lunes, 13 de mayo de 2013

Constantino ya no volverá

Ni él, ni Terminator, ni Darth Vader, ni Mufasa, ni el capitán Kirk... Eso es lo más jodido de la muerte, la ausencia, y hay gente que deja una ausencia muy grande, aunque no los conozcamos personalmente. Muchos grandes personajes de mi infancia y mi adolescencia (actuales, incluso) hablaban con la voz de Constantino Romero; personajes que me proporcionaron momentos inolvidables y recuerdos duraderos. Y, a partir de ayer, con eso voy a tener que conformarme. A partir de ayer, las pelis de Clint Eastwood, de Schwarzenegger y de la Guerra de las Galaxias no serán iguales, no me sonarán igual.

Dibujo original de Pancracio Peláez

Aunque hay gente crítica con el doblaje (en nuestro país y en general), creo que Constantino era de esos que   conseguía que lo criticaran menos, y que no se echara en falta la voz original. Manda cojones que ahora vayamos a echarle en falta a él, cuando en realidad nunca estaba. 

Sé que yo y otros muchos de mi generación nos quedamos mudos ayer al enterarnos de su muerte. Tiene mas sentido que nunca que, por un instante, todo fuera silencio. Pero que no se preocupe, porque su recuerdo nunca se perderá como lágrimas en la lluvia.

viernes, 3 de mayo de 2013

"Iron Man 3", o "Qué lata de hombre tercera parte"

El gran problema de "Iron Man 3" es que existen dos antes, mucho mejores, dirigidas por John Favreau. Es cierto que la primera contaba con la ventaja de narrar el origen del superhéroe, algo que da mucho jugo y que bien contado (como fue el caso) acaba atrapando a los menos fans, al público corriente (sin ánimo de ofender), y no solo a los frikis acérrimos. Pero no es menos cierto que, puesto que habitualmente las terceras partes son el colofón de la saga iniciada, permiten trucos y giros en pos de una gran conclusión que contribuyen a dejar un buen sabor de boca (por ejemplo, la tercera entrega de Batman de Christopher Nolan).

Estoy seguro de que algo así hubiera ocurrido de mantenerse al director de las dos primeras partes, pero por la razón que fuera, lo sustituyó Shane Black, mucho más conocido por su labor de guionista en la saga de "Arma Letal". Y se nota... muchísimo. "Iron Man 3" es una de esas buddy movies en las que una pareja mal avenida, pero sorprendentemente eficiente, se las ve con los malos de turno hasta desembocar en un final apoteósico lleno de explosiones donde es casi imposible enterarse de nada. En esta cinta, concretamente, Robert Downey se empareja con un representante de la minoría infantil (a título personal confieso que aborrezco las pelis con niño como concesión a ese tipo de público), uno de la minoría afroamericana (el coronel Rhodes encarnando a Iron Patriot) y uno de la minoría de novias o esposas que acompañan a sus novios o esposos a este tipo de películas (Pepper Potts, la sufrida amante del héroe).


Si "Iron Man 3" hubiera sido la primera parte de la trilogía, mi decepción hubiera sido menor. Tal vez hasta la hubiera encontrado entretenida (sobre todo por basarse en un buen cómic del personaje como es "Extremis"), pero como digo, al comparar con las otras dos, salí del cine con la misma sensación que tuve al ver "Batman Forever" y "Batman y Robin", sendas continuaciones de las pelis de Batman dirigidas por Tim Burton. Mucho colorín, mucho chascarrillo y muy poco tomarse en serio. No olvido que se trata de cintas basadas en personajes de tebeo ( de cómic, para los más puristas), pero eso no significa que haya que parodiar sin ton ni son. Ya en "Los Vengadores" aprecié una tendencia al chiste que se cargaba el clima de tensión de la escena de turno, obteniéndose un anticlímax que hacía gracia pero dejaba bastante vacío. En "Iron Man 3" esto se eleva a la enésima potencia, y el propio Robert Downey parece colaborar en el espíritu gamberro que imprime el director y guionista. Desde luego que no hace falta que el cine de superhérores se convierta en una ópera wagneriana al estilo de las versiones de Batman de Nolan, pero tampoco puede ser que el exceso de humor elimine uno de los componentes principales de este subgénero: la épica.

Las historias de superhéroes no dejan de ser la versión moderna de la mitología clásica, con sus Aquiles, sus Hércules, sus Circes, dragones, princesas y demás. Dichas historias presentaban a sus protagonistas como hombres destinados de algún modo a superarse a sí mismos, a trascender los límites humanos convirtiéndose en paladines de los valores de la sociedad de turno. Y si antes se leían o veían en teatros dichas historias, hoy vamos al cine a ver cómo Superman, Batman, Spider-Man e Iron Man se convierten en héroes a su pesar y sirven de inspiración al público para luchar contra sus propias y mundanas dificultades. Pero claro, si el héroe de turno, ese ejemplo a seguir, se convierte en un payaso insufrible, no hay inspiración que valga ni épica que emocione. "Shame" Black parece parodiar la primera parte (en la que ya se vislumbraba un grupo terrorista con diez anillos como estandarte), y detesto las parodias hechas para ganar dinero porque me parecen un modo de parasitismo que se aprovecha del talento ajeno.

Black vuelve a poner al protagonista en una situación límite, lejos de su bien surtido laboratorio, de sus riquezas, de su hogar; vuelve a darlo por muerto y vuelve a resucitarlo, pero no aprovecha esa revelación al final de la película, esa asunción de que, con o sin armadura, Tony Stark es el Hombre de Hierro, capaz de sobreponerse a mil y una adversidades. También desaprovecha un giro argumental sorprendente (y polémico donde los haya) que podría haberme reconciliado con la película, pero que de tan forzado y ridículo me dio vergüenza ajena.

La dirección de actores es un desastre, al igual que la de escenas de acción, confusas hasta el aburrimiento, donde todo el mundo es la hostia, tanto si lleva armadura como si no. Pero lo peor, lo peor, lo peor... Que ya no hay canciones metaleras de AC/DC. Y, sin metal, por mucho que lo reafirme Downey Jr., no hay Hombre de Hierro, aunque sí payaso de lata.

domingo, 28 de abril de 2013

Hans Zimmer para todos

Hace algunos meses sucedió un curioso fenómeno en las cadenas de televisión: unas cuantas se dedicaron a utilizar piezas del compositor alemán Hans Zimmer para ambientar sus promos. Y no solo lo hicieron los canales generalistas, sino también los temáticos, que anunciaban sus nuevos programas con esa combinación de electrónica y orquesta que tan bien maneja este músico, que a pesar de sus 56 años y sus casi cien composiciones (completas o en colaboración con otros artistas), solo ha recibido un Óscar a la Mejor Banda Sonora.


Entiendo que escogieran sus piezas para realzar sus programas, porque este señor condimenta como pocos esas imágenes que necesitan fuerza para grabarse no solo en nuestras retinas, sino también en zonas menos definidas y que no nombro para que no me llamen cursi. Ya escribí hace tiempo sobre John Barry con motivo de su muerte, otro magnífico compositor que conseguía que se te humedecieran los ojos en cuanto sus violines presagiaban la salida del sol en África. Y me ha dado por escribir sobre Zimmer porque, además de la anécdota señalada, desde hace cosa de tres años inunda con su música buena parte de las salas de cine del mundo entero. La primera vez que supe de él fue precisamente con otra peli ambientada en África, El Rey León, banda sonora que le mereció ese único Óscar, a pesar de que ya llevaba cuatro años de carrera en Hollywood con maravillas tan destacables como la música de Black Rain. Ya entonces apuntaba una grandilocuencia sonora que lograba que fueran las imágenes las que resultaban secundarias. Daba igual quién o qué apareciera en pantalla: los acordes de Zimmer se lo comían todo y te sobrecogían en la butaca.

