lunes, 13 de mayo de 2013

Constantino ya no volverá

Ni él, ni Terminator, ni Darth Vader, ni Mufasa, ni el capitán Kirk... Eso es lo más jodido de la muerte, la ausencia, y hay gente que deja una ausencia muy grande, aunque no los conozcamos personalmente. Muchos grandes personajes de mi infancia y mi adolescencia (actuales, incluso) hablaban con la voz de Constantino Romero; personajes que me proporcionaron momentos inolvidables y recuerdos duraderos. Y, a partir de ayer, con eso voy a tener que conformarme. A partir de ayer, las pelis de Clint Eastwood, de Schwarzenegger y de la Guerra de las Galaxias no serán iguales, no me sonarán igual.

Dibujo original de Pancracio Peláez

Aunque hay gente crítica con el doblaje (en nuestro país y en general), creo que Constantino era de esos que   conseguía que lo criticaran menos, y que no se echara en falta la voz original. Manda cojones que ahora vayamos a echarle en falta a él, cuando en realidad nunca estaba. 

Sé que yo y otros muchos de mi generación nos quedamos mudos ayer al enterarnos de su muerte. Tiene mas sentido que nunca que, por un instante, todo fuera silencio. Pero que no se preocupe, porque su recuerdo nunca se perderá como lágrimas en la lluvia.

viernes, 3 de mayo de 2013

"Iron Man 3", o "Qué lata de hombre tercera parte"

El gran problema de "Iron Man 3" es que existen dos antes, mucho mejores, dirigidas por John Favreau. Es cierto que la primera contaba con la ventaja de narrar el origen del superhéroe, algo que da mucho jugo y que bien contado (como fue el caso) acaba atrapando a los menos fans, al público corriente (sin ánimo de ofender), y no solo a los frikis acérrimos. Pero no es menos cierto que, puesto que habitualmente las terceras partes son el colofón de la saga iniciada, permiten trucos y giros en pos de una gran conclusión que contribuyen a dejar un buen sabor de boca (por ejemplo, la tercera entrega de Batman de Christopher Nolan).

Estoy seguro de que algo así hubiera ocurrido de mantenerse al director de las dos primeras partes, pero por la razón que fuera, lo sustituyó Shane Black, mucho más conocido por su labor de guionista en la saga de "Arma Letal". Y se nota... muchísimo. "Iron Man 3" es una de esas buddy movies en las que una pareja mal avenida, pero sorprendentemente eficiente, se las ve con los malos de turno hasta desembocar en un final apoteósico lleno de explosiones donde es casi imposible enterarse de nada. En esta cinta, concretamente, Robert Downey se empareja con un representante de la minoría infantil (a título personal confieso que aborrezco las pelis con niño como concesión a ese tipo de público), uno de la minoría afroamericana (el coronel Rhodes encarnando a Iron Patriot) y uno de la minoría de novias o esposas que acompañan a sus novios o esposos a este tipo de películas (Pepper Potts, la sufrida amante del héroe).


Si "Iron Man 3" hubiera sido la primera parte de la trilogía, mi decepción hubiera sido menor. Tal vez hasta la hubiera encontrado entretenida (sobre todo por basarse en un buen cómic del personaje como es "Extremis"), pero como digo, al comparar con las otras dos, salí del cine con la misma sensación que tuve al ver "Batman Forever" y "Batman y Robin", sendas continuaciones de las pelis de Batman dirigidas por Tim Burton. Mucho colorín, mucho chascarrillo y muy poco tomarse en serio. No olvido que se trata de cintas basadas en personajes de tebeo ( de cómic, para los más puristas), pero eso no significa que haya que parodiar sin ton ni son. Ya en "Los Vengadores" aprecié una tendencia al chiste que se cargaba el clima de tensión de la escena de turno, obteniéndose un anticlímax que hacía gracia pero dejaba bastante vacío. En "Iron Man 3" esto se eleva a la enésima potencia, y el propio Robert Downey parece colaborar en el espíritu gamberro que imprime el director y guionista. Desde luego que no hace falta que el cine de superhérores se convierta en una ópera wagneriana al estilo de las versiones de Batman de Nolan, pero tampoco puede ser que el exceso de humor elimine uno de los componentes principales de este subgénero: la épica.

Las historias de superhéroes no dejan de ser la versión moderna de la mitología clásica, con sus Aquiles, sus Hércules, sus Circes, dragones, princesas y demás. Dichas historias presentaban a sus protagonistas como hombres destinados de algún modo a superarse a sí mismos, a trascender los límites humanos convirtiéndose en paladines de los valores de la sociedad de turno. Y si antes se leían o veían en teatros dichas historias, hoy vamos al cine a ver cómo Superman, Batman, Spider-Man e Iron Man se convierten en héroes a su pesar y sirven de inspiración al público para luchar contra sus propias y mundanas dificultades. Pero claro, si el héroe de turno, ese ejemplo a seguir, se convierte en un payaso insufrible, no hay inspiración que valga ni épica que emocione. "Shame" Black parece parodiar la primera parte (en la que ya se vislumbraba un grupo terrorista con diez anillos como estandarte), y detesto las parodias hechas para ganar dinero porque me parecen un modo de parasitismo que se aprovecha del talento ajeno.

Black vuelve a poner al protagonista en una situación límite, lejos de su bien surtido laboratorio, de sus riquezas, de su hogar; vuelve a darlo por muerto y vuelve a resucitarlo, pero no aprovecha esa revelación al final de la película, esa asunción de que, con o sin armadura, Tony Stark es el Hombre de Hierro, capaz de sobreponerse a mil y una adversidades. También desaprovecha un giro argumental sorprendente (y polémico donde los haya) que podría haberme reconciliado con la película, pero que de tan forzado y ridículo me dio vergüenza ajena.

La dirección de actores es un desastre, al igual que la de escenas de acción, confusas hasta el aburrimiento, donde todo el mundo es la hostia, tanto si lleva armadura como si no. Pero lo peor, lo peor, lo peor... Que ya no hay canciones metaleras de AC/DC. Y, sin metal, por mucho que lo reafirme Downey Jr., no hay Hombre de Hierro, aunque sí payaso de lata.