viernes, 4 de mayo de 2012

"Soy leyenda" se hace muy corto

Fue lo primero que me vino a la cabeza al terminar esta novela corta de Richard Matheson, apenas 180 páginas en la Colección Booket de Ediciones Minotauro traducida a un español mal construido por Manuel Figueroa. Supongo que por siete euros no se pueden pedir más a una edición en papel (de ese con el que te limpias el culo después de una noche de resaca y un café).


Soy leyenda se publicó por primera vez en 1954, así que es probable que lo único nuevo que pueda escribir al respecto lo haya hecho ya en el párrafo anterior, pero aun así probaré suerte. La historia transcurre en el apocalíptico futuro de 1976 (que hoy sabemos que no fue tan malo) en el que Robert Neville, el protagonista, es el único hombre vivo sobre la tierra. Más o menos. La historia está contada en tercera persona, con un narrador omnisciente que relata la monótona existencia de Robert, plagada de rutinas y pensamientos pesimistas. Lógicamente, abunda más la introspección que el diálogo, pero al no recrearse en detalles innecesarios ni repetir cantinelas capítulo tras capítulo, la narración transcurre sin apenas pausas. De hecho, todo parece desarrollarse demasiado rápido, incluyendo la tediosa investigación que realiza el protagonista para tratar de averiguar a qué se debe el vampirismo.

Ese es uno de los grandes méritos de esta pequeña novela: proporcionar un origen bacteriano, científico, al vampirismo, cuando siempre se había considerado una especie de maldición sobrenatural. Pero para lograr que la explicación resulte verosímil, Matheson crea unos vampiros menos poderosos y fantasiosos de lo habitual, de modo que los suyos no se transforman ni en niebla, ni en animales, ni tienen miradas hipnóticas. Sus vampiros son muy resistentes, longevos, no soportan el ajo y son vulnerables a la luz del día, de modo que todo puede achacarse a los cambios fisiológicos que experimentan una vez contagiados.

La otra novedad que aporta Matheson al vampiro literario es que lo convierte en una criatura amoral en vez de inmoral. Tal y como deja entrever en "Soy leyenda", el vampiro no es el monstruo que se creía hasta entonces por alimentarse de sangre humana y vivir en la oscuridad, sino que se trata de un ser vivo con tanto derecho a existir (y a luchar por su existencia) como cualquier otro. Que sus necesidades sean diferentes a las de los seres humanos lo coloca en un plano de la moral diferente al nuestro, por lo que nuestros preceptos y leyes no son aplicables a ellos, del mismo modo que no se les pueden aplicar a los leones o a los tiburones. Desgraciadamente, Matheson desarrolla muy poco esta cuestión, que queda relegada al final como una especie de revelación que tiene el protagonista. Me hubiera encantado que el autor hubiera escrito "Soy leyenda" con algunos años más (sólo tenía 28 cuando se publicó), porque seguramente habría tenido más experiencia y más recursos, de modo que habría desarrollado mejor esta obra que acaba pareciendo un cuento largo y no una novela que estilísticamente apenas tiene nada reseñable. Sus méritos están en el contenido, en lo que cuenta y no en cómo lo cuenta, aunque su concisión narrativa consiga pasajes bastante intensos.

En definitiva, una gran historia que daba para mucho más y por la que ha pasado el tiempo. De nuevo se trata de una obra que hay que poner en su contexto para poder valorar con justicia, que gustará a los aficionados a los chupasangres y los mundos posapocalípticos, pero que decepcionará a casi todos los demás.

Trama: ****
Emotividad: ***
Lenguaje: ***

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