jueves, 13 de diciembre de 2012

"A salto de mata" hace fácil lo difícil

Decidí leer esta novelita autobiográfica de Paul Auster a raíz de un comentario que un anónimo dejó en una reseña que hice de otra obra del escritor estadounidense. Me picó la curiosidad, y como tanto La trilogía de Nueva York como Brooklyn Follies me gustaron, pensé que pasaría un buen rato. Y acerté de pleno, pues sus escasas 172 páginas de la edición de batalla de Seix Barral me duraron apenas un par de días.

Pero hubo otra cosa que me impulsó a hacerme con este A salto de mata, y fue un pasaje concreto reproducido en la contraportada: "El escritor no 'elige una profesión', como el que se hace médico o policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, y una vez que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida."


Quien pase por este blog habitualmente ya sabrá que mi intención es dedicarme a esto del escribir (aunque, siendo sincero, llevo haciéndolo unos cuantos años), así que cuando leí las palabras reproducidas se apoderó de mí el narcisismo más absoluto, y esa sensación de que al leer A salto de mata estaría leyendo sobre mí mismo me empujó definitivamente a comprar el libro y a devorarlo. Si la identificación con el protagonista de cualquier historia es clave para conectar con ella y apreciarla, es lógico que esta me haya encantado. Mi objetividad periodística me permite, como mucho, señalar que quien no tenga mis inquietudes literarias encontrará esta autobiografía entretenida y de fácil lectura, pero poco más.

Ciertamente, los años mozos de Auster son bastante peculiares, o al menos lo son sus interlocutores, unos personajes marcados principalmente por el fracaso que parecen vaticinar el aparente destino del verdadero protagonista. Uno tras otro se sucede una lista de perdedores que viaja en el mismo tren que el escritor, tal vez con una idea más clara sobre donde están y donde van a terminar, porque Auster sabe adonde quiere llegar, pero no tiene ni idea de cómo hacerlo.

Y así, picoteando las oportunidades que se presentan aquí y allá, el escritor va sobreviviendo hasta que con 34 años una de sus flechas da en la diana y deja de dar bandazos. El caos es lo que gobierna en la vida, por mucho que nos creamos al timón. Tal vez podamos trazarnos un rumbo, pero los vientos tienen la mala costumbre de apartarnos de él, y solo perseverando mucho volveremos a la ruta inicial, sabe Dios cuánto tiempo después.

En cuanto al estilo, creo que, como siempre, tengo que destacar la sencillez en todo, que no es fácil de conseguir. La del lenguaje es la más evidente, pero también la de estructura, que no puede ser más lineal. Cronológicamente asistimos al crecimiento de Auster, que destaca los capítulos más anecdóticos de su vida y extrae de ellos lecciones e ideas importantes. Nada de recrearse en novietas, defunciones o amistades, que suelen ser los hitos en la existencia de cualquier persona. Él se detiene en encuentros casuales, en trabajos insustanciales y en aventuras banales, pero siempre provocando la sonrisa del lector, agridulce en muchas ocasiones.

Resumiendo: si eres de esas personas que tienen el gusanillo de escribir, esta A salto de mata debería estar ya en tu biblioteca, porque además resulta muy inspiradora. Si no, pasarás un rato agradable leyendo las peripecias de un joven y futuro gran escritor; que ya es mucho más de lo que ofrece la tele normalmente.

Lenguaje: ***
Trama: ***
Emotividad: ***

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