Esa potencia, esa capacidad para dotar de épica cualquier historia alcanzaría su apogeo en "La Roca", y desde entonces toda productora que tuviera un blockbuster en mente se planteaba contratar a Zimmer para conseguir más posibilidades de reventar la taquilla. Es verdad que músicos como John Williams (reverencia, por favor), ya habían logrado que el espectador corriente se fijara en la música de las películas que no eran musicales, pero me atrevo a decir que él jamás alcanzó la omnipresencia de Zimmer. Y aunque yo creo que este no tiene la musicalidad ni el lirismo de Williams, sería un error afirmar que Zimmer solo sabe "dar caña". Ahí están para rebatirlo "Paseando a Miss Daisy", "Más allá de Rangún" y, por supuesto, "Gladiator" (y mención a Lisa Gerrard, colaboradora habitual).

Pero son sus piezas más épicas las más utilizadas y las más destacadas, y es difícil que no nos suenen a todos las partituras de "Origen" y "Batman", en las que demuestra toda su pericia alquímica para concebir música. Su última mezcla es la banda sonora de "El hombre de acero", el relanzamiento de la franquicia de Superman, que contó en su día con el genio del mencionado John Williams. Las comparaciones son odiosas, pero dejo el enlace al primer tema disponible de Zimmer para que cada cual juzgue si el aprendiz está llegando a la altura del maestro.

lunes, 22 de abril de 2013

¿Feliz día del... ebook?

Creo poder asegurar que desde hace un par de años no es lo mismo decir "me gustan los libros" que "me gusta la literatura". Y puede parecer una chorrada, pero con el Día Internacional del Libro a la vuelta del calendario, esa chorrada adquiere una dimensión muy profunda. Según la Wikipedia (no hay que fiarse de ella para todo, pero para cosillas como esta sí), ese día nació "con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor." El primer antecedente hispano de esta fiesta nace en 1926, fecha en la que no había libros electrónicos, de modo que era lógico escoger el libro como encarnación material de la literatura y del idioma. ¿Pero qué pasa cuando literatura e idioma ya no se plasman únicamente sobre papel? ¿Sigue teniendo sentido hablar únicamente del Día del Libro?
La resistencia que viene ofreciendo el sector editorial al desembarco del libro electrónico en nuestro país ha sido bien visible en cada una de las Ferias del Libro de Madrid. El que suscribe es testigo de que en las casetas de librerías y editoriales te miraban mal si preguntabas por títulos en ebook. "Esto es la feria del libro", apostillaban. El problema es que el libro, mal que les pese, solo es el soporte del que se servía la literatura para llegar al lector, y no es la literatura en sí. Es evidente que ellos defienden sus garbanzos, que son los libros, no las letras. Es como si se celebrara el Día del Disco en vez del Día de la Música.
Pero las cosas están cambiando, porque es imposible detener la evolución, y el sector está reaccionando para adaptarse a esta "nueva" realidad en la que el objeto libro y la literatura ya no son conceptos siameses. No me extrañaría que dentro de unos años el 23 de abril fuera el Día de la Literatura, independiente del soporte que la sustenta, y esto lleva a otro problema para que se produzca ese cambio: la falta de sustancia.
¿Quien tiene un ebook tiene un tesoro?
Me explico: el libro es un objeto que podemos ver, oler y tocar. Cuando lo compramos sentimos que hemos obtenido algo a cambio de nuestro dinero, pero con el ebook esa sensación se diluye. Se ha hablado mucho de la "Cultura del libro", pero no se habla de la "Cultura de lo material",
de la que surge la anterior. Es verdad que como seres humanos tenemos la capacidad maravillosa de imaginar conceptos abstractos, pero no interactuamos con ellos, sino con representaciones físicas, en un mundo físico. Cuando creemos que algo es importante lo convertimos en algo que todos puedan ver y tocar, ya sea un modelo del ADN, el recuerdo de alguna personalidad, el concepto de la paz mundial o una historia relevante. No es casualidad que la palabra "insustancial" sea sinónimo de "trivial" y "vulgar". Lo que no tiene sustancia no es importante, y así, los relatos dignos se escriben en libros para que perduren.
Pero el ebook es un archivo de texto carente de materia que no podemos tocar. Es cierto que una vez descargado podemos leerlo y apreciarlo, pero solo gracias a su correspondiente soporte, el lector, la tableta o el ordenador.
No valoramos tanto ese archivo como el cacharro donde lo leemos. Y la cosa empeora a la hora de regalarlo, porque un libro siempre es un buen presente (o siempre lo parece), ¿pero cómo coño esperas quedar si regalas un ebook? Precisamente por lo que señalaba sobre la relevancia de lo material, muy pocos considerarán que un libro electrónico sea un regalo digno. ¿Cómo lo entregas, cómo lo envuelves? ¿Cómo le haces sentir al homenajead@ que es importante para ti? 
Un buen porcentaje de las ventas de libros se corresponde con regalos. Seguro que muchos de ellos acaban acumulando polvo en las mesas o estanterías de sus dueños, pero es que poca gente admitirá que no quiere un libro como regalo para no parecer un inculto, o un iletrado, o un sinsustancia. Después de todo, quien obsequia un libro está homenajeando la inteligencia del receptor, y eso nos gusta a todos. Pero lo que también nos gusta es recibir algo, y en el fondo, ¿qué es un ebook? A todos nos ha pasado que hemos celebrado algo y nos ha llegado un cachondo diciendo que su regalo es su presencia; y lo vemos carente de valor. Pues con el libro electrónico pasa igual.
Por tanto, la aceptación del ebook no pasa solo por el sector editorial, sino también por el público lector, y es un cambio difícil, porque implica una transformación de nuestra mentalidad. Estamos demasiado acostumbrados a pagar por el libro, no por lo que contiene. Tenemos que aprender que el ebook tiene valor; tenemos que aprender que el ebook puede regalarse. Y corresponde a las editoriales y librerías digitales facilitar ese aprendizaje si quieren vender.

viernes, 15 de marzo de 2013

Causas y consecuencias de los ebooks de saldo

Mi entrada anterior sobre cuál podría ser el precio justo de un ebook con respecto a su contrapartida de papel está trayendo bastante cola, y preveo que algo parecido ocurrirá con esta. Al final de la anterior comentaba que existe una sensación generalizada de que los ebooks tienen que ser muy, muy baratos. Creo que esto se debe a que portales como Amazon ofrecen un amplísimo catálogo de títulos a menos de un euros, e incluso gratis. La gran mayoría de ellos (como los de un servidor) son obra de autores "independientes", en cuanto a que no están apadrinados por ninguna editorial, por lo que los costes implicados en la creación del ebook se reducen drásticamente. En la mayoría de estos casos, no ha habido revisión ni corrección de un tercero (y profesional), ni tampoco na campaña de publicidad más allá de la que pueda procurarse el propio autor mediante las redes sociales o algún pequeño acto.

Por tanto, tiene sentido que el ebook resultante cueste menos. ¿Pero cuánto menos? Está establecido que los autores literarios cobren un 10% (la verdad es que cada vez son menos los que consiguen este porcentaje) del PVP de cada libro que venden. Así pues, si un libro cuesta 20 euros, el autor cobra 2 por cada ejemplar vendido. Parece ser que esto se ha trasladado al terreno digital, y como en el caso de los independientes solo ellos tienen que cobrar (bueno, y el portal que distribuye), ponen su ebook a unos 3 euros, que acaban quedándose en 2 después de quitar impuestos y el porcentaje del portal. Al menos, este fue el razonamiento que usé yo cuando puse a la venta mis novelas.

