viernes, 3 de febrero de 2012

"Farenheit 451". Ya no hace falta quemar libros...

No creo que a estas alturas pueda contar algo nuevo sobre esta novela, casi un relato largo, escrito por Ray Bradbury y publicado por primera vez en 1953. Pero como dicen que los clásicos siempre son actuales voy a intentarlo.

Empezaré por el título, soberbio donde los haya porque casi nos está contando el libro sin necesidad de abrirlo: 451º Farenheit es la temperatura a la que el papel se prende y arde. En inglés es magnífico, pero la traducción que se hizo al español no me convence. Tal vez fue una imposición del autor o de la editorial, porque no entiendo que no tradujeran realmente el título buscando el equivalente en la escala de temperatura Celsius que usamos aquí y en buena parte del mundo, de modo que la novela se llamara "233 ºC" o "233 grados". Creo que incluso me hubiera parecido más correcto titularla "451 Farenheit", puesto que en español se dice primero el número y luego la unidad. Nadie dice aquí "el agua hierve a grados Celsius 100", pero en fin, creo que es un poco tarde para abrir un debate sobre esta cuestión (además, seguro que alguien lo hizo antes, con escaso éxito, evidentemente).


La edición que he leído es la undécima reimpresión de la de Minotauro de 1996, traducida por Francisco Abelenda. Es muy agradecida porque incluye un posfacio del propio Bradbury donde cuenta la génesis de la obra, así como un par de relatos suyos, "El parque de juegos" y "Y la roca gritó". Pero la chicha está en la novela, una de las primeras del subgénero de CF distópica, cuando creo que ni siquiera sabían lo que era eso, como Shelley no sabía que inauguraba la CF cuando escribió su "Frankenstein o el moderno Prometeo".

"Farenheit 451" nos traslada a una sociedad futura donde el ser humano vive en un estado de estupidez y sometimiento permanentes gracias a la retransmisión constante de programas de entretenimiento, a la desinformación absoluta, al miedo, a divertimentos suicidas y a la prohibición de la lectura. Todo narrado desde el punto de vista de un bombero, que en este mundo se dedica a provocar fuegos quemando libros en vez de a extinguirlos. El desarrollo de esta imagen, de esta ironía, da lugar a una profunda reflexión sobre los beneficios de la lectura y su capacidad para "encender" ideas. Los bomberos de la obra extinguen el pensamiento a fuerza de quemar aquello que lo prende: los libros.

Pero no es sólo que estos artilugios contengan conocimientos, es que la manera de extraerlos también es peligrosa en esa sociedad, porque se hace despacio, y al hacerse despacio invita a reflexionar y a hacerse preguntas. El mundo de "Farenheit 451" es rápido y fugaz, lleno de carcajadas estruendosas, de coches veloces, de programas olvidables precedidos y continuados por otros igualmente superficiales. Ese estado de excitación permanente, pero improductiva, es lo que permite a un gobierno del que no se habla reinar sin oposición y sin cuestionamientos. Y si nadie cuestiona nada, todo el mundo es feliz. ¿Por qué querer otra cosa si no me planteo que las hay? ¿Por qué detenerme un rato a pensar sobre mi vida cuando puedo coger un coche de carreras o ver un divertidísimo programa en una tele gigantesca? ¿Por qué esforzarme en algo si ya me esfuerzo en el trabajo? El resto del tiempo es para disfrutar y despreocuparse, para dormir.

