbias y demoledoras de gente más vieja, más sabia y más brillante que el autor. Y con esto quiero decir que lo que señala Alberto Olmos en esta obra no es nuevo; sólo que con su prosa lo ha hecho bello. ¿Es el cinismo la única filosofía posible para vivir en este mundo? ¿Nuestras pequeñas donaciones y gestos alivian realmente el dolor ajeno, o sólo el propio? ¿De verdad puede el individuo hacer algo realmente trascendente por el conjunto? Más aún: ¿de verdad estaría dispuesto a hacerlo si tuviera la posibilidad? ¿Ha creado la sociedad un mecanismo de solidaridad "para todos los públicos" para asegurarse su propia supervivencia y evitar su mutilación y desangramiento?

Lo mejor de este libro no son las respuestas, que no las da, sino que nos lleva a plantearnos esas preguntas, entre otras. Nos lleva a pensar profundamente en el funcionamiento del individuo, de la sociedad a la que pertenece o en la que está encastrado y de otros actores de este escenario de tragicomedia que llamamos mundo.

Alberto, cabrón, con lo cómodo que es ver la tele y ya.

Trama: ***
Emotividad: ****
Lenguaje: ****

viernes, 18 de noviembre de 2011

¡Si te llamas escritor(a) no escribas como todos!

¿Qué significa ese título? ¿Que cambies el orden lógico de las frases? ¿Que uses palabros ininteligibles? ¿Que presentes tu manuscrito en latín a las editoriales? ¡No! Quiere decir que evites las frases hechas, los lugares comunes del idioma, que son las sentinas donde cagan los políticos y los malos periodistas. Olvídate de los "marcos incomparables", los "paisajes dantescos", los "sufrían en silencio", las "frentes perladas de sudor", los "mares azules", los "silencios ensordecedores", los "ojos como soles", los "amores prohibidos", los "pecados inconfesables", "la mierda hasta el cuello", los "amores eternos", etcétera, etcétera, etcétera.

¿Si no escribes en esto por qué llenar el papel de mierda?

¿Que cómo se sabe si es un lugar común? Porque estarás hart@ de oírlo o leerlo, y porque debido a eso estás a punto de escribirlo: te sonaba, lo tenías ahí, picoteando. Prácticamente salía solo cuando estabas pensando en la descripción de esa escena o ese personaje. Pues no sirve, descártalo. Rómpete el coco y busca una forma de escribir lo mismo, pero diferente. Cuesta mucho, sí. Es posible que te pases una hora dándole vueltas a una sola frase a cuenta de encontrar esa forma nueva, tuya, de contar algo. Y no tengas miedo del resultado, ni se te ocurra pensar que habría sido mejor recurrir al manoseado "su cabello largo le caía como una cascada sobre los hombros". No, nunca; "caca de la vaca". Si lo hicieras no serías escritor(a), sino escribiente o redactor. Eso no es malo (joder, yo soy periodista), pero asegúrate de que es lo que quieres ser.

Pero a esto tengo que hacerle una puntualización: puedes recurrir a lugares comunes en los diálogos (y monólogos y pensamientos) de tus personajes si es para reflejar sus personalidades. Esto es, si tu protagonista es un comentarista deportivo resultará creíble al lector que diga cosas como "el cancerbero rival detuvo un gol como una casa", o similar. Aunque tampoco es bueno abusar de los tópicos, y esto que acabo de comentar lo es. Imagínate una novela repleta de marujas, chonis, políticos, jinchos y pijos. Si el autor de la novela escribiera todos los diálogos como suponemos que hablan dichos personajes... Sería como ver una telecomedia mala: saturaría el cerebro en la tercera página.

"Y hasta aquí la entrada de hoy. Mañana más y mejor."

lunes, 14 de noviembre de 2011

Mis pájaros cumplen un año

El título lo dice todo: gracias al buen alpiste, algunos mimos y la jaula abierta, mis pájaros cabeciles han cumplido un añito; el tiempo pasa volando, como ellos. Doce meses con 92 entradas y 15.000 visitas, que no sé si es mucho o poco, sólo sé que lo lee alguien más aparte de un servidor.


