jueves, 29 de marzo de 2012

"Gloriana o la reina insatisfecha", premiada con justicia

Tenía ganas de leer este libro desde hace muchísimos años, cuando supe de Michael Moorcock y descubrí, tarde, que sus novelas más premiadas no eran las de su saga de Elric de Melniboné (curiosotas y ya), sino obras individuales que no conseguía encontrar en español por ningún sitio. Pero hace unos meses veo que Marlow, sello editorial de Edhasa, está publicando por fin esas obras, así que las compro y las devoro. Por ese lado, gracias. Ahora bien, cabe la posibilidad de que, sabiendo que eran novelas muy buscadas, hayan descuidado su edición en español pensando que a los lectores les iba a dar igual. Es aún más probable que la única consideración al respecto haya sido: "Vamos a sacarlas del modo más económico posible y punto".


El resultado es una traducción mediocre a cargo de Pedro Manuel Manzano, rematada por una revisión a vista de pájaro o directamente inexistente que cambia el nombre de los personajes de cuando en cuando, convierte todos los adjetivos en epítetos (total, los ingleses siempre los ponen antes del nombre), convierte "decimosegundo" en "doceavo" (ay, pupa), descuida los false friends (otra vez "deception" como "decepción") y siembra erratas alegremente. Si el libro fuera barato, pues vale, pero es que son veinte euros del ala por 570 páginas envueltas en tapa blanda... Más pupa, otra vez.

Así que la cal va para la editorial, que debería cuidar más los aspectos del producto en los que tiene algo que decir. La arena va para aquellos en los que ni pincha ni corta: la obra en sí, que me ha encantado. Con esta "Gloriana o la reina insatisfecha", Moorcock logró los premios World Fantasy y John W. Campbell Memorial, que no son precisamente moco de pavo, y creo que los merece. 

La historia transcurre en una especie de Imperio Británico de uno de esos universos alternativos a los que es tan aficionado, donde la reina ha logrado el sosiego de sus territorios, pero no de su cuerpo que, tal y como adelanta el título, no consigue satisfacer. Con ese punto de partida, el narrador cuenta cómo ambas situaciones pueden verse alteradas por una serie de incidentes y personajes maravillosamente descritos. Yo diría que es como si William Shakespeare hubiera escrito "Juego de tronos": intrigas palaciegas, traiciones, sensualidad, personajes poderosos (tanto masculinos como femeninos), diálogos y reflexiones brillantes, un lenguaje colorido y riquísimo... Creo que pasada la mitad del libro todo decae un poco, quizá porque hay una serie de maniobras argumentales tras bambalinas que Moorcock decide no contar, no sé si porque no quiso o porque no supo. El caso es que hay momentos en los que suceden cosas sin que sepamos cómo ni por qué, lo que produce esa sensación de "esto pasa porque al autor le ha dado la gana" tan perjudicial para la suspensión de la incredulidad.

Mi otro "pero" a la novela se debe a una alteración del final a manos del propio autor a causa de una serie de críticas (y, al parecer, de un desgraciado incidente) que no sé a ciencia cierta a qué versiones afectó. El caso es que Moorcock escribió un desenlace alternativo al original, políticamente más correcto pero, a mi juicio, menos apropiado al tono de la obra y a los roles de sus personajes. Esto me llamó mucho la atención porque la novela no es precisamente benévola con la política en general (ni con la particular de Gran Bretaña en que se inspira el de la novela), por lo que vi una doble moral más propia de yanquilandia que de nuestros vecinos del norte. Total, que vi reabierto un debate que ya traté en una entrada anterior y que creía tener zanjado en mi mente. Afortunadamente, hace nada he vuelto a reafirmar mi postura.

Concluyo: "Gloriana o la reina insatisfecha" es una novela imprescindible para l@s aficionad@s al subgénero fantástico adulto (y recomendable para aficionados a la lectura en general). Una verdadera gozada de leer para los amantes del lenguaje, con una trama que da para mucho más de lo que pudiera pensarse en un principio, y con unos personajes verosímiles y magníficos.

Trama: ****
Emotividad: ***
Lenguaje: ****

sábado, 24 de marzo de 2012

"Luces rojas", ojalá hubiera más

Pues sí, me encantaría que las pantallas de cine se llenaran de luces de estas, de las que entretienen, despistan, divierten y sorprenden (siempre que no hayas visto el tráiler). Tal y como yo lo veo, el título de la última cinta de Rodrigo Cortés le viene como anillo al dedo, y no sigo con el comentario para no destripar nada.


