domingo, 13 de mayo de 2012

"Historia de dos ciudades", ¿seguro que se escribió en 1859?

Qué fantástico y esclarecedor es leer o releer ciertos clásicos en el momento justo, y qué lástima es comprender que repetimos los mismos errores una y otra vez, por mucha historia que leamos. La acción que nos relata Dickens en esta NOVELA transcurre en los años previos a la Revolución Francesa, en 1789, pero si un@ se abstrae de ese contexto histórico...


"Pues aquellas estancias, aunque hermosísimo espectáculo digno de verse, ornadas con cuanto en punto a decoración podían proporcionar el buen gusto y el arte de la época, carecían, en verdad, de toda consistencia. Consideradas con relación a las turbas de descamisados que pululaban por doquier con sus andrajos y sus gorros de dormir (y no muy lejos, por cierto, ya que las vigilantes torres de Notre Dame, equidistantes casi de los dos extremos, podían muy bien contemplar uno y otro), habrían revestido un cariz sumamente inquietante si alguien en casa de monseñor hubiera sido capaz de inquietarse por cosas tan nimias. Militares de alta graduación horros de todo saber y ciencia militar; oficiales de marina sin la menor idea de lo que es un barco; funcionarios ignorantes de los negocios públicos; clérigos desvergonzados, mundanos hasta el colmo, de ojos sensuales, lengua suelta y vida licenciosa; todos de lo más inepto y negado para las vocaciones que representaban, tremendos embusteros en su afectación de pertenecer a ellas; pero todos, próxima o remotamente, de la misma clase y prosapia de monseñor, y en consecuencia promovidos a un sinfín de sinecuras y cargos públicos en que todo eran prerrogativas y lucro... hay que decir que los de tal especie se contaban por docenas de docenas."

"-¡Muerto! -gritó el hombre en un arrebato de desesperación incontenible, levantando ambos brazos por encima de la cabeza y mirando de hito en hito al aristócrata-. ¡Me lo han matado!
La gente, arremolinada en torno, miraba al señor marqués, y todos aquellos ojos no expresaban otra cosa que la atenta expectación, la ansiedad propia del caso; no se advertía en ellos cólera ni hostilidad alguna. Tampoco despegaba nadie los labios; después del primer grito habían enmudecido, y mudos continuaban. La voz del que había hablado primero era anodina y mansa, en su extrema sumisión. El señor marqués paseó la mirada sobre todos ellos como si no fueran más que ratas salidas de los agujeros.
-Me sorprende -dijo, sacando su bolsa- que no sepáis cuidar de vosotros mismos y de vuestros hijos. Siempre tenéis que estar alguno por el medio, obstruyendo el camino. ¿Cómo puedo yo saber si han sufrido algún daño mis caballos? ¡Toma! Dale eso.
Arrojó una moneda de oro para que la recogiese el lacayo y todas las cabezas se inclinaron para verla caer.
-¡Muerto! -volvió a gritar el hombre alto con tono patético y desgarrador [...]
Tan acobardados vivían todos y tan larga y penosa era su experiencia de las injusticias que personajes como aquel podían cometer, al amparo de la ley o al margen de ella, que ni una voz, ni una mano, ni siquiera una mirada osó levantarse."

"-La represión es la única filosofía duradera. Ese respeto ciego del miedo y de la esclavitud, amigo mío -observó el marqués-, mantendrá a los perros obedientes al látigo mientras ese techo -miró hacia arriba- nos resguarde del cielo inclemente."

Y entonces llegó la Revolución Francesa. Tomen nota.

Lenguaje: *****
Trama: ***
Emotividad: ****

2 comentarios:

  1. Se puede decir más, pero no mejor, sobre "Historia de dos ciudades". Y se dice, más aunque tal vez no mejor, en la reseña de "La novela antihistórica" http://www.lanovelaantihistorica.wordpress.com.
    Dickens supo abstraerse de todo, superarse a sí mismo y a su clase social, lo bastante como para decir a sus lectores, de los que vivía, y bastante bien: "dejen sueltos a unos cuantos Saint-Evrémondes por el Mundo y, tarde o temprano, tendrán una guillotina sedienta de sangre, insaciable, en la que puede que acaben vds. mismos por acción o por omisión ante esos desmanes".
    Aunque sólo fuera por eso deberíamos leer esa novela dos veces al año como Mark Twain decía que lo hacía.

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    1. Muchas gracias, Administrador. Ciertamente podría contarse más (gracias por hacerlo, por cierto), porque es una de esas novelas que justifica completamente si voluminosidad, no como los best sellers de hoy día, con mil páginas que podrían dejarse en doscientas.
      Abrazos.

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