jueves, 19 de julio de 2012

El ojo y la mano o la importancia de saber qué uso darle a algo

El pasado 17 de julio informaron de que unos investigadores yanquis y otros españoles coordinados por el director del Centro de Medicina Regenerativa, Juan Carlos Izpisúa, habían logrado convertir células de sangre del cordón umbilical en células neuronales en muy pocos pasos, dificultando así que dichas células desarrollaran algún tipo de cáncer a causa de su manipulación. Las aplicaciones futuras de este procedimiento pueden ser realmente positivas... o terriblemente siniestras.

Hace miles de años los antepasados del ser humano se pusieron a utilizar herramientas, básicamente palos y piedras. Unos las empleaban para alcanzar frutos de los árboles a los que no llegaban sin ayuda, y otros decidieron usarlas para arrebatarles las frutas a esos mismos precursores. El mismo utensilio tenía dos aplicaciones diferentes, ambas provechosas, aunque una resultaba bastante perjudicial para las cabecitas de una parte de la comunidad homínida. Con los siglos, el provecho potencial de las herramientas ha ido en aumento, y hemos pasado de coger cuatro peras a cosechar miles de hectáreas. Pero claro, también hemos pasado de romperle la crisma a un neandhertal, a desintegrar a cien mil personas a la vez.


De un tiempo a esta parte damos más importancia al desarrollo de las Ciencias que al aprendizaje de las Humanidades. Cosas como la Historia, la Filosofía o la Ética han sido desterradas al osario del conocimiento inútil, mientras que las Matemáticas, la Física y la Química se ensalzan como saberes deseables por su utilidad material. Dicho en plata: la química puede producir medicamentos y su venta riqueza; la Filosofía solo genera dolores de cabeza y dudas existenciales de nulo valor práctico. ¿Pero qué conocimientos nos dicen cómo emplear los productos obtenidos mediante las Mates, la Física y la Química? ¿Por qué no emplear el procedimiento de transformación de células de cordón umbilical en neuronas para hacerme más listo? ¿O en crear una computadora biológica compuesta de millones de millones de neuronas que haría todo tipo de cálculos en un santiamén? Esto es ciencia ficción de momento, pero también lo fueron los motores eléctricos y de explosión anticipados por Julio Verne que hoy mueven automóviles y carros de combate.

No es buena idea despreciar las Humanidades y dejar que las Ciencias nos dirijan, en vez de ser nosotros quienes las dirigimos por donde creemos oportuno. Hay pocas escenas más desoladoras que la de un pueblo primitivo conquistado por los avances tecnológicos del presente por no haber pasado antes por cada uno de los escalones que llevó hasta la cima. Yo he visto aldeas tailandesas postradas ante el poder hipnótico de la televisión, cuyas antenas sobresalían de las chozas como si fueran las garras metálicas de un dios ciego ansioso de adoradores. No quiero ni pensar lo que ocurriría si les dieran un colisionador de hadrones. El bosón de Higgs sería la menor de nuestras preocupaciones.

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