Me acongoja pensar que en 1953 Ray Bradbury ya veía ese futuro, tan similar a nuestro presente. La novela está llena de frases precursoras:
-"Los clásicos reducidos a audiciones de radio de quince minutos; reducidos otra vez a una columna impresa de dos minutos, resumidos luego en un diccionario en diez o doce líneas [...] Del jardín de infancia al colegio, y vuelta al jardín de infancia. Ese ha sido el desarrollo espiritual del hombre durante los últimos cinco siglos."
-"Resúmenes, resúmenes, resúmenes. ¿La política? Una columna, dos frases, un titular. Luego, en pleno aire, ¡todo desaparece! ¡Las manos de los editores, explotadores, directores de radio bombean y bombean, y la mente del hombre gira con tanta rapidez que el movimiento centrífugo lo libra de todo pensamiento inútil, de días y días malgastados!"
-"¿Y no era ese mismo compañero brillante al que golpeaban y torturaban al salir de la escuela? Claro que sí. Todos debemos parecernos. No nacemos libres e iguales, como dice la Constitución, nos hacemos iguales. Todo hombre es la imagen de todos los demás, y todos somos así igualmente felices [...] La conclusión es muy sencilla. Un libro, en manos de un vecino, es un arma cargada. Quémalo. Saca la bala del arma."
-"Que la gente intervenga en concursos donde haya que recordar las letras de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de los Estados, o cuanto maíz cosechó Iowa el año pasado. Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes."
-"El público mismo abandonó la lectura espontáneamente. Ustedes los bomberos dan de cuando en cuando su espectáculo de circo."

Qué más decir cuando Bradbury dijo todo esto hace casi sesenta años, con un lirismo sorprendente en varios momentos de la novela (repletos de una erudición notable y relevante), absolutamente imprescindible porque se disfruta con lo que cuenta y con cómo lo cuenta.

Trama: ****
Emotividad: ****
Lenguaje: ***

5 comentarios:

  1. No es mi libro favorito de Bradbury (está entre Crónicas Marcianas y el Vino del Estío) pero me encantó el artículo. Bradbury, un visionario, y un milagro viviente (porque sigue vivo ¿verdad?)

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  2. Esta frase "Que la gente intervenga en concursos donde haya que recordar las letras de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de los Estados, o cuanto maíz cosechó Iowa el año pasado. Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes" habría que escribirla en las paredes a ver si despiertan un poco de esa proliferación de programas de preguntas y respuestas que premian con sórdidas cantidades de dinero. Yo no creo que eso sea conocimiento, es sólo acumulación de datos. Me niego rotundamente a llamarle "cultura general". Por mucho tiempo cuando era una niña me dediqué a ser un ratón de biblioteca, a leer diccionarios y enciclopedias, pero en algún momento me dí cuenta de que, como diría Heráclito, "la mucha erudición no entraña sabiduría".

    Otra paradoja es que hoy vivimos en la sociedad de la información y sin embargo, todo el mundo busca anestesiarse de la realidad. Nos sobran noticias de último momento, pero no conmueven porque dentro de una hora volverá a sucederse repitiéndose ad infinitum la oleada de información. Compramos el diario todos los días pero no podemos tener una postura seria y formada frente a nada. Hoy se ha perdido la capacidad de reflexionar. En los medios de comunicación es mala palabra decir "yo no sé", reina la opinión antes que el saber.

    Casualmente hoy recordé este libro. Pensaba en que si había una forma en que yo debía morir era como la mujer de esta novela, haciendo una pira con los libros y dejándose arder. Creo que a medida que mi vida avanza, solo hay algo con lo que me identifico cada vez más: con los libros que he leído y con los que desearía leer.

    Gracias por nombrar nuevos libros adonde asomarse, esos dos de Sheller que dijiste.

    Un abrazo.

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  3. Sigue vivo, Foxman (crucemos los dedos). Mi favorito es "Crómicas marcianas", efectivamente, quizá porque me resulta menos amargo que este "Farenheit".

    Vasalisa, la frase era profética (aunque es probable que ya en 1953 se viera venir el fenómeno de los concursos de "loros". Bradbury también fue ratón de biblioteca, y se nota en el libro. Pero olvidémonos de arder en una pira, ¿vale? Tengamos un poco de esperanza, como al final de la novela.

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  4. Mi libro favorito de Bradbury es Cronicas Marcianas y un libro de ensayos que se llama: Zen y el arte de escribir  (amazon) El libro tiene varios articulos muy buenos. Cuenta como empezo a dedicarse a la escritura, cuando alquilaba una maquina de escribir en una biblioteca. Es un verdadero genio.

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  5. En esta edición de "Farenheit" también escribe esos inicios. Está claro que le gustaban las letras desde niño y se dedicó a ellas en cuerpo y alma. Trabajo y talento.

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