martes, 17 de julio de 2012

Mutaciones terroríficas: de escritor a gurú

El pasado 12 de julio di una charla sobre los vampiros en la literatura en la sede madrileña de Ámbito Cultural en El Corte Inglés de la calle de Serrano. Como ponente me resultó muy interesante, como ya me lo parecieron las que di en FNAC de Murcia y Alicante, y me gusta creer que también gustó a los asistentes. Comento esto porque en las charlas que son precisamente eso, y no clases magistrales, siempre hay un enriquecedor intercambio de ideas que ayuda a comprender algunas cosas y "a darle al tarro", gloriosa metáfora de "devanarse los sesos".

¡Qué planta y qué saber estar!

En ese último debate que comento, donde se habló no solo de vampiros, sino también de ebooks, autoedición y del panorama editorial español, uno de los asistentes me preguntó cómo podía lucharse contra la piratería cuando el escritor, al contrario que el músico, no tiene la posibilidad de dar recitales como forma alternativa de obtener ingresos. Después de todo, el escritor gana un porcentaje de los libros que vende, y punto. ¿Seguido? Pues sí, seguido, porque quien escribe también puede hacer "bolos", y sirvan de claro ejemplo mis charlas comentadas. Sus beneficios económicos se derivan por un lado del estipendio acordado con el foro correspondiente y, por otro, de que los asistentes compren los libros del autor para conocer su obra. Total, que una labor genuinamente introspectiva como la de escribir se complementa con una mucho más extrovertida que lleva al autor a convertirse en una de las criaturas más terroríficas e insustanciales de los tiempos que vivimos: el gurú.

Este término religioso tradicionalmente positivo ha acabado formando parte del arsenal de la ironía y el sarcasmo por culpa de unos cuantos genios de la mercadotecnia que se lo adjudicaron para vender aire (o motos) con mayor autoridad. A poco que uno escuchara y analizara los discursos de estos estafadores modernos se daba cuenta de que el contenido útil brillaba por su ausencia. Total, que si a día de hoy a uno le consideran un gurú, pueden estar alabándole o insultándole: o de verdad sabe un huevo de su especialidad, o no tiene ni puta idea de nada pero me está vendiendo lo contrario.

Sea como fuere, uno puede ganar dinero siendo un gurú, bien impartiendo conferencias, bien escribiendo libros sobre cómo sobrevivir a la crisis, o como tertuliano en la tele. Y es muy probable que al escritor no le quede más remedio que convertirse en uno para ganarse la vida. Que nadie piense que los autores viven exclusivamente de sus libros, porque se llevarán un chasco, y no digo esto para desanimar a nadie con aspiraciones literarias. Un escritor y editor español me abrió los ojos hace meses con este ejemplo: un autor recibe un 10% (como mucho) de cada libro que vende; si el libro cuesta 20 euros se lleva 2 euros. ¿Cuántos libros tiene que vender al año para ganar un sueldo bruto anual de 30.000 euros? Pues 15.000 libros, y los escritores españoles que venden eso pueden contarse con los dedos de las manos, aunque ninguna editorial publica los ejemplares vendidos de cada título, quizá para que no estallen las envidias, los odios y las miserias.

Ya me veo en "La noria" explicando por qué Lucy Westenra practicaba el bestialismo o por qué a Adrian Wolff le gustan los garitos de Lavapiés. ¿Querrá el Darwinismo que evolucione de novelista a gurú? Miedito.

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