Qué bien escribo...
Sin embargo, hay muchos ebooks por menos, en cuyo caso el porcentaje que se queda el portal aumenta considerablemente a costa del correspondiente al autor. ¿Por qué? Pues una de las razones es que hay autores que no tienen ningún interés en ganar dinero con su obra. Escribir es una tarea bastante gratificante, un hobby, y si nadie ha cobrado jamás por sus hobbys, ¿por qué hacerlo ahora? Muchos han visto que la llegada del libro digital permite que sus escritos no lleguen solo a su familia y amigos, que a veces no sabían donde meterse para escapar del brete que supone leer las inquietudes, reflexiones o paridas del pesado de turno (y de la consiguiente pregunta: "¿qué te ha parecido?"). Y ni cort@s ni perezos@s han colgado sus obras en los consabidos portales para dar a todo el mundo la oportunidad de leerl@s. Ell@s no quieren cobrar por ello, solo quieren el reconocimiento, ofrecer al público su inteligencia y sus versos. 

Ven con nosotras y te harás ric@ y famos@
Luego hay otros autores que han oído cantos de sirena (voceados desde los propios portales, interesadísimos en extender estas historias porque les benefician enormemente) que cuentan que una jovencita desconocida se ha hecho millonaria vendiendo sus novelas digitales a un dólar. ¿Cómo no va a hacerse millonaria con ese precio? ¿Quién no se gastaría un dólar en una novela? Desgraciadamente, es@s autores no vieron que el precio no importa si el público no sabe que tu obra está ahí, y para que lo sepa un millón de personas hay que anunciárselo, y eso cuesta mucha pasta. Tampoco pensaron que en España se lee poco, y que no hay tanta gente (ni tanto ereader) como en Estados Unidos. Y tampoco sospecharon que quien extendió esta noticia fue el propio portal gracias al cual la desconocida escritora se hizo millonaria, y nunca debe un@ fiarse de las noticias que surgen de una fuente interesada. ¿Qué tercero ha verificado esas ventas?

Hay otra razón para esos precios tirados, y es que algunos escritores profesionales, con cierto nombre ya, conservaban los derechos digitales de sus obras, algunas publicadas hace años, y sacarlas en ebook muy baratas podía resucitar sus homólogas en papel, cuando llevaban largo tiempo pudriéndose en los almacenes o en los estantes de las librerías. Además, podían acudir a los medios de comunicación con una nueva historia: "acabo de lanzar el ebook a menos de un euros de mi primera novela publicada y he vendido 10.000 ejemplares en una semana". ¿Quién iba a verificar ese dato, si solo lo conocen el autor y el portal, y ninguno va a enseñarlo si no quiere? Es más, si quisieran hacerlo podrían, solo que esos ejemplares podría haberlos comprado el propio autor o su editorial, y solo les habría costado 6.500 euros, porque habrían recuperado el 35% del gasto (el portal se queda el 65% restante). Una campaña de marketing baratísima.

Por último, estamos los autores que, viendo sus obras rodeadas de otras a un precio inferior, hemos tenido que abaratarlas para poder competir. Aquí va otro ejemplo: mi novela "Cuando cae la noche I-Ascensión" es un thriller sobrenatural ambientado en Madrid y cuesta 3 euros. En su correspondiente categoría aparece rodeada de otras 2.000 novelas que cuestan 1 euro. Ningún medio especializado, ninguna campaña publicitaria destaca mi obra sobre las demás; solo diferencia el precio (a primera vista). ¿Cuál comprará el lector potencial? Pues eso.

Pero la consecuencia terrible y probablemente imprevista de esta guerra de precios en el mercado del ebook, es que está calando la creencia perversa de que la literatura no cuesta nada, que escribir es un placer en sí mismo por el que nadie merece ganar demasiado dinero. ¿Cómo va a valorarse el esfuerzo, el trabajo, los conocimientos y la experiencia que implican escribir una novela cuando todas cuestan un euro? Y voy aún más lejos: si un euro no es dinero, ¿qué más da no pagarlo y descargarme la obra gratis? Total, un euro no va a sacar al autor de pobre. ¿Qué escritor profesional querrá seguir trabajando si no va a ganar nada? ¿Qué literatura se escribirá entonces y cómo serán sus lectores?

Mmmmm... ¡gratis!

Carguen, apunten y disparen.

martes, 12 de marzo de 2013

¿Cuál es el precio justo de los ebooks?

Hacía tiempo que quería dedicarle una entrada a este espinoso tema sobre el que todo el mundo opina bastante categóricamente y conforma dos bandos bien definidos: el de los que defienden un precio irrisorio y el de los que argumentan que tiene que ser prácticamente el mismo que el de los libros tradicionales. Yo quería formarme una opinión bien fundamentada al respecto, y creo haberlo conseguido. Pero como exponerla a las bravas no ayudaría a convencer a nadie a favor o en contra de cualquiera de las posiciones, voy a pormenorizar mi razonamiento para que quien lea esto pueda tener elementos de juicio válidos para decantarse por un bando u otro.


Los economistas dirían que el precio justo es aquel en que se encuentran la oferta y la demanda, pero como en el caso de los ebooks la oferta es infinita, esta respuesta no me sirve. Además, no todos los libros son iguales, y mientras que unos han nacido para satisfacer las ansias lectoras de la masa, otros presumen de estar hechos para paladares más exigentes y mucho más exiguos. No voy a meterme en esa polémica, sino que simplemente lo comento para señalar que los libros (y los ebooks) no son manzanas que puedan meterse en el mismo cesto; lo que vale para unos títulos no vale para otros.

Ahora bien, hay una serie de costes compartidos que sirven perfectamente para determinar el precio que debería tener un ebook respecto a su contrapartida analógica. Para facilitar el argumento voy a usar números redondos, por lo que el importe final será más una aproximación, una guía, que una cantidad precisa aplicable a cualquier ejemplar.

El libro tradicional necesita de una serie de costes para venderse que no se aplican al ebook. Se trata del coste de distribución, del coste de imprenta y del coste de almacenamiento. Todos los editores con los que he hablado señalan que la distribución constituye aproximadamente un 40% del PVP de un libro. es decir, que si cuesta 20 euros, 8 son para la distribuidora. Señalan también que el de imprenta se sitúa en torno al 10% (otros 2 euros). En cuanto al de almacenamiento, es el más difícil de calcular, pues varía en función de las tiradas, pero con ese afán de redondear, lo estableceré en el 5% (1 euro). 

Por tanto, un ebook tendría que costar un 55% más barato que un libro tradicional, y así la versión digital de uno de 20 euros debería tener un PVP de 9 euros. Después de todo, el ebook necesita todos los demás pasos de su gemelo en papel para existir: un autor, un editor (que revisa, corrige, traduce cuando es necesario, diseña y promociona) y un canal de venta. Cierto que este último no tiene que ser físico, pero es de suponer que independientemente de su naturaleza, real o virtual, el canal querrá el mismo porcentaje del pastel, que es del 30% aproximadamente.

Sin embargo, el ebook requiere otros pasos que el libro tradicional no necesita, como es la conversión a un formato electrónico (a veces incluso un diseño diferente para encajar en el lector). Es cierto que será un coste bajo, pero aun así habrá que pagarlo; yo lo situaré en el 5%. También habría que tener en cuenta el gasto en inversión que han realizado algunas editoriales y puntos de venta para disponer de la tecnología capaz de ofrecer el ebook (portales web, plataformas de pago y descarga online, lectores...). Constituiría un coste elevado, pero muy variable, pues no tod@s han hecho los mismos esfuerzos.

