domingo, 14 de octubre de 2012

Sobre esos finales difíciles

Tarde o temprano alguien te dice que no le ha gustado tu obra. Es inevitable, y es bueno por dos cuestiones fundamentales: para aprender a encajar las críticas adversas y para asumir que es imposible gustar a todo el mundo.

A quien hace la crítica negativa solo cabe darle las gracias, por haber comprado la obra, por haberla leído y por haber tenido el valor de reflejar públicamente su decepción. En mi caso concreto ha sido alguien que ha disfrutado mucho con Ascensión y Génesis, pero ha maldecido el final de Apocalipsis. Y la comprendo perfectamente: pocas cosas me joden más que leer un libro o ver una peli o una serie sobresaliente con un final decepcionante. Acabo castigando todo el conjunto, por muy bien que lo pasara hasta la conclusión.

No en todos los finales son felices y comen perdices.

Tengo que confesar que a medida que escribía Apocalipsis, cuyo final ya había concebido diez años antes, durante la primera publicación de Ascensión en el año 2000, aumentaba mi ansiedad, sabiendo que me acercaba a ese punto fatídico en que el camino de la historia se dividía en dos. Diez años antes tenía muy clara la ruta a tomar, en una época en la que mi objetivo con la trilogía no era ganar dinero, sino contar la historia que yo quería, la historia que me hubiera gustado leer. Ni por un instante se me pasó por la cabeza lo que le gustaría leer a un tercero.

Pero diez años después, con la tentación pecuniaria brindada por las posibilidades de la autopublicación, llegó la duda. Ya he escrito sobre este asunto, pero esta lectora desencantada me ha llevado a retomarlo y añadir algunas cosas. Tan dubitativo estaba ante la encrucijada que consulté con mi mujer, dotada con todo el sentido común que a mí me falta. Y me dijo que escribiera un final del que me sintiera orgulloso, tanto si la obra se vendía bien como si no, porque en este último caso siempre me arrepentiría de traicionarme.

Y así lo hice, gracias a la absoluta (y aterradora) libertad que proporciona no tener editor. Bien es cierto que, de haberlo tenido, probablemente me habría aconsejado que la obra hubiera tenido más probabilidades de gustar con el otro final. Me hubiera dado, además, otros argumentos para conducirme por ese otro camino. Y me hubiera advertido también de que el desenlace que yo prefería y que de hecho escribí, supondría mi suicidio literario.

No sé si finalmente lo será. Sí sé que disfruté y sufrí como un animal escribiéndolo. Sí sé que tuve que recordarme una y otra vez que solo era ficción, una historia inventada que ni ha ocurrido ni ocurrirá jamás. Y creo sinceramente que si el lector o la lectora tienen que hacer ese mismo esfuerzo, será un buen final. aunque no nos guste.

jueves, 4 de octubre de 2012

Duelo de plumas

En algún blog he visto la narración de duelos virtuales entre películas y series de televisión, así que se me ha ocurrido hacer lo mismo con libros. Concretamente, con los que reseñé hasta noviembre del año pasado; doce obras que se enfrentan novelescamente hasta que solo queda una. El destino (es decir, un servidor) ha querido que se emparejen de la siguiente forma:

PRIMERA FASE
-La historiadora contra A dance with dragons (Danza de dragones)


El nombre del viento-La trilogía de Corum
El valiente niño-hechicero Kvothe utiliza su magia simpática para que las espadas de acero de Corum se ablanden, poniendo al pobre noble en desventaja. Sin embargo, justo cuando Kvothe pretende aburrir hasta la muerte a su contrincante contándole su desventurada infancia, aparecen Elric, Erekosë y Dorian Hawkmoon, las otras encarnaciones del Campeón Eterno que habitan el multiverso, y mientras dos sujetan a Kvothe, un tercero le decapita usando a Stormbringer. Por pesado.

El asedio- El espía que surgió del frío
Justo cuando iban a batirse en duelo sus protagonistas, el comisario Tizón y el agente Leamas, sus correspondientes autores deciden que semejante enfrentamiento no quieren perdérselo, así que los orgullosos Reverte y Le Carré cogen sus armas y se disponen a fajarse. Desgraciadamente, el español ha escogido un sable, y el inglés una Beretta...