Hace un año empecé este proyecto con dos objetivos: dar a conocer mi obra y compartir las ideas y las experiencias que he aprendido escribiéndola. Con el paso de los días fue cobrando más peso el segundo, porque he podido ver que hay muchísima gente con muchas cosas que contar y que quería saber cómo podía hacerlo. A algunos les habrán sido útiles las entradas que he escrito aquí, a otros no; pero creo que, al menos, a todos les habrá dado que pensar. Y esa es la clave: no se trata de hacer caso a los consejos (que poco me gustan, pero qué inevitables son) o a las ideas que yo o cualquiera podamos lanzar desde un púlpito, sino de considerarlas y, al hacerlo, sopesarlas y encontrar otras. Lo bueno y lo malo de mis pájaros es que llaman a otros, y al final tienes una bandada de cabrones picándote en el cerebro día y noche. Pero prefiero sus trinos y gorjeos (y también graznidos, la verdad) al terrorífico y paralizante ruido de estática.

Aquí van a seguir, gracias en buena parte, a esas visitas entre las que se cuenta la tuya. Gracias.

viernes, 11 de noviembre de 2011

"Eva", otro Frankenstein fallido

Igual te he destripado la peli con el título de la entrada, si es que no lo han hecho ya el cartel o el tráiler, pero que no te remuerda la conciencia si no vas a verla y faltas a tu compromiso con el cine patrio (en el caso de que seas español-a). Con la cantidad de organismos oficiales que aparecen en los títulos de crédito me da que todos los que han hecho la película han cobrado ya, así que no te sientas culpable si no hace taquilla; seguramente no lo necesite.


Ya habrás supuesto que no me ha gustado, pero lo malo cuando además tienes ciertas expectativas con algo es que, además, te cabreas. Me pasa por fiarme de los comentarios y las críticas de los medios oficiales, que al final están pagados, directa o indirectamente, por las productoras. Si es que es de cajón: ¿cómo van las revistas especializadas que viven de la pasta de sus anunciantes, las productoras de cine, a reseñar objetivamente las cintas que esas mismas productoras costean?

Bien, "Eva" es el primer largo de Kike Maíllo (que antes sólo había dirigido dos cortos y unos capítulos de una serie de TV) y lo borda, precisamente porque se hace larguísima. La película es muy lenta, con planos que no aportan nada a una historia que podría funcionar como un relato, como un corto, pero que no aguanta 94 minutos, entre otras cosas porque la supuesta gran sorpresa se ve a mitad de la cinta, y te tiras la otra mitad esperando a que el protagonista (en teoría un cerebrín de aquí te espero) lo descubra. Hay un montón de situaciones forzadas (la escena del baile es tremebunda), con diálogos tan artificiales como los robots que salpican cada plano. Los guionistas, Sergi Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca y Aintza Serra, se han lucido, pero claro, es que para ellos también es su primera película.

¿Y todo el equipo estará formado por novatos? Pues no; hay un plantel de actores jóvenes con algún bagaje... Que tampoco lo hacen bien, pero es que es muy difícil que un grupo de veinteañeros (treinta y pocos a lo más) interpreten de manera convincente a doctores en robótica, por muy precoces que sean. Sirva como muestra que una década antes del año en que transcurre la acción (2040) los susodichos ya llevaban a cabo proyectos en IA de primer orden. Ni Daniel Brühl, ni Marta Etura, ni Alberto Ammann (que debió de quedarse en la celda 211) hacen creíbles sus personajes. Curiosamente, las mejores son la más joven y la más veterana: Claudia Vega y Anne Cánovas como Eva y Julia respectivamente.