Tengo que quitarme el sombrero ante este director, guionista y montador, que no es precisamente novato, pero sí bastante joven, porque aparte de agradecerle el tipo de historia que ha contado (lejos de guerras civiles y comedias más o menos esperpénticas), tengo que agradecerle el ritmo con que lo ha hecho. Es verdad que en Estados Unidos se ruedan auténticas porquerías, incluyendo muchos blockbusters absurdos con un nivel cinematográfico parejo al de "Sálvame". Pero voy a tirarme a la piscina al afirmar que ningún otro país domina el ritmo de una película como yanquilandia. Ni el prometedor (lleva años siéndolo) cine chino, ni el iraní, ni el francés, ni el español, ni ningún otro. Casi cualquier basura hollywoodiense demuestra un gran conocimiento  de la velocidad, de las pausas y de los acelerones, así como de su correspondiente puesta en práctica. Yo supongo que Rodrigo Cortés ha visto muchísimo cine yanqui, y que también sea el montador me lo corrobora y me confirma que es un director como la copa de un pino, porque para mí ambas actividades están íntimamente unidas.

Si además de esto te rodeas de un elenco de actores de traca, es difícil (e injusto) que la peli no triunfe. Sigourney Weaver está absolutamente genial, y me alegro muchísimo de que alguien la haya recuperado, cuando parece que las actrices femeninas desaparecen de escena a partir de los 35, a no ser que se llamen Meryl Streep. Mi querida Ripley se basta y se sobra en un plano medio, en un plano corto, en un diálogo o en lo que quiera. Compadezco al pobre Cillian Murphy, el prota, que estando correcto (pelín pasado para mi gusto) desaparece de la pantalla cuando la comparte con esta señora. Creo sinceramente que, como buena alien, también se comería al gran Robert de Niro, pero no hay ocasión de comprobarlo. Él cumple con el papel muy adecuadamente, y consigue hacerse sentir hasta cuando no sale. La presencia es lo que tiene.

Los aspectos técnicos están perfectos: sonido, efectos, vestuarios... Nada que objetar. No tengo ni idea del presupuesto que han manejado, pero creo que lo han aprovechado perfectamente. Tampoco sé si ha habido subvenciones de por medio, la verdad, pero ese es otro tema.

La única pega que lo pondría a estas "Luces rojas" es el final, y no porque sea flojo o decepcionante, sino porque me hubiera gustado que Cortés lo contara de una forma más sutil, más elegante. Recurre al mismo recurso que la peli más tramposa (y sorprendente) que recuerdo de los últimos tiempos, y creo que debería haberla superado en eso. "Luces rojas" bebe directamente de ella, y ese final no hace más que confirmarlo. Aparte de eso, chapeau!

martes, 6 de marzo de 2012

"Sanguinarius", vampiros buenos, malos y regulares

Me llamó la atención esta recopilación de la editorial Valdemar de trece relatos de vampiros  que van desde el comienzo literario del mito hasta prácticamente la modernidad. Nada más y nada menos que 456 páginas de contenido vampírico al que saco dos cosas positivas: poder ver cómo ha evolucionado el mito a lo largo de la literatura, en orden cronológico, y los fantásticos y enriquecedores prólogos de cada relato obra de Antonio José Navarro.


Desgraciadamente, pesan más los rasgos negativos, empezando por la traducción a cargo de José Luis Moreno-Ruiz (a ver si aprendemos de una vez que "deception" significa "engaño" y no "decepción") y terminando por la calidad de los propios relatos, muy mediocre en la mayoría de los casos. A pesar de la altura de muchos de los autores, las obras correspondientes son claramente menores. Pero prefiero destacar los que sí me han gustado, como "La tumba de Ethelind Fionguala", de Julian Hawthorne, barroco y romántico sin ser recargado y ñoño; "Concesión de libertad", de Mary Cholmondeley, claustrofóbico y diferente; y "El muerto viviente", de Robert Bloch, toda una vuelta de tuerca al mito del vampiro, sencilla, pero muy bien hecha.

En mi opinión, tres buenos relatos y un prólogo más que correcto no merecen los trece euros que cuesta el libro. Quizá si pudiera pagarse un euro por cada relato para adquirir los que uno quisiera...