viernes, 23 de noviembre de 2012

Aguardando "La profecía"

A menos de un mes del fatídico 21 de diciembre, fecha prevista por los mayas para el fin del mundo actual y el supuesto comienzo de un nuevo ciclo, he terminado de leer la otra profecía, la novelada por David Seltzer hace 36 años de nada. Al igual que "El exorcista", también fue llevada al cine con gran acierto, nuevamente porque el autor tenía experiencia como guionista. De hecho, parece ser que primero se escribió el guión y después la novela.

A ver quién tiene huevos de darle un caramelito...

Precisamente de ahí viene mi único pero a "La profecía": la simplicidad del lenguaje y abundancia de diálogos debido, indudablemente, a que la novela se concibió como guión de una película, que tiene sus propias fórmulas, diferentes de las literarias. La contrapartida es que la novela se lee de un tirón (apenas 275 páginas) porque no requiere esfuerzo ninguno y el ritmo es muy rápido. Hablar de la historia a estas alturas es innecesario, pues todo el mundo conoce ya de qué va eso de "La profecía", por mucho que los mayas intenten desbancar al Anticristo como artífice del Apocalipsis final.

Sí quiero destacar el comienzo de la novela, primero por el contraste que se establece entre los fenómenos narrados (uno astronómico y el otro terrenal), y segundo por la inquietante reflexión sobre cómo los pasajeros de aviones en vuelo sobrevivirían a un supuesto cataclismo en la tierra. El final de "La Profecía" pretendía ser igualmente interesante, pero no pasa de efectista. En pantalla cuela mejor, y hay que señalar que fueron el productor y el director de la película quienes lo eligieron y obligaron al escritor a cambiar el que había escrito. Estoy prácticamente seguro de que hoy día habría sucedido al revés, pues ahora proyectar en la pantalla un final tan infeliz restaría espectadores y, por tanto, beneficios.

No hay mucho más que comentar, la verdad. La novela es muy entretenida, pero el saber cómo acaba y el disponer del magnífico producto original del que salió hace innecesario leerla, salvo para quienes tengan mucha curiosidad por ver los detalles que he señalado. Me parece mucho mejor recomendar ver ese producto inicial, la película, para disfrutar de las judiadas del tierno infante (si tengo un hijo jamás le regalaré un triciclo) y de la estremecedora partitura de Jerry Goldsmith, que le valió el Óscar ese año. 

Lenguaje: **
Trama: ***
Emotividad: ***

domingo, 11 de noviembre de 2012

¡Y van dos!

Pues sí, hoy día 11 de noviembre este blog cumple dos añitos, y de acuerdo con su normal desarrollo, ya habla y camina solito. Es verdad que no siempre pronuncia las palabras correctas y que tropieza de cuando en cuando con todo tipo de paredes pero, como es cabezota, insiste en volver a levantarse y seguir pa'lante.


Entre esos tropezones yo destacaría su desesperante sistema de comentarios, que funciona o no según el navegador y la pericia y paciencia de su timonel, y mi negativa a escribir entradas más breves y más adecuadas al medio y a los apresurados tiempos que corren hoy más que nunca. Soy consciente de que encontrarse con uno de mis "chorizos" en pantalla anima poco a su lectura, pero yo vengo de la prensa, y estoy acostumbrado a los textos largos, aquellos que van más allá del titular y que procuran información.

Con esto no quiero decir que todo lo que se escriba debe tener una densidad y profundidad digna de un agujero negro; yo disfruto un chascarrillo y un teletipo tanto como cualquiera, pero nunca he sido de los que prefieren los fogonazos y el ruido sobre la reflexión y el conocimiento. Los textos de hoy de muchos blogs y microblogs (sí, twitter, me refiero a ti), son una especie de comida rápida intelectual que satisface rápidamente, pero que nunca se recuerda demasiado tiempo. Y no solo se engulle con rapidez, también con facilidad: el cerebro apenas necesita trabajar para digerir lo que se nos cuenta.