El coste que no puede obviarse es el del IVA para los ebooks, 17 puntos superior al de los libros tradicionales, del 4%. Volviendo al ejemplo anterior, el IVA de un libro de 20 euros sería 0'8 euros, mientras que su contrapartida digital sería de 4'2 euros. Ahora bien, dicho impuesto no sería sobre un precio de 20, sino sobre el precio recalculado del ebook. Recapitulando: restando y sumando porcentajes, el ebook (con su IVA del 21%) saldría por 12'1 euros, sin añadir el coste en inversión tecnológica apuntado en el párrafo anterior, y que muchos editores y libreros tendrían todo el derecho del mundo a reclamar.

Por tanto, en mi opinión, como tantas veces ocurre, ni tanto ni tan poco. Ni el ebook tiene que ser muchísimo más barato que el libro físico, ni ambos deben costar lo mismo. ¿Por qué abundan entonces los ebooks tirados de precio? ¿Por qué esa sensación bastante generalizada de que los ebooks deben ser casi regalados? Pues porque una serie de autores (y editoriales) nos hemos visto casi obligados a bajar precio para poder competir con otr@s que, o no valoran su tiempo y su oficio (por no decir arte), o no pierden nada porque la vida de ese libro o ebook llegó a su fin hace tiempo. En la próxima entrada trataré este asunto, tan espinoso como el primero, si no más.

viernes, 15 de febrero de 2013

¿Por qué no venden ebooks en librerías?

Escribo esta entrada a raíz de una anécdota que me sucedió hace un par de semanas, cuando aproveché que pasaba junto a un punto de venta de ereaders en la sección de libros de El Corte Inglés para preguntarle a una dependienta si podía comprar ebooks allí llevando mi lector. Su respuesta fue que me informara en la sección de informática, porque allí no tenían ni idea y el puesto de venta de ereaders solo era eso, un puesto de venta.

Todos los estudios nacionales y extranjeros sobre libros y lectura señalan que los ebooks ganan fuerza a pasos agigantados, pero resulta que si quieres comprarlos en un comercio tan importante como el mencionado, en la sección de libros no saben asesorarte al respecto. Yo entiendo que el ebook y el libro tradicional no son exactamente lo mismo, ¿pero no están lo bastante emparentados como para que las dudas sobre el primero las respondan donde se vende el segundo?


Bastante indignado decidí acercarme a La Casa del Libro, a ver si tenían el mismo despiste y sus dependientes demostraban la misma intolerancia a la tecnología que los anteriores. En este caso me informaron directamente de que allí no podían comprarse ebooks, pero que en su día contemplaron la posibilidad. Si al final no lo hicieron fue porque <<se formarían unas colas enormes y entonces no se podría hacer lo que hacemos aquí, que es vender libros>>.

En algunas de mis entradas anteriores sobre ebooks he criticado a la industria del libro (editores, libreros y distribuidores) por no hacer los deberes impuestos por el ebook y dejarse arrollar por Amazon. Es cierto que cadenas como La Casa del Libro y la FNAC se han puesto a ello recientemente, pero parecen haberse centrado en "imitar" a Amazon, adoptando como propio un dispositivo de lectura. Sin embargo, creo que han desaprovechado la oportunidad de establecer un espacio físico donde comprar ebooks, ereaders y asesorarse sobre ellos. Seguramente l@s menores de cuarenta años se fían lo bastante de Internet como para manejarse con los libros digitales, sus DRMs, sus actualizaciones... Pero l@s mayores siguen viendo con desconfianza el cacharro, y pedirles que compren los ebooks en Internet me parece un salto de fe demasiado grande. Amazon soluciona esa resistencia con su compra en un clic, pero los demás...

No tengo ni idea de la inversión necesaria para establecer puntos de venta físicos de ebooks en las librerías, pero no parece tan descabellado: un par de pantallas donde consultar los títulos disponibles, conexión wi-fi, puertos a los que enganchar los ereaders para las descargas, un par de muchach@s que resuelvan las dudas... En resumen, un espacio que haga fácil y atractiva la experiencia de comprar un ebook. Sé de gente de cierta edad que, por no pelearse con el cacharro e Internet, deja que amigos o familiares le llenen el aparato con ebooks pirateados. Ya no sé cuantas veces he dicho (y escrito) que una de las claves para reducir la piratería de libros es facilitar el acceso "legal" a los ebooks. Mientras un@ vaya a una librería a preguntar por ellos y le respondan que se vaya a informática, seguirá pensando que no son libros y, como quien va a la frutería pidiendo kiwis y le dicen que allí solo hay naranjas, pues comprará naranjas... o nada en absoluto.

martes, 12 de febrero de 2013

¿Quién es "Django desencadenado"?

Fue la primera pregunta que me hice cuando vi el tráiler hace ya unos meses. Siempre que el título de una película lleva un nombre propio hay que preguntarse por qué y a quién pertenece. Tras investigar un poco, todo encajó: Django es el nombre del protagonista de un espagueti western de 1966, y cualquiera que haya visto un par de pelis de Tarantino se habrá dado cuenta de que al director le chifla dicho género. Puede que en "Kill Bill" no haya revólveres, ni cantinas, pero sí katanas y restaurantes japoneses, aderezados con mucha sangre y una venganza aparentemente imposible de cumplir. Las diferencias formales no deben despistarnos, porque el fundamento es el mismo. Tarantino no ha inventado nada, sino que lo ha adaptado a los tiempos actuales.


Ya con el contexto claro, comentar que "Django desencadenado" es una buena película, puede que incluso muy buena. Al contrario que muchas otras que se desinflan rápidamente pasados los primeros minutos de metraje, esta consigue mantener la intensidad y el interés después de una secuencia inicial típica de Tarantino, de una violencia repentina y descarnada precedida por unos diálogos extraordinarios y muy bien hilados que sirven de contrapunto y destacan el conjunto. Creo que estos preludios son una de las marcas de fábrica del director, y sirvan como ejemplos los de "Pulp fiction", "Kill Bill" o la fantástica "Malditos bastardos". Y precisamente el encargado de anunciarnos que algo terrible va a pasar en esa primera secuencia, el actor Christoph Waltz, hace lo mismo en "Django desencadenado", luciendo nuevamente su facilidad para los diálogos melifluos que revisten la verdadera naturaleza de sus personajes. Su apariencia civilizada oculta una bestia, metáfora del propio estilo de Tarantino; uno y otro no tardan en mostrarse al público, y entonces la sangre salpica la platea.

Esta última cinta no decepciona en ese aspecto, pero mientras que l@s incondicionales del director disfrutarán a lo bestia, puede que el resto de espectadores no tolere bien su violencia hemorrágica. Además, como ocurre siempre con Tarantino, no se trata solo de la sangre, sino de la crudeza inherente al trasfondo de sus películas, mostrada con todo lujo de detalles: la delincuencia organizada, la II Guerra Mundial, el esclavismo... El director siempre parece querer que concluyamos que, a pesar de nuestros refinamientos y modales, seguimos siendo animales. Tal vez sea esa conclusión, y no los ríos de sangre, lo que lleva al espectador a dejar la sala con mal sabor de boca.

De esa sensación también son especialmente responsables dos personajes de la película, fantásticamente interpretados por Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson (físicamente irreconocible). Ambos consiguen inquietar al respetable mucho más que asesinos en serie de la talla de Jason y Freddie Kruger, y no diré más.  Por otro lado, Jaimie Foxx en su papel de Django está verdaderamente convincente, especialmente cuando interpreta dentro de la interpretación (atención a la escena con el Django original, Franco Nero). No me extrañaría que para preparar el personaje se hubiera visto todas las pelis de Clint Eastwood en su etapa con Sergio Leone. Esa mirada asesina tiene copyright y está más que justificada en un personaje devorado por el deseo de venganza. Es el bueno, pero los buenos en el cine de este director son tan asesinos como el villano; solo sus motivaciones los diferencian y los hacen merecedores de la aceptación del espectador. 

