viernes, 1 de febrero de 2013

Esperemos que nadie vuelva a escribir "El pianista del gueto de Varsovia"

Creo que hay dos elementos fundamentales por los que un@ puede quedar impresionad@ por una novela: por cómo está escrita y por la historia que narra. Y tengo clarísimo que en el caso de El pianista del gueto de Varsovia, que seguramente conozcas por la peli El pianista (protagonizada por Adrien Brody y su nariz), me ha impresionado por lo segundo. Esta novela autobiográfica de Wladyslaw Szpilman cuenta cómo sobrevivió el protagonista en el gueto judío montado por los nazis en la Varsovia ocupada durante la II Guerra Mundial. Poco más que añadir; hemos visto suficientes películas y documentales como para hacernos una idea de lo que se hacía en esos lugares, pero sigue impresionándome que seres humanos corrientes y molientes participaran por acción u omisión en semejante barbarie.


El estilo del escritor es muy sencillo, pero también muy correcto. Szpilman era músico, y se aprecia su sensibilidad en cada capítulo, aunque no haya ninguna floritura lingüística. Se percibe también un esfuerzo por ser ecuánime, casi neutral, y me cuesta horrores entender cómo fue capaz de escribir con esa actitud distante cuando casi acababa de salir de aquel infierno (lo escribió en 1945 con el título original de Muerte de una ciudad). Ese distanciamiento le resta emotividad al relato, y quizá permite que el lector sensible lo termine sin acabar demasiado afectado.

La edición española que he leído está bastante bien, y vale la pena señalar que la novela solo se imprimió en polaco (y con escaso éxito, quizá por la censura) hasta su tardía edición en inglés en 1998. Aquí en España la sacaron al alimón Amaranto Editores y Ediciones Turpial con tapa dura y un par de epílogos bastante interesantes, especialmente el primero, que componen un libro de 221 páginas con mucho aire que se lee muy rápido.

No he leído otras obras sobre el Holocausto, así que no puedo comparar, pero creo que este "Pianista del gueto de Varsovia" debería incluirse en los programas de Historia de los colegios e institutos. Cuando terminé de leerlo no pude evitar pensar que algo así no puede repetirse, y aunque todo el mundo estará de acuerdo en ello, no todos sabemos cómo empieza. Szpilman lo narra muy bien, igual que narra cómo el propio sentido común de las víctimas jugó en su contra, pues eran incapaces de asimilar semejante genocidio y semejantes métodos y, por tanto, fueron incapaces de reaccionar hasta que fue muy tarde. 

Esto no empieza con los alemanes ladrando órdenes para meter a los judíos en trenes rumbo a los campos de exterminio, sino de un modo más sutil, más progresivo, más taimado. Todo comienza separando a la gente "por su propio bien", o para que no haya "problemas de convivencia o de desorden". Luego las mentiras van creciendo, se establecen controles, "aduanas", servidumbre que pasa a ser esclavitud, hambre... Este libro muestra las señales que anuncian la llegada e implantación del racismo como política y sus últimas consecuencias, y hay que conocerlas para detenerlas en el acto. Porque si se deja que "progresen" hará falta una guerra para ponerle fin.

Lenguaje: ***
Trama: **
Emotividad: ****

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