Por contra, aquello que requiere algo de esfuerzo suelde dejar una huella más duradera, precisamente porque nos obliga a poner algo de nuestra parte, a trabajar un poco. Y así, al abandonar los lugares comunes, el terreno mil veces recorrido, nuestros sentidos y nuestro cerebro tienen que trabajar, comprender y reflexionar. Igual que un músculo, solo forzándolo un poco se pondrá a tono y crecerá.

Habrá quien no quiera crecer, quien prefiera quedarse cómodamente en sus dominios, quien no quiera a arriesgarse a pensar en cosas nuevas o ver nuevos puntos de vista por miedo a darse cuenta de que quizá tenga que cambiar de opinión sobre algo. Supongo que hay que respetar esa opción, y si es la tuya es probable que este blog te parezca un coñazo insufrible.

Pero si eres de l@s que prefieren invertir su tiempo en alimentar los pájaros que anidan en tu cabeza, espero que disfrutaras de los dos años de este blog, y que sigas haciéndolo en los que están por cumplirse.

jueves, 1 de noviembre de 2012

"Sky-fall"; y el guión también se cayó

Siempre me han gustado las pelis de James Bond, desde las más antisoviéticas de Connery (las más auténticas), hasta las más poperas de los últimos años (aunque confieso que Brosnan siempre me pareció demasiado señorito para encarnar al agente secreto). Y una de las que más me gusta, es "Casino Royale", donde el polémico, embrutecido y visceral Daniel Craig mostraba los inicios del personaje y los motivos de su gélida e implacable personalidad. La película triunfó, sin embargo, creo que a la larga podría hacerle daño a la saga, ya que tanto "Quantum of solace" como esta "Skyfall" parecen querer competir con ella; es como si "Casino Royale" se hubiera convertido en el ejemplo a seguir y aquella con la que se compararán todas las que vengan. Pero es que dicha cinta no es una típica peli Bond, sino que con la excusa de marcar el renacimiento del personaje, permitía unas licencias que valen para una vez, pero que si las aplicas a todas conviertes al agente en otra cosa.


Así, este Bond vuelve a ser "humano", y con ello me refiero a que es vulnerable, falible, emocional e introspectivo. Habrá quien le guste, claro que sí, pero no es James Bond. Yo lo acepto una vez si es para que me expliquen cómo era antes, pero no más. Con esto no quiero decir que "Skyfall" sea mala, de hecho tiene cosas magníficas, como la clásica secuencia inicial (absolutamente espectacular), los característicos créditos (qué lejos quedan ya algunos tan cutres como los de "The living daylights") y hasta el malo, que permite a Bardem excederse un poco con gestos e histrionismos varios, para bien. La factura en general de la película me parece excepcional, sobre todo en las escenas de acción, cosa que me sorprendió de un director como Sam Mendes, más habitual de géneros más pausados. Iluminación y fotografía me parecen igualmente sobresalientes, y las interpretaciones en general son más que aceptables. Pero...

La canción de Adele ya anticipa un tono melancólico que se apodera de la película en la segunda mitad. Nada de fanfarrias, ni de la potente percusión ni los metales que caracterizan las numerosas bandas sonoras de las pelis de Bond. Y precisamente en esa mitad de la cinta, a partir del falso final, todo se viene abajo; hasta aquí la película de James Bond. Y empieza otra cosa, que no es necesariamente mala, pero que no es lo que uno espera.

Ahora bien, lo peor de todo, es el tremendo agujero de guión, claro ejemplo de incapacidad para salir del follón en el que se ha metido el guionista, y si hablo del final de "Perdidos" todo el mundo entiende a qué me refiero. A veces esos agujeros se tapan con explosiones, ruido, tetas y demás, pero esta vez no cuela, y así sale uno del cine pensando: ¿y para qué cojones ha hecho esto, si no le hacía falta? Ese agujero, las escenas McGyver y el fracaso de la misión terminan por derrumbar un edificio bellísimo que podría haber sido una catedral y se queda en grandes almacenes. Pena, penita, pena.