A destacar también la música de la cinta, otro de los puntos fuertes de Tarantino, que mezcla como nadie clásicos y modernos, independientemente del contexto histórico del film. Desde el homenaje evidente y sincero del tema principal, hasta los guiños al espaguetti western y los tiroteos callejeros a ritmo de rap, la banda sonora es un pastiche de estilos que ambienta y aglomera la película muy eficazmente.

Como conclusión señalaría que ya no necesito más pruebas para afirmar que Tarantino es el director del ritmo y del contrapunto; nadie los maneja como él, y nadie demuestra un estilo tan propio y personal película tras película. Si él rodara una nueva de "La Guerra de las Galaxias" no sería una cinta de ciencia ficción, sino una cinta de Tarantino. ¿Se puede decir algo así hoy día de algún otro cineasta? Pues eso.

viernes, 8 de febrero de 2013

Conclusiones erróneas del sector editorial

Cada vez que leo algún artículo o reportaje sobre la piratería cultural me encuentro barrabasadas varias de boca de los editores que el periodista de turno no sabe corregir y que acaba asumiendo como ciertas. La reciente publicación del estudio "Hábitos de lectura y compra de libros 2012" de la Federación de Gremios de Editores de España es interpretado de manera parcial y errónea por el sector y por todos aquell@s dispuest@s a escucharles sin espíritu crítico, siempre list@s a quedarse con el titular olvidándose del texto.


Que quede claro, una vez más, que no defiendo la piratería de ningún tipo. Es evidente que como creador de contenidos estoy especialmente sensibilizado respecto a dicha práctica, pero algunos de l@s que la defienden y promueven tienen además cierta carencia moral, pues ni siquiera son capaces de admitir que está mal. Seguramente esto es lo que más me indigna de los piratas culturales; si al menos reconocieran que no deberían proceder así, habría alguna esperanza de corregir el problema. Pero si además de no avergonzarse lo más mínimo por hacerlo, lo defienden aludiendo a lo cara que está la cultura, a lo mucho que ganan los autores, editores y distribuidores o a cualquier otra razón de este estilo, pues apaga y vámonos. Así que cuando los responsables del sector cultural dicen que falta educación y concienciación respecto a la piratería, tengo que darles la razón. Lo mínimo cuando uno se descarga por la cara un libro, una peli, una serie o una canción es saber que eso no está bien. No digo que tenga que quitarle a un@ el sueño, o que haya que meterl@ en la cárcel por ello; simplemente hay que saber que se está perjudicando a otros, y que hay muchas maneras de obtener libros, pelis, series y canciones gratuitamente sin piratear. Otra cosa es que no obtengas justo lo que quieres.

Después de esta aclaración de mi posicionamiento, retomo el tema de la entrada, que es el de la interpretación interesada de los datos. Esto es algo que se hace en todos los sectores, y cuando sus intérpretes tienen intereses en el campo de estudio, entonces hay que levantar las orejas. Empiezo con un reportaje de ABC del 26 de diciembre del año pasado, titulado "La crisis rompe el suelo bajo unos pocos best sellers", cuya conclusión es que los escritores superventas venden hoy la mitad de hace un año (y probablemente el doble que el año que viene). Para demostrarlo se apoya en los datos de la consultora Nielsen, que dice por ejemplo que la última de Lorenzo Silva ha vendido "solo" 40.000 ejemplares en menos de dos meses (¿cuándo ha vendido más este autor en un periodo similar?); que Elvira Lindo lleva casi 10.000 de su último Manolito Gafotas desde noviembre, cuando ha vendido millones de la serie (exactamente, de toda la serie, cuyo último título había salido en 2001); que desde septiembre se han vendido 18.621 ejemplares de Las leyes de la frontera de Javier Cercas, cuando vendió un millón de sus Soldados de Salamina (¿en cuánto tiempo, habiéndose publicado en 2007?)... Está claro que las comparaciones entre lo que acaban de vender y lo que vendieron no permiten concluir que ahora facturan la mitad, pero la periodista reincide en sus errores y menciona también a Nicole Krauss, cuya última novela antes de La gran casa se publicó en 2006, y a Isabel Allende, entre otros, cuya obra Amor es una recopilación de fragmentos de sus obras (normal que venda menos, ¿no?). Para que una comparación sea válida los elementos deben ser equiparables, y aquí no lo son. Al menos la periodista no atribuye el supuesto descenso a la piratería.

El siguiente reportaje es aún más tendencioso, y corresponde a El País. El titular ya promete: "El sector del libro dejó de ganar 350 millones por la piratería". Este es el ejemplo perfecto de lo que comentaba al principio sobre el vicio de quedarse con el titular y obviar el texto completo. Quien lo lea (y animo a hacerlo) se dará cuenta de que en ningún sitio aclara cómo se han calculado esos 350 millones de pérdidas por la piratería. Lo más que encontrará es que los ingresos del sector editorial en 2012 se han reducido un 12% con respecto al año anterior. Todos los editores consultados por el periodista declaran que la piratería ha aumentado, pero no lo demuestran. Al autor del reportaje no se le ocurre aportar datos sobre el descenso del consumo en otros sectores que quizá prueben que la reducción se debe más a la crisis económica que a los piratas. Es más: que alguien se descargue un libro por la cara no equivale a que el sector no esté ingresando la cantidad correspondiente por su venta, porque es posible que esa persona nunca lo adquiriera si tuviera que pagar. Ojito al sofisma, porque le da la vuelta a la tortilla: no me compro el último de Ken Follet porque me falte pasta para llegar a fin de mes, sino porque tengo un ereader y lo puedo piratear.


Por último, repaso el reportaje "Yo leo, tú descargas, él piratea", publicado también en El País (supongo que formar parte del Grupo Prisa, dueño también de Alfaguara, Aguilar, Altea y alguna más, favorece que el diario tenga el enfoque que tiene). Lo que pretende ser un desglose de las cifras del estudio "Hábitos de lectura y compra de libros 2012" de la FGEE se convierte en un manifiesto contra la piratería por culpa de las declaraciones recogidas por el periodista. Para empezar, un estudio sobre este tema basado en encuestas tiene una precisión limitada. ¿Cuánta gente contesta sinceramente a preguntas como "le gusta leer", "usted piratea" o "cuándo leyó por última vez"? 

Una vez aplicada una sana dosis de escepticismo a la exactitud de los porcentajes reseñados en el estudio, hay que aplicar otra de lógica pura para que no nos den gato por liebre. El caso más flagrante de esto es el que vincula descargar gratuitamente con piratería. Esta relación la hacen el presidente del FGEE, la editora de Salamandra y la Consejera Delegada de Random House Mondadori, que al parecer jamás han oído hablar de los ebooks gratuitos o de la lectura en la nube. Solo Amazon tiene casi 1.500 ebooks gratuitos, mientras que portales como 24symbols ofrecen la posibilidad de leer online sin pagar nada. ¿Quienes han recurrido a estas opciones entran en el saco de los piratas?

Señores editores, yo entiendo que estén preocupados por la piratería (yo también lo estoy), pero hagan el favor de no intentar engañar al personal con razonamientos falsos y conclusiones erróneas; a lo mejor así dejan de tener fama de tremendistas y de censores.

Y a mis colegas periodistas les pido que se documenten más y piensen mejor. Es la única forma de que no te cuelen un discurso interesado y de dejar de ser los voceros de todo tipo de lobbies. Diligencia e imparcialidad, por favor. 

martes, 5 de febrero de 2013

¿Por qué la cultura tiene que ser gratis?

