martes, 17 de enero de 2012

"El topo" versus "MI-Protocolo fantasma": espías de ayer y hoy

Quiso el destino que un jueves viera "El topo", la peli de espías de Tomas Alfredson basada en una novela del genial John le Carré, y al jueves siguiente la de "Misión imposible-protocolo fantasma", de Brad Bird. Y creo que ver seguidas dos cintas de espías tan diferentes ha sido más enriquecedor que hacerlo por separado, porque permite compararlas y comparar las épocas y los estilos a que pertenecen.

La primera se ambienta en la Guerra Fría, en la década de 1970, donde todo se hacía de forma soterrada, oculta, porque si no, o te detenían o te pegaban un tiro. Era una época en la que sólo había dos bandos, con ideologías opuestas (¡ay, ganó el capitalismo!), pero con los mismos métodos para defenderlas: ambos mataban, ambos torturaban, ambos escuchaban, ambos maquinaban... Y ambos traicionaban. Pero todo sin alharacas, sin estrépito, sin llamar la atención. La película refleja fielmente ese proceder y a sus personajes, pintándolos con una pátina gris, de miseria interior sempiterna, empezando por el protagonista, George Smiley, magníficamente interpretado por Gary Oldman. Él y toda su panda de espías son hombrecillos tristes, contenidos, cuya vida profesional engulle a cualquier otra, por lo que su felicidad depende directamente de aquella. Al verlos, especialmente a quienes forman parte del alto mando, el espectador tiene la sensación de que han olvidado por qué espían; lo han convertido en un juego y quieren ganarlo a toda costa. No espían por un mundo mejor, su mundo, sino simplemente por derrotar al rival. Y son fríos, fríos hasta el tuétano, porque no hay otra forma de ser si quieres pertenecer al MI5 y ascender por él. Smiley sólo aparenta ser humano cuando cree que tiene que hacerlo; es un acto calculado fríamente también, salvo cuando está solo y nadie mira. Entonces la máscara que tiene por rostro desde hace años se resquebraja un poquito.

Y en ese juego de espías todo es leeeeento, porque todo se piensa muuuuucho. Y así les ha quedado la película: leeeeenta. Mucho primer plano para que veamos los buenísimos actores que son todos al mostrar espléndidamente sus conflictos internos, con escenas de acción que son más bien fogonazos, tiros en a cabeza. No hay acción en la que recrearse, porque si te recreabas entonces la palmabas.

Por su parte, "Misión imposible-protocolo fantasma", es una peli de superhéroes, pero que llevan la ropa interior por dentro, porque no veo otra forma de explicar las proezas que realizan sus protagonistas, empezando por un Tom Cruise pelín viejuno (ya me gustaría a mí), que se ha convertido en el único tío capaz de vencer a Batman en un duelo de machos. Sarcasmos aparte, al director, Brad Bird ("Los increíbles", fantástica fusión animada de James Bond y superhéroes), le importa un carajo la realidad y nos cuenta lo que él cree que tendría que ser el mundo de los espías: tíos guapos y acrobáticos, mujeres guapas y acrobáticas, tecnología avanzadísima, lugares exóticos y planes espeluznantes. Es la visión de la cámara de cine frente a la visión de la máquina de escribir, ya que hasta las novelas de Ian Fleming, creador de James Bond, eran comedidas frente a sus pirotécnicas versiones cinematográficas. En esta cuarta entrega de Misión imposible el mundo peligra, pero es el mundo en general, no una parte. Y es por culpa de un solo hombre, no de un país, o una empresa, o una ideología. Es culpa de un supervillano, el único que puede plantar cara a Cruise y su sonrojante superioridad inhumana (para algo es productor de la cinta). Y es superior en todo, ojo, por dentro y por fuera. He aquí una prueba poco evidente, pero esclarecedora: a George Smiley le abandona su mujer por triste y por vivir para su trabajo; Ethan Hunt abandona a su mujer para no ponerla en peligro por ese mismo trabajo. 

Con esto no quiero decir que la peli sea mala; es una peli de superhéroes buenísima, muy entretenida, con unos efectos especiales asombrosos, unos gadgets chulísimos y unas localizaciones fantásticas. Eso sí: a mí las escenas de acción me parecieron tan largas que me resultaron pesadas, en la misma medida que el ritmo parsimonioso de "El topo" me cerraba los ojos.

Y a modo de conclusión me pregunto: ¿por qué cojones no escogieron a Tom para interpretar al nuevo Superman? ¡Si solo le falta la capa!

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