La paja en el ojo de Dios-El gran diseño
Mientras Stephen Hawking y Leonard Mlodinow toman el té con los protagonistas humanos de la novela de Larry Niven y Jerry Pournelle, los astutos pajeños modifican la silla electrónica del físico británico para que aumente exponencialmente su masa hasta convertirla en un agujero negro que sirve de agujero de gusano para llevar a todos los presentes hasta el hogar de los pajeños. 

Brooklyn follies-El orden alfabético
Este sanguinario enfrentamiento se prolonga durante horas, en las que la sencillez elegante de la novela de Paul Auster no consigue penetrar la densidad lingüística de Juan José Millás. Finalmente, sucede algo maravilloso cuando ambos estilos se fusionan y dan lugar a Brooklyn alfabético, la primera y mejor novela del autor Paul Millás.

Excusas para no pensar-El alquimista
El pastor Santiago cree que este encuentro forma parte de su leyenda personal porque, después de todo, cuando deseas algo realmente el Universo entero conspira para que lo consigas. Al parecer, el Universo ha querido poner a Eduard Punset en su camino, que le hace ver que todos los consejos que le han dado sus maestros no son más que artificios para disfrazar que lo que Santiago quiere de verdad es forrarse gracias a la especulación con ovejas. Así pues, el pastor decide comprar todas las que pueda para obligar a la gente a pagárselas a él a un precio superior. Punset se indigna y, en un arrebato histórico, le mete la cabeza en el acelerador de partículas de Ginebra y lo pone en marcha.

 La historiadora-A dance with dragons (Danza de dragones)
Brevísima lucha en la que Daenerys intenta dirigir sus dragones contra Drácula, que muestra su rango en la Orden del Dragón, logrando que las criaturitas reconozcan a su verdadero señor y decidan zamparse a la joven aspirante al trono de Poniente. Viéndolo todo perdido, Tyrion decide someterse y dejarse convertir en vampiro. Incapaz de sentir frío, emprende la conquista de los espectros más allá del Muro por encargo de Tepes.

SEGUNDA FASE


La trilogía de Corum-El espía que surgió del frío
La semifinal empieza fuerte, con las aventuras de espada y brujería de Corum frente a las andanzas muy realistas de un espía en la Guerra Fría. Tras medirse cuidadosamente ambos adversarios, Alec Leamas le suelta a Corum un gancho en la barbilla que lo sienta de culo en el mundo real, cargándolo ipso facto con una hipoteca, dos hijos, una mujer y seis meses de paro. Pero gracias a su ojo y mano mágicas, el aventurero invoca a sus numerosas víctimas desde el reino de los muertos para que se hagan cargo de sus deudas, su familia y el bueno de Leamas. No obstante, asqueado por la durísima realidad del mundo real, Corum vuelve a su plano.

Brooklyn alfabético-La historiadora
Duelo interesante por las diferencias que ambas obras presentan en varios aspectos fundamentales de cualquier novela, como el estilo, la trama, el léxico... Al final, la yincana tenebrosa de La historiadora no basta para imponerse a la claridad, la belleza y la elegancia narrativas de Brooklyn alfabético. Tristemente, esta obra solo existe en la mente de este modesto periodista y escritor, por lo que tras vencer en este duelo, se disuelve con la esperanza de ser escrita algún día.

La paja en el ojo de Dios-Excusas para no pensar
Cuando Eduard Punset ve que el futuro descrito por Larry Niven y Jerry Pournelle posee grandes adelantos técnicos y escasos adelantos emocionales, comprende que el ser humano siempre buscará su propio beneficio y no el de los demás, que de producirse será simplemente como efecto colateral. Triste y cariacontecido, tirará la toalla para dedicarse por entero a la cría de gambusinos en cautividad.


TERCERA FASE (gran final)

La trilogía de Corum contra La Paja en el Ojo de Dios
Duelo en la cumbre de la literatura de ficción: una representante de la fantasía heroica contra otra de la ciencia ficción. Ambas obras fundamentales escritas en los años 70, que han quedado un tanto achacosas, superadas por las novelas posteriores que inspiraron. Espadas mágicas contra armas láser; conflictos dimensionales contra guerras siderales; invocaciones pavorosas contra naves espaciales. Pero que los alienígenas de Niven y Pournelle se llamen "pajeños" acaba por decantar la batalla en favor de Corum, que se descojona de risa junto con miles de lectores, incluido un servidor. Bien por La trilogía de Corum.