domingo, 2 de diciembre de 2012

De conferencias, charlas y otras aventuras

Este viernes 7 de diciembre daré, probablemente, la última charla del año sobre el vampiro como personaje literario. Después de hacerlo en Murcia, Valencia, Madrid y Barcelona, toca Valladolid, preciosa ciudad de grato recuerdo a la vista, el oído y el paladar. Y al margen del interés del tema en sí, para un@s mucho, para otr@s ninguno, ¿qué utilidad tienen las conferencias impartidas por escritores?

Es evidente que en el caso del escritor de renombre, un evento de este tipo sirve para ponerle en contacto con sus lectores, que tendrán ocasión de preguntarle, saludarle, babearle, etc. Pero cuando el escritor es menos conocido que los concursantes de "Gandía Shore", ¿entonces qué? ¿Alguien saca algo?

Yo he venido aquí a hablar de mi libro, bla, bla, bla...

Yo diría que los asistentes tienen la oportunidad de conocer un poco al conferenciante, y eso puede ser fundamental a la hora de apostar por sus libros. Saber qué tal se expresa, si resulta interesante, si sabe de lo que habla y, por tanto, de lo que escribe... Al verle cara a cara, el lector potencial puede hacerse una idea bastante buena del nivel del escritor. Es verdad que juzgar la obra por el autor no siempre resulta bien, pero es bastante mejor que no tener nada. Y con esto no me refiero al flechazo o al rechazo instantáneo que suele darse al conocer a una persona. Por ejemplo, Camilo José Cela nunca me ha caído bien, pero su calidad literaria es innegable, igual que la de Paco Umbral. Ninguno era simpático, pero ambos demostraban un conocimiento del idioma que adelantaba que sus obras estarían magníficamente escritas, como mínimo. Otra cosa es que te interesen los temas de sus libros.

¿Y el autor? ¿Qué obtiene el conferenciante de estos eventos? Publicidad, claro; visibilidad, aunque sea poca. Pero, sobre todo, creo que obtiene ideas y perspectivas diferentes a las suyas sobre el tema a tratar. Por mucho que sepa alguien de un tema, sigue sabiendo de él desde su propia subjetividad. Igual que cuando se mira un paisaje, dos observadores en dos puntos diferentes lo contemplarán de modos distintos. Apreciarán cosas que al otro se le escapa, no por saber más o menos (que también), sino por hacerlo desde un ángulo diferente. 

En este caso concreto de los vampiros literarios, siempre he salido de los eventos con ideas nuevas, con verdades que creía irrefutables vueltas del revés como un calcetín. Y eso vale mucho. Si a eso le añadimos unas copas de buen Ribera...

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