Recomiendo la lectura del suplemento El Cultural de El Mundo de este viernes pasado, muy centrado en la pelea entre tecnología y cultura a raíz de la aparición del libro Parásitos. Cómo los oportunistas digitales están destruyendo el negocio de la cultura, del periodista yanqui Robert Levine. A mí me ha servido, como poco, para entender qué papel juegan las grandes empresas distribuidoras (directa o indirectamente) de contenidos en la Red, como Google, Napster, Megaupload o iTunes. Por resumir muy brevemente, diría que dicho libro expone cómo estas compañías se aprovechan de las empresas creadoras de contenidos, que pagan (invierten) por producirlos, recibiendo muy poco beneficio en comparación con el que perciben esas grandes distribuidoras.

Por tanto, éstas se limitan a aprovecharse de los esfuerzos de otros tras haber invertido en la estructura necesaria para hacer llegar los contenidos a los consumidores finales. Esto creó hace años la ilusión de que estos consumidores obtenían gratuitamente información, cultura y entretenimiento cuando antes tenían que pagar por ellos. Aquí se extendió la falacia de que la cultura tiene que ser gratuita.

Bien, cada uno pensará lo que quiera, pero antes de decidirse por una postura o por otra, hay que hacer precisamente eso: pensar. Por qué no habría que pagar a quienes crean cultura, información y entretenimiento? ¿No es una terrible ironía que paguemos gustosos a quienes han implementado la tecnología de Internet, pero no a quienes la llenan de contenidos? ¿Pagamos sin rechistar 20 euros por el ADSL, pero no por la música, las películas, los libros, la información y los juegos a los que accedemos? ¿O es que presumimos que ya estamos pagando eso al darnos de alta? Si este fuera el caso, ¿no correspondería un porcentaje de cada cuota a las empresas creadoras?

Si bien no creo que la cultura deba ser gratuita, sí creo que los gobiernos deberían facilitar el acceso de todo el mundo a la cultura. Es decir, los creadores deben cobrar por sus creaciones, del mismo modo que el panadero cobra por hacer pan, pero el pago no tiene por qué recaer exclusivamente en el consumidor final. Las bibliotecas me parecen un ejemplo perfecto, y estoy seguro de que pueden crearse equivalentes digitales. Es absurdo pensar que los creadores de cultura y entretenimiento vayan a seguir escribiendo, filmando, componiendo, tocando y programando por amor al arte. Pero hay un problema, y es que hay gente que sí lo hace.

La creación es un acto que puede ser muy placentero y gratificante, e Internet ha permitido a much@s dar el paso siguiente, que es distribuir sus obras libremente. A ell@s no les importa no cobrar, pues crearon por gusto, y ese pequeño (o gran) Narciso que tod@s llevamos dentro les lleva a dar a conocer sus creaciones. De este modo, la Red siempre está llena de contenidos gratuitos que, lógicamente, presionan a quienes sí pretenden ganar dinero con sus obras, obligados a bajar precios para competir con las que no cuestan nada.

Esto refuerza ese lema de la cultura gratis: al acceso fácil y barato gracias a las nuevas tecnologías se ha unido la percepción de que el mero hecho de crear cultura es compensación suficiente para sus creadores. Esto último llevado al extremo ha implicado la creación de empresas generadoras de contenidos que no pagan nada (o muy poco) a sus creadores en plantilla. ¿Y cómo pueden competir periódicos como El Mundo, El País o ABC con un medio que no paga a sus trabajadores? Pues con una cosa: calidad.

Y así llegamos a uno de los meollos de este debate sobre la cultura gratuita: ¿qué es cultura? Esta pregunta podemos aplicarla igualmente al terreno de la información, pues son dos de las patas más afectadas por la irrupción masiva de Internet y las tecnologías que la sustentan. Yo creo que ambas requieren una calidad mínima para considerarse como tales, y la calidad implica una dedicación, un esfuerzo, una diligencia y una revisión ausentes en las creaciones de diletantes. Señalo esto sin intención de ofender, solo para subrayar que los aficionados no tienen la responsabilidad para con su público de los profesionales, que al ganarse la vida con sus creaciones, están obligados a responder por ellas y por tanto a cumplir esos criterios de dedicación, esfuerzo, diligencia y revisión. Hacer eso conforma la parte no placentera de la creación de cultura e información, y puesto que no proporciona placer, habrá que compensarla de alguna forma. 

Mi conclusión es que crear cultura e información es un trabajo y, como tal, debe remunerarse. Por tanto, la cultura y la información gratuitas son imposibles, por mucho que las empresas digitales que las distribuyen mantengan que sí lo son (para ellas sí, está claro). ¿Cuánto y quiénes deben pagar por ellas? Parece ser que, si recurrimos al capitalismo clásico y dejamos que la ley de la oferta y la demanda impere, la cultura y la información pueden darse por muertas. Después de todo, podemos vivir sin ellas, aunque todos vivimos mejor si existen. La cultura la disfrutamos y, junto con la información, nos permite sentirnos parte de un todo y pensar y determinar individualmente qué es mejor para nosotros y qué gobernantes queremos tener, pues ellos influirán mucho en nuestra calidad de vida. Por tanto, no solo hay que facilitar el acceso a la cultura y la información, sino que hay que procurar su misma existencia. Hay que pagar para que alguien las procure, y si nadie paga obtendremos unos meros sucedáneos que no tendremos ningún derecho a criticar.

viernes, 1 de febrero de 2013

Esperemos que nadie vuelva a escribir "El pianista del gueto de Varsovia"

Creo que hay dos elementos fundamentales por los que un@ puede quedar impresionad@ por una novela: por cómo está escrita y por la historia que narra. Y tengo clarísimo que en el caso de El pianista del gueto de Varsovia, que seguramente conozcas por la peli El pianista (protagonizada por Adrien Brody y su nariz), me ha impresionado por lo segundo. Esta novela autobiográfica de Wladyslaw Szpilman cuenta cómo sobrevivió el protagonista en el gueto judío montado por los nazis en la Varsovia ocupada durante la II Guerra Mundial. Poco más que añadir; hemos visto suficientes películas y documentales como para hacernos una idea de lo que se hacía en esos lugares, pero sigue impresionándome que seres humanos corrientes y molientes participaran por acción u omisión en semejante barbarie.


El estilo del escritor es muy sencillo, pero también muy correcto. Szpilman era músico, y se aprecia su sensibilidad en cada capítulo, aunque no haya ninguna floritura lingüística. Se percibe también un esfuerzo por ser ecuánime, casi neutral, y me cuesta horrores entender cómo fue capaz de escribir con esa actitud distante cuando casi acababa de salir de aquel infierno (lo escribió en 1945 con el título original de Muerte de una ciudad). Ese distanciamiento le resta emotividad al relato, y quizá permite que el lector sensible lo termine sin acabar demasiado afectado.

La edición española que he leído está bastante bien, y vale la pena señalar que la novela solo se imprimió en polaco (y con escaso éxito, quizá por la censura) hasta su tardía edición en inglés en 1998. Aquí en España la sacaron al alimón Amaranto Editores y Ediciones Turpial con tapa dura y un par de epílogos bastante interesantes, especialmente el primero, que componen un libro de 221 páginas con mucho aire que se lee muy rápido.

No he leído otras obras sobre el Holocausto, así que no puedo comparar, pero creo que este "Pianista del gueto de Varsovia" debería incluirse en los programas de Historia de los colegios e institutos. Cuando terminé de leerlo no pude evitar pensar que algo así no puede repetirse, y aunque todo el mundo estará de acuerdo en ello, no todos sabemos cómo empieza. Szpilman lo narra muy bien, igual que narra cómo el propio sentido común de las víctimas jugó en su contra, pues eran incapaces de asimilar semejante genocidio y semejantes métodos y, por tanto, fueron incapaces de reaccionar hasta que fue muy tarde. 