Mención aparte merece Lluis Homar como el pesadísimo sucedáneo de C3PO, Max, cargante hasta la antipatía, y que me ha hecho pensar que alguien en el equipo de cásting tiene muy mala baba, al escoger para hacer de mayordomo a quien interpretó a Juan Carlos I en la serie sobre el 23-F. Quizá soy muy retorcido.

Tampoco el equipo de diseño ha acertado con su decisión de mezclar épocas (pasadas) en una película que transcurre en el futuro. Lo siento, pero aunque la cinta sea de ciencia ficción tiene que parecer creíble, y los decorados novecentistas y setenteros (ojito a los coches, eléctricos, eso sí) no me transportan a la época que pretenden reflejar. Supongo que las subvenciones no daban para más.

Me parece que no me dejo nada. Si tienes uno de esos días en los que te apetece ver una futurista, alquila (ja, qué optimista soy), "Yo, robot", la de Will Smith, bastante bien inspirada en los relatos de Isaac Asimov, que son de lo mejorcito sobre la inteligencia artificial y sus consecuencias. Y qué coño, "El doctor Frankenstein" de Karloff, o al menos la escena del monstruo y la niña. Verás que las comparaciones son odiosas.

martes, 8 de noviembre de 2011

"Apocalipsis Z", cuando la muerte es entretenida

Vaya por delante que la versión que he leído es una digitalización con fecha de este año, y creo que se ha hecho a partir de una edición en papel primeriza, porque he encontrado erratas y faltas de ortografía varias, lo que no deja de ser una lástima, porque resta calidad y credibilidad al, para mí, formato del futuro: el ebook. También al autor (no lo negaré), Manel Loureiro, pero más a la editorial responsable, que no sé cuál es porque en mi versión no lo pone. El que quiera que investigue.


Esta novela tiene 311 páginas, pero la maquetación espaciosa engaña, de modo que no resulta tan larga. Además, hay otros factores que aceleran la lectura, como la elección de un narrador autodiegético o protagonista (primero como entradas de blog y luego de diario), y que la acción es continua; hay algún momento para la reflexión y la contemplación, pero son pocos y el lenguaje no es complicado. El autor es (o era) abogado, y ha dado a su protagonista la misma profesión, de modo que queda justificado el lenguaje utilizado, sin florituras, muy cercano, cosa que contribuye también a hacer creíble el conjunto. Esta proyección en el personaje, este dotarle de rasgos propios (creo que no sólo la profesión de abogado) contribuye decisivamente a que resulte muy auténtico, muy de carne y hueso.

Loureiro hace lo mismo con el entorno, al utilizar su Galicia para ambientar este "Apocalipsis Z". Aplaudo su elección (quizá porque yo he hice lo mismo con mi primera novela) y su valentía por despojarse de complejos tristemente arraigados en nuestro país que nos impiden creer que aquí puedan suceder historias como las del cine yanqui, con sus monstruos y sus héroes. Los primeros pueden ser igual de terribles allí que aquí, y los segundos igual de valerosos y determinantes. Que en A Coruña se beba ribeiro no es obstáculo a una invasión alienígena, y que un tipo se llame Julio en vez de James no le inhabilita para salvar a la chica. Ya está bien de ponernos trabas imaginarias.

Dicho esto, Loureiro ha fusionado con éxito (mucho) realidad y ficción, apoyándose en su conocimiento de primera mano del lugar y los personajes humanos para suspender la incredulidad del lector y así provocar terror, porque no puede haber terror si no te crees la historia. Desgraciadamente, en mi caso no me aterró por culpa de la parte ficticia: los zombis. Puede que el problema sea que he leído el libro tarde, cuando los dichosos muertos vivientes ya están hasta en la sopa y disfrazados de Segura, Alaska y Rosi de Palma (¿o es al revés?). Me cansan, la verdad, porque es siempre lo mismo, y es muy difícil plantear situaciones verdaderamente sorprendentes con estos bichos. A esto no ayuda que el autor caiga en lugares comunes, y la tercera vez que uno lee "paisaje dantesco", "escena salida del infierno" y "este mundo se ha acabado, joder", casi mejor dejar de leer. ¿Y por qué no lo hice? Pues por los personajes vivos y porque tenía la esperanza de que Loureiro se tirara a la piscina con un final diferente; no es el caso, como atestiguan las novelas que salieron a continuación, "Apocalipsis Z, los días oscuros" y "Apocalipsis Z: la ira de los justos".

