martes, 3 de julio de 2012

El arte del balompié

Es posible que algunos puristas pongan el grito en el cielo por esta entrada, parida por un "cultureta" como yo. Quizá se indignen porque yo también haya caído víctima del opio del pueblo de nuestros días, el fútbol. Pero es que estos jodíos que tenemos por jugadores en nuestra selección hicieron que el partido del pasado domingo contra Italia no fuera un deporte, sino un arte. Después de todo, ¿qué define el arte? No voy a meterme en ese jardín porque no conseguiría salir ni armado con dos machetes y la compañía de Sánchez Dragó, pero si entre sus características básicas se encuentra la belleza (para mí, al menos), no hay más cojones que meter esa final de la Eurocopa en el mismo saco que la pintura, la danza, la música y, por supuesto, la literatura.

De fútbol sé más bien poquito, la verdad. No soy aficionado, aunque me encanta jugar desde que era crío (¡qué futbolista se ha perdido el mundo!). Tampoco soy de ningún equipo en particular, lo que me permite disfrutar de este deporte de una manera bastante aséptica y, por ello, menos intensa (pasa como con el sexo, que siempre se disfruta, pero cuando además hay amor ya es la hostia). Ahora bien, cuando juega la selección española me salen los colores y sufro y me alegro como el que más. No tiene por qué ser algo raro: también me indigno enormemente cuando me entero de las barbaridades que hacen algunos con y en este país y comparto los éxitos de cuanto español vaga por ahí, siempre que lo haga limpiamente, como debería hacerse todo (menos, otra vez, el sexo).



Total, que el domingo me lo pasé como un enano viendo a nuestros jugadores meter pases entre líneas, hacer regates imposibles, darse carreras inhumanas y marcar goles antológicos. Todo eso, además, con una frialdad que me desconcierta, porque cada vez que hacían uno de sus ronditos en cuatro metros cuadrados, acosados por los futbolistas italianos, me preguntaba cómo podían arriesgarse a perder un balón con tanta sangre fría. Si eso no es arte, que venga Miguel Ángel y lo vea.

Supongo que el símil de los equipos de fútbol y las orquestas se habrá empleado infinidad de veces por esos grandes pateadores del idioma que son los periodistas deportivos (sí, Sara, estoy pensando en ti, como hace cada noche la mitad de España), y me parece muy acertado. El pizzicato de los violines en el centro del campo, la contundencia de la percusión en la defensa, las filigranas del viento en la delantera, la maestría de la dirección en el banquillo... Y los impresionantes coros en los millones de hogares cantando "¡gooooool!".

Peeeeero... no todo van a ser halagos, porque quiero evitar un final empalagoso. Esta gran victoria deportivo-artística ha tenido sus puntos negativos. El primero es que cada uno de los jugadores de nuestra selección cobrará (o ha cobrado ya) 300.000 euros por ganar la Eurocopa de manos de la Real Federación Española de Fútbol. Ese dinero no saldría de las arcas del Estado (y por tanto de los contribuyentes), pero me pregunto si tal y como están las cosas debe premiarse tantísimo a alguien que, al final, nos representa a los españolitos más que muchas instituciones. El asunto se vuelve más hiriente cuando uno se entera de que, debido a los acuerdos que tenemos con Ucrania y Polonia, los jugadores podrían tributar por esas primas en dichos países en vez de aquí, lo que a ellos les saldría menos gravoso mientras que la Hacienda española no vería ni un euro.

La segunda pega es que, al día siguiente, los telediarios solo "informaban" del partido, como si no hubiera más noticias en España. Yo soy de los primeros que exigen más optimismo en los informativos (entre otras muchas cosas, como imparcialidad, rigor...), pero es exagerado borrar toda la actualidad de un país por una competición deportiva, por mucho arte que tuviera. Así nos marcan los goles que nos marcan.

2 comentarios:

  1. Pues al final sí han tributado. entre un 53-56% dependiendo de la comunidad autónoma del futbolista. Así que ya puedes seguir recordando el partido sin sentirte tan mal :)

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  2. Bueeeeno, mira tú, un pirata constatando que otros no lo son ;)

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