Esto no empieza con los alemanes ladrando órdenes para meter a los judíos en trenes rumbo a los campos de exterminio, sino de un modo más sutil, más progresivo, más taimado. Todo comienza separando a la gente "por su propio bien", o para que no haya "problemas de convivencia o de desorden". Luego las mentiras van creciendo, se establecen controles, "aduanas", servidumbre que pasa a ser esclavitud, hambre... Este libro muestra las señales que anuncian la llegada e implantación del racismo como política y sus últimas consecuencias, y hay que conocerlas para detenerlas en el acto. Porque si se deja que "progresen" hará falta una guerra para ponerle fin.

Lenguaje: ***
Trama: **
Emotividad: ****

martes, 29 de enero de 2013

El método Stanislavski en la narración

Pues no es que esté confundiendo disciplinas, ya que probablemente sabrás que el tan parodiado método Stanislavski corresponde al mundo de la interpretación y no al de la literatura. Si no tienes ganas de leer el enlace para profundizar en él, ya te resumo yo que se trata básicamente de que el actor llegue a encarnar realmente al personaje que interpreta, pensando, sintiendo y reaccionando como él, sirviéndose de sus propios sentidos y de la denominada "memoria sensorial", que le facilita reproducir las sensaciones y emociones del personaje recurriendo a las suyas propias.

Para el creador de este método, Konstantín Stanislavski, lo fundamental en la interpretación era acercarse todo lo posible a la verdad, y he conocido a varios escritores que creen que la buena literatura debe ir también por ese camino. No se refieren a que la buena literatura deba ser realista, sino que debe ser verosímil, debe ser creíble, por muy fantásticas que resulten las situaciones planteadas, y esto se logra principalmente con los personajes.


Llego por fin al meollo de la entrada, esta aparentemente absurda asociación de un sistema interpretativo con la narración literaria, porque al menos en mi caso, yo recurro a una versión pedestre y autodidacta del Stanislavski para que mis personajes hablen, sientan y piensen de manera creíble. No creo que esto sea un hallazgo mío, ni mucho menos; esto solo es una reflexión por escrito que espero sirva de algo a alguien.

Cuando se escribe algo no autobiográfico suelen darse situaciones no vividas y aparecer personajes desconocidos, por mucho que se inspiren en alguien real (o ficticio). En esos momentos el escritor tiene que reproducir las maneras de esos habitantes de su mundo, y para hacerlo de modo verosímil no le queda más remedio que meterse en su piel. Hay ciertas sensaciones tan básicas cuya descripción implica escasa dificultad, pero hay otras que pueden requerir del escritor cierto esfuerzo de memoria para encontrar sensaciones y recuerdos análogos. Además, la verdad está en los detalles, así que limitarse a escribir que <<Juan se sintió muy apenado por la muerte de su hermana>> sabrá de poco a cualquier lector, y es bastante probable que recurrir a frases manidas para redondear el pasaje tampoco le convenza.

En mi caso rebuscaré en mi experiencia hasta dar con un momento similar, un momento de pérdida de alguien querido para recordar qué se siente exactamente y traspasárselo al personaje. He hecho esto durante la escritura de "Cuando cae la noche", y al igual que un actor entregado, ha habido días en los que he terminado exhausto, porque esa tarea de extraer emociones puede resultar agotadora, sobre todo si son intensas y dolorosas. Cuando un escritor (o escritora) dice que ha puesto su alma en su libro, y yo lo he hecho (aunque haya vampiros), es posible que lo diga en serio. Luego hay que saber contar eso, claro, que solo con sentirlo no vale, pero eso es otra historia.

Y concluyo con lo que para mí es el mayor problema a la hora de crear una buena novela: se escribe con la cabeza, pero al lector hay que llegarle al corazón. No es frase hecha, ni cursilada pretenciosa; el mercado está lleno de novelas inteligentes capaces de entretenernos, intrigarnos y sorprendernos, pero acabamos recordando únicamente aquellas que nos emocionaron, porque esa es la prueba de que nos parecieron reales, aunque narraran historias imposibles.

domingo, 20 de enero de 2013

"El peregrino secreto" o breve resumen de una vida de espía

Esta es la segunda novela que leo de Le Carré (y la segunda que reseño) y creo que ya estoy en condiciones de decir que me gusta y lo detesto. Me gustan sus historias de espionaje, me gusta cómo las cuenta (con una prosa sencilla, no exenta de cierto lirismo en algunas ocasiones, aunque abuse de los símiles y no consiga metáforas) y me gustan sus protagonistas, héroes ya cansados, un poco de vuelta de todo, deseosos de volverse unos cínicos, pero incapaces de conseguirlo.

Pero detesto que me enseñe la maquinaria del mundo, detesto la sensación de impotencia que genera en el lector, detesto que muestre a los seres humanos como criaturitas diminutas, imperfectas y despreciables, fáciles de engañar y fáciles de satisfacer cuando interesa satisfacerlas. El mundo de Le Carré es uno donde uno vale lo que tiene o lo que sabe, donde la vida ha emprendido un rumbo imposible de cambiar y donde los seres humanos detectan lo realmente importante cuando llegan al otoño de su existencia, con suerte.

Por concretar más y dejarme de divagaciones, comentar que "El peregrino secreto" se publicó por primera vez en 1990 (mi edición consta de 377 páginas), y en ella recupera y resume algunas de sus historias anteriores, retomando a sus protagonistas y personajes. Le Carré puede explotar el mundo narrativo que ha creado, y lo hace contando la historia como agente británico de Ned, hilvanando una serie de episodios clave de su vida en el servicio. Por tanto, más que una novela es un conjunto de relatos con un protagonista común, en orden cronológico, que desvelan el proceder de la agencia, sus miserias, sus éxitos y sus fracasos. Pero claro, lo hace desvelando las miserias, los éxitos y los fracasos de quienes la integran. Le Carré, como los buenos autores de novela negra, en realidad no escribe sobre crímenes, sino sobre el alma de quienes los cometen (y quienes los resuelven). El asesinato, el robo, la filtración, la conjura... Eso no es lo importante, sino los motivos, las razones que empujan al criminal, que en las historias de "El peregrino secreto" suele ser un simple ser humano, imperfecto, desencantado y muy, muy solo.

Le Carré desgrana un drama tras otro, y aunque al final pretende transmitir cierto mensaje optimista, no es suficiente para sacar al lector del profundísimo pozo de mierda en el que le ha metido. Ni siquiera la historia X (el capítulo), para mí el más conmovedor de todos, es capaz de inspirarme un poco de esperanza. Por tanto, ¿recomiendo la lectura de este "El peregrino secreto"? Pues veamos, ¿es recomendable una peli de llorar? ¿Un gris día de lluvia? ¿La noticia de un terremoto es una aldea perdida de la mano de Dios?

Trama: ***
Emotividad: ****
Lenguaje: ***

domingo, 6 de enero de 2013

Una de cuentos

Hoy día 6 de enero de 2013, Día de Reyes, ha salido a la venta en Amazon mi antología de cuentos, llamada X RELATOS. No es que sean porno (aunque como es un género de moda ya me lo han propuesto), sino que son diez y, además, resultan un poco inclasificables. La X me servía así para destacar dos conceptos importantes del conjunto, y quizá también para atraer lectores con ganas de seXo literario. Sentiré decepcionarles, aunque espero que les gusten y no se consideren (muy) engañados.


Algunos de los cuentos los escribí hace bastantes años, y otros son muy nuevos. Hay realismo mágico, terror, ciencia ficción, "costumbrismo"... Es una mezcla variada, y creo que muy entretenida. El relato es, probablemente, mi género literario favorito porque carece de rellenos. Todo lo que cuenta importa, y todo estalla al final. Es como ver muy de cerca un buen petardo con la mecha encendida: es pequeño, dura poco y deja una fuerte impresión. Yo me crié con algunos de los mejores pirotécnicos, como Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft e Isaac Asimov, y me gusta pensar que algo aprendí de ellos. Ya veremos si, como lector o lectora, también lo crees.