En resumen, esta novela es entretenida, y se lee fácilmente si aguantas estoicamente la descripción de vísceras desparramadas, amputaciones y fluidos sanguinolentos. El personaje principal y sus ocurrencias enganchan, sinceramente, y ver que Galicia puede ser un paisaje diferente al que todos conocemos bien vale leer unas cuantas páginas de este "Apocalipsis Z". Ni que decir tiene que si te gustan los muertos vivientes te lo acabarás gustosamente, si no, mejor ni lo intentes, no vaya a sentarte mal.

Trama: ***
Emotividad: ***
Lenguaje: **

viernes, 4 de noviembre de 2011

Ideas para promocionar una obra autoeditada

Pues si en muchas de mis entradas he intentado enseñar lo que sé de escribir, en esta voy a intentar lo que he aprendido sobre la tarea de promocionar lo escrito. Y lo primero que debo señalar es que es más complicado lo primero que lo segundo (al menos para mí, claro); es una putada no saber hacerlo todo, ¿pero qué gracia tendría vivir si no?

Bien, lo primero que recomiendo es estudiar tranquilamente las opciones o servicios de promoción que ofrece la "editorial" mediante la que has publicado tu obra. Por lo que he visto, la información pública que anuncian al respecto es bastante exigua. No te cortes y pregúntales, por teléfono o por email, todas las dudas que tengas, especialmente las referidas a contactos en medios, blogs y presentaciones públicas. Una vez estés convencid@ de la calidad y las posibilidades de dicho servicio, valora si te merece la pena contratarlo o no. Ya te adelanto que promocionarte tú mism@ exige mucho trabajo y acarrea bastante frustración, así que no descartes que lo hagan otros, pero asegurándote de lo que van a hacer.


En segundo lugar, préstale mucha atención a las posibilidades que ofrece Internet. No cometas el error de despreciarla; algun@s se escudan en eso para disculpar su desconocimiento y su falta de ganas para empezar a aprender. Al lío: Internet está en todas partes, así que si la aprovechas tienes acceso potencial a cualquier sitio. En primer lugar, considera la posibilidad de hacer un blog; si eres capaz de crear contenido puedes hacerlo. Crear uno es bastante fácil, porque los sitios que los apadrinan (blogspot y wordpress son los más conocidos) ponen plantillas a tu disposición para que le des el aspecto que quieras (dentro de unos límites, claro). Una vez lo hayas creado expón partes de tu obra, explica cómo la pariste, cuánto te llevó, cosas que te inspiraron... Si el contenido es bueno obtendrás visitas, que sabrán de ti y de tu obra: compradores potenciales. El problema es que es probable que acabes teniendo que promocionar tu obra y tu blog.

En segundo lugar, hazte un hueco en las redes sociales. Crea un perfil "profesional" como autor(a) o házselo directamente a tu obra, en facebook y twitter; hay que estar ahí, se siente. Cuando lo tengas, busca a amigos y familiares, conéctalos y empieza a publicar contenido, a ser posible relacionado con tu obra. Busca también grupos afines a lo que has escrito y únete a ellos para que vean tus publicaciones. Si lo que escribes gusta acabará llegando a más gente, así que no escribas tonterías (a no ser que tu obra sea cómica).

Escribe a blogs (y revistas digitales) especializados informándoles de la publicación de tu obra y añade un breve resumen de la misma, así como un par de capítulos. No hagas más porque muchos no te contestarán nunca y habrás perdido el tiempo. Eso sí, a los que te respondan envíales lo que has escrito; no temas que no les guste o te pongan a caldo, porque siempre es bueno que terceras personas te lean. En el peor de los casos aprenderás por qué no les ha gustado, y eso es muy útil. Si lo que esperas es que todo el mundo alabe tu genio dedícate a otra cosa.

Investiga las webs de editoriales; algunas permiten añadir contenido y/o comentarios. Puedes ser un pequeño escaparate para ti y/o para lo que escribes.

Y en un plano más tradicional, escribe a revistas y suplementos literarios una buena carta de presentación sobre ti y sobre lo que has escrito, pero busca llamar su atención, porque reciben decenas de correos al día de verdaderos profesionales de la promoción que saben hacer las cosas (después de todo es su trabajo) y venden a escritores y escritoras de mucho peso. Para ser sincero: o haces algo EXTRAORDINARIO o no te van a hacer ni puto caso. Pero la esperanza es lo último que se pierde.

Por último, intenta realizar algún pequeño evento en librerías, clubes o cafés, anúncialo con tiempo y coméntaselo a todos los que puedas; consigue gente, no importa si son papá, mamá, los abuelos y tus primos del pueblo. Tanto si vas a vender mucho como si vendes poco, terminar una novela es una tarea difícil que merece una pequeña fiesta, y a las fiestas van las personas queridas.

Un último consejo: cree en ti y en lo que has escrito, porque si no lo haces nadie lo hará, pero no te conviertas en un(a) jilipollas arrogante incapaz de aceptar una crítica bienintencionada. Pero claro, si resulta que al final todo el mundo acaba adorándote, ¿cómo evitarlo?

martes, 1 de noviembre de 2011

Cae la noche, una vez más

Hoy 1 de noviembre de 2011 se ha puesto a la venta Génesis, el segundo volumen de mi trilogía "Cuando cae la noche". Hoy puedes empezar a descubrir quién fue Adrian Wolff, el protagonista de la saga, antes de convertirse en vampiro.


En la primera novela, Ascensión, la desaparición de uno de los inmortales más poderosos de Madrid y de España, llevó a la búsqueda de alguien ajeno a los intereses del lugar que investigara el caso aportando una perspectiva diferente, objetiva, desinteresada. Ese alguien fue Adrian Wolff, un vampiro alemán relativamente joven, ambicioso y plenamente convencido de que los humanos sólo valen como siervos o como alimento.

A lo largo y ancho de este blog he tratado sobre los personajes y la trama de dicha obra, utilizándola para ejemplificar algunas de las cosas que he aprendido como escritor a lo largo de más de 25 años, porque creo (con razón o sin ella) que inicié ese camino cuando a la edad de 11 añitos terminé mi primera novela. Desde entonces, con mayor o menor intensidad, con más o menos suerte, me he dedicado a escribir. Me gusta contar historias, reales o ficticias, y me atrevería a decir que se me da bien.

La historia de "Cuando cae la noche" surgió porque hace ya 12 años me fascinó el mito del vampiro, porque siempre me ha fascinado el tema del Pacto: dar una cosa a cambio de otra. Soy de los que creen que todos tenemos un precio, pero el dinero no es la única moneda de cambio que existe. El amor, el poder, la vida eterna... ¿Qué darías tú por conseguir algo de eso? ¿Y si existiera la posibilidad de que no pagaras tú el precio, de que lo pagaran otros? ¿Con sus vidas? Tú solo serías el "colmillo" ejecutor... ¿Aceptarías?

Adrian Wolff aceptó. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quién le ofreció el trato? Si quieres conocer las respuestas a estas preguntas; si quieres saber lo que puede llevar a un hombre a renunciar a su vida mortal; si crees, como yo, que todos tenemos un precio, dale una oportunidad a esta novela.

Yo te daré las respuestas que te falten en la presentación que habrá este sábado 12 de noviembre. ¿Truco?¿O trato?