Pero antes de leerlos verás la portada, una amalgama de cosas sin relación aparente que te resultará extraña y poco más. Sin embargo, tu opinión cambiará a medida que avances por las páginas electrónicas de tu kindle nuevo (o veterano). Aquí mismo puedes leer el primero de los cuentos, Abracadáver (el mismo que podrás descargarte gratis en la página de Amazon), y puede que entonces descubras de qué va la portada.

Una última cosa: si los compras y te gustan, coméntalo. El boca a boca funciona y, de momento, es toda la publicidad que voy a tener.

Que lo pases bien.

jueves, 3 de enero de 2013

Duelo de plumas II

Antes de nada quiero felicitar el año a l@s habituales del blog, un poco más perezoso de lo habitual a causa de los festines navideños.

Hace unos meses que escribí la primera parte de este duelo de plumas, y me ha parecido un momento tan bueno como cualquier otro para ocuparme de la segunda, donde resumo medio en serio medio en broma las obras que reseñé de noviembre de 2011 a noviembre del ya difunto 2012. Además, como Sus Majestades Mágicas están a la vuelta de la esquina, quizá esta entrada te ayude a solicitarles algún libro que llame tu interés.

Los emparejamientos de los quince libros leídos quedan como sigue:

PRIMERA FASE

-Gloriana o la reina insatisfecha logra pase directo en el sorteo



Apocalipsis Z-Hoy me ha pasado algo muy bestia
Una obra nacida en formato blog se enfrenta a otra, anticipando lo que podría llegar a ser la literatura del futuro. Muertos vivientes descerebrados gallegos se enfrentan a manidos superhéroes catalanes. Y los primeros logran la victoria en cuanto se abalanzan sobre el árbitro del enfrentamiento y le devoran los sesos, proporcionando una metáfora perfecta del futuro (literario) que nos espera: ¿pensar? ¡Pa'qué?

                             Ejército enemigo-Los pilares de la Tierra
Una historia actual contra una antigua, una prosa certera e incómoda contra una simplona y complaciente, una reflexión ácida y dolorosa contra un pasatiempo repetitivo y cansino. Prefiero leer Ejército enemigo diez veces a enfrentarme una vez más a los pilares de Follet. Paliza absoluta.

                 Cuentos completos V de Philip K. Dick-Soy leyenda
Ante la incomparecencia de Philip K. Dick por una indisposición alucinógena, acaban enfrentándose las correspondientes editoriales responsables de ambos títulos. La lucha es sangrienta e implacable; un duelo de papel malo y cubiertas desastrosas, pero finalmente, la vergonzosa maquetación y revisión de los cuentos de K. Dick dan la victoria a la leyenda de Matheson.

                             El exorcista-El corazón del ángel
Terrorífico duelo durante el que los espectadores de las primeras filas acaban bañados en sangre, semen, sudor y otros fluidos y humores corporales. Justo cuando parece que Angel va a descerrajarle un tiro en la cabeza a la pequeña Regan, el inquilino de la niña reclama su pago al detective, que no tiene más remedio que reconocer la superioridad del Maestro. 

                                   Farenheit 451-Odessa
Los lances entre estas dos obras maestras de su género acaban por provocar un incendio gigantesco que amenaza con devorar el ring. Como era de esperar, los nazis huidos gracias a Odessa no dudan en arrojar más libros a la hoguera, sin prever que el enorme incendio resultante acabará por consumirlos y reducirlos a cenizas. La ironía declara vencedora a Farenheit 451.

                        La trilogía de Nueva York-Sanguinarius
La laberíntica trama de la obra de Auster envuelve a los vampiros de Sanguinarius, muchos de los cuales acaban pereciendo al verse reflejados en los espejos dispuestos por el autor estadounidense. Los supervivientes siguen tratando de salir del hermoso y complejo lío en el que se han metido.

                             Historia de dos ciudades-Hellraiser
El que a primera vista parecía un duelo desigual termina por convertirse en el más apasionante e intenso de todos. El estilo denso, cuidado y barroco de Dickens se entrelaza con el lenguaje visceral terroríficamente lírico de Barker. Por no hablar de que los cenobitas sadomasoquistas de este último acaban ejerciendo de encantados verdugos en el París revolucionario, sajando cabezas a diestro y siniestro gracias a una nueva y mejorada guillotina. Macabro empate para éxtasis del público.

                                           SEGUNDA FASE

                  Gloriana o la reina insatisfecha-Historia de dos ciudades
Enfrentamiento fratricida entre autores ingleses, uno más actual que otro, pero cuyas obras transcurren en épocas coetáneas. Ambos estilos son además bastante recargados, con un lenguaje cuidado, meticuloso y exquisito que suele decir más que lo aparente. Al final, la superior maestría de Dickens cercena la orgullosa cabeza de Gloriana, poniendo fin a sus inquietudes y su sufrimiento.

                                Apocalipsis Z-Soy leyenda
Esto es muy sencillo: los vampiros son inteligentes y los zombis no.

                                  Ejército enemigo-Farenheit 451
Nada más empezar el duelo, los espectadores se revuelven incómodos en sus asientos. Hay tanta verdad vergonzosa en las dos novelas que el público acaba por marcharse disimuladamente a sus casas, rotas sus armaduras de cinismo. Una vez arrellanados en sus sofás, reflexionan sobre lo visto y deciden que, hoy por hoy, les avergüenza más no ayudar a un pobre que no leer un libro.

                          El exorcista-La trilogía de Nueva York
Hay que señalar que los personajes de Auster quedaron bastante tocados en su enfrentamiento con los vampiros, por lo que no están en las condiciones ideales para luchar con el mismísimo Satanás. La potencia narrativa de Blatty arrolla el estilo sereno y reflexivo de Auster, que cae derrotado.

                                       TERCERA FASE

                      Historia de dos ciudades-Ejército enemigo
Un gigante de la literatura universal como Dickens frente a un gran escritor que cabalga a sus hombros como es Alberto Olmos. Ambas obras me parecen radiografías descarnadas de las épocas que reflejan, y sus historias se narran con esa crudeza hermosa que solo podemos soportar precisamente por resultar bella. El inglés domina mejor la construcción de personajes, y su relato es más monumental, pero me gusta pensar que nacen nuevos clásicos cada día. Ejército enemigo se planta en la final.

                                   Soy leyenda-El exorcista
Dos factores resultan determinantes en este duelo. El primero es que el villano de Blatty lucha en solitario contra los héroes, pero en la obra de Matheson es el héroe el que está solo frente a una horda de vampiros. El segundo factor es que los vampiros saben reconocer a su superior, ya que su inmadurez les hace presa fácil. Blatty y su creación se imponen con claridad.

                                               GRAN FINAL

                                   Ejército enemigo-El exorcista
Estas dos novelas producen terror, la verdad. Pero el de Ejército enemigo es más real y, como diría Nietzsche, se debe a que, de tanto mirar al abismo, este nos ha devuelto la mirada. Abrir ese libro implica echarnos una ojeada a nuestro interior, y descubrir que lo que vemos no está bien. Habrá excepciones, claro está, pero serán escasas si se atiende a criterios verdaderamente sinceros. Me resulta llamativo que hayan llegado a la final dos obras que hablan de los monstruos internos, de un horror que se ha instalado en nuestros cuerpos como un cáncer tan virulento que llega a percibirse desde el exterior. Ejército enemigo supera al Exorcista al demostrar que ya tenemos al demonio dentro, y que nos hemos acostumbrado a él. Que Dios nos ayude.